en el punto de mira por sus acciones violentas

¿Por qué Macron protege aún a Benalla? La hora más difícil del presidente francés

El escándalo sobre las acciones de su jefe de seguridad amenaza con llevarse por delante el respaldo popular al líder galo. Las justificaciones del Elíseo han sido torpes y no han paliado la indignación

Foto: Emmanuel Macron y Alexandre Benalla durante la celebración del 14 de Julio en París. (Reuters)
Emmanuel Macron y Alexandre Benalla durante la celebración del 14 de Julio en París. (Reuters)

Los Pirineos no le servirán a Emmanuel Macron como barrera para dejar atrás el escándalo que Francia vive desde hace diez días. El llamado 'caso Benalla', por el nombre de su principal guardaespaldas, está haciendo tambalearse los cimientos del Elíseo, por mucho que el Jefe del Estado francés considere el asunto como "una tormenta en un vaso de agua".

Macron y sus tropas pueden intentar restar importancia al caso, pero desde que el 18 de julio 'Le Monde' demostrara que la Presidencia había intentado ocultar que el protector número uno de Macron actuó como agente antidisturbios sin tener capacidad ni autoridación para ello en la manifestacion del 1 de mayo, la Justicia ha iniciado las diligencias para dilucidar la cadena de irregularidades del 'affaire', el Senado y la Asamblea han creado sendas comisiones de investigación y los principales protagonistas de la policía y del alto funcionariado del Estado están siendo martirizados a preguntas sobre la "tormenta".

Los interrogatorios de los representantes de la cudadanía han servido para evidenciar la opacidad y la falta de transparencia del entorno presidencial y el miedo paralizante que la principal autoridad del Estado provoca entre sus más estrechos colaboradores. Declarando bajo juramento, todo un Ministro del Interior, el socialista y fiel macronista Gerard Collomb, miente cuando dice no conocer exactamente el papel de Alexandre Benalla, el encargado de la seguridad personal del presidente desde hace más de un año. El mismísimo director de gabinete de Emmanuel Macron, Patrick Strzoda, un prefecto de renombre e historial ejemplar, asegura bajo juramento, que él mismo sancionó con quince días de empleo y sueldo a Benalla, en cuanto se enteró de su presencia el 1 de mayo y de su actuación para reprimir a dos manifestantes que arrojaban objetos contra la policía. Horas mas tarde se demostrará que el protector protegido de Macron ha cobrado los emolumentos completos de ese mes.

¿Por qué Macron protege aún a Benalla? La hora más difícil del presidente francés

Todo un jefe de la policía encargado de la organizacin de los antidisturbios en París, Alain Gibelin, se desmiente así mismo, horas despues de haber hecho declaraciones que contradecían la versión oficial del Elíseo, en el sentido de que Benalla había sido destinado al armario desde el día 2 de mayo, como aseguró uno de los portavoces presidenciales, Bruno Roger Petit. Extraño castigo a un funcionario que, después de haber puesto en evidencia al presidente y a las fuerzas de orden público, sigue asistiendo, como si nada, a la coordinación de la seguridad en eventos tan importantes como el desfile 14 del julio y la manifestacion de acogida a la selección francesa de fútbol en el Palacio del Elíseo, además de otras visitas privadas del primer mandatario.

Entre el primero de mayo y el 18 de julio, cuando 'Le Monde' informa de la identidad del personaje disfrazado de policía, Emmanuel Macron, su gobierno y todos los altos funcionarios de la República que conocían el problema permanecen en silencio, o por decirlo sin ambajes, intentan ocultar los hechos. Pero Macron ya no puede parar la máquina judicial, ni la parlamentaria, ni la peridística. La oposición se une desde la extrema izquierda a la extrema derecha, pasando por conservadores y socialistas, para clarificar el escándalo y para poner en graves dificultades, por primera vez, al presidente que desde hace más de un año aplica – legítimamente- el rodillo electoral sobre cualquier iniciativa de sus opositores.

El presidente permaneció callado hasta el martes pasado, cuando en un cóctel con su grupo parlamentario acusó a legisladores opositores y a la prensa de "buscar sangre". "El único responsable soy yo", clamó; "si quieren, que vengan a buscarme", desafió a no se sabe quién, si a representantes del pueblo o a miembros de la prensa. En esa misma ocasión aprovechó para desmentir que su guardaespaldas favorito fuera su amante, que ganara 10.000 euros al mes (7.180) y que ocupara un apartamento de lujo de 300 metros cuadrados (Son 80).

Alexandre Benalla, durante un acto de campaña del partido de Macron ¡En Marcha! en París, el 1 de abril de 2017. (Reuters)
Alexandre Benalla, durante un acto de campaña del partido de Macron ¡En Marcha! en París, el 1 de abril de 2017. (Reuters)

Bandazos políticos

Pero la tormenta no se calma. Cada comparecencia de cercanos colaboradores de Macron y de altos funcionarios policiales ante los diputados y senadores provoca nuevas contradicciones entre ellos. La conclusión de la Justicia no será tan clara como lo que la opinion pública ya tiene en mente. La protección de Macron a Alexandre Benalla daña a la República. Seis de cada diez franceses no confían en Macron, según una encuesta de Ipsos.

El presidente inició entonces una nueva estrategia de comunicación. Después de anular su presencia en la etapa del Tour que ganó Nayro Quintana, organiza un baño de multitudes en los Pirineos. Más de 25 minutos y a pleno sol estrechando manos de personas bien aleccionadas para apludirle y reponder a su pregunta ante la insistencia de la prensa: "¿Les interesa este asunto?", inquiría Macron. "¡Noooo! ", respondía "el pueblo".

Este mismo jueves, 'Le Monde' ofecía la primera entrevista con el protagonista del caso. Benalla asegura que "atacándole, lo que se busca es atacar al presidente". Más tarde, y después de reconocer "su estupidez" del 1 de mayo, se lanza a una lacrimógena explicación. Es el eslabón más débil del entorno de Macron, subraya. Hay gente que no soporta que "sea miembro del club" sin ser un 'enarca' (haber estudiado en la escuela de élite de la Administración, ENA) o ser subprefecto. En el mismo diario, Benalla confirma que Collomb sí sabe muy quién es y que asisten juntos a reuniones de seguridad desde hace tiempo.

La "justificación social", la explicación de un acto supuestamente delictivo a través de los orígenes sociales del inculpado también fue explotada por Macron, para quien Benalla, un joven de 26 años, proveniente de una barrio humilde, merecía una oportuniad. Alexandre Benalla, asegura a Le Monde que estaba encargado de reorganizar la seguridad en torno al presidente y que ello provocaba disputas entre él y el Grupo de Seguridad de la Presidencia de la República (GSPR), un cuerpo de élite formado por policías y gendarmes. Además, acusa al Prefecto de policía de París de mentir a los parlamentarios.

Ahí reside para algunos especialistas el meollo del asunto. Emmanuel Macron, dicen, no se fía de los funcionarios de policía o de los gendarmes y habría preferido crear un comando reducido de proteción, de absoluta confianza y fidelidad. Benalla estaba llamado a dirigir ese pretendio cuerpo policial presidencial, copiando el que disfrutan los inquilinos de la Casa Blanca. Con ello Macron pretendía, entre ptras cosas, escapar a sucesos como el protagonizado por François Hollande, "pillado" en su scooter cuando llevaba los cruasanes a su amante. Un episodio que, aseguran sus allegados, conmocionó al ahora presidente. Benalla, Macron y los "spin doctors" del poder destilan ahora mensajes haciendo recaer en los mandos policiales la responsabilidad del escándalo. Son las víctimas más fáciles. Nunca irán a desahogarse a la prensa.

Emmanuel Macron ha culpado a los periodistas de inflar una historia que, según él, es solo "la deriva de un individuo", un caso aislado. Ha reprochado a los periodistas haber ofrecido infomaciones incorrectas sobre Alexandre Benalla. Pero su silencio y su buscado distanciamiento presidencial han provocado todo tipo de especulaciones y, cómo no, rumores estúpidos, como que Benalla tenía en custodia el maletín nuclear.

El Jefe del Estado francés no cree que sea necesario responder a los medios de comunicación sobre el más grave tropiezo de su mandato. Pero en España deberá volver a torear a los periodistas franceses que le acompañan, y que solo están interesados en un asunto, el de sus estrechas relaciones con su exguardaespaldas. Macron deberá seguir arrastrando el 'affaire Benalla' atado a su tobillo, como la bola de acero de un escándalo que ni la prensa ni la oposición piensan abandonar. Y la Justicia, menos. "La República ejemplar" que el candidato prometía protagonizar ha perdido más que plumas.

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