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¿Qué está pasando con los prisioneros de guerra en Ucrania?: "Quieren provocarnos"
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Masacre en Olenivka

¿Qué está pasando con los prisioneros de guerra en Ucrania?: "Quieren provocarnos"

Para muchos, se trata de una última fase rusa de tratar de imbuir terror y desesperanza a la sociedad ucraniana, justo cuando Kiev se prepara para relanzar una contraofensiva en el sur del país

Foto: Imágenes de satélite de la prisión de Olenivka. (Maxar Technologies)
Imágenes de satélite de la prisión de Olenivka. (Maxar Technologies)

"Sé que mi amigo estaría aguantando hasta el último momento… A lo mejor eligieron a los que se negaron a dar entrevistas a la propaganda rusa y contar que les obligaron a matar civiles. Fue la persona que tuvo principios. Puede ser que esta fuera la razón para que eligieran quemarle", dice Olena. Su amigo, Oleksiy, es una de las víctimas de la presunta explosión en Olenivka, en la región de Donetsk, que mató a más de medio centenar de prisioneros de guerra ucranianos en manos de los rusos. Una semana después de que esta matanza masiva sacudiera el país, el Gobierno de Kiev sostiene que la muerte de los 53 prisioneros según los rusos, en un bombardeo ucraniano es un crimen de guerra cometido por las fuerzas del Kremlin.

El anuncio de la muerte de los prisioneros de guerra ucranianos en Olenivka, prisión controlada por las tropas de la autoproclamada República Popular de Donetsk (RPD), coincidió también con la publicación de unos vídeos en los que se recogen violentas torturas —un soldado es castrado vivo— contra prisioneros de guerra en Ucrania por parte de tropas rusas. Para muchos, se trata de una última fase rusa de tratar de imbuir terror y desesperanza a la sociedad ucraniana, justo cuando Kiev se prepara para relanzar una contraofensiva en el sur del país y trata de contener el avance ruso en el Donbás.

Foto: Liliia Stupina, mujer de un soldado de Azov, en un momento de la entrevista en Kiev.

Oleksiy, de 27 años, era herpetólogo y un activista muy conocido de Mariúpol, protagonista de varios reportajes de la televisión local sobre la protección de los animales. Dirigía su propio centro de rehabilitación de animales salvajes o víctimas de maltrato, donde los rescataba, cuidaba y liberaba en el caso de que esto fuera posible. Según cuenta Olena, se unió junto a su padre al regimiento Azov en 2016, porque "se acordaba del primer intento de la ocupación rusa y quería proteger a su ciudad".

Volvió al regimiento cuando empezó la invasión a gran escala. Como Oleksiy, la mayoría de las víctimas de la explosión de Olenivka, estaban relacionados de alguna manera u otra al batallón Azov, una de las principales fuerzas encargadas de la agónica defensa de Mariúpol. "Me escribía desde Azovstal, y allí seguía fiel a su causa. Salía para buscar comida y rescataba a los animales, los llevaba a sitios seguros, les daba comida y él se quedaba con hambre", rememora su amiga.

Foto: Miembros de las tropas prorrusas conducen un vehículo blindado durante el conflicto entre Ucrania y Rusia en la ciudad portuaria de Mariúpol. (Reuters/Chingis Kondarov)

Dos semanas antes de lo ocurrido en Olenivka, Oleksiy aseguró a Olena que, junto con su padre, su nombre estaba en una de las listas de intercambio de prisioneros entre Rusia y Ucrania, su billete para salir de su destino de prisionero de guerra. Planeaba comprar una casa en Kiev. Pero en su última llamada, apenas cuatro días antes de la explosión en Olenivka, la voz de Oleksiy sonaba muy triste, recuerda Olena, a quien le pareció "muy raro".

Le dijo que estaba "muy, muy enfermo", y le pidió que se cuidara mucho. Según Olena, Oleksiy nunca se quejaba de salud, pese al tiempo pasado en el asedio a Azovstal o sus días como prisionero de guerra de los rusos. Para Olena, ahora, está claro: su amigo quería darle una señal de que los rusos le estaban torturando. El día de su cumpleaños, que querían celebrar juntos, encontró su nombre en la lista de los fallecidos en Olenivka, difundido por el Ministerio de Defensa ruso.

La operación psicológica

Objetivos desde el minuto uno de la "operación militar especial" el 24 de febrero contra Ucrania, y especialmente tras las primeras victorias ucranianas y el paso de los meses desde el inicio de la invasión a gran escala, para los defensores ucranianos de plazas tan complicadas como Mariúpol pocos miedos hay mayores que caer en manos de los rusos, y lo que estos puedan hacerles.

"Lo que más miedo me daba era acabar en el cautiverio… Es la peor cosa que te puede pasar. Te pueden torturar durante horas y luego cortar los huevos", cuenta Eduard, miembro de la 36ª brigada de Mariúpol, uno de los pocos soldados ucranianos rescatados de la ciudad a finales de marzo. Ese miedo atávico a la prisión y torturas rusas se galvanizó especialmente cuando se publicó, el mismo día de la matanza en Olenivka, un vídeo de la castración en vida de un soldado ucraniano, publicado en grupos de Telegram ligados a Rusia. El país quedó en shock, y las redes se llenaron de mensajes de civiles y militares clamando venganza.

Foto: Un miembro del batallón Azov, en Járkov, en marzo. (EFE/Andrzej Lange)

Sergiy Molchanov es jefe del Departamento de Documentación de los Crímenes de Guerra de la invasión rusa en Ucrania, de la ONG Ukrainska Helsynska Grupa. Su organización lleva recopilando testimonios desde 2014, cuando tropas rusas facilitaron un referéndum de secesión en Crimea y apoyaron el levantamiento de las facciones prorrusas en Donetsk y Lugansk. En este año, colaboran con el Gobierno ucraniano. Según Molchanov, en esta fase de la invasión, Rusia no solo ha conseguido gran cantidad de prisioneros de guerra, sino que además, el interés público, social y gubernamental por recuperar a los "héroes de Mariúpol", le dan bagaje negociador, algo que la parte ucraniana carece con sus prisioneros rusos. Para Moscú, son también útiles en su guerra informativa.

"Y como tienen muchos, no se preocupan tampoco demasiado por su preservación", asegura Molchanov, quien apunta a dos motivos principales por los que Rusia podría estar detrás de la muerte de los más de 50 prisioneros de guerra en Olenivka. "El primero es borrar las huellas de su participación en las torturas de esa gente, y es un paso psicológico con el objetivo de provocar a los soldados ucranianos para que hagan las mismas acciones contra los soldados rusos, y acusar de que Ucrania también está cometiendo crímenes de guerra".

Lagunas en la investigación

Según Rusia, Ucrania habría utilizado lanzamisiles suministrados por Estados Unidos para atacar la prisión en Olenivka, matando a "sus propios soldados". Kiev, sin embargo, apunta a que el tipo de explosión (según las imágenes que se han distribuido) parece apuntar más a una deflagración interna que a una explosión desde fuera (como sería si fuera el caso de un misil).

Según el servicio de inteligencia ucraniano, el Ministerio de Defensa contaría con pruebas de que los separatistas de la autoproclamada República Popular de Donetsk, respaldados por el Kremlin, se habrían confabulado con el FSB (la agencia rusa sucesora del KGB) y el grupo mercenario Wagner para destruir la prisión "usando una sustancia inflamable, que condujo a una rápida propagación del fuego en la habitación". Kiev añade a la lista de elementos sospechosos que ninguno de los trabajadores de la prisión resultara herido, ya que las víctimas son todas prisioneros de guerra ucranianos.

Foto: El joven marroquí Brahim Saadoun en un momento del juicio en el que lo condenan a muerte. (EFE)

Estados Unidos, por su parte, ha advertido de que nuevos datos de inteligencia sugieren que Rusia está intentando fabricar pruebas falsas para incriminar a Ucrania como responsable del ataque a la prisión. "Anticipamos que Rusia intentará incriminar a las Fuerzas Armadas de Ucrania antes de que periodistas y posibles investigadores visiten el lugar del ataque", aseguró John Kirby, secretario de prensa de la Casa Blanca. Expertos gubernamentales estadounidenses, citados por la agencia AP, aseguran que las fotos publicadas por los rusos después del incidente sostienen la hipótesis de Kiev: la destrucción probablemente no fue causada por "un ataque con explosivos de alta potencia desde el exterior”, sino que era "mucho más probable que fuera incendiario y desde el interior del lugar".

Dentro de Olenivka

Sergiy, un soldado de Azov, pasó varias semanas en Olenivka, antes de ser intercambiado hace un mes. "Después del infierno de Azovstal ya no tuve miedo de nada", asegura, recordando cómo vio la muerte de 40 compañeros en un único bombardeo con misiles, o su último recuerdo de Azovstal, el olor a carne podrida dentro del centro médico de la planta, con "los cuerpos guardados por un lado, la gente herida por otro". Cuando fueron trasladados a Olenivka, pudo comer pan por primera vez desde la invasión rusa. Para Sergiy, eso fue "felicidad absoluta". A diferencia de otros testimonios de compañeros que llegaron más tarde y que también lograron salir de la prisión, que reportan violaciones, falta de medicamentos o de comida, humillaciones... Sergiy asegura que no sufrió torturas.

Konstiantyn, que no era soldado y fue detenido cuando colaboraba en la evacuación de Mariúpol, también pasó por Olenivka. "Al principio, nos obligaron a estar en una cierta pose muy incómoda, por ejemplo, medio sentado durante un tiempo. Al final, ya no se sienten ni las piernas ni las manos. Si nos movíamos o intentábamos cambiar la pose, nos pegaban. Nos obligaron a aprender canciones rusas, el himno de la RPD, organizaron coros y competiciones", rememora.

Foto: Serguéi, soldado encargado de arreglar los coches civiles del Ejército desplegado en el Donbás. (Alicia Alamillos)

Según explica Molchanov, es habitual la diferencia en el trato a los prisioneros dependiendo no solo de la cárcel en la que estén, sino también de su papel en el Ejército. Pone como ejemplo que, en 2014, en la cárcel de Smizhne, la principal para prisioneros de guerra en la zona controlada por los secesionistas en Donetsk, la gente que había trabajado en las cocinas podía estar tranquila, mientras que los identificados como artilleros se convertían automáticamente en víctimas de torturas.

Tanto el Gobierno ucraniano como el regimiento Azov están confirmando todavía las identidades de la lista completa de los muertos en Olenivka. Pero, según Olena, muchos de los nombres ya publicados por el Ministerio de Defensa ruso aparecían también en la base de datos de una web ligada al Ministerio de Justicia de la autoproclamada República Popular de Donetsk, en los que se les clasificaba como "nazis" y se pedía dinero por "su cabeza".

Como Molchanov, Olena también cree que Rusia decidió destruir los cuerpos de los prisioneros en la presunta explosión para ocultar pruebas de las presuntas torturas a las que les estarían sometiendo. Pone como ejemplo las humillaciones de recibir, desde 2014, los cuerpos de compañeros de Azov fallecidos. "Nos devolvieron los cuerpos de dos soldados de Azov sin penes y orejas. La madre de uno de mis compañeros prohibió cerrar el ataúd para que la gente viera lo que los rusos habían hecho con su hijo".

"Sé que mi amigo estaría aguantando hasta el último momento… A lo mejor eligieron a los que se negaron a dar entrevistas a la propaganda rusa y contar que les obligaron a matar civiles. Fue la persona que tuvo principios. Puede ser que esta fuera la razón para que eligieran quemarle", dice Olena. Su amigo, Oleksiy, es una de las víctimas de la presunta explosión en Olenivka, en la región de Donetsk, que mató a más de medio centenar de prisioneros de guerra ucranianos en manos de los rusos. Una semana después de que esta matanza masiva sacudiera el país, el Gobierno de Kiev sostiene que la muerte de los 53 prisioneros según los rusos, en un bombardeo ucraniano es un crimen de guerra cometido por las fuerzas del Kremlin.

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