Pasaron de los chips modernos y ahora tienen la llave para aliviar la sequía de semiconductores
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ALGO CHIQUITO, ALGO PEQUEÑITO

Pasaron de los chips modernos y ahora tienen la llave para aliviar la sequía de semiconductores

Globalfoundries, una fundición estadounidense caída en el olvido mediático, se postula ahora como un jugador para que no se repita la falta de chips en la industria automovilística. Ford acaba de escogerle como compañero de viaje

Foto: Imagen del interior de la planta de Globalfoundries en Alemania. (Foto: EFE).
Imagen del interior de la planta de Globalfoundries en Alemania. (Foto: EFE).
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"Hoy tenemos miles de coches aparcados a los que le faltan chips diseñados en 45 o 65 nanómetros", afirmó Tom Caulfield, en una comparecencia reciente ante los periodistas. "La industria se ha arrinconado centrándose en nanómetros de un solo dígito", apostilló este directivo. Antes de aclarar quién es este mandamás, quizás convenga aclarar qué es eso de los nanómetros, un concepto desconocido por el común de los mortales.

'Grosso modo', junto con el número de núcleos y la velocidad, es una de las cosas que determina la potencia de un procesador. Cuanto más bajo sea ese número mayor es el músculo, ya que se pueden colocar más transistores en cada chip, con lo que ello significa para la eficiencia energética o la disipación de calor. Es probable que hayan oído hablar de que el último procesador del iPhone 13 está construido en 5 nanómetros.

Foto: Ilustración: Raquel Cano.

Es probable que hayan oído hablar también de que empresas como Intel, Samsung o el gigante taiwanés TSMC están ya quemando ingentes cantidades de billetes para llegar a los 3 o 2 nanómetros y encabezar así la tecnología del futuro. Quizás, si son mínimamente aficionados a la materia, hayan escuchado algo de una prodigiosa e imprescindible máquina para lograr llegar a esas escalas construida por los holandeses de ASML, los únicos capaces de ejecutar esta obra de ingeniería moderna y que se han destapado como un actor crítico en la actual crisis de suministros. Que faltan semiconductores en todas partes damos por supuesto que a estas alturas de la película lo sabe todo el mundo.

Pero casi con total seguridad es improbable que hayan oído hablar de Global Foundries, la multinacional que dirige el mentado Caulfield. Se descolgó hace unos años de esa carrera por la miniaturización de los semiconductores y decidió centrarse en fabricar semiconductores más maduros y más antiguos. 'A priori', la copla puede sonar a quien decide dejar de competir en Champions porque tiene difícil pasar de la fase de grupos y se conforma no ya con la Europa League, sino con llevarse la extinta Intertoto. La cuestión es que esa liguilla lejos de los focos y de la vanguardia tecnológica se ha convertido en un negocio muy lucrativo. Realmente nunca dejó de serlo. ¿La razón? Simple y llanamente, que no todo el mundo necesita un chip de última generación.

Un peso pesado entre bambalinas

Globalfoundries apenas es conocida fuera de los mentideros especializados. Tampoco lo ha sido TSMC, hasta que la demanda de microchips engordó tanto que las costuras del gremio saltaron por los aires intentando embutir tantas peticiones en una ceñida estructura y quedó más que patente que esta fundición es clave para la electrónica de consumo y otras tantas industrias.

Es lo que tiene ser un 'pure fab', un proveedor sin producto propio que se dedica a dar forma a lo que diseñan otros sin estampar su firma por ningún lado más allá de los contratos. En el caso de la firma norteamericana, descolgarse del pelotón de cabeza le sumió aun más en esa oscuridad mediática. "Si se elabora un listado con todos los actores, incluyendo a los que fabrican pero también a los que diseñan o empaquetan, no estaría entre las quince mayores empresas. Es normal por esa parte que pasen desapercibidos", explica Ignacio Mártil, doctor en Física y catedrático de electrónica. "Sin embargo, entre las fundiciones, las llamadas 'pure fabs', llegó a ser la segunda más importante del mundo", comenta este profesor de la Universidad Complutense. "El asunto es que no hay muchas empresas que cubran esta actividad, por eso son y fueron relevantes".

placeholder Día del estreno de GFS en el Nasdaq.(Brendan McDermid/Reuters)
Día del estreno de GFS en el Nasdaq.(Brendan McDermid/Reuters)

Esta compañía nació como una escisión de Advanced Micro Devices (más conocido por sus siglas AMD) en 2009. Al principio, mantuvieron una estrecha relación, aunque según pasó el tiempo, la que fuera su 'nave nodriza' empezó a trabajar con otros proveedores para la parte más avanzada de su catálogo. Poco después, Globalfoundries recibió algo parecido a la hormona del crecimiento cuando llegó a un acuerdo para 'absorber' la división de fabricación de IBM. Aquello le abrió la puerta de empresas como Sony, Nintendo, Microsoft y hasta el mismísimo gobierno de los EEUU y el Pentágono.

Ambas partes suscribieron un pacto por el que esta empresa se encargaba de avanzar hacia los 7 y los 10 nanómetros, tecnologías claves para los de Armond, que había pasado a consolidarse como uno de sus mayores accionistas. "Llegaron al nodo de los 14 nanómetros y ahí se quedaron. Todo a pesar, que en su día apuntaban a llegar los primeros a estas cifras, pero no ocurrió. En resumidas cuentas, se les atragantó el asunto y vieron que avanzar en la miniaturización suponía ingentes cantidades de dinero en inversiones", explica Mártil, sobre el cambio que la firma empezó en el tramo final de la pasada década.

El mejor termómetro de lo costoso que es mantenerse al frente de este mundial de constructores es TSMC, el que a día de hoy está abanderando esta lucha, que invierte de 20.000 a 30.000 millones de dólares anuales en la renovación de equipos e infraestructuras. "Siempre tienes que gastar para ser competitivo, pero a partir de cierto punto, mucho más". La decisión de Global Foundries de echar el freno hizo que IBM tuviese que recurrir a firmas que sí dominaban técnicas más avanzadas como Samsung para cumplir sus objetivos. El asunto ha derivado en una demanda en los tribunales.

Foto: Vista del exterior de una planta de Intel en Tel Aviv. (Reuters/Amir Cohen)

Pero a pesar de este pequeño litigio, Globalfoundries vive probablemente uno de los momentos más dulces de su historia reciente. En sus primeros resultados trimestrales tras su reciente salida a Bolsa, la empresa ha aumentado un 56% sus ingresos frente a lo que recaudó en el mismo periodo del pasado año. De rozar los 1.100 millones de dólares hace justo un año, a superar los 1.700 entre julio, agosto y septiembre. El motor de este cambio de tendencia es conocido por todos: la escasez. Toca buscar donde sea. La crisis le ha servido para dejar atrás los números rojos. Doce meses antes, las pérdidas eran de 293 millones.

Ahora esa casilla se ha teñido de verde hasta suponer 5 millones limpios. La compañía también ha confirmado estas buenas sensaciones al protagonizar, a finales de octubre, uno de los mayores estrenos del año en el Nasdaq, el índice de Wall Street que aglutina a las firmas tecnológicas. Consiguió recaudar para sus intereses 2.600 millones de dólares y a día de hoy cuenta con una capitalización de 35.000 millones. Mubadala, el fondo de inversión soberano de Emiratos Árabes Unidos que adquirió una participación mayoritaria hace años en la empresa, se aseguró, a pesar de esta operación, que el control seguía en su poder.

placeholder Foto: Reuters.
Foto: Reuters.

Que decidiese articular una oferta pública de venta alejó una de las posibilidades con la que más se había venido especulando en los últimos meses: una eventual compra por parte de Intel. Pero ¿a qué se debe este interés? ¿No tiene la firma de Santa Clara ya sus propias fábricas? ¿En qué beneficia hacerse con una fundición especializada en nodos maduros, que desecha los nodos más punteros, que es precisamente donde ellos han tenido problemas? Intel, que va a anunciar dentro de poco la apertura de dos plantas en Europa, quiere abrir una nueva etapa y empezar a fabricar para terceros, cosa que nunca ha hecho y que, por el contrario, sí hace Samsung. Las expectativas en torno a este negocio son enormes. Según IC Insights, las fundiciones supondrán un negocio de 125.000 millones de dólares para 2025, frente a los 70.000 que supusieron el pasado año. En 2015 lo de dar forma a las creaciones de terceros suponía 45.000 millones. Es decir, en diez años, se podría multiplicar por 3.

Una de las cosas que el 2020 ha dejado claro es que la industria de los semiconductores no es tan sólida como su correcto funcionamiento hacía presuponer. Es como si veíamos un poderoso muro de carga cuando en realidad teníamos una pared de pladur. Ha quedado patente que en esta industria muchos piensan pero pocos hacen. Pocos fabrican, muchos diseñan. Y los que han pagado el pato, mayoritariamente, han sido los fabricantes de automóviles, que están en medio de un atasco en el que se han visto obligados a recortar turnos, abrir plantas por tandas o cerrarlas durante un periodo.

El motivo es de sobra conocido: cuando estalló la pandemia, cancelaron pedidos para adaptarse a la demanda y no confiaban en que se recuperase rápidamente. En paralelo, se dispararon las ventas de equipos electrónicos, que en una mayoría de los casos, utilizan chips más avanzados que los que se instalan en los coches y, por tanto, dejan más margen. El quilombo estaba montado.

Globalfoundries ha habilitado un paquete de 6 mil millones para aumentar su capacidad durante este curso y el próximo. Sus planes pasan, incluso, porque las capacidades de su planta de Singapur crezcan un 50%. Pueden parecer migajas al de los 100.000 millones que tiene movilizados TSMC para el próximo trienio. Sin embargo, solo tres de cada cien chips de los que produjeron los taiwaneses en 2020 acabaron en manos del sector automotriz. Es más, apenas 3 de cada diez euros que ingresaron lo hicieron gracias a tecnologías por encima de los 40 nanómetros, que es a partir de dónde se mueven las piezas que posteriormente se incluyen en los coches. "El cuello de botella no se ha producido en los chips más punteros", recuerda Mártil.

Montar o ampliar una fábrica destinada a semiconductores de tecnologías más maduras es más sencillo. Para empezar no tienes la dependencia de las máquinas de litografía extrema que solo vende ASML. "A partir de ahí tienes más proveedores para adquirir máquinas de litografía profunda. Nikon y Canon, principalmente. Son equipos más accesibles en precio y no existe ese cuello de botella". Es por eso, que con capitales e inversiones más cortos, se puede tener un mayor impacto.

El 'harakiri' que salió bien

Lo que parecía un 'harakiri', pasar de los chips más modernos, ha acabado convirtiéndose en una oportunidad de negocio. Si bien los piropos y la atención se pueden dirigir a las fundaciones de Intel o Samsung e incluso a los diseños de Apple o Qualcomm, la verdad es que un gran grueso de los semiconductores que se utilizan en el mundo funcionan perfectamente con modelos lanzados hace años, piezas que dan vida a las pantallas de visualización, gestión de energía o comunicaciones por radio. Y esa es la liga de Globalfoundries.

"Siempre que pensamos en chips se nos va la mente a los 7 o a los 5 nanómetros porque el iPhone o tal máquina tiene un procesador con esa tecnología", recuerda Ricardo Duyos, ingeniero que trabajó en la empresa desde 2012 hasta 2019, cuando fichó por Dupont, multinacional química que es un proveedor clave de fabricantes como Globalfoundries y otros como Infineon. "Pero dentro de los teléfonos de Apple también hay piezas de 40 nanómetros. Cuando se habla de tecnología antigua, no lo es tanto porque está muy presente en muchos ámbitos. Y ahí Global, se ha hecho un buen hueco". Los nodos más pequeños (5 a 10 nanómetros) movieron aproximadamente 21.000 millones de euros el pasado curso, según cifras de Bain y Gartner. Los encargos que oscilaron entre los 12 y los 32 nanómetros se quedaron cerca de los 20.000 millones. Los de 45 a 90 nm, 16.000 millones. De ahí hasta los 130 nanómetros, poco más de 19.000.

placeholder Vista de la planta de Gfs en Singapur. (EFE)
Vista de la planta de Gfs en Singapur. (EFE)

De la misma manera que la industria tecnológica lleva años trabajando para asegurarse el suministro de las partes claves de su negocio (la relación entre TSMC y Apple es el mejor ejemplo de esto), los grandes afectados de la sequía de chips, los fabricantes de automóviles, están haciendo lo mismo. Ford ha dado un paso en firme al anunciar un acuerdo estratégico con Globalfoundries, para implicarse más en el desarrollo de los semiconductores que necesite en el futuro. "Es cierto que ha hecho desarrollos para coches pero todavía suponen una parte pequeña del catálogo. Tienen mucho margen de desarrollo", recuerda Duyos.

Tesla también ya ha anunciado sus intenciones de diseñar sus propios circuitos integrados. "Ahí tienen una buena oportunidad, porque esos nodos los controlan muy bien y están bien dimensionados", comenta Mártil. "Quieren reducir la incertidumbre del negocio, en un momento clave como es la aparición del coche eléctrico o el coche autónomo. Son tecnologías en los que los chips juegan un papel fundamental y estas empresas necesitan socios estables y fiables".

Intel ya ha explicado que adaptará parte de su planta irlandesa para producir los ingredientes que necesite la industria automotriz. "TSMC no puede absorber todo. Ha estrechado su relación con Apple y ya hay algunos clientes que han buscado otras soluciones, porque ellos tampoco dan abasto". Qualcomm es uno de ellos: para los procesadores más avanzados también trabaja con la fundición de Samsung. Sin embargo, el catedrático avisa: "esto va a tardar en ver sus frutos, es un remedio para evitar crisis como la actual".

Foto: Imagen actual de la planta industrial situada en Tres Cantos. (P.G)

Tiene otro factor a su favor. El nombre Global le va como anillo al dedo. ¿Por qué? TSMC está súper concentrado en Taiwán, aunque va a abrir dentro de poco una planta en Arizona. Samsung, tres cuartas partes de lo mismo, pero cambiando la isla del Pacífico por Corea del Sur. Intel es una empresa a día de hoy cuya producción se concentra en un alto porcentaje en EEUU, a pesar de que tiene presencia en otros puntos del mundo.

Las fundiciones chinas están subordinadas a las particularidades de su país. Y así un largo etcétera. Sin embargo, Globalfoundries reparte gran parte de la carga de trabajo entre las plantas de Singapur, EEUU y Alemania. "Cuando se habla de que Europa está descolgada en este asunto, se suele obviar que Globalfoundries, una empresa de referencia, tiene una planta enorme en Dresde, que es una de las más punteras del continente y una referencia de lo que se puede hacer. Otros fabricantes, como Infineon, también innovan muchísimo aquí", apunta Duyos. Un argumento, el de la cercanía, que en tiempos en los que gobiernos y clientes andan preocupados por las externalidades de la cadena de suministro y las tensiones geopolíticas puede ser extremadamente poderoso.

"Hoy tenemos miles de coches aparcados a los que le faltan chips diseñados en 45 o 65 nanómetros", afirmó Tom Caulfield, en una comparecencia reciente ante los periodistas. "La industria se ha arrinconado centrándose en nanómetros de un solo dígito", apostilló este directivo. Antes de aclarar quién es este mandamás, quizás convenga aclarar qué es eso de los nanómetros, un concepto desconocido por el común de los mortales.

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