LA ECONOMÍA JUGARÁ UN ROL CRUCIAL

La única opción de Europa para sobrevivir entre los gigantes de China y EEUU

La UE debe dejar de ser naíf: el resto del mundo ha cambiado y los cuchillos vuelan. Es hora de que se empiece a armar. Y la economía será clave

Foto: Jean-Claude Juncker y Josep Borrell. (Reuters)
Jean-Claude Juncker y Josep Borrell. (Reuters)

¿Qué tiene que ver la economía con la política exterior y la seguridad? Mucho. Pero por lo general son dos patas que a nivel europeo han seguido su camino por separado. Un lujo insostenible por más tiempo.

La política exterior de la UE, de la que se tiene que hacer cargo el español Josep Borrell a partir del próximo 1 de noviembre, es un auténtico caos porque es una competencia que depende de los Estados miembros, muy celosos de sus relaciones internacionales, con lazos muy dispares entre distintos países, pero que al mismo tiempo está cada vez más vinculado con competencias económicas que están ya en una esfera europea.

Eso hace que el Alto Representante de la UE para Exteriores y Política de Seguridad esté armado apenas con palos y piedras mientras que los enemigos estratégicos de Europa ponen toda la carne en el asador. Básicamente coordina posturas de los Estados miembros, que en muchas ocasiones están de acuerdo fundamentalmente en que no están de acuerdo.

Josep Borrell saluda a la actual Alta Representante, la italiana Federica Mogherini. (Reuters)
Josep Borrell saluda a la actual Alta Representante, la italiana Federica Mogherini. (Reuters)

Esta división entre economía y política exterior tuvo sentido en el pasado: nadie se atrevía a imaginar que las normas económicas instaladas tras la segunda guerra mundial pudieran ser atacadas incluso por el país que las ideó, los Estados Unidos, y por eso, dándolo por garantizado, en Europa se separó de la dimensión exterior.

En un reciente documento, Bruegel, un think-tank económico de Bruselas, señala que el principal objetivo de la política exterior de la UE se centra en proteger una “soberanía europea”, que es, fundamentalmente, la soberanía económica.

Europa debe dejar de ser naíf, debe despertar, madurar y empezar a actuar como una fuerza geoestratégica que podría competir mano a mano con Estados Unidos y China, que son las dos potencias que buscan poner en riesgo la soberanía europea haciendo un uso total de su política exterior, lo que incluye como arma central la economía. Europa está entre Washington y Pekín, dos fuerzas que están, mano a mano, decidiendo quién será la potencia hegemónica durante los próximos cientos de años. El objetivo para la UE debe ser sobrevivir a esta lucha de gigantes.

Europa no está preparada para afrontar los retos que presenta este nuevo mundo. El ejemplo más reciente del nuevo escenario lo ha dado Washington, abandonando el acuerdo nuclear con Irán y haciendo uso de todos los métodos en su mano para hacer imposible a Europa mantener la normalización de relaciones económicas y comerciales con Teherán. La parte clave del acuerdo nuclear era que las empresas volvían a Teherán, y con ello la economía iraní volvería a respirar, pero las sanciones secundarias de Estados Unidos vuelven a ahogar al Gobierno iraní.

EEUU destrozó las esperanzas de Europa, que había logrado sentar en la misma mesa a americanos, rusos, chinos y potencias europeas para tratar de estabilizar la región.

La demostración es que Europa no está lista para este pulso, en el que EEUU ha puesto todas sus armas económicas. También es que las empresas y entidades europeas no confían en la capacidad de la UE para protegerles: a pesar de que los Estados miembros han pedido que continúen con sus actividades en Irán, la inmensa mayoría ha cumplido con las sanciones estadounidenses.

Banderas americana y europea en la sede del Ejecutivo comunitario. (Reuters)
Banderas americana y europea en la sede del Ejecutivo comunitario. (Reuters)

Caballo de Troya chino

Europa ha empezado a despertar del letargo, pero lo hace poco a poco y de forma demasiado lenta. Por primera vez, en marzo de 2019, la Unión Europea puso una etiqueta clave a Pekín: China es “un competidor económico en la búsqueda del liderazgo tecnológico y un rival sistémico promoviendo modelos alternativos de gobernanza”.

Un grupo de países, especialmente del sur y del este de Europa, necesitados de inversión y que durante muchos años no han podido tener una relación privilegiada con China, ven ahora con buenos ojos la posibilidad de recibir inversiones del gigante asiático. Muchos temen en Bruselas que la debilidad de estos países y el auxilio de China se traduzca en un control de infraestructuras clave.

En cualquier caso, la historia es más larga y compleja. Cuando Italia firmó su incorporación a la llamada “Nueva Ruta de la Seda”, una iniciativa china para aumentar la inversión, Roma fue objeto de críticas por parte de Berlín, Londres y París. Pero esos países han tenido un tratamiento privilegiado con Pekín. Han ofrecido en bandeja todos sus conocimientos tecnológicos y si hoy China es un "rival sistémico" es gracias a su ayuda.

"China siempre ha sido un socio, pero también un desafío. En los últimos años se ha vuelto cada vez más claro que China quiere moldear la política global", explicó hace unas semanas Jo Leinen, presidente de la delegación de la Eurocámara para las relaciones con Pekín en la anterior legislatura, a El Confidencial.

Los compromisos económicos de Europa con China han frenado en gran parte las denuncias de la UE contra un régimen que tiene una concepción de la sociedad contraria a los valores europeos. Ha silenciado las críticas a su violación continua a los derechos humanos. Y ahí, señalan muchas voces, está la primera victoria de Pekín. Europa debe ser suficientemente fuerte como para defender en voz alta su modelo en el mundo.

El primer ministro chino junto al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. (Reuters)
El primer ministro chino junto al presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. (Reuters)

Prepararse para el futuro

A nivel político, sin embargo, la UE ha aceptado que el mundo ha cambiado y que debe adaptarse a él si quiere defender esa “soberanía económica”. Ahora llega el momento de poner al día los instrumentos con los que cuenta. Porque además de ser un pulso económico entre EEUU y China, es también un pulso por las ideas, por la forma de comprender las libertades civiles y por un modelo de sociedad.

Alemania y Francia han abogado por un cambio en las normas de competencia para que se tenga más en cuenta el contexto global. Esta reivindicación cogió fuerza después de que Bruselas vetara la fusión entre las empresas Siemens y Alstom. Pero otros Estados miembros, que están de acuerdo con una reforma, se niegan a que estas se dirijan a debilitar la competencia para crear “gigantes europeos”.

Además, la UE debe reforzar a nivel europeo el análisis y control de inversiones de terceros países, un proceso en el que ha comenzado a avanzar hace poco. Una vez consigues entrar en un Estado miembro, el hecho de que Europa se base en un mercado interior afecta a la seguridad del resto de países. Por eso Bruegel recomienda que el Consejo pueda tener derecho a aprobar o rechazar inversiones extranjeras por mayoría cualificada cuando así lo pida la Comisión.

También señala la posibilidad de que el Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) tenga una división exterior con la que asistir a países del entorno para asegurar su estabilidad, así como un banco para el desarrollo.

Porque la realidad es que Europa también se encuentra con un escenario nuevo: pocas veces su vecindario había sido tan inestable y explosivo, con Libia sumida en una descomposición total, Siria destruida, Irán en una escalada con Estados Unidos y unos Balcanes en los que las heridas siguen abiertas. El poder blando es la seña de identidad de Europa, pero eso no significa que tenga que dejar de ser contundente o efectiva en materia exterior.

La UE no debe pensar geoestratégicamente solo en elementos económicos. Uno de los ejemplos más repetidos es el caso de los Balcanes. Los socios tienen razones para no abrir más la puerta a países como Serbia, Montenegro o Albania, pero Rusia está poniendo mucho interés en desestabilizar la región, y el rol de Europa debe ser poner freno a esa actitud, y para eso tiene una vía muy efectiva: ofreciendo la posibilidad de entrar a formar parte de la UE.

Borrell llegará a su cargo con más frentes abiertos que ninguno de los anteriores Altos Representantes. El reto será enorme. Pero el consejo que recibe de muchas de las voces de Bruselas es que hable con economistas. Ha llegado el momento de combinar el brazo económico y el político. Y de que Europa suba su perfil. El mundo es un lugar peligroso, y por ahora la UE todavía tiene la cabeza sobre los hombros. Si no actúa rápido su forma de comprender la política, la democracia y la economía puede ser barrida del mapa.

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