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Despropósito ruso en Bakhmut o la gran pregunta de la guerra que nadie sabe responder
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El Ejército más fuerte 'sobre el papel'

Despropósito ruso en Bakhmut o la gran pregunta de la guerra que nadie sabe responder

La batalla de Bakhmut tiene estupefactos a analistas y expertos y vuelve a poner sobre la mesa la gran pregunta que nadie parece saber responder: ¿dónde está el Ejército ruso?

Foto: Artillería rusa en Donetsk. (EFE)
Artillería rusa en Donetsk. (EFE)
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De todas las batallas que se libran en la invasión de Ucrania, una en concreto tiene completamente estupefactos a analistas y expertos. La ofensiva rusa contra el pequeño enclave de Bakhmut se ha convertido en una agónica operación que se prolonga seis meses triturando efectivos del Kremlin a un ritmo vertiginoso. Un empeño obsesivo y por momentos irracional que se ha convertido en un muestrario de los despropósitos de Moscú en esta guerra y que vuelve a poner sobre la mesa la gran pregunta que, nueve meses después, nadie parece saber responder: ¿dónde está el resto del Ejército ruso?

Pero volvamos a Bakhmut. Esta pequeña ciudad en la provincia Donetsk —de apenas 70.000 habitantes antes de la invasión del 24 de febrero— se ha convertido en una suerte de Numancia ucraniana que resiste, desde finales de mayo, el embate constante del invasor. A estas alturas, el enclave y los caseríos aledaños están completamente arrasados tras 180 días de fuego de artillería y bombardeos rusos, en que los ocupantes apenas han logrado avanzar la línea de contacto unos 10-20 kilómetros para apenas llegar a las afueras de la ciudad en los últimos días.

Foto: Texas, en el campo de batalla, en el Donbás. (Cedida)

Hoy, este frente es un sumidero de lodo con trincheras anegadas por la raspútitsa de invierno y campos yermos granados de cráteres— que recuerda a las estampas de la Primera Guerra Mundial. Con la intensificación de los esfuerzos rusos en las últimas semanas, se ha vuelto rutinario ver vídeos que muestran la ofensiva de Bakhmut como vórtice mortal para los efectivos rusos. Atacados por drones, morteros y artillería, la defensa ucraniana está haciendo pagar al Kremlin cada metro que avanza hacia su objetivo. Tampoco está siendo fácil para el Ejército ucraniano y los miles de civiles que todavía quedan en la ciudad.

El avance en el frente de Bakhmut

"Los esfuerzos rusos en torno a Bakhmut indican que las fuerzas rusas no han logrado en absoluto aprender de anteriores campañas con altas bajas concentradas en objetivos de limitado valor operacional o estratégico", señaló el Institute for the Study of War en un reciente informe. "Los costes asociados a los seis meses de combates brutales, sangrientos y desgastantes contrarrestan de largo cualquier ventaja operativa que los rusos puedan obtener por tomar la ciudad", agregó.

Grupo Wagner

A cargo de la operación está el Grupo Wagner, contratista militar privado ruso que lidera una heterogénea fuerza de combate que incluye sus mercenarios profesionales, presidiarios, reclutas forzosos y tropas regulares de la autoproclamada república de Donetsk. Los expertos apuntan a problemas de organización, de moral, de equipamiento y de intendencia. Y, más preocupante, un completo desprecio a las pérdidas humanas. Pese a todo, la organización que lidera Yevgeny Progozhin, el llamado chef de Vladímir Putin, no está escatimando recursos para lograr una victoria que ni ellos ven todavía cercana.

"El sitio de Bakhmut está todavía muy lejos. Ni siquiera ha empezado el embolsamiento del flanco ucraniano en la parte norte de la ciudad", reconoció el blog militar prorruso Reverse side of the medal, en un reciente post en Telegram. "Wagner es una unidad especialmente preparada para estos combates (...) sus tropas de asalto son unos temerarios que no tienen en cuenta las bajas y a menudo tienen buen entrenamiento y experiencia con armas, incluyendo el cuerpo a cuerpo", explicó a sus más de 250.000 seguidores.

Una victoria para envolver

El empeño de Moscú por tomar esta ciudad tiene perplejos a los analistas. El valor estratégico de Bakhmut es obvio, ya que permite atacar las líneas de suministro del enemigo y despeja a las tropas rusas la vía hacia Kramatorsk y Sloviansk, los dos grandes bastiones ucranianos en la región de Donetsk y puntos clave en el diluido objetivo de Putin de controlar toda la región del Donbás.

"La ciudad no solo es un centro clave de transporte ferroviario y por carretera, sino que también permitirá a Rusia colocar las ciudades bajo control ucraniano dentro del alcance de su artillería con la intención de una eventual captura", explica Uri, estadounidense experto en Inteligencia militar de fuentes abiertas (Osint), a El Confidencial.

Pero esto quizás era viable antes del verano, cuando todavía el Kremlin tenía el control de Lyman, Izium y Lysychansk, mientras amenazaba con bajar por la línea de Barvinkove para rodear a las tropas defensoras en el ya famoso embolsamiento del Donbás que nunca tuvo lugar. Lo que sucedió fue que la exitosa reconquista ucraniana del óblast de Járkov pulverizó el frente norte ruso en septiembre y la línea de combate se ha replegado tanto que en el actual contexto parece poco probable una ofensiva prolongada en esta dirección.

"En realidad, no puedo entender la lógica del asalto de Bakhmut. Los rusos dicen que es necesario para tomar Slovyansk y Kramatorsk, pero eso ya no va a suceder", comenta Def Mon, otro reconocido analista Osint, a El Confidencial. "Creo que si los rusos atacan aquí es porque tienen una posición favorable. El punto tiene cierto valor propagandístico, donde van haciendo progresos, aunque muy despacio", agrega.

Foto: Izado de la bandera ucraniana en Jersón. (EFE)

Y esta es la conclusión generalizada. Que este sinsentido militar tiene un fin político. Otorgar a Putin una victoria, así sea pírrica, tras meses de reveses y derrotas. No importan las bajas, ni que comprometer una cantidad significativa de tropas en ese foco esté facilitando las contraofensivas ucranianas en otros puntos. El Kremlin necesita vender a los halcones de la guerra señales de que la operación militar especial no se ha perdido todavía. Que la guerra de resistencia y desgaste acabará dando sus frutos.

"El Ejército ruso no quiere renunciar a su ofensiva porque perdería todavía más credibilidad. Quiere una guerra de desgaste con la esperanza de que puede mantener las posiciones y que los ucranianos se cansen de la guerra y quieran negociar", argumenta Max Bergmann, director del programa europeo del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales (CSIS) y exasesor de seguridad en la Casa Blanca de Barack Obama, en conversación con El Confidencial.

El poderoso ejército de papel

Entonces, si es tan importante este símbolo, ¿por qué dejarlo en manos de mercenarios sin escrúpulos y reclutas sin experiencia? Una pregunta que de nuevo pone el foco en una de las grandes incógnitas que ha envuelto a la invasión desde sus primeros compases. El razonamiento va así:

Las Fuerzas Armadas rusas tenían en febrero de 2022, sobre el papel, unos 850.000 soldados en activo (300.000 tropas terrestres, 40.000 aerotransportadas, 150.000 en la marina, 160.000 en aviación, 70.000 en artillería estratégica, 20.000 de operaciones especiales y otros 100.000 uniformados en comando, control, tecnología, seguridad, logística) y unos 250.000 guardias federales, según estimaciones públicas de la CIA.

Foto: Uno de los proyectiles firmados por Sign My Rocket.

Pero Putin solo utilizó unos 200.000 soldados para lanzar su operación especial el 24 de febrero. Primero, porque creía que su blitzkrieg contra las grandes ciudades (Kiev, Járkov, Odesa) funcionaría, que el Ejército ucraniano colapsaría y el Gobierno de Volodímir Zelenski huiría; y segundo, porque declarar una guerra total sería impopular entre las tropas y la opinión pública. No funcionó. Ucrania superó todas las expectativas y no solo ha logrado resistir, sino que ahora tiene el impulso del contraataque.

Ante esta situación, el Kremlin se ha visto forzado a hacer una "movilización parcial" para reclutar otros 300.000 efectivos entre ciudadanos sin entrenamiento, experiencia o ganas de ir al frente. Las imágenes de miles de rusos huyendo por las fronteras para evitar ser reclutados son una muestra del coste político que asumió el mandatario para reforzar la invasión. Entonces, ¿por qué Putin, llegados a este punto, no ha declarado una guerra abierta que le permita utilizar todos los recursos del Estado a su disposición? Si Rusia tenía uno de los ejércitos más poderosos del mundo, ¿dónde están los refuerzos profesionales?

No hay una respuesta unívoca, pero los expertos militares señalan varios factores. El más importante, el que resume este adagio ruso: "это есть на бумаге", que significa "por lo menos sobre el papel". Que la Fuerza Armada rusa fue sobrevalorada y que la cifra de efectivos se acerque más a los 600.000, estiman analistas. De estos, unos 150.000 serían terrestres y una cifra similar, de la Fuerza Aérea.

"Eso deja 300.000 en el Ejército. De estos, solo 100.000 estaban completamente entrenados y listos para el combate [en febrero]) y la mayoría Putin la perdió en los seis primeros meses de la guerra", apunta Uri, quien señala que el resto forma parte de los equipos de apoyo y logística.

Foto: Captura del vídeo donde "mandan" un mazo ensangrentado a Bruselas.

La estrategia adoptada en Ucrania, donde Moscú optó por abrir múltiples frentes simultáneos, tampoco ayudó. Esto forzó a repartir las fuerzas por miles de kilómetros de línea de contacto, lo que los debilitó en varios puntos. Al mismo tiempo, los problemas de suministro —como los que paralizaron el convoy para sitiar Kiev— y las operaciones arriesgadas —donde los superiores utilizan fuerzas de élite como carne de cañón— les han hecho asumir muchas bajas.

Además, Rusia —el país más extenso del mundo— tiene fuerzas desplegadas en otras fronteras críticas y en otros conflictos activos en el exterior, como Siria. Allí desplegó la semana pasada unos contingentes de refuerzo en el norte del país, controlado por sus aliados kurdos y tropas del régimen de Bashar Al Asad, ante el temor de una ofensiva turca en la zona.

"Las mejores tropas [rusas] ya han sido enviadas a Ucrania y otras unidades apostadas a lo largo de las enormes fronteras rusas han sido canibalizadas de hombres y equipos transferidos para reemplazar a las unidades diezmadas por meses de combates de alta intensidad", explica Jim Tonwnsend, exsubsecretario adjunto de Defensa estadounidense para Europa y la OTAN y miembro del Center for a New American Security (CNAS), a El Confidencial. "Sin embargo, es todavía muy poco probable que Putin declare formalmente la guerra. Sería un salto político a lo desconocido y podría minar significativamente el apoyo que le queda en la élite gobernante", considera el experto.

Mucha guerra por delante

Por su parte, las Fuerzas Armadas ucranianas aseguran tener unos 700.000 efectivos con distintos grados de experiencia en combate, unos 300.000 miembros de fuerzas de seguridad como guardia nacional, policía y fronteras, así como unos dos millones de reservistas. El Departamento de Defensa estadounidense calcula que cada bando ha asumido unas 100.000 bajas, entre muertos, heridos, capturados y desaparecidos. Así que, a este ritmo, parece que queda todavía mucha guerra por delante.

Moscú parece estar preparado para una guerra de desgaste. Saben que las tropas de Kiev están a la ofensiva en gran parte de la línea de contacto y que les toca apretar los dientes y aguantar. Aunque sea a base de llenar las trincheras de reclutas casi sin entrenamiento. El Kremlin apuesta por que flaquee el músculo político y financiero de los aliados, que cada vez tienen más problemas para suministrar munición y armas a los ucranianos, y que cada vez van a tener más difícil mantener la unidad en torno al conflicto.

"Creo que Rusia va a tratar de estabilizar la situación y que su objetivo es fijar un nuevo statu quo. En este sentido, pueden tener ahora la ventaja de tener que defender sus posiciones, mientras que Ucrania tiene que recuperar el territorio, lo que generalmente requiere un Ejército con más capacidad militar y más efectivos", señala Bergmann, director del programa europeo del CSIS.

Foto: Investigadores e integrantes de la unidad Crímenes de Guerra en Járkov llevando a cabo una exhumación. (EFE/Esteban Biba)

Un funcionario europeo de Defensa dijo la semana pasada a Newsweek que han observado que varias unidades militares de élite rusas con bases fronterizas con países de la OTAN han sufrido bajas del 30%-40% y que ahora estarían siendo reemplazadas, y entrenadas, con los reclutas de la leva de Putin. Algunas de estas unidades, como la División 76 de Asalto Aéreo, fueron responsables de las "operaciones de limpieza" en Bucha, cerca de Kiev, donde docenas de civiles fueron torturados y ejecutados. Luego sirvieron en Izium y en Jersón. A estas alturas, señaló la fuente, podrían haber perdido más de un tercio de sus efectivos.

"Con el tiempo, Rusia necesitará a soldados que estén bien entrenados y que tengan experiencia", afirma Tonwnsend. "La pregunta es cuántos efectivos tiene con esta experiencia y si son suficientes para compensar las pérdidas. La gran pregunta es, si los tiene, ¿por qué no los ha enviado hasta hora? No tenemos una respuesta", concluye.

De todas las batallas que se libran en la invasión de Ucrania, una en concreto tiene completamente estupefactos a analistas y expertos. La ofensiva rusa contra el pequeño enclave de Bakhmut se ha convertido en una agónica operación que se prolonga seis meses triturando efectivos del Kremlin a un ritmo vertiginoso. Un empeño obsesivo y por momentos irracional que se ha convertido en un muestrario de los despropósitos de Moscú en esta guerra y que vuelve a poner sobre la mesa la gran pregunta que, nueve meses después, nadie parece saber responder: ¿dónde está el resto del Ejército ruso?

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