AUDIENCIA PARA SER EL ALTO REPRESENTANTE

El principal enemigo de Borrell en su audiencia es... el propio Borrell

Borrell, candidato a ser jefe de la diplomacia europea, afronta este lunes su audiencia frente al Parlamento Europeo. Pese a la polémica de sus acciones su principal enemigo es él mismo

Foto: Josep Borrell. (EFE)
Josep Borrell. (EFE)

El ministro español de Asuntos Exteriores llega este lunes a una audiencia con el Parlamento Europeo que no debería generarle demasiados problemas: el catalán debería recibir el visto bueno de los eurodiputados sin apuros. Tiene las credenciales europeístas, el currículum necesario y una larga experiencia en Bruselas. Nadie espera sorpresas y, sin embargo, todos están un poco tensos.

Josep Borrell tendrá que recibir el visto bueno de la comisión parlamentaria para acceder el próximo 1 de noviembre al cargo de vicepresidente de la Comisión Europea y Alto Representante de Exteriores para la UE, es decir, jefe de la diplomacia europea. Un cargo relevante en cuanto a título pero con muchas limitaciones a la hora de poner en marcha sus supuestas competencias debido a lo celosos que son los Estados miembros respecto a su competencia en materia exterior.

El catalán no tuvo demasiados problemas con la primera fase de las pruebas, cuando la comisión de Asuntos Legales tenía que mirar con lupa su declaración de bienes e intereses financieros y ver si existía algún conflicto. La comisión envió una carta a Borrell preguntándole si estaría dispuesto a deshacerse de una serie de acciones en BBVA, Iberdrola y Bayer, y el catalán contestó que no veía necesidad, pero que si la Eurocámara se lo pedía él las vendería. Al día siguiente, la comisión europarlamentaria aprobó su declaración. Borrell no tiene que vender nada.

Josep Borrell junto al presidente de la Eurocámara. (EFE)
Josep Borrell junto al presidente de la Eurocámara. (EFE)

La hora de la verdad

Que Borrell haya pasado limpio la prueba de la comisión de Asuntos Legales no significa que la audiencia que tenga que enfrentar no vaya a sacarle este tema. De hecho, es muy probable que lo haga. La mayoría de ataques le llegarán desde el flanco izquierdo, donde le afearán su cartera de acciones, además de otros capítulos del pasado, como el caso Abengoa y su dimisión del Instituto Universitario Europeo de Florencia por conflicto de intereses.

Llegarán otras críticas, como la posición española respecto al reconocimiento de Kosovo, que es radicalmente distinta a la europea. Como ministro, Borrell no se sentado en la misma mesa con su homólogo kosovar. Ahora tendrá que hacerlo. Y desde el círculo del catalán aseguran que lo hará con total naturalidad.

Habrá otro sector, alineado con el actual gobierno israelí, que probablemente pregunte a Borrell sobre sus posiciones respecto al reconocimiento de Palestina. Como ministro barajó la posibilidad de dar ese paso y su elección como Alto Representante hizo saltar las alarmas en Israel, aunque su capacidad de acción en este campo es mínima.

Varios eurodiputados que conocen bien a Borrell están de acuerdo. Si el catalán entiende que eso es un mal trago, que solo tiene que poner buena cara, contestar de forma educada y con evasivas, entonces pasará la prueba. Pero el principal enemigo de Borrell es él mismo.

A veces, sus conocimientos del temario le juegan una mala pasada y le hacen ser demasiado vehemente, agresivo y altivo. Y eso con unos eurodiputados a la defensiva, que están viviendo los que seguramente sean los pocos minutos de atención mediática que recibirán en el próximo lustro, suele funcionar mal: se ponen orgullosos, comienzan a atacar, se cubren las espaldas unos con otros y el resultado no suele ser nada positivo para el que se sienta frente a ellos.

A esto se añade un ambiente nada favorable en los últimos días en los pasillos de la Eurocámara. Desde que la comisión de Asuntos Legales hiciera caer a la candidata socialista rumana y al popular húngaro, a la vez que desde los dos grandes partidos se veía a los liberales de Renew Europe demasiado agresivos con sus candidatos, las cosas se han ido torciendo.

Josep Borrell, actual ministro de Exteriores español. (EFE)
Josep Borrell, actual ministro de Exteriores español. (EFE)

Se ha impuesto un cierto revanchismo que ya le está costando un susto a la francesa Sylvie Goulard, la candidata de Emmanuel Macron, con el que además algunos grupos quieren ajustar cuentas. La gala pertenece a Renew Europe, y socialistas y populares le atacaron con todo el arsenal para demostrar que la actitud agresiva de los liberales durante el resto de audiencias no iba a salir gratis.

Borrell no debería tener esos problemas por dos razones. La primera es que es un nombramiento realizado directamente por los líderes en el Consejo Europeo, que fueron los que le designaron Alto Representante, algo que le da una cierta ventaja a la hora de enfrentarse al Parlamento Europeo. La segunda es que el PSOE se encargará de que los socialdemócratas no le ataquen, mientras que el Partido Popular tiene la directriz de no ser agresivo con el catalán y de defender la candidatura de un español a un alto cargo, lo que seguramente haga que el resto del Partido Popular Europeo (PPE) siga su estela.

Esteban González Pons, eurodiputado popular, sí que señaló una posible línea de ataque a Borrell: no ha presentado todavía su dimisión como ministro de Exteriores. Y González Pons cree que eso debilita su candidatura, le hace ver que tiene miedo a no pasar su audiencia. Pero el catalán no tiene intención de dimitir hasta el próximo 31 de octubre, siguiendo así el ejemplo de Federica Mogherini, actual Alta Representante de la UE, que no abandonó su cargo como ministra de Exteriores italiana hasta un día antes de asumir su cargo europeo.

Los que podrían desmarcarse más, dentro del sector más centrista del Parlamento, son los liberales de Renew Europe, donde se sitúa Ciudadanos. Los franceses pueden estar resentidos por la audiencia de Goulard y pueden ser algo más duros con el ministro de Asuntos Exteriores.

Para que la audiencia de Borrell salga sin sobresaltos el catalán tendrá que entrar a la sala armado de paciencia, sabiendo cuáles son sus puntos fuertes: su experiencia, sus conocimientos y lo que puede aportar al cargo, señalando que va a ser un aliado de la Eurocámara. Sonreír, saber recibir los golpes. Defender su visión del cargo, con una dimensión más económica y que viaje menos pero, al mismo tiempo, reforzando su poder real en Bruselas.

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