UN PAÍS generosO en ayudas Y líder en impuestos

Macron se prepara para desmantelar el paraíso social francés

Déficits desbocados y deuda astronómica. Francia emplea cada año más de 700.000 millones en ayudas sociales. También está entre los países que exigen un mayor esfuerzo contributivo

Foto: El presidente francés Emmanuel Macron durante unas sesiones de consultas de ciudadanos sobre Europa, en Epinal. (Reuters)
El presidente francés Emmanuel Macron durante unas sesiones de consultas de ciudadanos sobre Europa, en Epinal. (Reuters)

“Las ayudas sociales a los pobres cuestan pasta gansa y la gente no consigue salir adelante”. Era la frase choque que el presidente Emmanuel Macron pronunció delante de sus colaboradores para lanzar la campaña de revisión del modelo social de Francia, campeón del mundo en gasto destinado a las ayudas sociales.

El mensaje fue lanzado a las redes en un vídeo la medianoche del pasado miércoles por el equipo de comunicación de Macron. El efecto perseguido era doble: anunciar el principio del fin del generoso 'Estado Providencia' y no permitir que la crisis del 'Aquarius' ensombreciera algunas medidas positivas que el Jefe del Estado iba a anunciar a los franceses más necesitados.

Francia emplea cada año más de 700.000 millones de euros en el capítulo de ayudas sociales, es decir, un tercio (32%) de la riqueza generada en el mismo periodo. En ese apartado, la OCDE le entrega la medalla de oro. Para pagar la factura, Francia ocupa también un puesto de honor entre los países que exigen un mayor esfuerzo contributivo a sus ciudadanos. No hay milagro, generosos en ayudas y líderes de impuestos. Además, déficits desbocados y deuda astronómica.

El presidente no se arredra ante los tótems que sus antecesores de izquierda o derecha han evitado enfrentar desde la creación del modelo social francés, heredero del Consejo Nacional de la Resistencia, en 1945, bendecido por el pacto del General De Gaulle y el Partico Comunista Francés en la postguerra, y mejorado desde entonces por todos los gobiernos... hasta que Macron mandó parar.

“Macron tiene un problema con los pobres”

La respuesta al video presidencial era de esperar. La izquierda encontró un nuevo argumento para insistir en el sambenito que le han tatuado a Macron como “presidente de los ricos”. El Partido Socialista aprovechó el anuncio para salir de su sopor y asegurar que el presidente “quiere suprimir las prestaciones a los más pobres”, “romper el sistema social francés”, “exigir a los que más sufren”. ”Macron no libera a la gente, sino a los mercados”, se indignan el el PSF. Una de las 'baronesas' del partido y vieja enemiga del presidente, Martine Aubry, insistía en el mismo alegato: “Macron tiene un problema con los pobres”.

Parecida respuesta la del jefe de La Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon, que define a Macron como un “extremista liberal”, cuyas medidas “harán progresar al Frente Nacional (Ahora Reagrupación Nacional). Para Marine Le Pen, la política más votada por los más desfavorecidos, los obreros y los jóvenes parados, “si los pobres no tuvieran las ayudas que reciben, estarían viviendo bajo un puente”. Eso sí, insiste, la líder del RN, “si se quiere mejorar la eficacia de esas ayudas habría que comenzar por luchar contra el fraude, a lo que nadie se atreve”.

Para Le Pen, la política más votada por los más desfavorecidos, “si los pobres no tuvieran ayudas estarían viviendo bajo un puente”

Si se entra en la web de las ayudas sociales francesas, lo primero que sorprende -incluso a una mayoría de franceses- es la enorme cantidad de prestaciones que se ofrecen y la consecuente complejidad administrativa para obtenerlas. Algunos medios han buceado en todos los apartados de las subvenciones del Estado y han confeccionado listas para justificar la iniciativa presidencial.

Dejando aparte las ayudas similares en los países vecinos, se enumeran ayudas como las clases de natación gratuitas para aprender a nadar, ayudas para pagar el permiso de conducir, cheques para sufragar las vacaciones, para pagar el alquiler del apartamento, reducción en los comedores escolares, tarifa reducida para el alquiler de bicicletas, pago de las facturas del agua y la electricidad, primas de Navidad, de material escolar, ayuda a la compra de automóvil, para el equipamiento del hogar, pago de desplazamientos, comidas y hotel para los parados que acepten un empleo lejos de su domicilio... Hasta 38.000 asociaciones deportivas aceptan el cheque del Estado para sufragar cursos de canoe-kayak, ping-pong o esgrima. Los desplazamientos en taxi para análisis clínicos son sufragados en un 100% por la Seguridad Social, y no todos los beneficiarios presentan problemas de movilidad, admiten discretamente los taxistas.

Es solo una pequeña muestra de la generosidad de un sistema sustentado en una fuerte carga impositiva y que, como señala Macron, no logra sacar de la pobreza a un sector de la población: uno de cada cinco niños franceses vive en una situación considerada de pobreza. El presidente asegura que su iniciativa pretende “reinventar el Estado providencia, no suprimirlo”; “hacerlo más eficaz, empujar a la responsabilidad individual y reducir la asistencia permanente”.

Emmanuel Macron durante su reciente encuentro con la canciller Angela Merkel, en Berlín. (Reuters)
Emmanuel Macron durante su reciente encuentro con la canciller Angela Merkel, en Berlín. (Reuters)

El profesor canadiense Timothy B. Smith, entrevistado hace cinco años por el semanario 'Le Point', afirmaba que “los franceses son unos niños mimados gracias a su Estado Providencia”. Los gastos sociales en Francia son dos veces más altos que en Suecia o Canadá, pero, según Smith, la precariedad aumenta y la pobreza persiste. “Hay una enorme fosa entre la retórica de la solidaridad y la realidad de las desigualdades fabricadas por el mismo Estado Providencia”, asegura este profesor de la universidad canadiense de Kingston, especializado en welfare state y autor acaba del libro La Francia injusta.

Eric es un joven de 23 años que prefiere no dar su apellido a El Confidencial. Asegura que se sorprendió cuando le otorgaron una ayuda mensual de 100 euros cuando recibía ya un sueldo por un primer trabajo subvencionado como primer empleo. Su padre, en paro, no ha podido disfrutar de los tres años de paro que le corresponden a los mayores de 50 años. El periodo fue reducido a dos años hace solo unos meses. Aún así, recibe más de un 75% del sueldo bruto que tenía antes de perder el trabajo.

Hay una enorme fosa entre la retórica de la solidaridad y la realidad de las desigualdades fabricadas por el mismo Estado Providencia

Ningún parado que haya agotado sus derechos se quedará sin recursos. El Estado le pagará una cantidad que puede ir de los 550 euros para una persona sola sin hijos a los 1.213 para una pareja con tres hijos.

No es difícil conocer a personas que no encuentran dificultades para que su médico de cabecera les permita disfrutar de una semana de cuidados en un balneario, con gastos a cargo de la sanidad pública. Admiten, entre sonrisas, que no hace falta justificar la prescripción. “Es nuestro médico desde hace años…”

Son admirables medidas de asistencia creadas para sacar de la precariedad a las familias más pobres. El problema es que el sistema no llega a contener el engaño. Por ejemplo, más de 1.800 parejas viven en París en pisos de protección oficial tras haber sobrepasado el límite salarial exigido para tener derecho a ocupar el apartamento. Sólo la estafa a la seguridad social es cifrada en más de 15.000 millones de euros por el Tribunal de Cuentas.

A la defraudación habría que añadir la inacción del Estado en algunas zonas, las famosas "banlieues" (los suburbios pobres), donde privar a sus moradores de la ayuda social mínima de reinserción, más de 400 euros al mes, podría provocar un estallido de cólera inimaginable. El clientelismo político es también uno de los motivos para no esmerarse mucho en las inspecciones.

La picaresca es inevitable y no sirve por sí sola para descalificar un sistema, pero pone de relieve que un mejor control de los recursos podría beneficiar a los que verdaderamente se encuentran en situación desesperada. La reforma del gasto social, subraya Macron, se hará no por razones financieras, sino por eficacia. El Ministro de Acción Cuentas Públicas (sic), Gerald Darmanin, proveniente de la derecha “sarkozista”, señala, por su parte, que hay demasiadas ayudas sociales y que incluso él no conoce todas la existentes. Cuatro de cada diez franceses consideran también que el monto de las ayudas sociales es demasiado elevado. Menos de un 30 por ciento lo estiman no lo bastante alto.

El presidente no ha presentado las medidas concretas que va a englobar el “big-bang” del modelo social. Después de lanzar su "vídeo-bomba", anunció algunos gestos ya negociados con las aseguradoras privadas: reembolso del 100% en gafas, prótesis dentales y auditivas. La gama más baja en todos los apartados, claro, y según qué circunstancias. En Francia no es raro ver a muchas personas desdentadas por falta de recursos. Los ópticos, por su parte, se han hecho de oro en las últimas décadas. Si François Hollande perdió parte de su reputación al bromear sobre los “sin dientes”, Macron les ofrece ahora la posibilidad de recuperar la sonrisa. El presidente anunció también el seguimiento gratuito oftalmológico desde los 3 a los 16 años para todos los franceses. “La vista”, dice, “es la primera causa de analfabetismo”. Iniciativas que intentan suavizar los recortes sociales que se preparan para 2019.

Economistas que apoyaron a Emmanuel Macron durante su campaña, le piden ahora que inicie ahora una “viraje social”. Philippe Aghion, Philippe Martin y Jean Pisani-Ferri, inspiradores del programa económico del candidato a la Presidencia, se declaran alarmados ante “la imagen de un poder indiferente a los problemas sociales”.

¿Presidente de los ricos? Macron no parece afectado por el calificativo. Tiene todavía cuatro años y medio para violar tabúes, reequilibrar su política social e intentar reformas que ninguno de sus predecesores ha sabido o ha podido llevar adelante, a pesar de haberlas anunciado. Como él, pero con palabras menos brutales. Es solo una cuestión de comunicación.

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