TRUMP, EN EL REINO UNIDO DEL 3 AL 5 DE JUNIO

Ni Trump es Reagan, ni May es Thatcher: la hermandad EEUU-UK está muriendo

La victoria de Trump y el Brexit suelen ser identificados como un fenómeno similar: la desafección general contra el 'establishment' y las instituciones internacionales

Foto: Un policía frente al Palacio de Buckingham antes de la llegada del presidente Donald Trump. (Reuters)
Un policía frente al Palacio de Buckingham antes de la llegada del presidente Donald Trump. (Reuters)

Cuando Donald Trump entró en la Casa Blanca en 2016, pocos meses después del inesperado triunfo del Brexit, habló por teléfono con nueve líderes mundiales antes de llamar a la británica Theresa May. Además, el euroescéptico Nigel Farage fue el primer político europeo con el que eligió reunirse en su torre dorada en pleno centro de Manhattan. La foto de ambos sonrientes y gesticulando en el ascensor de oro y mármol causó gran revuelo en el Reino Unido.

El presidente de Estados Unidos intentó calmar los ánimos más tarde asegurando que la 'premier' sería su “Maggie”. Pero poco o nada tiene que ver la histórica química personal entre Margaret Thacher y Ronald Reagan con la que mantienen los actuales mandatarios de Londres y Washington. Trump y May han chocado frecuentemente en asuntos clave, desde la inmigración y el comercio al pacto nuclear con Irán.

Aunque eso ya no importa demasiado. May tiene un pie fuera de Downing Street y el único motivo por el que retrasó su dimisión efectiva como líder 'tory' hasta el 7 de junio es precisamente por la visita de Estado que el norteamericano protagonizará desde lunes al miércoles.

Presión sin resultado

La idea original del Gobierno de Trump -enfrascado en una guerra comercial con Pekín que no deja de complicarse- era aumentar la presión sobre los británicos para que le den la espalda al gigante de las telecomunicaciones Huawei. Washington quiere que sus aliados descarten su tecnología para construir las nuevas autopistas de la información, acusando a la compañía de ser un brazo del espionaje chino, algo que la multinacional niega.

El pasado abril, el Consejo de Seguridad Nacional británico, presidido por May, autorizó a Huawei participar en la construcción de la infraestructura de telecomunicaciones 5G, aunque en partes no esenciales. Una decisión que de momento no ha sido ratificada al máximo nivel ejecutivo.

El asesor de Seguridad Nacional de EEUU, John Bolton, declaró que el presidente abordará el tema durante su visita. “Todo el mundo está poniéndose al día de los peligros planteados por los equipos de Huawei, especialmente en los sistemas de telecomunicaciones de quinta generación”, dijo Bolton.

Pero con May a punto de salir de escena, y la experiencia de la visita del año pasado, no parece probable que Trump vaya a conseguir su objetivo. Al menos hasta que cambie el inquilino del Número 10.

Apisonadora Trump

May siempre ha sido una mujer extremadamente reservada. Pero, tras la experiencia del año pasado, no cabe duda que entre los planes que hubiera deseado para sus últimas horas al frente del Ejecutivo no estaba precisamente el de recibir a Trump.

En esa visita de apenas 48 horas el pasado mes de julio, el estadounidense pasó cual apisonadora por todos los frentes abiertos de la que ya entonces era una más que debilitada primera ministra. Es inusual que un mandatario se pronuncie sobre los asuntos internos de otro país, pero Trump no tuvo ningún reparo en criticar el talón de Aquiles de su anfitriona: el Brexit.

En una incendiara entrevista concedida a The Sun, el millonario republicano acusó sin tapujos a la líder 'tory' de ignorar sus consejos, dejó en el aire el pacto comercial bilateral que Londres busca tras su salida de la UE y aseguró que el eurófobo Boris Johnson podría ser un gran primer ministro. “Creo que tiene lo que se necesita y es un tipo muy talentoso”, matizó.

Cuando le preguntaron luego en la rueda de prensa conjunta con May recurridó a su 'modus operandi' y acusó al tabloide de “fake news”. Aunque las grabaciones están publicadas. La ‘premier’ reveló días más tarde que lo que Trump le había asesorado era denunciar a la UE como medida de presión para facilitar el Brexit, en vez de sentarse a negociar con Bruselas.

Pero las presentes circunstancias quizás no puedan apaciguar a un líder amigo de la improvisación y del golpe de efecto. Según la agencia Reuters, el entorno del Gobierno de May teme que Trump humille a la primera ministra, que dimitió sin poder contener las lágrimas tras el fracaso de las negociaciones del Brexit.

Trump y Nigel Farage.
Trump y Nigel Farage.

Amigo Boris

Un años después, Trump se encontrará con un escenario muy diferente. O quizá no tanto. Porque el Brexit no ha avanzado nada. Es más, se encuentra en el mismo punto de partida que cuando se celebró el histórico referéndum de 2016. Pero la dimisión de May deja a Johnson -el mismo que tanto alabó en su última visita- como el candidato favorito para sucederla, incrementando así las posibilidades de un divorcio sin acuerdo con Bruselas.

Nigel Farage es amigo mío. Boris es amigo mío”, declaró Trump el pasado jueves. “Son amigos míos, pero no he pensado en apoyarlos. Quizás no sea asunto mío apoyar a gente, pero respeto mucho a esos dos hombres”, aseguró, sin llegar a especificar si se reuniría con ellos.

El caos que supondría un Brexit duro tanto en el Reino Unido como en la UE no es algo que le preocupe especialmente. El 'America First' que quiere llevar adelante con todas las consecuencias no deja espacio para esa "relación especial" que ambos países han cultivado durante décadas. Forjarda en la II Guerra Mundial y clave durante la Guerra Fría, la alianza angloamericana entre la primera potencia global y su antigua metrópoli ha sobrevivido a todo tipo de conflictos y tensiones. Pero puede que no estuviera preparada para Trump.

Al magnate estadounidense tampoco le agrada lo más mínimo el bloque comunitario. “La relación comercial con la UE es tan dañina para EEUU como la de China”, ha llegado a afirmar. Y con respecto a la OTAN, lleva años lamentando que a Washington le sale muy cara y amenazando con dejar de financiar la defensa transatlántica .

En la agenda oficial no figura ningún encuentro ni con Farage ni con Johnson y tampoco está previsto que hable con el líder de la oposición laborista, Jeremyn Corbyn. En cualquier caso, según lo que publica la prensa norteamericana, el presidente no tiene “el más mínimo interés” en el terremoto que está sacudiendo a Westminster. El principal objetivo de Trump en este viaje es la reunión con la jefa de Estado, la reina Isabel II, por quien su madre -un inmigrante escocesa- sentía verdadera devoción y la ceremonia por el 75 aniversario del desembarco en Normandía.

Agenda real

La monarca, de 93 años, recibirá a Trump y a su esposa Melania este lunes con una bienvenida ceremonial en los jardines del Palacio de Buckingham, donde el mandatario pasará revista a la Guardia de Honor junto con el príncipe de Gales, Carlos de Inglaterra. Más tarde, la soberana les mostrará al presidente y la primera dama la colección de obras de arte del palacio, que incluye objetos relacionados con la historia de Estados Unidos, y por la noche ofrecerá un banquete en su honor.

El martes, el mandatario estadounidense se encontrará con May en un desayuno de trabajo en el palacio de St James, al que también acudirán empresarios de ambos países. Seguirán las reuniones en Downing Street, donde se prevé que hablen sobre China, Oriente Medio, Rusia, Siria e Irán, además de Huawei. Tras el encuentro, ambos líderes ofrecerán una rueda de prensa conjunta. A diferencia de sus predecesores, Trump no se dirigirá al Parlamento. El propio presidente de la Cámara de los Comunes, John Bercow, ha asegurado que no se ha ganado tal honor.

En la noche, Trump ofrecerá una cena en la residencia del embajador de Estados Unidos en el Reino Unido, a la que asistirán el príncipe de Gales y su esposa. Para finalizar la gira, el miércoles 5 de junio asistirá a los eventos para conmemorar el 75 aniversario del Día-D que se celebrará en Portsmouth, sur de Inglaterra, donde también estará Isabel II, según avanzó el palacio de Buckingham.

Tanto la victoria de Donald Trump como la aprobación en referéndum del Brexit, ambos en 2016, suelen ser identificados como un mismo fenómeno: la desafección general contra el 'establishment' y las instituciones internacionales. Una venganza de las regiones rurales e industriales de EEUU y del Reino Unido que han salido perdiendo con el avance de la globalización. Pero en su deriva aislacionista, Washington y Londres también están fracturando esos lazos de hermandad que tanto benfició a ambas naciones.

Preguntado por sus simpatías hacia el Brexit, el asesor John Bolton echó mano de la historia para concluir: “América declaró su independencia una vez. Nos ha ido bien”.

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