HAY UNA INVESTIGACIÓN EN CURSO

Los empresarios italianos, bajo sospecha por empeorar la pandemia: "Algo no cuadra"

¿Han tenido culpa las empresas por la propagación del virus en Lombardía? ¿Presionaron para obstaculizar el cierre en febrero de algunas zonas altamente industrializadas del norte?

Foto: Una manifestación de residentes médicos por los derechos laborales. (Reuters)
Una manifestación de residentes médicos por los derechos laborales. (Reuters)

El primero, hace unos días, fue Marco Bonometti, el presidente de la patronal Confindustria Lombardía. El segundo, esta semana, fue Stefano Scaglia, el representante de los industriales de la ciudad de Bérgamo. Los dos recibieron una carta con un proyectil dentro. Un suceso que, según Confindustria, es fruto de un “clima de odio” que “ha sido alimentado por importantes actores del debate público nacional”. Ambos fueron puestos bajo protección policial inmediatamente.

Superada la fase más aguda de la pandemia, ha llegado ahora la hora de los balances en Italia. Y no son pocos los que, muy a su pesar, empiezan a acaparar atenciones indeseadas. Si bien los actos intimidatorios distan mucho del actuar y sentir de la mayoría, hay preguntas entre bastidores que circulan desde el comienzo de la crisis y que cada vez se hacen más inevitables. Sus destinatarios no son uno, sino muchos: ¿han tenido culpa los empresarios por la propagación del virus en Lombardía, la región más castigada (más de la mitad de los muertos totales)? ¿Presionaron para obstaculizar el cierre en febrero de algunas zonas altamente industrializadas del norte?

'A priori', algunos hechos no juegan a favor de los empresarios. Por ejemplo, el que, el 28 de febrero, con ya casos detectados en la zona —y apenas 10 días antes del confinamiento masivo de todo el país—, Confindustria lanzara la campaña ‘Bergamo is running' (Bérgamo no se detiene), dirigida a sus socios e inversores extranjeros. Tenía como objetivo asegurar que la industria local no iba a parar, pues la situación estaba bajo control. “Todas nuestras compañías siguen haciendo ‘business as usual”, rezaba el vídeo en el que también se acusaba a la prensa de haber exagerado sobre el contagio en Italia. No fue un caso aislado. Otro fue el caso de la Unión de los Industriales de la provincia de Varese que, el 2 de marzo, promovió una iniciativa similar, bautizada con el 'hashtag' #YesWeWork (Sí, trabajamos).

Las críticas se han multiplicado también después de la apertura en abril de una investigación de la Fiscalía de Bérgamo que busca averiguar por qué no fueron sellados y declarados ‘zona roja’ Alzano Lombardo y Nembro, dos municipios de la Val Seriana, en la provincia de Bérgamo, donde la tasa de mortalidad finalmente aumentó en marzo un 568% con respecto al año anterior, según datos del Instituto Estatal de Estadísticas italiano (Istat). Una investigación, esta, por la que también Bonometti —junto a otros empresarios e incluso el primer ministro, Giuseppe Conte— ha sido interrogado por los fiscales de la ciudad lombarda. Todo esto tras la creación del comité Noi Denunciaremo (Nosotros Denunciaremos), fundado por Luca y Stefano Fusco, dos habitantes locales que perdieron respectivamente a padre y abuelo por el covid.

“Es una zona donde hay más de 300 empresas que facturan 700 millones de euros por año, con miles de puestos de trabajo. Es uno de los motores de Lombardía. ¿Por qué no clausuraron esta zona? Algo no cuadra”, explicaba Stefano Fusco en un reciente encuentro virtual con periodistas acreditados de medios extranjeros. “El 8 de marzo —añadió— un amigo mío, que es policía, me dijo que iban a declararla zona roja, pero finalmente no ocurrió. ¿Quién dio esa contraorden y por qué?”, detallaba Fusco, cuyo comité ya depositó una cincuentena de denuncias de otros familiares que también reclaman un esclarecimiento sobre la gestión de la pandemia.

Una cola a la salida de un supermercado durante el confinamiento en Lombardía. (EFE)
Una cola a la salida de un supermercado durante el confinamiento en Lombardía. (EFE)

De igual manera, los sindicatos también han levantado estas sospechas. “Cuando estábamos a un paso de que se declarase la zona roja en los municipios de Alzano y Nembro [era algo que todos daban por seguro], se dijo que algunas empresas importantes de la zona presionaron. Confindustria jugó sus cartas y el Gobierno eligió de qué parte iba a estar”, afirmó Andrea Agazzi, secretario del sindicato FIOM-CGIL, en una reciente entrevista concedida al programa de investigación 'Report', de la RAI.

Algunos datos alimentan estas quejas. De acuerdo con datos de Istat, republicados por el prestigioso diario económico 'Il Sole 24 Ore' en un reciente artículo, a finales de marzo, más de la mitad (55,7%) de los trabajadores de la industria y de los servicios privados seguía yendo a trabajar en todo el país. Y esto mismo también ocurrió en algunas de las zonas más golpeadas de Lombardía —como Lodi (73,1%), Crema (69,2%) y Milán (67,1%)—, donde el virus trituró el sistema sanitario de esta rica región.

¿Salud vs. economía?

A pesar de que aún no existen estudios definitivos sobre a quiénes los italianos mayormente culpan y la opinión de los expertos varía, varios analistas consideran que la búsqueda de los responsables de la crisis ha pasado, hasta la fecha, por varias fases en Italia. “Se empezó por el enemigo externo y lejano, el que había traído el virus, luego se pasó a los insultos a los 'runners' y al fenómeno de los policías de balcón, y finalmente ahora se ha llegado a señalar a quienes tienen una mayor influencia en la vida de las personas, como políticos y empresarios”, comenta el comunicólogo Giovanni Boccia Artieri, profesor de la Universidad de Urbino Carlo Bo.

“Es probable que estos últimos sigan en la mira de manera creciente después del verano, cuando la crisis económica será mucho más evidente”, añade Boccia Artieri. Tanto es así que las polémicas siguen sin detenerse al día de hoy. “[Matteo] Salvini: ¿por qué no vas a Bolonia a ocuparte del rebrote en [una sede de la empresa de transportes] BRT?”, gritaba el lunes un manifestante en Mondragone, un pueblo cerca de Nápoles, al que el líder ultraderechista había acudido para un mitin.

Dicho esto, en lo que se refiere a los empresarios, también hay otros factores que han influido, según afirma Massimiliano Panarari, sociólogo de la Universidad Mercatorum de Roma. Según Panarari, de hecho, también afectó que las autoridades italianas apostaran, para que la gente aceptara quedarse en casa, por un discurso basado en una supuesta disyuntiva: salud vs. economía. “Esto generó un marco mental en el que los defensores de la primacía de las razones de la salud, que aún hoy son la mayoría [de la población], interpretan como una amenaza todo otro punto de vista, incluso el del sector empresarial”, afirma Panarari, al hacer hincapié en que esta forma de razonar ha cosechado sus mayores adeptos entre las personas afines al centro izquierda y al Movimiento 5 Estrellas (M5S), las fuerzas que actualmente gobiernan a nivel nacional.

Llamativo sin duda es que, en el polo opuesto, se encuentre Giuseppe Conte. El primer ministro, a diferencia de sus homólogos en España y Francia —donde el presidente Emmanuel Macron sufrió un duro revés en las últimas elecciones municipales—, ha dado un ciclópeo salto hacia adelante en lo que se refiere a su popularidad. “Durante la pandemia, Conte tocó un consenso del 80% y todavía ahora roza el 60%”, señala Boccia Artieri. “Esto se debe a que se ha presentado como un padre y un mediador, ha dado la cara y ha sabido dar instrucciones claras y tranquilizadoras a la población también en los momentos más duros”, añade este experto. La particularidad italiana, explica Artieri, reside asimismo en que Conte lidera una coalición integrada por dos fuerzas mayoritarias —el M5S y el Partido Democrático— sin pertenecer oficialmente a ninguna de estas fuerzas.

Aun así, aunque sea de forma secundaria y más breve, también ha habido otros destinatarios de reproches. Los bancos, por ejemplo. Ocurrió después de que en abril el Gobierno anunciara las primeras medidas para paliar la catástrofe económica sufrida por ciudadanos y empresas a causa del confinamiento forzoso. Claudio Mancini, diputado del Partido Demócrata (PD), incluso denunció, en una audiencia parlamentaria del 22 de abril, el caso de un banco que ofrecía préstamos integralmente avalados por el Estado italiano a tasas de interés excesivas.

“El Gobierno optó por vehicular las ayudas a los ciudadanos y a las empresas a través del sistema bancario, pero, sobre todo en el comienzo de la crisis, hubo resistencias por parte de ellos: préstamos ofrecidos a intereses demasiado altos, retrasos, problemas con la documentación”, explicó Mancini, miembro de la comisión parlamentaria que vigila a los bancos. “Gracias a la presión política que hemos hecho, ahora esta situación ha mejorado con respecto al comienzo, pero todavía existe el riesgo de que [los bancos] se aprovechen de las quiebras”, agregó, en una queja que posteriormente fue en parte recogida por el propio Conte.

Giuseppe Conte, primer ministro italiano. (Reuters)
Giuseppe Conte, primer ministro italiano. (Reuters)

Para Stefano Tomeselli, sociólogo de la Universidad de Bérgamo, la realidad es que, si bien el trauma provocado por la pandemia conduce a la búsqueda de un chivo expiatorio, la crisis también ha provocado que muchos tocaran con las manos las carencias reales. “En el caso de los bancos, el verdadero problema ha sido el de la hiperburocratización de nuestro sistema, que ha impedido respuestas rápidas a las necesidades de muchos trabajadores y empresas. Esta emergencia nos ha hecho ver que necesitamos mejoras”, afirma Tomeselli.

“Lo cierto es que no hay una unanimidad en la postura de la ciudadanía. Es más, la pandemia ha dividido a la gente, entre aquellos que hubieran querido una reapertura más rápida y aquellos que querían prolongar la cuarentena”, añade este analista. “En Bérgamo, por ejemplo, somos conscientes de los fallos y errores que se han cometido, pero también de que más no se podía hacer”, agrega.

Otro caso ha sido el de los productores y vendedores de mascarillas, guantes y desinfectantes, acusados de lucrarse con bienes que —de la noche a la mañana— pasaron a ser de alta demanda. Tanto, que el tema fue incluso denunciado por el comisario extraordinario para la emergencia, Domenico Arcuri, quien pidió que se fijara un límite de precio para las mascarillas de tipo quirúrgico, una medida que fue autorizada en los últimos días de abril y limitó en 0,50 céntimos de euro el coste de las mascarillas. No obstante, en la inmediatez, la respuesta de algunos proveedores y distribuidores fue protestar y oponerse a la iniciativa.

“No podemos vender las mascarillas a un precio inferior a nuestros costes”, llegó a quejarse el Grupo Crai, que incluso anunció su intención de retirar de la venta sus 'stocks'. “En los primeros días de la crisis, el precio de las mascarillas subió de ocho céntimos a cinco euros. El coste de producción es de cinco céntimos, según nuestros estudios, por lo que está claro que había que limitar la ganancia”, replicó, por su parte, Arcuri. Aunque luego fue el turno de los guantes, también reconvertidos en productos hiperbuscados por los ciudadanos y que en mayo, repentinamente, empezaron a escasear en farmacias y supermercados.

De cara al futuro, ningún experto considera que se pueda excluir que la rabia ciudadana se mueva hacia otros sujetos y que, por ejemplo, se dirija hacia el Gobierno o la Unión Europea. “Los muy críticos con el Gobierno son aún una franja minoritaria de la población. Son los que han sufrido más que otros, como los trabajadores del sector turístico”, dice Panarari. “También es posible que se generen nuevos conflictos con los migrantes, en particular en el sur de Italia, donde la desigualdad y la escasez de oportunidades pueden generar situaciones de mucha tensión”, concluye Tomeselli.

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