Una tendencia peligrosa

¿Está Von der Leyen haciendo promesas por encima de sus posibilidades?

La presidenta de la Comisión Europea ha empezado el mandato con una mochila cargada de promesas, alguna de ellas ya incumplidas o inútiles. Es un peso que acabará lamentando

Foto: La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (Reuters)
La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. (Reuters)

Cuando el 2 de julio se anunció que la conservadora alemana Ursula von der Leyen acababa de ser elegida por los líderes de la Unión Europea como candidata para ser la próxima presidenta de la Comisión Europea, se generó un cierto ambiente de incredulidad y se alzaron muchas cejas en Bruselas. Una absoluta desconocida acababa de asaltar el principal puesto del club comunitario. Desde entonces, el largo y tortuoso camino hasta su confirmación como presidenta ha estado empedrado de promesas, grandes y pequeñas, que ahora empiezan a temblar como arenas movedizas bajo los pies de la alemana.

En julio, con el Parlamento Europeo recién constituido, los eurodiputados afilaban sus cuchillos; se sentían traicionados por la imposición de Von der Leyen en contra de la petición de la Eurocámara de que los líderes europeos escogieran entre alguno de los candidatos que habían encabezado las listas en los comicios continentales.

Von der Leyen comprendió una cosa y se equivocó en otra. Acertó cuando entendió que para obtener el visto bueno del Parlamento Europeo debía defender un discurso mucho más a la izquierda de lo que estaba acostumbrada como ministra en su política doméstica. El centroderecha alemán en la Eurocámara es para el centroderecha alemán en Berlín un peligroso partido de izquierdas.

Su discurso definitivo en julio sorprendió a muchos porque Von der Leyen logró reaccionar: pasó de ser la conservadora de pocas palabras de las audiencias de los primeros días con los distintos partidos, a una política más versátil, con propuestas más centradas.

Sobredosis de promesas

Pero en esa travesía Von der Leyen cayó en una sobredosis de perspectivas positivas que ahora empieza a sufrir. Hizo dos promesas principales que fueron la piedra angular de la excusa para que los socialdemócratas de la cámara acabaran votándole positivamente: un ambicioso Pacto Verde para Europa que ayude a la economía a girar hacia la neutralidad climática, y un colegio de comisarios, el equivalente al consejo de ministros de la Comisión Europea, que sería paritario en género.

La alemana presentará esta semana su Pacto Verde, pero probablemente se quedará muy lejos de lo que el sector ambicioso de la Eurocámara y de la sociedad esperan. Según las estimaciones de los expertos, la "brecha verde" de inversión, es decir, el dinero que falta frente al que sería necesario para lograr la transición ecológica, es de entre 250.000 y 300.000 millones de euros. Será, además, un tema delicado: la transformación de la economía europea va a ser brutal y traumática, algo sobre lo que por el momento en las declaraciones públicas se está pasando de puntillas.

Paridad en la letra pequeña

Pero la primera promesa incumplida ha sido la de la paridad. La presidenta de la Comisión Europea no ha logrado tener tantos hombres como mujeres en su equipo: hay 15 hombres y 12 mujeres. Fue ella la que insistió en este punto una y otra vez, incluso cuando sabía que iba a ser extremadamente difícil porque no dependía de ella, ya que son los Estados miembros los que proponen los nombres de los candidatos a comisarios.

Ante la imposibilidad de cumplir la primera promesa, en vez de admitirlo y dejarlo pasar, Von der Leyen hizo una nueva: aunque no había conseguido que su colegio de comisarios fuera paritario, sí que habría paridad dentro de los gabinetes de los comisarios. Y, esto sí, se ha cumplido. Pero el problema está en la letra pequeña: casi la totalidad de los jefes de gabinete son hombres, casi la totalidad de los cargos más bajos (labores de secretariado, por ejemplo) son mujeres.

El mismo miércoles en el que Von der Leyen celebraba públicamente en su primera rueda de prensa la presunta paridad en los gabinetes, la alemana aprovechó para celebrar también que se había celebrado la primera reunión del colegio de comisarios "sin papeles", en un alarde de compromiso con el medio ambiente y el desarrollo tecnológico. Otra especie de promesa innecesaria y una celebración adelantada: las fotos del encuentro demostraron que encima de las mesas de los comisarios seguía habiendo mucho papel.

En otro paso torpe, la presidenta "verde", la que quiere revolucionar la economía europea para hacerla sostenible, decidió viajar en avión a Estrasburgo, donde el Pleno del Parlamento Europeo tenía que dar luz verde a su equipo, pudiendo hacerlo perfectamente en tren como, de hecho, hace la mayoría de los que se trasladan de la capital comunitaria bruselense a la ciudad francesa.

Pero, ¿de verdad importa?

El problema no es hacer las promesas, sino que una hiperactiva Von der Leyen ha necesitado prometer muchas cosas, algunas de ellas de forma precipitada. Y en ese camino, aunque solo sea dentro de la 'burbuja de Bruselas', se desgasta su imagen, se la ve nerviosa, impulsiva, cometiendo errores tontos perfectamente prescindibles.

Jean-Claude Juncker, antiguo presidente de la Comisión Europea, acostumbró a la prensa a tener poca información y pocas palabras de su parte. Siempre insistió en una idea: "Grandes en lo grande, pequeños en lo pequeño". El luxemburgués está lejos de ser un ejemplo sobre cómo tratar la comunicación pública y la relación con los medios, pero puede servir de guía a la alemana: es mejor hablar ante la prensa cuando tengas algo que decir o tengas una explicación que dar, es mejor calcular bien tus palabras, ser grande cuando toque ser grande, y ser pequeño cuando sea el momento. No intentar hacer promesas bajo el título de relevantes cuando se refieran a algo menor, que, encima, acabas incumpliendo.

En las últimas semanas Von der Leyen le ha dedicado más tiempo a prometer gabinetes paritarios que a desarrollar un discurso bien armado sobre Europa. Sus mensajes, hasta ahora, son justo lo que no ella aseguró que no quería: eslóganes vacíos. Y eso, a largo plazo, puede ser muy dañino para su presidencia.

Uno de esos eslóganes, el de que quiere ser la "Comisión geoestratégica" es efectivamente interesante. Es seguramente, junto al Pacto Verde, el elemento al que la presidenta más tiempo debería estar dedicando. Y sin embargo, hasta el momento, hemos escuchado pocas palabras de la alemana en ese sentido. Por ahora la Comisión Von der Leyen está siendo grande en lo pequeño y pequeña en lo grande.

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