SU DIMISIÓN SE HARÁ EFECTIVA EL 7 DE JUNIO

May, la discreta y perseverante primera ministra devorada por el Brexit

Theresa May anunció su dimisión, efectiva a partir del 7 de junio, tras ser incapaz de lograr un acuerdo para ejecutar el Brexit. Los Conservadores deberán buscar un nuevo liderazgo

Foto:  Ilustración: Raúl Arias.
Ilustración: Raúl Arias.

Theresa May iba para Margaret Thatcher, pero se quedó en el intento. O quizá no. Quizás haya más similitudes entre ellas de lo que 'a priori' parece, ya que fue precisamente la cuestión europea la que también se le atragantó a la Dama de Hierro en 1990. En cualquier caso, Thatcher era una reformista radical y May siempre ha sido más bien una gestora competente, pero sin visión. “Simplemente me pongo a trabajar en lo que tengo delante”, solía decir.

Su 'modus operandi' es más del estilo de Ángela Merkel, con la que comparte además ser hija de un clérigo protestante. “Soy hija de un vicario y nieta de un sargento mayor de regimiento. El servicio público ha sido una parte de lo que soy desde que tengo memoria”, aseguraba. También comparte con la canciller alemana no haber tenido hijos. “Claro que me ha afectado. Pero aceptas las cartas que te ha dado la vida. A veces, hay cosas que deseas haber podido hacer, pero no puedes”, confesó.

En las primarias que el Partido Conservador celebró en 2016 tras la dimisión de David Cameron por el inesperado triunfo del Brexit, May quedó entre las dos finalistas junto a la influyente Andrea Leadsom, muy respetada en el círculo euroescéptico. Pero precisamente por unos desafortunados comentarios sobre la maternidad -dio a entender que ella podría ser mejor ministra por ser madre- Leadsom se retiró voluntariamente de la carrera.

May, la discreta y perseverante primera ministra devorada por el Brexit

No doy espectáculo

Y así fue como May se convirtió en primera ministra el 13 de julio de 2016. Aunque nunca llegó a ser la gran favorita. Su carácter introvertido no le convertía en la más popular entre sus filas. Nadie le ha negado nunca su constancia, pero su poca facilidad a la hora de comunicarse le han hecho siempre parecer distante con sus colegas.

No soy una que da espectáculo, no cotilleo, no voy a beber a los bares del Parlamento. Hago mi trabajo y punto”, llegó a decir. Va en su naturaleza. Esa naturaleza hermética que la convierte incluso hoy en una gran desconocida a pesar de haber sido primera ministra y, antes de mudarse al Número 10, la persona que más tiempo portó la cartera de Interior en el último medio siglo. Quizá por eso acuda a esos llamativos zapatos que tantas portadas están protagonizando en un intento por romper tanta sobriedad.

Durante sus años al frente de Interior no logró bajar las altas cuotas de inmigración, provocando el enfado de los conservadores más euroescépticos, que veían impotentes cómo los votantes les abandonaban por el Ukip, liderado entonces por el carismático Nigel Farage, el mismo que se espera que arrase en las elecciones europeas que el Reino Unido se ha visto obligado a celebrar ante la incapacidad de Westminster de ratificar el divorcio con el bloque.

Durante sus primeros 10 meses, May gobernó con una mayoría de tan solo 17 escaños y una gran presión (por no decir control) del ala más euroescéptica. Convocó entonces generales anticipadas para lograr legitimar su puesto y ejecutar un Brexit “fuerte y estable”. Pero, lejos de emular la victoria histórica que logró Thatcher sobre Michael Foot en 1983 —cuando superó a los laboristas por 144 asientos—, la hija del vicario acabó perdiendo en junio de 2017 la mayoría absoluta.

Fue ese momento en realidad lo que marcó el principio del fin. El gobierno en minoría tuvo que buscar apoyo en los norirlandeses del DUP, sin saber aún por aquel entonces que la frontera entre la República de Irlanda e Irlanda del Norte iba a marcar las negociaciones del Brexit con Bruselas.

Brexit significa Brexit

Durante la campaña del histórico referéndum de 2016, May defendió la permanencia en la UE, pero lo hizo con un perfil bajo -más bien inexistente- con el que no quemó cartucho con ninguno de los dos bandos. De ahí que desde el principio se planteara tantas incógnitas sobre cómo negociaría la salida del club.

Reiteró hasta la saciedad aquello de “Brexit significa Brexit”. Y también repitió cual robot que “prefiero un no acuerdo a un mal acuerdo”. Pero los euroescépticos siempre advirtieron que la 'premier' jamás estaría dispuesta a salir del bloque sin pacto. Y el tiempo les vino a dar la razón.

No solo una, sino hasta en tres ocasiones, May intentó que la Cámara de los Comunes aprobara el Acuerdo de Retirada que cerró el año pasado con Bruselas para conseguir una salida ordenada. En las tres ocasiones fracasó estrepitosamente. Sobre todo en enero, cuando sufrió una derrota histórica de hasta 230 escaños de diferencia.

El Partido Conservador llegó a celebrar una moción de confianza contra su liderazgo. Pero May sobrevivió. En varias ocasiones demostró ser un Ave Fénix, luchando contra viento y marea y contra las 36 dimisiones que ha tenido que hacer frente en su gobierno. La última, la de la propia Leadsom esta semana como responsable de los tories en la Cámara de los Comunes.

Sin plan B

Aparte de su incuestionable perseverancia, una de las razones de peso que explicaba su capacidad de supervivencia era que los Conservadores no contaban -ni cuentan aún- con un claro favorito para sucederla, ni tampoco con un Plan B para sacar adelante el Brexit.

May estaba dispuesta incluso a realizar un cuarto intento para ratificar el divorcio. Esta semana había presentado el proyecto de ley de retirada, que quería someter a votación a principios de junio. Pero, en un guiño frustrado por conseguir el respaldo de la oposición, dejó la puerta abierta a un segundo referéndum y una unión aduanera temporal. Y eso fue la gota que colmó el vaso. Sus filas entraron en cólera. Y el Gabinete le retiró su apoyo.

Más de 12 conservadores estarían ahora considerando seriamente presentarse para las primarias. A día de hoy, el excéntrico Boris Johnson, euroescéptico por conveniencia, es el más popular en las encuestas. Pero entre las filas despierta a partes iguales filias y fobias. Y en el Partido Conservador nunca gana el favorito.

El exministro de Exteriores siempre ha querido mudarse al Número 10. En las primarias de 2016 finamente se retiró tras recibir la puñalada en la espalada de su supuesto amigo intimo Michael Gove, con el que luego coincidió en el Gabinete cuando éste último fue nombrado ministro de Medio Ambiente. Lo cierto es que es muy posible ver ahora a los mismos protagonistas de hace tres años. Porque, aparte de Johnson, Gove y la propia Leadsom podrían volver a intentarlo.

El problema es que un nuevo inquilino en Numero 10 no cambiará la aritmética en la Cámara de los Comunes para poder acordar una estrategia de salida. Todo apunta, por lo tanto, a elecciones generales antes de que finalice el año.

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