los efectos del clima en las etapas montañosas

Las imágenes del Tour: útiles para echar la siesta... o para estudiar el cambio climático

Investigadores belgas han usado archivos de vídeo de una prueba ciclista para observar cambios en la vegetación en las últimas décadas provocados por el calentamiento global

Foto: El pelotón en acción durante la etapa de Carcassonne a Bagneres-de-Luchon (Stephane Mane / Reuters)
El pelotón en acción durante la etapa de Carcassonne a Bagneres-de-Luchon (Stephane Mane / Reuters)

Quedarse frito en el sofá una tarde de julio mientras en la tele el pelotón suda la gota gorda para ascender el Tourmalet. Millones de españoles nos podemos reconocer en esa estampa veraniega, sobre todo cuando algún ciclista patrio tenía opciones de triunfo y La 1 programaba invariablemente el Tour de Francia después de comer.

¿Aquellas viejas imágenes de las gestas de Perico e Induráin aún podrían tener alguna utilidad más allá de la nostalgia? ¿Y las actuales? A unos investigadores de la Universidad de Gante (Bélgica) liderados por Pieter De Frenne se les ha ocurrido una muy sorprendente: estudiar los efectos del cambio climático. Y han demostrado que es posible y que resulta útil en un artículo publicado por la revista 'Methods in Ecology and Evolution' para el que han analizado los archivos de televisión de varias décadas del Tour de Flandes, una carrera de un día que se celebra todos los años el primer domingo de abril con un recorrido de 260 kilómetros caracterizado por las fuertes rampas y los adoquines.

¿Qué hicieron exactamente? La investigadora Lisa Van Langenhove se encargó de revisar las imágenes del Tour de Flandes desde 1981, centrándose en los árboles que se podían identificar en las principales pendientes de la carrera. En un ascenso los ciclistas van más lentos, así que es más fácil visualizar la vegetación.

En total capturaron 523 imágenes de 46 árboles en diferentes años y así estimaron el porcentaje de hojas presentes en cada ejemplar, dividiéndolos en cinco grupos. Si el día de la carrera el árbol todavía no tenía hojas, le daban una puntuación de 0; mientras que si ya estaba cubierto de follaje entre el 75% y el 100%, obtenía un 4. Con las flores hicieron algo similar. Al final, la clasificación de las instantáneas ofreció resultados reveladores: las de los años más recientes tenían más puntuación.

“En la década de 1980, la mayoría de los árboles no tenían hojas el día de la carrera; mientras que en las últimas ediciones casi todos están completamente verdes. La carrera se organiza cada año en la misma época, a comienzos de la primavera, lo que significa que los árboles tienen hojas más tempranas de lo que era habitual”, explica a Teknautas Pieter Vangansbeke, profesor del Departamento de Gestión Forestal y del Agua de la Universidad de Gante.

Las imágenes del Tour de Flandes utilizadas en el estudio.
Las imágenes del Tour de Flandes utilizadas en el estudio.

Según este experto, la salida de las hojas está muy relacionada con las temperaturas de los meses previos a la prueba ciclista, entre enero y marzo. Esto significa que si se produce antes es porque las temperaturas invernales han sido más cálidas. En resumen, “el cambio climático hace reverdecer más temprano a los árboles”.

Cuando se analizan todos los datos, en promedio la aparición de las hojas ocurre sólo una semana antes que en la década de 1980. No parece mucho. Sin embargo, “este pequeño cambio puede tener consecuencias importantes”, asegura Vangansbeke.

En 1980, la mayoría de árboles no tenían hojas el día de la carrera; mientras que en las últimas ediciones casi todos están verdes

El efecto puede ser positivo para la producción de madera en el sentido de que los árboles tendrán “una semana más para crecer”; pero al mismo tiempo, acarrea efectos negativos para las especies primaverales que crecen debajo de ellos, ya que “tendrán una semana menos para florecer” debido a que las hojas les hacen sombra.

"Como viajar en el tiempo"

En realidad, ya era conocido que los árboles despiertan del letargo invernal cada vez más pronto bajo la influencia del cambio climático. Para saberlo, a los investigadores les basta observar los jardines públicos a largo plazo. Sin embargo, ese tipo de análisis puede abarcar una cantidad muy limitada de ejemplares y de especies, así que “al usar archivos de televisión podemos aumentar este conocimiento, es como viajar a través del tiempo", afirma del investigador.

El comportamiento de la vegetación ante el incremento de las temperaturas en las últimas décadas es un asunto bastante estudiado, también en la península ibérica, donde los investigadores han comprobado, entre otras cosas, que algunas especies se están expandiendo a zonas a las que el frío les impedía llegar.

Estudio pionero

No obstante, “no conocemos ningún otro estudio que haya utilizado secuencias de video archivadas para estudiar el cambio climático”, destaca. Lo mejor es que tomando esta idea y echándole un poco de imaginación las posibilidades se multiplican. En lugar de las carreras de un día, como el Tour de Flandes, están las de tres semanas, como el Tour de Francia, el Giro de Italia y la Vuelta a España.

Etapa de Trie-sur-Baise a Pau del Tour de este año (Reuters)
Etapa de Trie-sur-Baise a Pau del Tour de este año (Reuters)

Además, podemos pensar en otros deportes que proporcionan imágenes del campo, desde golf hasta maratones; pero también en otro tipo de fenómenos susceptibles de ser analizados. “Con nuestra investigación demostramos que estos datos se pueden usar para estudiar el cambio climático, pero en un recorrido por España también podría analizarse la desertificación, los cambios en el uso del suelo y en las prácticas agrícolas o la deforestación”, apunta.

El método puede ser muy valioso, pero los científicos de la Universidad de Gante advierten a posibles incautos de que implementar la idea no es tan sencillo como parece: “Extraer la información correcta de forma manual de las imágenes de vídeo de una prueba ciclista es muy laborioso. Si esto pudiera automatizarse, sería mucho más fácil, por supuesto, pero depende de las preguntas a las que quiera responder cada investigación”.

¿Y si usamos Google Street View?

En cualquier caso, el enfoque es original porque apenas se han utilizado este tipo de archivos para documentar el cambio climático, una nueva puerta que se abre para la ciencia con múltiples ramificaciones. “En el futuro, el uso de fuentes como Google Street View podría ser muy útil, es decir, cuando haya más series temporales disponibles”, comenta Vangansbeke. De hecho, ya hay científicos que han usado esta herramienta para analizar la distribución de plantas.

Su grupo de investigación trabaja en el Formica Project, una iniciativa que trata de estudiar la respuesta de las plantas a pequeña escala frente al calentamiento global y en particular cómo los bosques forman pequeños microclimas que pueden amortiguar este cambio. “De momento no estamos trabajando con más imágenes de archivo, pero vamos a seguir pensando en ideas innovadoras para el futuro”, asegura.

Otras propuestas imaginativas

En 2016 el divulgador científico y meteorólogo José Miguel Viñas bromeaba en Twitter con una posible alternativa: “Propongo las cajas de lápices ALPINO como indicador de cambio climático”, decía, mostrando una imagen del dibujo que tenían en 1970 y otra del actual. La nieve había retrocedido en la segunda. Por supuesto, “es un juego, sin mayor pretensión”, aclaraba después.

Propongo las cajas de lápices ALPINO como indicador de cambio climático

No obstante, el ingenio a la hora de buscar fuentes que aporten datos sobre esta cuestión parece ilimitado. Mientras algunos investigadores analizan testigos de hielo de los polos y sedimentos marinos en busca de los cambios climáticos ocurridos miles de años atrás, otros escrutan los datos meteorológicos, como las temperaturas, las precipitaciones y la presión atmosférica, que sólo se han medido de forma continuada y fiable desde hace poco más de siglo y medio.

Corredores durante la decimoctava etapa del Tour (EFE)
Corredores durante la decimoctava etapa del Tour (EFE)

Así que el vacío es enorme tanto en la escala temporal como en la variedad de datos. Ahí es donde se pone a trabajar la imaginación en busca de archivos que al menos ofrezcan pistas aproximadas de la evolución del clima. Por ejemplo, científicos españoles han buscado en las actas capitulares de algunas catedrales, como Toledo, Barcelona y Salamanca, y se han encontrado con valiosa información que abarca varios siglos.

El cabildo, órgano de gobierno que trataba asuntos administrativos de las diócesis, ha dejado escritos que se remontan a la Edad Media que recogen acontecimientos como las rogativas, oraciones especiales para pedir que lluvias o que deje de llover, lo cual da idea de cómo fue el tiempo de cada año.

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