CRECE EL ESCÁNDALO EN EL GOBIERNO FRANCÉS

Macron ya no es el niño perfecto de Francia: las oscuras cuentas del presidente

El mandatario galo llegó al poder enarbolando la bandera de la regeneración moral. Pero las últimas revelaciones cuestionan esa pretendida superioridad y su comportamiento intachable

Foto: Emmanuel Macron durante una rueda de prensa en el Elíseo, el 5 de junio de 2018. (Reuters)
Emmanuel Macron durante una rueda de prensa en el Elíseo, el 5 de junio de 2018. (Reuters)

Emmanuel Macron llegó al poder con la promesa de moralizar la política francesa. Un año después de su llegada al Elíseo, las investigaciones de la prensa ponen en entredicho su compromiso ético y le devuelven la imagen que más puede odiar, la de ser un político como los demás.

Macron quiso marcar el inicio de su mandato con la aprobación exprés de su “Ley para la Moralización de la Vida Pública”. El nuevo presidente pretendía marcar así las distancias con unos predecesores que arrastraban, sin excepción, escándalos más o menos vergonzantes y con una “clase” política que el nuevo dirigente consideraba marcada por los “affaires”.

Pocos días después de anunciar su primer gabinete, cuatro de sus ministros debieron dimitir, afectados por asuntos incompatibles con las promesas de moralización. Error de casting, de acuerdo. En estos días, su mano derecha, el Secretario General del Elíseo, Alexis Kholer, es objeto de investigación por sus relaciones con la segunda empresa naviera mundial, en la que trabajaba antes de convertirse en el “Macron boy” número uno.

Las investigaciones periodísticas sobre los gastos de la campaña electoral del candidato Macron han jalonado los últimos meses de la acción presidencial, pero su efecto era frenado por la coraza protectora que confiere el rodillo parlamentario y la avalancha de reformas que el gobierno está implementando. Pero el escándalo de las cuentas de la campaña presidencial ha vuelto a surgir este jueves de forma brutal. Tras las primeras investigaciones publicadas hace semanas por la publicación digital Mediapart y por Le Monde, la radio pública “todonotocias”, France Info, clavaba el rejón más profundo en la supuesta virginidad moral del Jefe del Estado.

El equipo de investigación de la emisora ha desvelado los precios de amigo, las rebajas y las componendas que el equipo de campaña del ganador en las urnas obtuvo de empresas organizadoras de eventos, dueños de salas de espectáculos, maquilladores o entrenadores de voz. Una operación de cientos de miles de euros que podrían ser considerados como financiación oculta de partido político según la ley, pero que el organismo encargado de velar por la limpieza del juego electoral, la “Comisión Nacional de Cuentas de Campaña y Financiación Política” (CNCCFP), certificó como válida.

Jean-Luc Mélenchon, líder de la Francia Insumisa, durante una protesta contra Macron en París, el 5 de mayo de 2018. (Reuters)
Jean-Luc Mélenchon, líder de la Francia Insumisa, durante una protesta contra Macron en París, el 5 de mayo de 2018. (Reuters)

¿Un 'affaire Macron'?

“Un escándalo de Estado”, claman los portavoces de La Francia Insumisa, de Jean-Luc Mélenchon. El más feroz opositor a la izquierda del presidente denuncia el diferente trato hacia las cuentas de Macron y las suyas. Mélenchon tuvo que devolver 450.000 euros que la Comisión de Cuentas no le aceptó como gastos, y es objeto de investigación por la Fiscalía financiera.

Al otro lado del escenario político, en el partido Reagrupación Nacional, de Marine Le Pen, se afirma que se puede hablar de “affaire Macron”. En Francia, “affaire” se traduce como escándalo de corrupción. La formación lepenista ha sido castigada con el rechazo de más de 800.000 euros de sus cuentas electorales y algunos de sus miembros han sido o son investigados judicialmente por financiación oculta.

La diferencia en la respuesta judicial era ya motivo de protesta, pero las informaciones reveladas por France Info sobre la diferencia de precio que aplicaban ciertas empresas y ciertos profesionales al futuro partido del primer mandatario, las extrañas y someras facturas y los acuerdos que el 'macronleaks' destapó ya hace meses evidencian hechos que, como mínimo, pueden ser catalogados como trato de favor hacia uno de los aspirantes en liza.

Esa conducta favorable ha tenido premio posteriormente con la obtención de puestos de trabajo. Es el caso del escenógrafo Arnaud Jolens, que fue fichado por el Elíseo y cuyas cuentas por su labor en la campaña también levantan sospechas. Facturó 75.000 euros en tres meses, cuando había firmado un contrato por 6.000 al mes.

Emmanuel Macron se ha negado a responder a 38 preguntas enviadas por los periodistas de 'France Info'. El escándalo lo vive de lejos, reunido en la cumbre del G7 de Canadá. El portavoz del gobierno, Benjamin Grivaux, prefiere atacar a la prensa, y en especial a la radio pública que revela el escándalo: “Si ustedes dedican un día entero a informar sobre la cantidad que la Comisión de Cuentas nos ha rechazado, deberían pasar dos días hablando de las cuentas de La Francia Insumisa y una semana de las de Marine Le Pen”, señaló a la emisora privada Europe1. Una coz verbal precisamente en el día que France Info, que también tiene un canal de TV, pone en marcha una propuesta sugerida con ardor por Macron: la creación de una célula para detectar y denunciar las noticias falsas. De momento, la información sobre las cuentas del movimiento político que aupó a Macron al liderazgo del Estado no es ni 'fakenews' ni 'bullshit', los nuevos anglicismos que Francia acoge con los pantalones de la francofonía bajados.

French politician Marine Le Pen, delivers a speech to announce the new name of the far-right National Front political party, that becomes the National Rally (Rassemblement National) party, during a national council in Bron, near Lyon, France, June 1, 2018.  REUTERS Emmanuel Foudrot
French politician Marine Le Pen, delivers a speech to announce the new name of the far-right National Front political party, that becomes the National Rally (Rassemblement National) party, during a national council in Bron, near Lyon, France, June 1, 2018. REUTERS Emmanuel Foudrot

El extraño caso de la Comisión de Cuentas

El gobierno dice que no tiene nada que añadir y envía a los periodistas a preguntar a la Comisión de Cuentas. La Comisión dice que los datos son válidos. Y salta otra bomba informativa. El presidente de la Comisión de Cuentas de Campaña ha visto su salario aumentado en un 57%, -de 4.574 euros al mes, a 7.182, con un plus de 9.500 anual, con efecto retroactivo a enero-. No hacen falta más datos para que la oposición hable de premio a los “servicios prestados”.

Hablar de comportamiento de república bananera es ofensivo para los países productores de esa fruta. Macron, al que le encanta dar lecciones, y no solo de moral, es el protagonista también de un libro/bomba escrito por el que fuera Secretario de Estado de Presupuesto el el gobierno de François Hollande, cuando el actual presidente era Ministro de Economía.

Christian Ecker, socialista, describe en “un ministro no debería decir eso”, cómo, según él, Macron utilizó los fondos del Ministerio que encabezaba para su propio beneficio político. Cenas nada frugales con empresarios, representantes de la cultura, del espectáculo…Todo ello con la ayuda de su inseparable esposa, Brigitte, que ni entonces ni ahora tiene un rol político oficial. Recepciones a las que los ministros tiene derecho, pero siempre, según Ecker, si tienen relación con el Ministerio al que se representa.

El “macrongate” no invalida, por supuesto, la elección democrática de Emmanuel Macron. Tampoco una eventual denuncia afectaría a un presidente que goza de inmunidad. Pero la regeneración política que Macron quería personalizar con su conducta queda tocada. El viejo Frente nacional había creado un lema para desprestigiar a los políticos de los partidos tradicionales, cuando el concepto de populismo no estaba todavía de moda: 'Tous pourris', “Todos podridos”. Para muchos franceses, Macron no puede ya seguir presumiendo de conducta ética. De estética, tampoco. Querer hacer pasar en las cuentas una factura de 102 euros por la compra de 18 kilos de caramelos blandos de fresa como gasto electoral no es ya un delito de financiación ilegal. Es una cutrez.

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