el gobierno se rompe por el nombre de macedonia

Tsipras, el superviviente: por qué el camaleón de la izquierda es invencible

El fracaso de una moción de confianza en el Parlamento contra el primer ministro griego subraya la capacidad de éste para capear las circunstancias más desfavorables. No es la primera vez

Foto: El primer ministro griego Alexis Tsipras durante la moción de confianza en su contra en el Parlamento griego, el 15 de enero de 2019. (Reuters)
El primer ministro griego Alexis Tsipras durante la moción de confianza en su contra en el Parlamento griego, el 15 de enero de 2019. (Reuters)

Otra fría noche de votación en el Parlamento de Grecia, el epicentro de Atenas. Los parlamentarios helenos de todas las tendencias se lanzan acusaciones vehementes durante una larga sesión de debate que termina con una votación bastante ajustada. Y el primer ministro Alexis Tsipras se sale con la suya. Desde 2015, cuando el entonces izquierdista radical, partidario del choque con las instituciones europeas, llegó al poder, los procesos parlamentarios importantes siempre terminan con una victoria de Tsipras.

Esta vez la zozobra ha llegado de quien menos se esperaba: su socio de Gobierno, el nacionalista Panos Kammenos. Para éste, asegura, es intolerable el acuerdo que Tsipras firmó en verano con el primer ministro de Macedonia -oficialmente Antigua República Yugoslava de Macedonia (ARYM)-, Zoran Zaev, para que esta pasara a llamarse Macedonia del Norte, desbloqueando así el camino para este pequeño país Balcánico hacia la OTAN, primero, y la Unión Europea después. Un acuerdo, por cierto, aplaudido por el hemisferio occidental, Estados Unidos incluido, que ve con agrado quitarle influencia a Rusia en un país mayoritariamente eslavo.

El problema para Kammenos, y en menor medida su partido Griegos Independientes (ANEL), es el de la mayor parte de los nacionalistas griegos a un lado y otro del espectro: temen que incluir Macedonia en el nombre del país vecino pueda despertar sueños irredentistas con respecto a la región griega del mismo nombre. Si bien este excéntrico líder político, salido de las filas de la conservadora Nueva Democracia, era más ladrador que mordedor, finalmente se ha decidido a salir del poderoso Ministerio de Defensa y abandonar la coalición a apenas unos meses de que Tsipras tenga que convocar elecciones generales.

No obstante, como siempre para Tsipras, parece haber un plan redondo detrás. Tsipras necesitaba 120 diputados -de 300- para superar la moción de confianza, y 151 para ganarla sin tener que vivir con las protestas y petición de elecciones generales de la oposición. Syriza tiene 145 diputados, a los que se les pueden sumar dos diputados independientes, uno de ellos del centrista Potami -del que hablaremos más tarde- y cuatro diputados díscolos de ANEL, que anunciaron que apoyarían a Tsipras. Cifra mágica, 151.

Para Kammenos y Tsipras la jugada es perfecta. ANEL sale ostentosamente del Gobierno, marcando el perfil nacionalista de cara a las elecciones generales, pero no amenaza con echar del partido a los que voten con Tsipras, solo a los que no dimitan como Kammenos. Tsipras consigue mantenerse en el Gobierno y mantener en la agenda de la cámara el voto sobre el nombre de Macedonia del Norte, ya aprobado por el Parlamento vecino, con margen para negociar. Aquí es donde entra Potami. El partido liberal, que no apoya al Gobierno de Tsipras, puede ser con sus 6 diputados la llave para aprobar el acuerdo con el norte. Justo a tiempo, porque los sondeos le auguran una desaparición de la cámara. De nuevo 151. Gana Tsipras.

Panos Kammenos, el socio de Gobierno de Tsipras, da explicaciones a la prensa sobre su dimisión, en Atenas, el 13 de enero de 2019. (Reuters)
Panos Kammenos, el socio de Gobierno de Tsipras, da explicaciones a la prensa sobre su dimisión, en Atenas, el 13 de enero de 2019. (Reuters)

Las victorias pírricas de la oposición

La oposición, lógicamente, se desespera. Lideran los sondeos, en gran parte por la crisis que sigue azotando al país, en parte por los bandazos que ha dado el Gobierno de la izquierda radical al centroizquierda. Pero no consiguen marcar la agenda ni forzar que se convoquen elecciones anticipadas. Las ofensas desde la tribuna del Parlamento del líder conservador, Kyriakos Mitsotakis, pueden afectar a los ministros, pueden hacerlos tambalear, pero el primer ministro permanece incólume, listo para volver a vencer. La desesperación nace de que, teniendo todo a favor y diez puntos por delante en las encuestas, les tiemblan las piernas. No sería la primera vez que Tsipras pierde en los sondeos y gana en las urnas.

Por ejemplo el referéndum de 2015. El famoso del OXI, cuando todavía las izquierdas como Podemos querían hacerse fotos con el líder griego. Cuando Atenas era la semilla de una reconquista social de Europa. Entonces la oposición amenazaba con que Grecia saldría del euro si ganaba el ‘no’ a las propuestas de la troika. Aún con eso, el pueblo exaltado le dio su apoyo. Las fuentes de Syntagma, frente al Parlamento, se llenaron de gente como si hubieran ganado de nuevo la Eurocopa. Y cuando Tsipras volvió a convocar elecciones tras la dimisión de Varufakis, el ogro de la troika, en septiembre, ganó las elecciones y formó Gobierno.

Tsipras ha conseguido navegar con su Gobierno con rebeliones dentro de su partido, con la aplicación de durísimas medidas de la troika, con el casi 'default' del país, con la paciencia a punto de agotarse de la troika, la eterna crisis de la deuda… y ha salido indemne. En parte por una oposición que arrastraba los fantasmas de ser los que metieron al país en la crisis -véase la caída del Pasok- en parte mayor por su habilidad política para caer de pie.

En agosto, tras haber capeado el temporal del tercer memorándum que tuvo que firmar con el país en el abismo, Grecia salía del rescate y se posicionaba como el buen alumno de la UE. Un Tsipras que es cortejado por una socialdemocracia europea que no sabe cómo ganar elecciones, e incluso arrancando a Bruselas la concesión de anular un recorte de pensiones. Ni siquiera la desastrosa gestión de los incendios de Mati, que mataron a más de 100 personas, parecen haber terminado con sus aspiraciones de ganar otra vez las elecciones.

Alexis Tsipras hizo la promesa de que convocaría elecciones en 2019, al final de su mandato, y nadie pensaba que lo fuera a conseguir por los retos que tenía por delante. Además terminar el mandato es un fenómeno poco usual para un primer ministro griego. Pero ha llegado hasta 2019 y no ha tenido que convocarlas. Es un superviviente nato, capaz de unir bajo el paraguas de una pequeña formación política, Syriza, a la izquierda más variopinta, cabalgar la ola de la crisis, enfrentarse a fieros enemigos y seguir siendo un rival temible. Tsipras sobrevive de nuevo, y casi seguro que no será la última vez.

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