EUROPEAN COUNCIL ON FOREIGN RELATIONS

Se vienen curvas: por qué el Green New Deal es el proyecto europeo del siglo

No estamos ante un simple nuevo proyecto que pide una política climática más ambiciosa de la UE, sino lo que en alemán se llamaría “el proyecto del siglo”. Y va a crear grandes divisiones

Foto: Activistas medioambientales cuelgan una pancarta gigante para anunciar la emergencia climática. (Reuters)
Activistas medioambientales cuelgan una pancarta gigante para anunciar la emergencia climática. (Reuters)

Pocos proyectos se asemejan al Green New Deal de la Unión Europea. Otros, como el reasentamiento de los refugiados, la unión de la defensa, la directiva laboral o el pacto fiscal, han generado grandes titulares y evocado emociones. Sin embargo, cada uno pertenece a un área política específica, de manera que las fronteras de las batallas políticas en la UE siempre han estado claramente definitivas. La UE podía, por lo tanto, trabajar en los contenidos de cada área política de forma individual: bien progresando o bien comprometiéndose y quejándose del fracaso de ese compromiso.

Pero las cosas son distintas con el Green New Deal. No estamos ante un simple nuevo proyecto que pida una política climática más ambiciosa de la UE, sino lo que en alemán se llamaría “el proyecto del siglo” de la Unión Europea, algo realmente grande y significativo. Con el Green New Deal, la UE busca convertirse en pionero en la lucha por la supervivencia del planeta. El objetivo de la neutralidad climática para 2050 no solo implica una transformación total de la economía, sino también un cambio de vida de los europeos en las próximas tres décadas. Se puede llamar economía planificada (tal y como podría hacerlo el líder del Free Democratic Party Christian Lindner) o una revolución verde.

En cualquier caso, una cosa parece clara: si la UE se pone en serio, el resto de proyectos e intereses deben subordinarse al Green New Deal. Al contrario que otros proyectos a veces controvertidos de la UE, el Green New Deal afectará a todas las áreas de la política al mismo tiempo. No solo influirá en la política energética, sino que también afectará a las reglas del mercado común incluyendo la política tributaria, el transporte, la movilidad, el comercio o a la política de cohesión. Sería ingenuo esperar que esto creará menos tensión y conflicto del que ya que existe hoy en día en la UE.

Mucha palabrería... pero poca acción

Actualmente, el objetivo de la neutralidad climática está todavía muy lejos de cumplirse. El amplio consenso en dicho objetivo no debe ocultar el hecho de que los verdaderos conflictos se están desarrollando por debajo de la alfombra de la euforia verde. Después de todo, una cosa es comprometerse a las ambiciones políticas y otra es llevar a cabo medidas concretas que las cumplan. Por eso, en vez de impulsar y poner de acuerdo a los países de la UE en una noble causa por un aire limpio y una actividad económica sostenible, el Green New Deal expondrá nuevas líneas divisorias y creará más trincheras políticas.

Este conflicto inminente no tiene que ver con el lejano año 2050, sino con la estrategia de la UE para 2030. Si los estados miembros quieren lograr el objetivo de neutralidad climática para 2050, no pueden simplemente reducir las emisiones de CO2 al 40% para 2030 como tienen planeado. Después de 2030 no habrá tiempo suficiente para recudir al cero las emisiones en los siguientes 20 años.

La Comisión Europea propone aumentar la reducción del objetivo al 50 o al 55% para 2030. Hasta la fecha, no han sido los chicos malos del este de Europa quienes se han resistido, sino los estudiantes-modelo de Alemania o Italia. Aunque Angela Merkel lo está intentando en su rol de Klimakanzlerin (canciller climática) de nuevo y está a favor de la propuesta de la Comisión, el problema parece lejos de solucionarse. Sigue sin estar claro cómo se distribuirá la carga de una reducción de emisiones tan acelerada.

Algunos sectores del gobierno polaco aseguran que bajo cualquier escenario de cambio para la neutralidad climática, los costes para el país serán el doble que la media europea. ¿Están dispuesto los líderes climáticos y los países contribuyentes netos como Alemania a dar más apoyo a los países europeos del centro y este del continente para que puedan cumplir sus objetivos?

Esto es solo el principio

La actual disputa por la distribución del Fondo de Transición Justa de 7,5 mil millones de euros, cuyo objetivo es apoyar a las regiones más afectadas por la transformación energética, es tan solo un presagio de los futuros conflictos que desencadenará el Green New Deal.

Mark Rutte, Sebastian Kurz y Angela Merkel en una reunión de líderes europeos. (Reuters)
Mark Rutte, Sebastian Kurz y Angela Merkel en una reunión de líderes europeos. (Reuters)

Sin embargo, sería un error invocar la división este-oeste en este contexto. No estamos hablando solo de dinero. Ni siquiera tampoco de carbón y de sus efectos para el clima. El futuro de la industria energética es solo una parte de los problemas que surgirán del Green New Deal. Ni siquiera el más difícil. Viendo cómo están cayendo los precios de las energías renovables, es entendible que el sector energético apueste por ellos. A fin de cuentas, la reducción de las emisiones de la producción eléctrica es fácil de conseguir.

Pero cuanto más ambiciosos sean los objetivos de emisión, más dolorosas y más conflictivas serán las consecuencias. El próximo paso es una reducción radical en el sector del transporte y de la movilidad, pero también en el de la agricultura y de la industria pesada. Estas medidas no afectarán a los dueños de las mal vistas centrales de carbón, pero sí a los coches y a los productores de alimentos. Es decir, a los ciudadanos de la calle. En los próximos años surgirá un debate sobre cuál debería ser el camino a seguir para la reducción del CO2 y cuál debería ser su futuro diseño. De aquí saldrán nuevas divisiones sociales.

Hoy, los países proveedores de servicios (incluyendo los estados Bálticos) tienden a defender objetivos climáticos más exigentes, mientras que los países industrializados (los países del Visegrado y Alemania e Italia) tienen dificultades con el proyecto. Esta línea divisoria tan solo se profundizará con el paso del tiempo. No es ninguna coincidencia que países que tienen una poderosa industria automovilística estén frenando el proyecto, pues el Green New Deal pone en cuestión su completo sistema económico.

Vamos a ver cómo estos contrastes se van a exacerbar con la salida de la UE del Reino Unido. Ahora mismo, Londres contribuye más que la media europea; desde 1990, sus emisiones de CO2 han caído más de un 40%, comparado con la media europea de solo 23%. Sin los británicos, conseguir el mencionado 50% de media europea para 2030 requerirá grandes esfuerzos. ¿Quién está preparado para cargar con la responsabilidad?

El futuro de la UE depende de este proyecto

Para lograr esos objetivos, la UE necesita nuevos instrumentos, especialmente dentro del área de la política tributaria. Sobre la mesa hay un impuesto que limite el CO2. Alemania se opone pero Francia lo apoya. La UE necesita una unificación o coordinación de los impuestos de CO2, ya que algunos países ya tienen tasas impositivas muy altas (Suecia) mientras que otros (como Alemania) todavía están pensando si introducir el tributo.

El Green New Deal tan solo es el principio, aunque las primeras tensiones en su implementación ya se perciben. No solo dividirá ampliamente la UE entre el este y el oeste, sino que también creará divisiones dentro de las propias sociedades así como diferentes coaliciones y nuevas áreas de conflicto. En ese sentido, “el proyecto del siglo” se diferenciará poco de otros proyectos de la UE. Y, aun así, su gran tamaño y ambición no acercará más a los países europeos, sino que supondrá una verdadera prueba de su fortaleza. Sin duda, el Green New Deal provocará que la UE perezca o se mantenga con vida. Y el resultado de ese reto, hoy en día, es incierto.

*Análisis publicado en el European Council on Foreign Relations por Piotr Buras y titulado 'Digging the trenches: The EU and the Green New Deal'.

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