ELECCIONES EUROPEAS

El Brexit, tras dos cervezas: "No soy racista. Quiero que la política vuelva a la gente"

En el Reino Unido el pub es un sitio que va más allá de la barra con pintas. Los “locals” son puntos de encuentro del vecindario donde los ciudadanos intentan arreglar el mundo... y el Brexit

Foto: Imagen del acto para las elecciones europeas en un pub de Londres.
Imagen del acto para las elecciones europeas en un pub de Londres.

Matthew, fotógrafo treintañero, se encuentra estos días contrariado. Toda su vida ha votado a los Liberal Demócratas. Y, sin embargo, para las próximas elecciones europeas que el Reino Unido celebrará el 23 de mayo asegura que no le queda más remedio que votar al Partido del Brexit del líder euroescéptico Nigel Farage. “Lo sé, lo sé…. Nadie entiende cómo puedo ser simpatizante del partido más pro UE y luego haber votado por la salida del bloque. Pero eso es precisamente lo que me entristece, que mi formación, la misma que defiende la importancia de la política local, luego quiera estar presente en un parlamento tan poco representativo como el europeo”, matiza.

En este sentido, asegura que el triunfo de Farage pondrá más presión sobre Westminster. “En un principio, voté de manera reticente por la salida. Pero cuanto más pasa el tiempo, más convencido estoy de que tomé la decisión correcta. Yo no soy racista. Yo no quiero construir ningún muro. Simplemente quiero que la política vuelva a estar en manos de los ciudadanos”, añade.

Su punto de vista despierta todo tipo de reacciones entre los desconocidos que comparten mesa en el pub con él. La sala está abarrotada. Ya no queda sitio junto a la barra y la gente se va colocando donde puede. Después de tres años sin avances, la ciudadanía está harta. Pero en Chiswick, un barrio situado al suroeste de la capital apartado del jaleo del centro de la metrópoli, sus vecinos aún tienen gran apetito para seguir hablando del Brexit.

Es lunes por la noche y el George IV -el “local”, como se conoce al pub de cada zona-, ha invitado a los candidatos por Londres de los partidos que se presentan a las europeas. En la sala contigua a la terraza, la misma que se utiliza para monólogos, mercadillos de antigüedades o clases de salsa, se colocan las sillas para los protagonistas. Nada presuntuoso. Ni atriles ni atrezo.

"Yo no soy racista. Yo no quiero construir ningún muro. Simplemente quiero que la política vuelva a estar en manos de los ciudadanos"

Cuesta imaginarse a los candidatos españoles a eurodiputados compartiendo botellines con los parroquianos en el bar. Pero en el Reino Unido el pub es un sitio que va más allá de la barra con pintas. Los “locals” son puntos de encuentro del vecindario. Se mezclan jóvenes y mayores, hombres y mujeres, y en las largas conversaciones se intenta arreglar el mundo.

En el histórico referéndum de 2016, en el distrito de Brentford and Isleworth, donde pertenece el barrio de Chiswick, el 56.69% de sus vecinos votó por la permanencia en el bloque frente al 43.31% que apostó por la salida. Pero a la hora de las presentaciones, el candidato por el Partido del Brexit, Ben Habib -un magnate del sector inmobiliario de origen paquistaní-, es uno de los que despierta más ovación. “Hoy no deberíamos estar aquí. Tener que hablar de elecciones europeas a estas alturas es ridículo, pero el Gobierno no ha cumplido su promesa y tenemos que recuperar nuestra democracia”, matiza entre los aplausos de los fieles seguidores.

El debate es intenso. Y no solo por parte de los candidatos sino por la continuas intervenciones improvisadas del público. “Traidor”, gritan al 'tory' Charles Tannock, quien lleva 20 años como eurodiputado y solicitó el pasaporte irlandés con el triunfo del Brexit.

La pasión del Brexit

Por su parte, cuando Scott Ainslee (candidato por los Verdes), plantea “trabajar juntos con el resto de miembros de la UE para abordar el problema del cambio climático”, otro de los presentes corta su discurso: “Ninguno de ellos ha trabajado en su día, ¡son políticos!".

“Los euroescépticos son muy pasionales”, confiesa Martin en voz baja. Cumplidos los 70 años tiene cuerpo de atleta por sus diarios paseos en bicicleta. Y a pesar de que los sondeos aseguran que los mayores de 65 votaron en su mayoría por la salida, él apostó por la permanencia. “Toda mi vida he votado a los Verdes o los Liberal Demócratas”, matiza. “Lo que estamos viviendo es un auténtico caos. Han conseguido que el país esté completamente dividido. En las europeas, el Partido del Brexit puede que sea el más votado, pero veamos cómo queda luego el voto conjunto de los partidos pro UE. No se cómo van a arreglar esto, la verdad. Nos jugamos mucho”, señala.

La posibilidad de un segundo referéndum tiene completamente divida a la sala. Jan Rostowski, ex viceprimer ministro de Polonia convertido ahora en candidato por Change UK -nueva formación pro UE- asegura que la gente “tiene derecho a cambiar de opinión”. Y mientras que unos aplauden otros se levantan con ímpetu de sus sillas para preguntar en voz alta: “¿Cuántos referéndums necesitáis, tres, cuatro…? ya hemos votado una vez y salió el Brexit así que se debe cumplir el deseo de los británicos”. Aplausos. Abucheos. Todo junto.

“La verdad es que si hay un segundo referéndum, la división en la sociedad va a ser aún peor”, comenta Caron a sus amigas, entre las que se encuentra Rita. Es alemana, pero lleva más de 50 años en el Reino Unido. “Aquí está mi vida, mis nietos, todo. Pero voy a pedir ahora el pasaporte alemán. No te puedo explicar por qué. Nunca antes me lo había planteado. Pero con esto del Brexit es como que necesito pedirlo. Simplemente por tenerlo. Por continuar con esa pertenencia a Europa”, matiza.

El debate dura dos horas. Y el turno de preguntas aborda todo tipo de temas. Desde la economía hasta la posibilidad de un futuro ejército comunitario. Sheyi, maestra de 31 años, coge el micrófono y tira de estadísticas. “Desde 1999, el Gobierno británico sólo se ha opuesto al 2% de la legislación europea aprobada. ¿Realmente va a haber ahora un cambio tan drástico cuando salgamos? Porque esto demuestra que vamos muy en línea con la UE”, recalca. De nuevo, más aplausos, más abucheos. Todo junto.

Las elecciones europeas, en cualquier caso, no van a cambiar la aritmética de la Cámara de los Comunes, donde en última instancia se debe aprobar un acuerdo de divorcio para garantizar una salida ordenada. Sus señorías han rechazado ya hasta en tres ocasiones el pacto propuesto por la “premier” Theresa May. La incapacidad de la clase política por desbloquear la situación desespera a la ciudanía. Pero, al menos en este barrio de Londres, sigue habiendo apetito para hablar del Brexit.

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