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La Numancia del Donbás: mientras todo el mundo mira al sur, una ciudad clave intenta resistir al avance ruso
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Bakhmut, clave para avanzar

La Numancia del Donbás: mientras todo el mundo mira al sur, una ciudad clave intenta resistir al avance ruso

Manteniendo el control de Bakhmut, Kiev alimenta la narrativa de que Rusia solo acumula pérdidas y que ha perdido la capacidad de ofensiva, mientras que para Moscú una victoria tan clave en el este le daría fuerzas

Foto: Un tanque ucraniano en Bakhmut. (Reuters/Zohra Bensemra)
Un tanque ucraniano en Bakhmut. (Reuters/Zohra Bensemra)
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En Kiev, Bruselas, Washington o Moscú, los ojos están puestos en Jersón y el frente de sur de Ucrania, donde se espera un inminente contraataque de las tropas ucranianas contra las zonas ocupadas por los rusos. Sin embargo, ante lo que parece una Ucrania que no deja de acumular pequeñas y grandes victorias militares, Rusia sigue presionando en el Donbás y, muy especialmente, a las puertas de una ciudad clave, una suerte de Numancia de la región. Desde hace meses, las tropas rusas cercan la ciudad de Bakhmut, apenas a 15 kilómetros de la frontera con las prorrusas Donetsk y Lugansk y peaje previo antes de poder avanzar hacia el resto del Donbás ucraniano. Desde julio, el frente apenas ha variado unos kilómetros a base de sangre, sudor y fuertes andanadas de artillería, pero en la última semana Rusia ha logrado pequeños avances técnicos de una gran carga política para el Kremlin. Es en Bakhmut donde tanto Kiev como Moscú se juegan, además de la militar, la batalla del espíritu y el 'momentum'.

Manteniendo el control de Bakhmut, Kiev alimenta la narrativa de que Rusia solo acumula pérdidas y que ha perdido la capacidad de ofensiva en Ucrania, mientras que para Moscú una victoria tan clave en el este le daría fuerzas reforzadas en su mensaje en defensa de la "operación militar especial". Pero en la batalla de Bakhmut hay un tercer actor que busca réditos políticos: los mercenarios Wagner, que defienden estar abanderando la operación.

Foto: Soldados ucranianos, en la línea de fuego cerca de Mikolaiv, este agosto. (Reuters/Oleksandr Ratushniak)

En las calles de Bakhmut ya no hay apenas civiles. En el hotel de Lida —que apenas se mantiene abierto después de que el hotel vecino, a una manzana, fuera bombardeado— todos los huéspedes son militares. En el bar de 'kebabs' solo piden un café caliente soldados y voluntarios de uniforme. Por las noches, los drones surcan el cielo como pesados abejorros mientras se escucha en incesante golpeteo de la artillería. "Hemos recibido apoyo de armamento occidental, pero sigue siendo tan difícil como a finales de primavera [cuando rusia centraba su ofensiva en el Donbás]", dice Serguéi, soldado ucraniano desplegado en la ciudad, por teléfono a El Confidencial. Conocí a Serguéi el pasado junio. En aquel entonces, Bakhmut ya era el principal objetivo de las fuerzas rusas que avanzaban desde el este. Casi cinco meses después, la ciudad resiste en su defensa numantina, pero la presión se acerca.

Según la viceministra de Defensa de Ucrania, Hanna Malyar, las tropas rusas planean capturar Bakhmut para finales de octubre.

Ucrania lleva reforzando la ciudad desde que Rusia cambió el objetivo general de la invasión del 24 de febrero y anunció que se centraría en el este y "controlar el Donbás". Parece mentira, pero el anuncio oficial ruso fue en abril, hace ya seis meses, cuando Moscú comprendió que la "guerra relámpago" para hacerse con Kiev o siquiera sus posibilidades en el norte del país ya no tenían sentido. Desde entonces, Bakhmut ha sido una posición clave en la defensa ucraniana del Donbás. A principios de julio, las tropas ucranianas cedieron posiciones a los rusos en Lysychansk (el último bastión de la provincia de Lugansk) para centrarse en la defensa de la zona controlada de Donetsk y, muy especialmente, en Bakhmut, que ha soportado desde entonces la ofensiva más cruenta de la artillería rusa (el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, llegó a decir que, en lo más crudo de la ofensiva, morían entre 50 y 100 soldados al día en el frente del Donbás).

Foto: Una de las salas donde comen hasta 200 soldados ucranianos en el frente del Donbás. (Alicia Alamillos)

Así, Bakhmut aguanta desde mayo como uno de los principales objetivos del avance ruso en el este. La ciudad, de unos 70.000 habitantes antes de la invasión, es un nódulo de comunicaciones de carreteras y autopistas que permiten el avance y suministros hacia Sloviansk (norte) y Kramatorsk (oeste, capital administrativa del 'óblast' de Donetsk controlado por Ucrania). Con la intención clara de salvar Kramatorsk, las fuerzas ucranianas establecieron sus líneas de defensa en Bakhmut, reforzando la posición como pocas en un frente muy cambiante. Sin embargo, la presión constante está empezando a tener sus frutos.

En las últimas semanas, Rusia ha logrado ganancias progresivas en la zona e, incluso, ha llegado a anunciar el control de los barrios periféricos de la ciudad o luchas en el centro de la localidad, sin llegar a hacerse fuertes en las posiciones. "Es probable que las fuerzas rusas continúen falsificando afirmaciones de avances en el área de Bakhmut para presentarse como que están ganando en al menos un sector en medio de pérdidas continuas en el noreste y el sur de Ucrania", apunta el Instituto de Estudios de la Guerra (ISW).

El factor Wagner

Es decir, los avances hacia Bakhmut ya no solo tendrían un cariz militar, sino político, casi como una bolsa de aire para la narrativa del Kremlin. Tras las pérdidas masivas en el frente de Járkov (noroeste) de principios de mes y la presión ucraniana en el sur, es en el este y Bakhmut la única posición donde están obteniendo —pequeñas— ganancias. "De todas las batallas" del este, la "más difícil" es la de Bakhmut, ha declarado Zelenski esta semana, admitiendo cierta debilidad de las tropas ucranianas. Para los ucranianos, entregar a Bakhmut les daría a los rusos una victoria enormemente simbólica y socavaría la narrativa actual de que Moscú está perdiendo terreno constantemente y que la guerra de Putin ha fracasado.

Pero aun así, incluso políticamente para Rusia, sus avances sobre Bakhmut tienen ciertas implicaciones. Desde principios de agosto, el frente se ha visto reforzado por nuevos contingentes de mercenarios Wagner, según coinciden fuentes occidentales y rusas.

Foto: Banderas de Rusia entre los manifestantes a favor del golpe de Estado en Burkina Faso. (EFE/Assane Ouedraogo)

Ante la "incapacidad" de las tropas clásicas rusas o incluso sus aliados de la autoproclamada República Popular del Donetsk (DPR), capturar Bakhmut ofrecería al líder del grupo de mercenarios, Yevgeny Prigozhin (conocido como 'el chef de Putin'), una suerte de ventaja política como un trofeo militar.

Prigozhin ha criticado en numerosas ocasiones el pobre desempeño del Ejército ruso, aunque tampoco los mercenarios Wagner han supuesto hasta ahora grandes victorias en el terreno, y siempre han sufrido grandes pérdidas. Una victoria en Bakhmut le daría un importante barniz como candidato a buenos puestos o jugosos contratos en la estructura del Kremlin. Ya le funcionó con la captura de Popasna (Lugansk) en mayo, que según blogueros militares prorrusos le valió una medalla de Héroe de Rusia.

En una reciente entrevista, Prigozhin afirmó que los mercenarios de Wagner estaban llevando casi en solitario el asalto a Bakhmut y calificó la situación de "difícil". Tampoco es fácil para las fuerzas ucranianas.

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En Kiev, Bruselas, Washington o Moscú, los ojos están puestos en Jersón y el frente de sur de Ucrania, donde se espera un inminente contraataque de las tropas ucranianas contra las zonas ocupadas por los rusos. Sin embargo, ante lo que parece una Ucrania que no deja de acumular pequeñas y grandes victorias militares, Rusia sigue presionando en el Donbás y, muy especialmente, a las puertas de una ciudad clave, una suerte de Numancia de la región. Desde hace meses, las tropas rusas cercan la ciudad de Bakhmut, apenas a 15 kilómetros de la frontera con las prorrusas Donetsk y Lugansk y peaje previo antes de poder avanzar hacia el resto del Donbás ucraniano. Desde julio, el frente apenas ha variado unos kilómetros a base de sangre, sudor y fuertes andanadas de artillería, pero en la última semana Rusia ha logrado pequeños avances técnicos de una gran carga política para el Kremlin. Es en Bakhmut donde tanto Kiev como Moscú se juegan, además de la militar, la batalla del espíritu y el 'momentum'.

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