Los planes 'verdes' de Bruselas

La cara oculta del 'Green Deal': la transición traumática de la economía y el empleo

La Unión Europea busca ser cada vez más ambiciosa en el cambio climático. Aunque no existe otra vía que la transición ecológica, la adaptación de la economía será traumática

Foto: La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, en un acto en Bruselas. (Reuters)
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, en un acto en Bruselas. (Reuters)
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Esta semana, a bombo y platillo, la Comisión Europea anunció el 'Green Deal', un paquete de propuestas legislativas y promesas de inversiones que será uno de los elementos fundamentales de la nueva legislatura europea. Ha sido el momento de las buenas noticias, de transmitir ilusión y esperanza.

Solo unas horas después, los líderes de los Veintisiete se han reunido en Bruselas para intentar comprometerse a alcanzar el objetivo de la neutralidad climática en 2050. España ha sido uno de los países más ambiciosos persiguiendo que se convierta en una meta común de la Unión Europea.

Bajo la piel, en Bruselas, mucha gente está en realidad preocupada con los objetivos que se están marcando, con las ambiciones que está señalando la Comisión Europea y con el precio que habrá que pagar para alcanzar los objetivos que ahora se están estableciendo. Hay un mensaje político muy claro, pero los técnicos en la capital comunitaria están preocupados en cómo se va a trasladar eso a la práctica, entre otras cosas porque les va a tocar a ellos ser los policías malos que obliguen a implementar lo decidido.

Fuentes diplomáticas españolas insistían esta semana en que primero se marcaran los objetivos políticos, y después se establecieran los requerimientos técnicos, financieros y de flexibilidad para poder alcanzar esa meta. Algunos creen que el camino debía haberse invertido en el proceso, y haber discutido cómo llegar a las metas comunes.

Nadie duda de que la transición va a crear empleos verdes si se ejecuta bien el plan, y que puede ser la estrategia de crecimiento de la UE que le ayude a navegar las aguas de la ralentización económica. Pero eso no quita la preocupación de que para algunas regiones y sectores ese camino va a ser muy traumático, y que no se ha explicado suficientemente cómo se va a resolver ese conflicto.

Tampoco se discute la necesidad de realizar dicha transición. Las estimaciones de la Comisión Europea indican que la UE crecerá un 2% más en 2050 de lo que lo haría sin una transformación de su economía, y eso sin tener en cuenta los efectos económicos negativos que tendría no hacer nada contra el cambio climático. No hacer nada no es una opción, pero sí que hay críticas sobre si no se está siendo lo suficientemente directos con los ciudadanos que más se van a ver afectados por estas medidas.

Inversiones

Además, junto con el 'Green deal', la Comisión Europea propuso aumentar el objetivo intermedio de 2030 desde el 40% actual hasta el 50% y hasta el 55%. Las estimaciones del propio Ejecutivo comunitario apuntan a que hoy hay un brecha de inversión verde de 260.000 millones de euros al año; es decir, falta esa cifra de inversión para lograr de verdad el objetivo intermedio. Pero no se ha hecho un recálculo de la inversión que será necesaria para alcanzar el nuevo objetivo, que representa un recorte de las emisiones de al menos un 10% más del previsto.

Para saber si el 'Green deal' será efectivamente beneficioso en términos macroeconómicos para la Unión Europea, no valdrá únicamente con comprobar si las actuales inversiones se convierten en verde: lo relevante será ver cuántos miles de millones de euros más deberán invertir desde el ámbito público y privado para lograr alcanzar los objetivos de emisiones.

Eso significa que no solo va a tener que haber una inversión pública: hace falta una masiva inversión privada. Como asegura Ursula Von der Leyen, esta puede ser la nueva estrategia de crecimiento de la UE, pero solo si es completamente creíble para que los inversores privados asuman riesgos…

Los cálculos de un proyecto del Instituto Alemán para la Protección Climática, Energía y Movilidad, y del Instituto Francés de Economía Climática, indican que Francia (donde en 2018 se invirtieron 32.000 millones de euros en proyectos verdes) y Alemania (en la que en 2016 se invirtieron 43.000 millones de euros) deberán invertir más o menos un 0,8% más de su PIB. La OCDE señala que en la mayoría de los países las inversiones se quedan muy por debajo de lo necesario. De nuevo, todos estos cálculos se refieren al objetivo del 40% en 2030, no del 55%, así que habrá que revisarlos al alza.

Un reciente estudio de David Xy y Jean Pisani-Ferry, apunta a que para alcanzar el 55% en 2030 la Unión Europea necesitará invertir un 1% extra anual en este objetivo, "si no más", escribe Pisani-Ferry.

En lo que sí aciertan los líderes al mostrarse tajantes en el objetivo de 2050 es en dar un poco de tierra firme. Lo peor para las perspectivas de la inversión es no saber si este proyecto de la descarbonización va en serio o no. Movimientos como los chalecos amarillos en Francia, muestran a los inversores que estos cambios no son siempre sencillos, que pueden sufrir reveses, y por lo tanto, que, en ocasiones, pueden no ser el lugar más seguro.

Los expertos apuntan a la necesidad de tener un plan respecto a los precios del carbono como la vía más creíble para crear los incentivos necesarios en los inversores. Sin embargo, el 'Green deal' presentado por Von der Leyen se ha quedado corto en sus ambiciones sobre la reforma del sistema de comercio de carbono (ETS), con un redactado más suave del esperado, sin dejar del todo claro si se extenderá a nuevos sectores.

Efectos sociales y policías malos

La Comisión Europea tiene previsto también, en el marco de este nuevo escenario, apretar las tuercas a las capitales, algo parecido a lo que hace hoy con sus presupuestos. España, que ha jugado un papel de liderazgo durante todo este periodo, da por hecho que es uno de los países más avanzados en el objetivo de la neutralidad, pero muchas voces en Bruselas aseguran que la realidad es bien distinta, y que va a ser uno de los países que, 'a priori', puede pasarlo mucho peor de lo que cree.

La teoría es que la transición a una economía verde va a crear más empleo de los que va a destruir. Este sigue siendo el escenario base de prácticamente todo el mundo en la Unión Europea. El problema es que los nuevos empleos difícilmente se van a crear en las mismas regiones en las que se van a destruir. La teoría es mucho más sencilla que la práctica: difícilmente mineros de una región van a ser los trabajadores de una nueva e innovadora 'start up' de la economía verde, por mucho que la UE dedique fondos a su formación.

Es lo que defiende también Jean Pisani-Ferry, antiguo asesor del presidente francés: "La transición a una economía neutral destruirá empleos en las industrias extractivas, productoras de energía y manufactureras, y creará empleos en el sector servicios", ha escrito en un reciente 'paper'.

Los efectos positivos de la reconversión ecológica se verán a largo plazo, no a corto. Sin embargo, los efectos negativos llegarán relativamente rápidos. En ese delicado equilibrio se va a mantener la Unión Europea en los próximos años, tratando de paliar el golpe en el corto plazo para intentar llegar a los beneficios en el largo.

La Comisión Europea mantiene que los efectos de la transición verde son fundamentalmente positivos. "Históricamente, el mercado laboral de la UE se ha beneficiado de las políticas climáticas. La Organización Internacional del Trabajo estimó que para 2030 la transición podría aumentar los empleos de la UE en dos millones de empleos" en comparación con un escenario sin política verde, señaló un informe de la Comisión Europea en noviembre de 2018.

Sin embargo, ella misma se pone 'peros'. "Está claro que la transición puede implicar desafíos económicos y sociales significativos para las regiones", escribió el propio Ejecutivo comunitario en el informe.

Más allá de los empleos que van a desaparecer completamente, como los relacionados con la minería, la Comisión Europea cree que va a ser un camino también especialmente difícil y doloroso para las regiones que tienen un importante número de empleos dependientes de industrias que, si bien no van a desaparecer, sí que van a tener que afrontar una transformación radical, como es por ejemplo el sector automovilístico. En este sentido, el norte de España, y especialmente Navarra, son algunas de las regiones más afectadas de Europa.

El sindicato UGT ya asegura que en España el nuevo escenario en el sector automovilístico, que se dirige hacia un futuro eléctrico, ha afectado ya a 35.000 trabajadores.

Parte del problema está en la credibilidad de la Unión Europea para conseguir paliar los efectos negativos de la transición verde. La Comisión Europea ha anunciado un Mecanismo para la Transición Justa que Bruselas espera que movilice hasta 100.000 millones de euros, pero hasta principios de enero no presentará la letra pequeña del plan, y hasta ahora ninguna fuente comunitaria ha conseguido explicar exactamente cómo se alcanzará dicha cifra.

En principio, y según han explicado fuentes comunitarias, la Comisión Europea pondrá un montante inicial de unos 7.000 u 8.000 millones de euros, que luego contará con dinero de lo que a cada Estado miembro le corresponde por fondos de cohesión, además de una serie de multiplicadores y de adiciones desde el BEI. Una fórmula hasta el momento opaca y que habrá que esperar para conocer.

La forma de que el 'Green deal' se convierta en un proyecto realmente beneficioso, y supere de largo los efectos negativos que seguro generará, es que el compromiso político se vea acompañado de una hoja de ruta técnica realista, que tenga en cuenta que los inversores no pueden ver este giro como una moda pasajera, o como una política que se puede revertir.

"Lo que creo que es positivo es que está claro que esto está para quedarse", defendía una fuente diplomática en referencia a la necesidad de consolidar un proyecto para la transición ecológica. Nadie duda del objetivo, y sí, eso es un primer paso. Pero no valdrá con la fe en la meta, y habrá que tomar decisiones duras en el futuro.

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