OTROS LES LLAMAN ULTRANACIONALISTAS EUROPEOS

¿Qué pasaría si mezcláramos a Ciudadanos y a Podemos? Rumanía tiene la respuesta

Son jóvenes, guapos y preparados. Hablan idiomas sin acento, presumen de cargos y estudios fuera. Un nuevo partido que promete honestidad, competencia y una Rumanía próspera

Foto: Dragos Pislaru, nuevo eurodiputado rumano
Dragos Pislaru, nuevo eurodiputado rumano

Son jóvenes, guapos y preparados. Hablan idiomas sin acento y presumen de cargos y estudios fuera. Prometen “honestidad”, “competencia” y una Rumanía próspera, moderna y atractiva como los países de Occidente a los que admiran. Han convertido sus mítines en conciertos de las bandas más 'cool' y tienen el apoyo de músicos, intelectuales y artistas del momento. Y, por supuesto, de los jóvenes.

Detrás de las tortuosas siglas de la Alianza 2020 USR PLUS se esconde 'la nueva política' rumana. Un poderoso cruce sociológico e ideológico -similar a un híbrido de lo que Ciudadanos y Podemos representan en España- que aspira a cambiar para siempre la vida pública en Rumanía y a tener una voz relevante en el nuevo Parlamento Europeo.

“Somos una bocanada de aire fresco, y no solo en la política rumana, sino también en la política europea”, dice Dragos Pislaru, número tres de la lista a las europeas de USR PLUS, en una entrevista con El Confidencial.

A sus 43 años, Pislaru ha sido ministro de Trabajo y tiene a sus espaldas una exitosa carrera como economista, emprendedor y consultor económico. Entre reunión y reunión, conduciendo su 4x4 por Bucarest, Pislaru habla con determinación del impulso histórico que en su opinión ha tomado el partido. “Somos conscientes de que esta confianza que los rumanos nos han dado es algo que puede desatar una ola que barra a la vieja clase política”, dice el político.

Esta formación es la que más se está beneficiando de lo que el analista Moise Guran describe como “un cambio de las generaciones dominantes” y “del paradigma de comunicación”.

Una alquimia poco común

La coalición fundada a principios de año fusiona a los intelectuales y rebeldes de USR, una formación de corte progresista y cuya ideología ha sido definida como “sincrética”, con los tecnócratas del PLUS, que se identifican como “promercado”, “prolibertad individual” y de “centroderecha”, pero con un marcada agenda en torno a la “equidad social” y la “igualdad de oportunidades”.

El elemento que ha ligado a estos dos elementos ha sido el hartazgo de la ciudadanía con los partidos tradicionales, galvanizado por las masivas protestas callejeras de los últimos años contra los gobiernos del Partido Social Demócrata (PSD), y el respaldo explício de la Unión Europea, muy crítica con las reformas de la justicia de los socialistas rumanos en las muchos veían un subterfugio legal para salvar a sus políticos de la cárcel.

“He trabajado durante 9 años en la sociedad civil y me gusta que haya un partido que tenga sus valores y su forma de ver la vida pública”, comenta Cristina Popovici, una joven mánager de proyectos de la industria del software.

La popularidad de esta opción política entre los jóvenes se explica, en su opinión, por el “cisma generacional de conciencia y cultura política” que se ha producido en el país balcánico en los últimos años.

“Venimos de familias que vivieron en el comunismo y después han votado a los socialistas”, cuenta Popovici, para la que el entusiasmo por el USR PLUS es una forma de ruptura con el clientelismo, la corrupción y el conservadurismo social que para muchos define a los políticos tradicionales rumanos.

Tsunami de voto joven

Los efectos del cambio generacional se vieron perfectamente en las elecciones europeas del pasado 26 de mayo, fecha en la que la afluencia a las urnas de votantes jóvenes aumentó cerca de un 60% respecto de los comicios al parlamento rumano de hace tres años.

En parte es porque ese día también se votaba sobre una polémica reforma de la justicia que buscaba suavizar las penas por corrupción, lo que convirtieron la cita europea en un plebiscito sobre el Ejecutivo socialdemócrata y sus tejemanejes con el Estado de Derecho que han originado fuertes críticas de Bruselas y Washington.

La Alianza, de corte liberal, fueron los grandes triunfadores en su debut en unas europeas, en las que el PSD recibió un severo varapalo. Lograron un 22,4%, empatando con el PSD y quedando a tan solo cinco puntos porcentuales del líder de la oposición, el Partido Nacional Liberal (PNL).

Además, los ocho escaños obtenidos para la Eurocámara le otorgarán una influencia poco común entre los países del este. Una vez los liberales británicos se hayan retirado de la Eurocámara tras el Brexit, esta coalición fundada a principios de este año será la segunda fuerza en escaños del nuevo grupo centrista, solo por detrás del grupo líder de En Marche de Emmanuel Macron.

Ultranacionalismo europeo

“Nuestra delegación es una de las mejores del Parlamento Europeo”, comenta Pislaru para explicar la seriedad con que se toma a la Unión Europea. Entre los ocho eurodiputados que la Alianza 2020 USR PLUS envía a Bruselas hay “un exprimer ministro [el también excomisario europeo de Agricultura Dacian Ciolos], tres exministros y dos funcionarios europeos”.

Este nuevo eurodiputado considera que su partido se toma en serio la UE porque es una generación que ha vivido el proceso de integración y celebró en las calles de Bucarest el ingreso del país a la UE en enero de 2007: "No es algo solo teórico", puntualiza el exministro, destacando el impacto que tuvo para ellos de la supresión de los visados.

El pasado reciente de Rumanía, que vivió entre 1948 y 1989 una de las dictaduras comunistas más duras de Europa, es fundamental para entender esta relación. “Quienes tenemos alrededor de cuarenta años hemos conocido el régimen comunista y entendemos qué significa estar cautivo bajo un régimen nacionalista y comunista”.

El europeísmo de la Alianza 2020 USR PLUS -llamado con sorna por algún observador "ultranacionalismo europeo"- es una parte central de su mensaje, ligado a los orígenes de las dos mitades que forman la agrupación.

El matemático y el comisario

USR, o la Unión Salvad Rumanía, tiene sus orígenes a principios de este siglo, cuando un joven matemático rumano de nombre Nicusor Dan creó una ONG para salvar el patrimonio histórico bucarestino de los promotores inmobiliarias y los políticos sin escrúpulos. La asociación ganó varias batallas legales en los tribunales y su popularidad creció, sobre todo entre los intelectuales y los jóvenes.

En 2012, Nicusor Dan saltó a la política para presentarse a la alcaldía de Bucarest. Pese a sus modestos recursos y la visibilidad limitada con que contaba en los medios, obtuvo un meritorio 8% de los votos. Este resultado le animó a formar un partido político que se convertiría después en la URS. La formación se presentó en diciembre de 2016 a sus primeras elecciones parlamentarias nacionales, obteniendo 40 diputados y senadores de los 465 que se sientan en el parlamento bicameral rumano.

La otra mitad de la Alianza, el Partido por la Libertad, la Unidad y la Solidaridad, se nutre del gobierno tecnocrático que el excomisario europeo de Agricultura Dacian Ciolos encabezó en Rumanía entre noviembre de 2015 y enero de 2017. Tras la caída del primer ministro socialista Victor Ponta a raíz de la tragedia del Colectiv, el parlamento encargó al independiente Ciolos formar gobierno.

El político se rodeó de expertos -a menudo jóvenes y sin filiación política- para llevar a cabo cambios clave en el sistema. Pero acabó la legislatura quejándose amargamente por la falta de apoyo político para impulsar sus reformas. Por ello, decidió lanzar su propia formación política, que acabó uniéndose al USR este año.

Superioridad moral

Pero no todos ven con tanta simpatía esta rebelión cívica y su entusiasmo europeo, en la que muchos rumanos no se ven reflejados.

“Hay un elemento antidemocrático en esa pretensión de hacer política con la calle, en pedir que dimita un gobierno votado en las urnas porque haya habido una gran protesta”, dice un empresario de 38 años que pide el anonimato. El emprendedor se queja de la “superioridad moral” de este partido y ve peligrosa su “adoración” hacia Occidente.

“En los días de las protestas llegué a ver pancartas que decían, ‘Thank you, ambassadors’”, señala. El mensaje hacía referencia a las duras críticas que los embajadores de los países europeos y Estados Unidos dirigieron a la reforma del sistema judicial del gobierno rumano en medio de la oleada de manifestaciones.

¿Es normal que los embajadores hagan política? ¿Harían lo mismo en España, en Alemania, en Francia?”, culmina.

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