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Si Francia ha fracasado con el 'Green Deal' europeo, ¿quién podrá conseguirlo?
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ANÁLISIS ECFR

Si Francia ha fracasado con el 'Green Deal' europeo, ¿quién podrá conseguirlo?

La presidencia francesa de la UE prometía impulsar el Green Deal europeo. Pero las divisiones se han profundizado más que resolverse, mientras las ambiciones climáticas han sido aguadas durante los últimos seis meses

Foto: Protesta climática en Alemania. (Sean Gallup/Getty Images)
Protesta climática en Alemania. (Sean Gallup/Getty Images)

Estamos en la semana final de la presidencia francesa de la Unión Europea y la comunidad de analistas está ocupada valorando el desempeño de París en diferentes aspectos. En lo que respecta al clima, será difícil para el Elíseo evitar las dramáticas imágenes del fiasco en la votación sobre el paquete 'Fit for 55' en el Parlamento Europeo el pasado 8 de junio de 2022 como definitorias de su presidencia. Y aunque un acuerdo de mínimos fue votado y aprobado el 22 de junio, la realidad es que las divisiones se han profundizado más que resolverse y, consecuentemente, las ambiciones climáticas han sido aguadas durante los últimos seis meses.

Hasta cierto punto se puede decir que a la presidencia francesa le ofrecieron un cáliz envenenado en el tema del cambio climático desde el momento en el que le encargaron lograr un acuerdo para el paquete legislativo 'Fit for 55' —que contiene las herramientas para implementar el 'European Green Deal' (Acuerdo Verde Europeo). Lograr un compromiso en esta serie de propuestas, que compartían el coste del 'Green Deal' de forma razonable entre industria, hogares y fondos públicos, cuando los países miembro están tan divididos sobre cuál es el punto de equilibrio, siempre iba a ser una tarea hercúlea.

Pero dada la escala del desafío, la presidencia de uno de los miembros más grandes y poderosos de la Unión tenía más posibilidades de lograrlo que uno más modesto. Y Francia, como sede de los acuerdos del clima de París —y con las promesas de Macron estas elecciones de hacer al país una verdadera potencia climática, liderando con el ejemplo y la inversión en tecnologías renovables, enfocándose en la eficiencia energética, renovaciones residenciales y producción alimentaria, y poniendo fin a los plásticos de un solo uso y reduciendo la polución ambiental— estaba bien posicionada para lograrlo.

Foto: Ilustración: L. Martín.

Tampoco había vientos de cola para París en la responsabilidad de impulsar la implementación de la 'Green Deal' desde un contexto geopolítico más amplio. La guerra de Rusia en Ucrania y la realidad de que Europa necesita urgentemente diversificar su dependencia energética ha supuesto que la prioridad en la atención de los líderes europeos esté en lograr una transición energética geográfica —construyendo y profundizando lazos para suministro alternativo e invirtiendo rápidamente en relaciones diplomáticas con los nuevos actores que serán necesarias para asegurar esos recursos críticos y la tecnología necesaria para las fuentes renovables. Con la escalada de los precios de la energía, los consumidores particulares, los industriales y los gobierno nacionales están incluso más renuentes que antes del 24 de febrero a llevar el peso del inevitable coste interino que tendrá la descarbonización de las economías europeas.

Aun así, dados los esfuerzos durante las pasadas semanas de construir un consenso a lo largo de varias familias políticas e intereses nacionales en el Parlamento Europeo, el hundimiento explosivo de la semana pasada no fue una buena imagen de fin de una presidencia que había prometido más de lo que ha logrado para lidiar con la emergencia climática. Con todos los bandos temerosos de que sus intereses puedan ser desestimados en la lucha por lograr un consenso, la ira y la decepción entre los representantes políticos de la UE y la comunidad ambientalista era palpable.

Lo que podría haber marcado la diferencia a esta imagen es un liderazgo visionario de la presidencia francesa. Diseñar una narrativa clara en la necesidad de sembrar una seguridad energética genuina a largo plazo en fuentes limpias. Desde el estallido de la guerra de Vladimir Putin contra Ucrania, la determinación de la UE para descarbonizarse está flojeando. Sus líderes políticos no están seguros de si pueden o deben todavía intentar avanzar tanto geográficamente como sustantivamente en la diversificación energética. La discusión sobre los mayores costes que acarreará la inacción climática y las decisiones de inversión que nos atan a la energía basada en hidrocarburos durante demasiados años ha estado ausente de muchas de las intervenciones gubernamentales en esta crisis energética.

Una segunda punta de lanza en el liderazgo climático de la UE que ha ido decayendo en los últimos meses es un reconocimiento más explícito de las capitales y Bruselas de que en este momento de crisis hay que hacer "lo que sea necesario" —incluso un mayor endeudamiento— para financiar las inversiones necesarias para escalar rápidamente las energías limpias, como está previsto en el plan 'RePowerEU'.

Foto: Activistas medioambientales cuelgan una pancarta gigante para anunciar la emergencia climática. (Reuters)

Francia tiene un mayor potencial del que ha mostrado con esta falta de liderazgo. Como campeón de la soberanía europea en todos sus frentes, tiene una voz creíble sobre la necesidad de invertir en las instalaciones necesarias para construir una energía europea. Y Francia ha jugado a menudo en el pasado ese papel de ser puente entre Alemania y los estados frugales, por un lado; y el sur y este de Europa —dependientes del presupuesto europeo—, por otro. Sin claridad de visión en ninguno de estos puntos, es menos sorprendente, quizás, que los eurodiputados no sintieran que ese paquete estaba destinado a impulsar una transición energética justa y ambiciosa, contribuyendo al fiasco que vimos el 8 de junio.

Pero, aunque la batalla por la implementación del 'Green Deal' en un entorno geopolítico amenazante no ha sido ganada, tampoco está perdida. La próxima década será crítica para mantener el objetivo de neutralidad climática para 2050, y habrá que ir renegociando en cada paso de ese sinuoso camino. Un liderazgo que no desfallezca y que mantenga su foco en el objetivo final seguirá siendo clave en los años venideros. Mientras Francia entrega el testigo a la presidencia de República Checa, debería comprometerse a dar respaldo a las próximas presidencias para impulsar la acción climática. La soberanía energética climática se ha convertido, probablemente, en el más urgente —e infravalorado— elemento de la agenda de soberanía europea. En el segundo quinquenio de Macron debería enfocarse en arreglar esto.

*Susi Dennison es la directora del programa 'European Power' del European Council for Foreign Affairs (ECFR)

Estamos en la semana final de la presidencia francesa de la Unión Europea y la comunidad de analistas está ocupada valorando el desempeño de París en diferentes aspectos. En lo que respecta al clima, será difícil para el Elíseo evitar las dramáticas imágenes del fiasco en la votación sobre el paquete 'Fit for 55' en el Parlamento Europeo el pasado 8 de junio de 2022 como definitorias de su presidencia. Y aunque un acuerdo de mínimos fue votado y aprobado el 22 de junio, la realidad es que las divisiones se han profundizado más que resolverse y, consecuentemente, las ambiciones climáticas han sido aguadas durante los últimos seis meses.

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