Llega la COP25

Por qué la cumbre del clima llega tarde para evitar los grandes males del planeta

La COP25 comenzará lastrada por la falta de compromiso de los países con mayores emisiones y por los datos que alertan sobre daños ya irreversibles

Foto: (Foto: EFE)
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A punto de entrar en el año 2020, deberíamos estar ante una cita clave para el futuro del clima. El próximo lunes, 2 de diciembre, arranca en Madrid la Conferencia de las Partes (COP25), el órgano de decisión de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, con la presencia de 25.000 personas de unos 200 países. Tras el Acuerdo de París de 2015, en el que casi todos se comprometieron a realizar esfuerzos para limitar el calentamiento global a 1,5ºC y a aportar financiación para conseguirlo, el año que viene muchos países están llamados a presentar nuevos planes de acción climática, pero arrecian las dudas sobre el compromiso real de los principales actores y se multiplican los datos que indican que vamos por muy mal camino.

Por eso, cabe preguntarse si a estas alturas aún es posible el objetivo de los 1,5ºC. “Ya es muy poco probable, sobre todo por la tendencia creciente de emisiones de gases de efecto invernadero que no dejan de crecer desde 1957”, explica a Teknautas Jorge Olcina, director del Instituto de Climatología de la Universidad de Alicante. “Los estudios más realistas señalan que si se toman medidas drásticas de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero, la temperatura terrestre subirá al menos dos grados”, asegura.

Para Javier Sigró, investigador del Centro para el Cambio Climático (C3) de la Universidad Rovira i Virgili de Tarragona, la meta del grado y medio de incremento aún se puede considerar realista en el sentido de que técnicamente “es posible asumirlo”, pero cuestión muy distinta son “los costes que están dispuestos a asumir los países y la sociedad en general”.

1,5ºC: un objetivo ya casi imposible

Alcanzar esa ambiciosa meta implicaría, según un reciente informe de la ONU, una reducción del 7,5% anual de las emisiones y ante la actual situación esto ya supondría “unas cinco veces el compromiso de París”. El problema es que vamos en la dirección contraria a toda velocidad. Las emisiones de CO2 provocadas por la acción humana no han dejado de aumentar desde que se planteó el protocolo de Kioto, en 1997, con el objetivo de reducirlas.

De hecho, en 2018 se marcó un nuevo máximo histórico. “Revertir la tendencia es difícil. El IPCC ha ido realizando informes sobre lo que se debe hacer, pero al ir pasando el tiempo sin que se tomaran medidas contundentes, ahora la reducción tendría que ser mucho más drástica”, comenta Sigró.

Protesta contra el cambio climático en Budapest. (Reuters)
Protesta contra el cambio climático en Budapest. (Reuters)

Así que el Acuerdo de París no va bien. “Parece que la Unión Europea llegaría a los objetivos del 2030”, pero no hay que engañarse, se trata de “un actor pequeño frente a otros países que no están por la labor”, sobre todo Estados Unidos, segundo emisor de gases de efecto invernadero después de China.

La posición de los países apenas variará

La negociación que tendrá lugar hasta la clausura de la cumbre, el 13 de diciembre, determinará los compromisos finales, pero los expertos creen que las posiciones de los países están muy marcadas. “Previsiblemente, Europa se pondrá a la cabeza y los países que ya han asumido determinadas metas, continuarán haciéndolo”, pronostica Sigró. La declaración de emergencia climática que ha tenido lugar esta misma semana por parte del Parlamento Europeo es un acto simbólico, pero indica por dónde van los tiros.

En cambio, hay gigantes que no sienten concernidos y de su actuación dependerá en gran medida el resultado de la COP25. “China es el principal emisor, pero tiene cierta disculpa. Está en vías de desarrollo y no tenía una obligación tan fuerte con respecto a los países que históricamente han producido más emisiones”, apunta el experto del Centro para el Cambio Climático (C3). No obstante, “está variando hacia posiciones más ambientalistas” y en ese sentido su actuación está siendo más constante que la de Estados Unidos.

Emisiones al margen de los acuerdos

La decisión de Donald Trump de retirarse del Acuerdo de París unida a la falta de compromiso de otras grandes potencias hace que en realidad los países dispuestos a llegar a acuerdos serios representen poco más de la mitad de las emisiones mundiales. “Si Estados Unidos, China, India y Brasil no cumplen con la reducción establecida en Kioto y mantenida en el Acuerdo de París, se están quedando fuera el 45 % de las emisiones”, señala Olcina, “este hecho resulta muy desesperanzador”.

Un objetivo sería que los países que emiten el 55% de las emisiones (y que no dependen de EEUU, China, India o Brasil) aprueben planes realistas

Ante este panorama, un objetivo razonable para la COP25 sería “conseguir que por lo menos los países que emiten el 55% de las emisiones totales, las que no dependen de Estados Unidos China, India o Brasil, aprueben planes realistas de reducción para su eliminación en 2050”, comenta.

No obstante, “habrá que esperar a que el gobierno de estadounidense cambie y sobre todo a que China pueda reconducir su economía a la descarbonización en las próximas décadas, cosa poco probable”, añade.

Los compromisos no se plasman en políticas

Un informe publicado por el Grantham Research Institute on Climate Change and the Environment hace un año revela la falta de compromisos reales. Aunque 157 de los 197 firmantes del Acuerdo de 2015 han establecido algún tipo de reducción de emisiones, solo 58 lo han puesto en práctica en forma de leyes y políticas concretas. La lista se reduce aún más si buscamos los que tienen planes que se ajusten a los compromisos que habían adquirido.

El secretario general de Naciones Unidas, el portugués Antonio Guterres, junto a la secretaria ejecutiva de la ONU sobre Cambio Climático, Patricia Espinosa. (EFE)
El secretario general de Naciones Unidas, el portugués Antonio Guterres, junto a la secretaria ejecutiva de la ONU sobre Cambio Climático, Patricia Espinosa. (EFE)

“Solo la Unión Europea, Japón, Australia, Nueva Zelanda y Canadá han diseñado planes concretos de mitigación a partir de reducción de emisiones. En su conjunto, tenemos descontroladas cerca del 70% de las emisiones de CO2, sin programas o planes de control o disminución para los próximos años o décadas”, señala el director del Instituto de Climatología, “ese es el gran drama de todo esto”.

Otros acontecimientos serán más decisivos

La realidad es que hay eventos próximos en el tiempo que pueden ser tan decisivos o más que esta cumbre, como las elecciones presidenciales de Estados Unidos, en apenas once meses. Una vuelta de los demócratas a la Casa Blanca puede suponer un giro de 180 grados en sus políticas medioambientales y volver a la senda de Obama, que firmó en París. “Es evidente que el actual gobierno no es partidario de reducir las emisiones, pero no sabemos qué pasará los próximos años”, apunta Sigró.

En general, el problema está en que “las medidas que serían necesarias, ya no para el objetivo de 1,5 grados, sino para el de 2, implican sacrificios para la población. Reducir las emisiones pasa por cambiar nuestros hábitos de consumo y nuestra forma de vida y a los gobiernos les cuesta asumirlo, porque habría que tomar decisiones impopulares”.

Desde ese punto de vista, la sociedad también marcará la pauta y, por el momento, “gran parte de la población tampoco está dispuesta a ello”. En España y en Europa gran parte de las emisiones están ligadas al transporte, pero “continuamos teniendo muchos vehículos de gasolina y diésel y esto tiene que ir cambiando”.

El problema es que las ciudades más avanzadas en transporte público, las que han tomado medidas que limitan el uso del coche, “llevan décadas planificándolo, va a ser difícil que otras cambien de un día para otro de manera radical”.

Paradojas: energía y coche eléctrico

En ese sentido, aunque algunos países están realizando una apuesta fuerte por el coche eléctrico —con las ventajas para la salud que conlleva por la reducción de la contaminación—, también hay que tener en cuenta que, desde una perspectiva estrictamente energética, estos nuevos vehículos incrementarán la demanda de energía, y las fuentes de las que procede aún no son renovables. “Si se apuesta por el transporte ecológico tiene que ser realmente ecológico, con su energía procedente de fuentes realmente limpias, es decir, agua, viento o sol”, opina Olcina.

La implementación rápida del coche eléctrico requiere infraestructuras y también apoyar las ventas de estos vehículos.
La implementación rápida del coche eléctrico requiere infraestructuras y también apoyar las ventas de estos vehículos.

Además, existen otras razones para pensar que la demanda de energía se puede incrementar en los próximos años, como la propia subida de temperaturas provocada por el cambio climático: “En España la estamos mitigando con aire acondicionado en las viviendas y en otros edificios, y la energía que se emplea tampoco es realmente ecológica”, destaca. Mientras que antes se consumía mucha más electricidad en invierno, ahora los grandes picos de demanda se producen en verano.

Una historia de “reuniones sin resultado”

Las 24 cumbres anteriores determinan una historia de logros y decepciones. Los expertos destacan dos acuerdos importantes. El primero fue el llamado Mecanismo de Varsovia, que se estableció en la COP13 celebrada en Bali en 2007 y que es un comité ejecutivo específico para el impulso y evaluación de planes de adaptación de los países a los efectos extremos del cambio climático. El segundo, el Libro de Reglas de Katowice que se aprobó por los países firmantes del Acuerdo de París el año pasado (2018), y viene a ser una hoja de ruta con los principios básicos que los países deben cumplir a la hora de elaborar sus planes de reducción de emisiones y de adaptación al cambio climático.

“Avanzar en estos dos acuerdos sería ya un mérito de la COP25”, según el investigador de la Universidad de Alicante. “También ha sido un mérito de estas COP los sucesivos informes científicos sobre el estado de la cuestión del clima terrestre, que cada vez son más precisos y rigurosos. El resto han sido avances menores o, peor, una historia de reuniones sin resultado político ninguno”, añade.

Problemas ya inevitables

Quizá por eso, gran parte de los problemas ya son inevitables. “Aunque pudiéramos implementar una economía con cero emisiones de manera instantánea, tenemos que ser conscientes de que la temperatura continuaría subiendo en las próximas dos o tres décadas, porque eso no depende de lo que vamos a emitir, sino de lo que ya hemos emitido”, apunta Sigró.

"Aunque pudiéramos implementar una economía con cero emisiones de manera instantánea, la temperatura continuaría subiendo"

Otra cosa es qué pasará a partir de 2050: “Las decisiones que tomemos ahora tendrán una incidencia en que esas temperaturas continúen aumentando, se estabilicen o incluso puedan llegar a disminuir un poco”. En cualquier caso, los océanos, que han ido acumulando calor lentamente, también tardarán en enfriarse, probablemente varios siglos.

Además, un artículo publicado esta semana en 'Nature' por Timothy Lenton, director del Global Systems Institute de la Universidad de Exeter (Reino Unido), y otros expertos, alertaba de que ya se han activado algunos puntos de inflexión, como el deshielo polar o la pérdida del bosque amazónico, eventos interconectados que pueden transformar nuestra civilización.

También hay que adaptarse

El aumento de la temperatura con respecto a los niveles preindustriales ya va por 1,1ºC y esto ha sido suficiente para el derretimiento del Ártico y la extinción de algunas especies. Por ello, no basta con intentar limitar la subida de las temperaturas, sino que “la apuesta actual debe ser por las políticas y medidas concretas de adaptación de los territorios y de las sociedades a los efectos de un clima terrestre más cálido en las próximas décadas”, opina Olcina.

Y todo esto, con un Sol ‘durmiente’

Asimismo, “hay un dato poco conocido”, apunta, “desde el año 2000 el Sol está en una fase ‘durmiente’, es decir, con una actividad energética baja. Si el clima terrestre solo se ajustase a causas naturales, la temperatura estaría descendiendo. Sin embargo, sube y sube sin parar. Esto nos dice que los gases de efecto invernadero han alterado el balance de energía del planeta y que ese proceso, de momento, no parece tener fin”.

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