Para la UE, son más importantes los días tras las elecciones que la victoria de Biden
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APUESTA POR SU AUTONOMÍA ESTRATÉGICA

Para la UE, son más importantes los días tras las elecciones que la victoria de Biden

La victoria de Biden ha dejado ver un país profundamente dividido que confirmará la búsqueda de una autonomía estratégica por parte de la Unión Europea

Foto: Biden, durante su etapa como vicepresidente, visitando a la canciller alemana. (EFE)
Biden, durante su etapa como vicepresidente, visitando a la canciller alemana. (EFE)

La elección de Joe Biden como próximo presidente de los Estados Unidos ha sido un alivio para la inmensa mayoría de los líderes europeos, que contenían la respiración ante la perspectiva de un segundo mandato de Donald Trump, que habría resultado en una escalada del conflicto comercial y habría sido un nuevo golpe para las relaciones transatlánticas.

Sin embargo, la elección de Biden ha dejado, además de alivio, una sensación general de preocupación. Los días posteriores a la votación, en los que todavía no estaba del todo claro quién ganaría, la negativa de Trump a admitir su derrota y el ambiente de caos que se percibía desde este lado del Atlántico parecían confirmar las peores sospechas de Bruselas, Berlín o París: gane quien gane, Estados Unidos es ya un país enzarzado consigo mismo.

Incluso con un Biden victorioso, esas jornadas posteriores a los comicios han sido para muchos en la Unión Europea más decisivas que la propia elección del nuevo presidente: han mostrado que la apuesta por la autonomía estratégica que los líderes europeos han puesto sobre la mesa durante la Administración Trump debe seguir siendo una prioridad, porque Estados Unidos ya no es un socio tan fiable como hace años. Es un país partido por la mitad, con un alto nivel de polarización, más inestable y muchísimo menos predecible que en el pasado.

Joe Biden, presidente electo de los Estados Unidos. (Reuters)
Joe Biden, presidente electo de los Estados Unidos. (Reuters)

Sí, ha habido una ola de optimismo tras la victoria de Biden y se ha repetido una y otra vez la idea de relanzar las relaciones transatlánticas. Pero la UE ya sabe dos cosas: que la agenda de prioridades americana y europea son radicalmente diferentes, gobierne quien gobierne, y que, además, es imposible predecir ya quién se sentará en la Casa Blanca en 2024. Sabiendo eso, seguir impulsando la agenda de la autonomía estratégica es, como mínimo, una garantía para Europa.

En los próximos días, según han explicado fuentes europeas, Charles Michel, presidente del Consejo Europeo, irá manteniendo encuentros digitales de cara a la cumbre de diciembre, centrados en 'reenergizar' las relaciones transatlánticas. Y si bien ese es un objetivo compartido por todos, muchas capitales se preocuparán por dejar claro que el esfuerzo por recuperar un cierto nivel de confianza con Washington y el esfuerzo por ganar autonomía respecto a EEUU deben realizarse de forma simultánea.

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Nacho Alarcón. Bruselas Carlos Barragán. Washington D.C

Los líderes europeos no esperan una vuelta atrás. Estados Unidos ya no es el de décadas anteriores, y eso ya lo sabían antes de las elecciones. La victoria de Biden da algo de espacio para mejorar la situación, pero no la resolverá. Al fin y al cabo, él era vicepresidente cuando Barack Obama impulsó el 'buy american', una tendencia proteccionista que no va a desaparecer. Además, Biden seguirá insistiendo en que los socios europeos se impliquen más en la OTAN y seguirá centrado en su rivalidad con China. El futuro presidente y los líderes de los Veintisiete seguirán pensando de forma muy distinta respecto a muchos otros asuntos.

Por lo tanto, sería un error aferrarse al “transatlantismo perezoso”, como lo califica Rosa Balfour, directora del 'think tank' Carnegie, haciendo referencia a ese discurso optimista que maquilla tras palabras 'amistad' y 'alianza' unas agendas muy, muy diferentes, que no son contrarias a mantener una amistad y una alianza, pero que no pueden obviarse. “Detrás del perezoso transatlantismo de Europa, hay una serie de cuestiones en las que europeos y estadounidenses no están de acuerdo, desde la tecnología hasta el trato con China. Estas requieren un diálogo honesto y el fomento de la confianza para evitar, como mínimo, dañar la relación”, escribía recientemente Balfour.

Banderas europeas en El Barrio europeo. (Reuters)
Banderas europeas en El Barrio europeo. (Reuters)

“Tenemos que continuar con nuestro trabajo para mejorar la autonomía estratégica de Europa, es decir, su capacidad para actuar y defenderse de forma eficaz por sí misma. Los últimos cuatro años nos han abierto los ojos y el covid-19 ha acentuado aún más la necesidad de velar por nuestra seguridad y abordar otras vulnerabilidades, bajo la bandera de fortalecer nuestra autonomía estratégica”, señalaba recientemente Josep Borrell, alto representante de la UE para Política Exterior y de Seguridad.

Aunque Trump ha sido un líder maleducado, explosivo y difícil de gestionar, ha abierto los ojos de la Unión Europea a una realidad dura: Estados Unidos y el Viejo Continente ya no comparten los mismos objetivos e intereses. Los cambios serán inevitables. Lo que Trump hizo ver, Biden lo confirmará. Sí, el presidente electo mejorará el ambiente y recuperará algunos puntos importantes de la cooperación transatlántica, pero no podrá devolverla al pasado. Por eso, en las próximas semanas se discutirá y se tomará la decisión de a qué ritmo se seguirá trabajando en esa autonomía estratégica, al mismo tiempo que se busca aprovechar para recoger los frutos de una mejor cooperación con la Administración americana.

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