Es noticia
Menú
¿Crees que la dependencia de Rusia es mala? Prepárate para la que nos espera con China
  1. Mundo
Esto apenas acaba de comenzar

¿Crees que la dependencia de Rusia es mala? Prepárate para la que nos espera con China

En la relación entre la Unión Europea y China, diplomacia y economía han dejado de existir como conceptos separados: esta es la era de la geoeconomía

Foto: El presidente ruso, Vladimir Putin, junto a su homólogo chino, Xi Jingping. (Reuters)
El presidente ruso, Vladimir Putin, junto a su homólogo chino, Xi Jingping. (Reuters)

La actual crisis en la frontera ucraniana está sacando a relucir una vez más cómo el Gobierno de Vladimir Putin utiliza la dependencia energética de la Unión Europea para intentar forzar su mano. Sin embargo, esta debilidad estratégica ante Moscú podría parecer un juego de niños en comparación con el gigantesco desafío que se avecina desde Pekín y del que Bruselas ya ha recibido un adelanto.

Recientemente, Lituania, un diminuto Estado miembro con menos de tres millones de habitantes, se ha convertido en el objetivo de una campaña de acoso y derribo por parte del Gobierno chino. Después de que Vilna anunciara la apertura de una oficina de representación de Taiwán (lo que supone una embajada 'de facto'), el Ejecutivo de Xi Jinping le impuso un bloqueo comercial y comenzó a presionar a compañías de todo el mundo que emplean componentes lituanos para sus productos. Con esta maniobra, Pekín amenazó a las empresas de la talla de Continental, una firma automovilística alemana con cerca de 200.000 empleados en 58 países, con negarles el acceso al mercado chino si no daban la espalda al país europeo.

Foto: La embajada china en Vilna, Lituania (EFE/Valda Kalnina)

Este inusitado ‘bullying’ contra Lituania es una muestra clara de que, en lo que a herramientas de coerción económica se refiere, Rusia cuenta únicamente con la carta de la energía, mientras que China tiene en su mano el mazo completo. Por ello, un informe reciente del European Council on Foreign Relations (ECFR) titulado "Los costos ocultos de la coerción económica" alerta de que la Unión Europea necesita urgentemente herramientas para enfrentarse a una relación con Pekín en la que diplomacia y economía han dejado de existir como conceptos separados: esta es la era de la geoeconomía.

“Seguimos separando artificialmente los asuntos de política exterior de la política comercial y de la competencia económica. Pero en el mundo de hoy estos asuntos están profundamente entrelazados”, explica Jonathan Hackenbroich, coautor del estudio, en entrevista con El Confidencial. “Hoy en día, los instrumentos económicos son la herramienta principal de la política exterior. En lo relativo a Ucrania, por ejemplo, tanto la UE como Estados Unidos están discutiendo maneras de sancionar económicamente a Rusia, no cómo intervenir militarmente”, agrega.

La tortura económica china

La amenaza de la coerción económica no es nueva. Durante la Administración de Donald Trump, Estados Unidos utilizó su poder económico para amenazar a empresas de todo el mundo, incluidas las europeas, con la pérdida de acceso al mercado estadounidense si no cortaban sus negocios con Cuba e Irán.

Pero, en lo que a la agresión geoeconómica se refiere, China, un rival sistémico de la UE, es más sofisticado. Volviendo al ejemplo de Lituania, ninguna empresa europea se encuentra en una lista oficial de sanciones. Simplemente, reciben una llamada que sugiere la pérdida de acceso al mercado chino o el posible bloqueo de productos con partes lituanas en la frontera. El efecto es muy similar al de castigos económicos más directos, pero resulta más difícil de detectar.

Foto: Ursula von der Leyen toca la campana para inaugurar una sesión en el Colegio de Comisarios en Bruselas. (Reuters/Oliver Matthys)

Las tácticas varían, pero siguen el mismo patrón de inmediatez y retribución. En marzo del año pasado, Pekín castigó a varias empresas europeas después de que la UE, en cooperación con Washington y Londres, impusiera sanciones a cuatro funcionarios chinos por el maltrato de la minoría uigur en la región autónoma de Xinjiang. Compañías como H&M y Adidas desaparecieron de las aplicaciones de comercio electrónico del país y se enfrentaron a boicots populares (otra estrategia cada vez más común). Paralelamente, el gigante asiático ha utilizado las amenazas de aranceles y restricciones a la importación para tratar de presionar a Estados miembros como Alemania para que acepten que la tecnológica china Huawei sea quien construya su infraestructura 5G.

Existen múltiples ejemplos más allá de las fronteras europeas que demuestran el creciente uso de la coerción económica por parte del Ejecutivo de Xi Jinping. Cuando Corea del Sur aceptó en 2016 la propuesta estadounidense de desplegar el sistema de defensa antimisiles THAAD —dirigido a defenderse de Corea del Norte, pero considerado por el Partido Comunista Chino como una provocación flagrante—, China cerró la mayoría de las tiendas de la cadena coreana de supermercados Lotte, lo que forzó a la empresa a retirarse del mercado chino. Paralelamente, el Gobierno comunista aprobó medidas que, en esencia, suponían un veto al turismo de los ciudadanos de su país hacia Seúl.

El caso más emblemático del azote económico chino es el de Australia. La isla oceánica desató la ira de Pekín al excluir a Huawei y ZTE de su red 5G y, sobre todo, al pedir una investigación independiente sobre los orígenes de la pandemia. Desde entonces, la cantidad de sectores y productos australianos que han sido objeto del boicot económico chino parece no tener fin: carbón, cebada, carne de vacuno, cobre, algodón, azúcar, madera, vino, langostas, trigo, lana y cerveza, entre otros.

¿Un escudo geoeconómico europeo?

El mundo ha cambiado y los protocolos que la UE planeó para un orden global multilateral y basado en las normas no funcionan en una nueva realidad definida por la competencia geopolítica. En este contexto, el informe destaca que Bruselas necesita equiparse con nuevas herramientas para responder de manera ágil, autónoma y efectiva a las presiones geoeconómicas. El más importante de ellos es el denominado como “instrumento anticoerción”, un último recurso para disuadir los actos de presión económica por parte de terceros y que permita desplegar una serie de contramedidas europeas sin el principal lastre que paraliza la burocracia comunitaria en este ámbito: la unanimidad.

Foto: Juncker y Tusk anuncian las medidas de la UE para protegerse ante Trump. (Reuters)

Actualmente, la UE solo cuenta con el llamado Estatuto de Bloqueo, concebido en 1996 para eludir las sanciones estadounidenses contra empresas europeas en Cuba. Este instrumento únicamente puede ser utilizado por la Comisión tras recibir el apoyo informal unánime de los líderes de los Veintisiete a un paquete de medidas para proteger los intereses de sus compañías. Se trata de un proceso lento, limitado y, según Hackenbroich, “inefectivo y disfuncional”. “Un tercer país que quiera aplicar coerción económica sobre un Estado miembro nunca tomará medidas que puedan unir a la Unión Europea en su contra”, apunta el experto. “Siempre va a intentar dividir a los integrantes de la UE al respecto”, agrega, convirtiendo el requisito de unanimidad en un obstáculo difícil de sortear.

Tras la ofensiva china contra Lituania, la Comisión presentó el pasado mes de diciembre su propuesta para un nuevo instrumento anticoerción, el cual incluye contramedidas, como restricciones a las exportaciones de terceros países que intenten presionar económicamente a empresas o Estados miembros de la UE, que se decidirían por mayoría cualificada. Por otra parte, Bruselas también está en vías de reformar el Estatuto de Bloqueo para adaptarlo a la magnitud de la amenaza de Pekín.

Foto: Foto: Reuters/Yves Herman

Sin embargo, la aprobación de estos mecanismos requerirá de convencer por el camino a Estados miembros que se han mostrado muy escépticos al respecto, como Alemania, Suecia y la República Checa (siguiente en ostentar la presidencia rotatoria de la UE tras el actual mandato francés). Los Gobiernos de estos países consideran estos instrumentos como potencialmente proteccionistas y susceptibles de llevar a la UE a guerras comerciales. "Va a llevar tiempo. Nadie espera que la Unión Europea pueda tomar una decisión inmediata sobre un asunto tan complicado. Además, no debemos olvidar que hay algunos países europeos, incluidos algunos de los más grandes [en referencia a Alemania], que tienen fuertes relaciones con China en términos de comercio", indicó Linas Kojala, analista lituano del Centro de Estudios de Europa Oriental en Vilna, en una entrevista reciente con El Confidencial.

Por su parte, los defensores de reforzar la capacidad de respuesta europea contra las presiones económicas señalan que la UE ya ha demostrado en el pasado la fuerza que puede proyectar cuando actúa de forma estratégica y coordinada en materia geoeconómica. Durante el proceso del Brexit, por ejemplo, la instauración de un equipo negociador capitaneado por la Comisión Europea sirvió para garantizar que Reino Unido no pudiera aprovecharse de las divisiones internas comunitarias para intentar obtener ventajas económicas tras su divorcio con Bruselas.

El desafío, como todo lo relacionado con China, es inmenso. Uno que, de acuerdo con los autores del informe, requiere de un grado similar de coordinación al que demostró la UE con el Brexit para garantizar una protección efectiva contra la coerción económica. Como sentencia el documento: “La UE necesita una visión más integrada y holística de cómo los terceros países utilizan las políticas económicas para obtener ventajas geopolíticas y la geopolítica para obtener ventajas económicas”. La geoeconomía ha llegado para quedarse, nos guste o no.

La actual crisis en la frontera ucraniana está sacando a relucir una vez más cómo el Gobierno de Vladimir Putin utiliza la dependencia energética de la Unión Europea para intentar forzar su mano. Sin embargo, esta debilidad estratégica ante Moscú podría parecer un juego de niños en comparación con el gigantesco desafío que se avecina desde Pekín y del que Bruselas ya ha recibido un adelanto.

Vladimir Putin Xi Jinping Unión Europea