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Todos llaman a papá Biden: Putin pincha el globo de la autonomía estratégica europea
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Europa y el paraguas de seguridad de EEUU

Todos llaman a papá Biden: Putin pincha el globo de la autonomía estratégica europea

La crisis en Ucrania es un duro golpe de realidad para los defensores de que la UE se haga cargo de su propia seguridad, aunque ellos defienden que refuerza su tesis

Foto: Biden durante una visita a Bruselas. (Reuters/Kevin Lamarque)
Biden durante una visita a Bruselas. (Reuters/Kevin Lamarque)

A la hora de la verdad lo que importa es a quién llamas primero cuando te encuentras ante un problema. Y la respuesta para la inmensa mayoría de Europa si hay una amenaza a su seguridad sigue siendo la misma que desde hace décadas: a Washington. A pesar de todos los esfuerzos europeos en los últimos meses por cambiar de dinámica, por empezar un debate serio respecto a la necesidad de alcanzar la tantas veces mencionada 'autonomía estratégica', la amenaza contra Ucrania por parte del presidente ruso Vladímir Putin ha vuelto a poner los pies en el suelo a Europa.

La salida caótica de Afganistán en agosto hizo despertar con más fuerza que nunca la idea de que la Unión Europea no podía seguir dependiendo únicamente de los Estados Unidos en cuestión de seguridad. Como repitió en numerosas reuniones aquellos días Josep Borrell, Alto Representante de la Unión para Política Exterior y de Seguridad, los estadounidenses no iban a seguir librando "las guerras de los demás". La UE debía tener capacidad de reacción rápida, en concreto unos batallones fácilmente desplegables para responder a cualquier crisis.

Foto: Convoy alemán, durante los ejercicios previos a formar un Battlegroup de la UE. (EFE)

Fue el momento en el que se aprovechó para volver a imprimir velocidad a los trabajos de presentación de la llamada 'Brújula Estratégica', un enorme documento en el que Borrell y su equipo han trabajado durante meses y que precisamente señala en esta dirección: plantea las medidas que son necesarias para lograr una soberanía europea, una UE que pueda hacerse cargo de su propio destino y seguridad.

Pero hay pocas cosas más duras que ver cómo una idea recibe un golpe de realidad. Cuando Rusia comenzó a acumular a cerca de 100.000 efectivos militares en la frontera con Ucrania, un país ya agredido por Moscú en 2014 y que desde entonces está en continuo conflicto con los separatistas prorrusos en el este del país, todos los países de primera línea miraron en la misma dirección. Y no fue precisamente a Bruselas, ni a París, la otra gran madrina de esa idea de una 'Europa soberana', encargada de su propia seguridad y defensa. Pusieron sus ojos directamente en la Casa Blanca.

Foto: Emmanuel Macron y Alexandre Benalla durante la celebración del 14 de Julio en París. (Reuters)

A la hora de la verdad, la Unión Europea se encuentra embarcada en una conversación teórica de largo recorrido. Nadie espera que la UE se haga cargo de la defensa de la frontera este del club en el corto plazo, pero sí hay unas renovadas esperanzas en el objetivo a medio plazo.

Pero las señales enviadas desde Polonia y los bálticos son claras: el garante de la seguridad europea sigue siendo Estados Unidos. No hay grietas, no hay matices. Lo explicó de una forma muy directa y quizás dolorosa para algunos en Bruselas y París la primera ministra de Estonia, Kaja Kallas: "La mayor disuasión para Rusia es la bandera estadounidense". "Si te acosan en el colegio no lo hacen si tienes amigos grandes y fuertes", señaló en una entrevista con el periódico 'Financial Times'.

Nada desanima a los optimistas

Pero estos movimientos no desaniman en el Elíseo o en algunos despachos de la capital comunitaria. Más bien al contrario: alimentan su ambición por la autonomía estratégica. Varias fuentes señalan que lo que muestra la crisis no es la confianza que los socios europeos pueden tener en Estados Unidos, sino la dependencia que tienen de Washington. Es, para ellos, una demostración de por qué la UE debe tener capacidad propia. ¿Qué ocurriría si la Casa Blanca decide acordar con el Kremlin que, efectivamente, se retiran las tropas de la OTAN de países como Rumanía o Bulgaria? ¿Qué medida tendrían los socios europeos a su alcance si a EEUU sencillamente le deja de resultar prioritario garantizar la seguridad europea? Porque esa es la base de ese proyecto: que algún día le dejará de interesar.

Los optimistas que favorecen la llamada a la autonomía estratégica también creen que esta crisis puede ayudar a los estadounidenses a cambiar de postura. Fuentes del Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE) ya señalaron hace algunos meses que las posturas en Washington estaban empezando a cambiar, que se estaba empezando a comprender que las intenciones europeas no eran sustituir a la OTAN, ni debilitarla.

Foto: El embajador estadounidense en Rusia, John Sullivan, tras entregar la respuesta oficial de Washington a Moscú. (Reuters/Maxim Shemetov)

En la práctica, en Washington las posturas siguen inmóviles por el momento, pero los defensores de la autonomía estratégica señalan que EEUU puede entender con esta crisis que Rusia nunca va a dejar de tocar a su puerta. Que cada vez que intente centrarse en el Pacífico y en su rival principal, que ya no es Moscú, sino Pekín, se encontrará con Putin volviendo a provocar un incendio en su jardín. Y que entonces Washington verá la ventaja de que sean los europeos los que se encarguen de su propia seguridad, o al menos tengan poder de disuasión. Estados Unidos no va a abrir repentinamente los ojos a esa realidad. Washington ve la ventaja de que los europeos se impliquen: pero a través de la OTAN, no de un proyecto de la defensa de la Unión.

Además, difícilmente esta crisis va a cambiar la actitud de los países que se oponen a esa autonomía estratégica. Más bien al revés: como reflejaba Kallas en su entrevista, los Estados miembros del este están ahora todavía más convencidos del papel que tiene que jugar Estados Unidos en la región. Unas palabras de Emmanuel Macron, presidente francés y principal defensor de esa 'soberanía europea' en materia de seguridad, sugiriendo que la UE debería llegar a un acuerdo respecto a una nueva arquitectura de la seguridad para negociarla con Rusia, recibió un aluvión de críticas y generó muchas alarmas incluso en Bruselas. Y convenció todavía más en el este de que no son París ni Berlín los que tienen que estar a los mandos de la seguridad europea. Que confían mucho más en los estadounidenses.

Y va más allá de los Estados Unidos: en la actual crisis, en lugares como Varsovia o Tallin se siente más simpatía y se tiene más sintonía con Londres y un Reino Unido mucho más activo y pesimista respecto a la situación en Ucrania que con París o Berlín, a los que los Estados miembros del este acusan de estar apostando por vías demasiado blandas solamente para defender sus intereses económicos y no la seguridad de la región.

A la hora de la verdad lo que importa es a quién llamas primero cuando te encuentras ante un problema. Y la respuesta para la inmensa mayoría de Europa si hay una amenaza a su seguridad sigue siendo la misma que desde hace décadas: a Washington. A pesar de todos los esfuerzos europeos en los últimos meses por cambiar de dinámica, por empezar un debate serio respecto a la necesidad de alcanzar la tantas veces mencionada 'autonomía estratégica', la amenaza contra Ucrania por parte del presidente ruso Vladímir Putin ha vuelto a poner los pies en el suelo a Europa.

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