"ahora estamos en otra configuración"

No hay 'Mayo francés' con Macron: la izquierda no consigue movilizar a las masas

El presidente de Francia ha decidido no celebrar el 50 aniversario de Mayo del 68 para no agitar las aguas ante una ola de protestas que, en todo caso, no están yendo demasiado lejos

Foto: Manifestantes se enfrentan a la policía durante una marcha por el Día de los Trabajadores, el 1 de mayo de 2018. (EFE)
Manifestantes se enfrentan a la policía durante una marcha por el Día de los Trabajadores, el 1 de mayo de 2018. (EFE)

Emmanuel Macron no quiere conmemorar oficialmente Mayo del 68. En otoño pasado inició las consultas para preparar un recuerdo de la fecha fetiche. Precisamente uno de los iconos del “Mayo francés”, Daniel Cohn-Bendit (el mítico "Danny el Rojo"), se lo desaconsejó. La actualidad social generada por sus reformas complicaría un discurso conmemorativo que podría atizar más las brasas de las protestas.

En las únicas declaraciones hechas hasta el momento sobre Mayo del 68, el Presidente francés, que nació más de nueve años después de ese mes declara a La Nouvelle Revue Française que “Mayo del 68 fue un momento de confrontación con el poder. Ello correspondía a un instante histórico que tenía, entonces, sus razones. Fue un instante preciso y pasó. Ahora estamos en otra configuración”.

Nada que ver, pues, según Macron, con el presente. Imposible, según él, hacer hoy un paralelismo con la situación de hace medio siglo. Las huelgas de los ferroviarios, las ocupaciones de universidades, las manifestaciones sindicales o las ruidosas protestas de la extrema izquierda nada tienen que ver con los motivos que prendieron la revuelta estudiantil y, después obrera, del 68, según el mandatario.

Así pues, si Macron no cambia de opinión y hace caso a sus amigos “sesentayochistas”, como Cohn-Bendit o Romain Goupil, otro de los líderes históricos del movimiento del 68, no podrá participar en el eterno debate sobre el significado real del Mayo del 68, especialmente sobre sus consecuencias en la sociedad francesa. Es el mismo debate que se reproduce en Francia cada décimo aniversario, pero que este año registra una gran novedad. Por primera vez desde 1968, el país cuenta con un presidente que ha sacudido los viejos esquemas de la política tradicional y ha arrasado en las urnas; que aplica la política que prometió y que no cede ante las protestas callejeras o las presiones sindicales.

Es una “aberración”, como él mismo se define, desde el punto de vista del sistema político tradicional. Y ahí comienza el debate que divide a los intelectuales franceses en estos días. ¿Es Macron un puro producto del Mayo del 68? ¿Es el propotipo del “joven lobo modernista fascinado por Estados Unidos y el liberalismo” como escribió el filósofo Régis Debray de los herederos del M68?

Mayo del 68 está en el origen del mundo globalizado, individualista y consumista que define a la época actual, según algunos. ¿Es Macron un ejemplo de la “democratización del narcisismo” del que también habla Debray para juzgar las consecuencias del fenómeno 68? Hay que recordar que Régis Debray no estaba ese año en París, sino en las cárceles bolivianas, purgando su coqueteo con la lucha armada (había sido capturado el año anterior, tras ser dado de baja forzosa de la guerrilla del Ché Guevara), lo que le da una óptica diferente a los “abuelos” que vivieron in situ, veinteañeros, el histórico mes sagrado de las protestas.

Emmanuel Macron, de visita oficial en Australia, el 1 de mayo de 2018. (EFE)
Emmanuel Macron, de visita oficial en Australia, el 1 de mayo de 2018. (EFE)

Autoridad y poder vertical

Una de las fechas que marcan el inicio del M68 es la celebración de las “Jornadas antiimperialistas” en la facultad de Nanterre. Trotskistas, maoístas y anarcos llevaban la voz cantante en unas protestas que querían, entre decenas de otros fines, acabar con un cuerpo pedagógico anquilosado en sus convicciones y autoritario en sus prácticas.

Las protestas universitarias que han marcado las últimas semanas en Francia se iniciaron por oposición a la ley que permitirá una cierta selectividad a la hora de acceder a la facultad demandada por cada estudiante. Hoy, los instigadores de los bloqueos de aulas son una minoría sin diferenciación ideológica clara, apoyados por ultraizquierdistas ajenos a la universidad. No se enfrentan 'maos' contra 'trotskos', ni estos últimos juntos contra comunistas oficialistas. Nadie sueña con traer la dictadura del proletariado, como hace cinco décadas. Se han autodesprestigiado por la pretensión de exigir la abolición de los exámenes y la atribución a todos los estudiantes de la máxima nota.

De Gaulle no se atrevió a enviar a los antidisturbios a poner orden en la universidad. En Francia es un tabú histórico. Macron no ha dudado en ordenar a los CRS (los nietos de los antiguos CRS=SS del 68) que pongan fin a los bloqueos y se deje estudiar y examinarse a la mayoría que lo exigía. Huelga general, como sus abuelos, ni en sueños.

Macron no conmemora de momento con un discurso la efeméride más mediática de su país. Pero deja retazos de su pensamiento al respecto. Mayo del 68 fue una revuelta contra la Autoridad, con mayúscula, y contra la jerarquía. El inquilino del Elíseo subraya cada vez que puede que él es partidario de la autoridad y del “poder vertical”. Para que no haya dudas. Macron ha desarticulado, sin complejos, el discurso de una izquierda postsesentayochista para quien autoridad y jerarquía siguen siendo elementos inherentes del “facha”.

Así lo ha concretado en la aprobación de la nueva Ley de Trabajo y en otras reformas que su mayoría legislativa le permite, saltándose cuando le conviene el debate parlamentario para aprobar “por ordenanzas” las leyes que están agitando a los sindicatos franceses. La reforma de los ferrocarriles es más que un símbolo. Los ferroviarios representan el ejemplo emblemático del modelo social francés; el totem de una época que nace tras la liberación, por el acuerdo de intereses entre el presidente De Gaulle y el Partido Comunista. Macron no conoce tabúes sociales y dice que no renunciará a la reforma de la Renfe local, la SNCF, a pesar de las dos días de huelga que los sindicatos llevan a cabo cada tres días de trabajo.

Manifestantes durante una marcha por el Día Internacional de los Trabajadores, en París, el 1 de mayo de 2018. (EFE)
Manifestantes durante una marcha por el Día Internacional de los Trabajadores, en París, el 1 de mayo de 2018. (EFE)

“Una celebración a golpe de porra”

El Mayo obrero del 68 desembocó en un aumento generalizado de un 10% de los salarios y en un impulso de un 35 por ciento del sueldo mínimo. Los trabajadores desbordaron para ello a la burocracia sindical de la época. Hoy Macron lo tiene menos difícil. Los sindicatos mantienen cierta capacidad de bloqueo, pero se desangran de afiliados y se encuentran más divididos que nunca. La CGT del 68 disfrutaba de un poder al que no era ajeno su ligazón con el PCF. Hoy la Confederación General de los Trabajadores de Philippe Martínez no es la correa de trasmisión de un PCF casi desaparecido, se ve desbordada por la reformista CDFT, y pelea en competencia brutal con otras dos centrales más combativas, SUD y Force Ouvrière (FO), que acaba de sustituir a su líder por otro más radical.

Emmanuel Macron no ha mirado tampoco el calendario de efemérides para lanzar a los CRS contra los centenares de personas que bloqueaban desde hace años la zona donde se iba a construir el nuevo aeropuerto de Nantes. El Gobierno echó abajo el proyecto, pero en el lugar se instalaron ecologistas sinceros, viejos jipis y “perrogaitas” (están al borde de Bretaña) que se negaban a levantar los campamentos improvisados en los que viven y querían seguir “okupando” para “resistir a la urbanización y desarrollar una agricultura alternativa, con la ayuda, no pedida, de decenas de profesionales del enfrentamiento con la policía. Miles de granadas lacrimógenas y bastantes golpes ofrecieron al país y al resto del mundo unas imágenes que a gobiernos anteriores les habrían acomplejado. A Macron no.

Por eso, François Ruffin, el diputado más a la izquierda de la izquierda parlamentaria, dice que sí, que “Macron celebra Mayo del 68 todos los días, a porrazos”. El miembro de la Francia Insumisa ha convocado para este sábado una “jornada anti-Macrón”. Este experiodista, conocido por sus declaraciones y acciones extemporáneas en la Asamblea, no se considera un hijo del 68, y dice inspirarse en la Revolución Francesa y en el Frente Popular. Ruffin quiere conseguir lo que ni oposición de izquierda ni sindicatos ni estudiantes han obtenido, la tan cacareada “convergencia de luchas”, o la “coagulación de cabreos”. Pero la iniciativa del joven diputado vuelve a echar tierra sobre las llamas del fuego social. Para Martínez, líder de la CGT, convocar una manifestación cuatro días después de la Fiesta del Trabajo no es una buena idea: “Multiplicar las fechas genera división y no es eficaz”.

Este 1 de mayo del 50 aniversario del Mayo del 68 ha sido un reflejo de la triste realidad sindical de hoy: desunión y poca participación popular. Apenas 400.000 manifestantes en toda francia, y más de un millón, según los sindicatos. En París, solo unas decenas de miles. Bastantes menos, en cualquier caso, que en años anteriores. Solo los “casseurs”, los grupos que acuden a destrozar mobiliario urbano y a enfrentarse violentamente a los antidisturbios -y que este año han sido unas 1.200 personas-, obtienen la atención prioritaria de fotógrafos y camarógrafos.

¿Macron y el Mayo del 68? Para qué entrar en discusiones y participar en un debate de cincuenta años en el que, por cierto, marxistas, neorreaccionarios y expresidentes como Sarkozy coinciden. Fue Nicolas Sarkozy el primer Jefe de Estado que lanzó una descarga contra la herencia del M68: “Mayo del 68 preparó el terreno al capitalismo sin escrúpulos y sin ética; a los patronos delincuentes”. Uno de sus ministros, el filósofo Luc Ferry, abundaba en el argumento: “Bajo los adoquines no estaba la playa, sino las exigencias de la economía liberal”.

Los antidisturbios desalojan a un centenar de personas que habían ocupado la Universidad Tolbiac en París, el pasado 20 de abril de 2018. (Reuters)
Los antidisturbios desalojan a un centenar de personas que habían ocupado la Universidad Tolbiac en París, el pasado 20 de abril de 2018. (Reuters)

La izquierda en la calle, Macron en Australia

La extrema izquierda francesa no puede renegar de un M68 que le permitió sentar las bases de una hegemonía cultural que a través de medios de comunicación y Universidad han mantenido hasta hace poco. Pero sí quiere recuperar el germen de la contestación de la época para adaptarlo al presente y considerar a Emmanuel Macron como ese producto del liberalismo que dicen combatir. El último eslogan de los insumisos es llamar al Presidente “Margaret Macron”, en referencia a la “premier” británica Thatcher. Una variante del ya obsoleto “presidente de los ricos”.

Hace cincuenta años, el general y presidente De Gaulle, deprimido, acudía a Baden-Baden a consultar con el General Massu, entonces comandante de las tropas francesas en Alemania Federal, si había llegado el momento de utilizar al ejército para aplacar la rebelión en Francia. Massu le convenció de que no era necesario y que sus contactos soviéticos le habían asegurado que el Kremlin no tenía intención alguna de apoyar una revolución en Francia.

Emmanuel Macron, por su parte, ha decidido vivir esta semana de movilización social, que cierta izquierda quiere convertir en el inicio de la lucha final, en las antípodas, concretamente en Australia, Nueva Zelanda y Nueva Caledonia. Como dicen sus voceros, “atento pero imperturbable”. En Sidney ha sido claro: “No he escapado de las protestas, sigo trabajando. No me voy a quedar en París viendo la televisión y comentando la actualidad”.

Macron esperará hasta el último día de este mes para hacer una referencia al M68. Pocos creen que pueda resistir la tentación de ignorar el acontecimiento. Pero esta semana lo que el presidente francés celebra es su primer año en la presidencia. Un año más tarde y con un tren de reformas cargado como nunca para cambiar la esencia de la vieja Francia. Nuevas elecciones le otorgarían todavía más apoyo popular, según los sondeos. Más de un 60 por ciento de los franceses encuestados quieren que Macron no ceda y vaya hasta el final en la reforma de la SNCF, el emblema de la resistencia social.

Con la opinión pública a su lado, entrar en las disquisiciones sobre Mayo del 68 no le aportaría nada positivo. Conmemorar la fecha, aún menos. Eso sí, continuará recibiendo a Daniel Cohn-Bendit en el Elíseo, para comentar junto a la figura icónica del M68 las decenas de reportajes que sobre ese acontecimiento emiten estos días las televisiones francesas.

Mundo

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
2 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios