11 DÍAS EN IFEMA HABLANDO DE CAMBIO CLIMÁTICO

¿De qué va esto de la cumbre del clima?

¿Está usted demasiado ocupado/a para leerse algo sesudo sobre la conferencia de la ONU sobre cambio climático que arranca en Madrid? Pase, aún queda un hueco al fondo de la sala

Foto: Operarios revisan el salón de plenos de Ifema antes del comienzo de la COP25. (Reuters)
Operarios revisan el salón de plenos de Ifema antes del comienzo de la COP25. (Reuters)

Imagine que 197 personas con sobrepeso, cada una de un país del mundo, se reúnen un día y deciden que hay que adelgazar. La obesidad es muy mala y, si no hacemos algo, algún día nos llevaremos un disgusto. Entonces, cada una de ellas propone un plan. Algunas van a comer más sano, otras van a hacer ejercicio… a su ritmo, sin presiones.

Fantástico, por primera vez todos los obesos se han puesto de acuerdo en algo. En cuanto empiece el próximo año, se pondrán a adelgazar. Pero cuando se ponen a mirar todos los planes, descubren que siguiendo esos cálculos tan poco estrictos acabarán engordando entre dos y tres kilos. ¡Intolerable!

Hay que reunirse una vez más antes de que empiece todo, ser más ambiciosos en lo que se va a perder y más concretos sobre cómo van a lograrlo. Pero los menos orondos se enfadan, porque les están pidiendo el mismo esfuerzo que a los zampabollos de la reunión. Tras varias deliberaciones más deciden ser ambiciosos pero, apuntan, también flexibles. Para colmo de males, uno de los más gordos va y se retira del acuerdo.

Ahora sustituya 'adelgazar' por reducir emisiones de efecto invernadero y ahí tiene la 25ª Conferencia de las Partes o COP25, la reunión anual de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático.

Que se denomine COP25 Chile y se celebre en Madrid es más fácil de explicar. Vendría a ser como la final de la Copa Libertadores del Cambio Climático, una fiesta sudamericana que acaba teniendo lugar en la capital de España a causa de los disturbios.

Manifestantes encienden bengalas en Santiago de Chile. (Reuters)
Manifestantes encienden bengalas en Santiago de Chile. (Reuters)

No es la primera vez, por cierto. Hace dos años, la cumbre se celebró en Bonn (Alemania) porque Fiji, el país anfitrión, no disponía de las infraestructuras necesarias para acogerla en su capital, Suva.

Países a seguir de cerca

Por si no están familiarizados con el ritmo de este tipo de cumbres, es como observar la caída de una gota de brea. El objetivo final es redactar un documento que represente a todas las partes, por lo que cada una de ellas tiene sugerencias para reescribir hasta la última coma. En el Acuerdo de París, se coló un 'deberán' en lugar de 'deberían' (referido a los países industrializados en sus esfuerzos por mitigar emisiones) y por poco salta todo por los aires.

En esta cumbre, ni siquiera tendrán que definir cuáles serán esos planes, esto ocurrirá en 2020, sino simplemente asegurar entre todos que esos planes serán más ambiciosos que los actuales. Suena sencillo, ¿no? Pues va a ser un infierno. Siempre lo es.

Reino Unido será el encargado de liderar y tratar de unir 197 países por el bien común. También a la Unión Europea

Reino Unido será el primer gran actor a seguir. ¿Por qué? Porque la próxima cumbre, la primera con el Acuerdo de París vigente y donde saldrán a relucir esos números, tendrá lugar en la ciudad escocesa de Glasgow. Así que se espera que los británicos tomen la iniciativa y convenzan a todas las partes, especialmente a China, India, Rusia y la UE, de que sean ambiciosos.

Lo han oído bien, Reino Unido será el encargado de hacer 'coaching' a casi 197 países para unirlos, sacar lo mejor de ellos mismos y llevarnos a todos a un ambicioso objetivo común. También a la UE.

Un hombre carga paneles solares en Baoding. (Reuters)
Un hombre carga paneles solares en Baoding. (Reuters)

Toda vez que Trump decidió sumir Estados Unidos en la irrelevancia climática, los ojos se han vuelto hacia China, que se supone viene a Madrid con expectativas de liderar el nuevo escenario mundial. Lleva usted razón, China es de largo el emisor número uno mundial de gases de efecto invernadero y está construyendo centrales térmicas, pero también está liderando con más fuerza la revolución renovable. E incluso la nuclear.

Además, el país asiático cuenta con una baza peculiar que ha jugado a su antojo durante las últimas cumbres: es un país rico y pobre al mismo tiempo, rico en cuanto a emisiones e industrialización y pobre (aunque ya no tanto como hace 10 años) en cuanto a PIB per cápita. Durante años, China ha sido un dolor de muelas para los países ricos porque pedía compensaciones con base en su pobreza aunque soltara emisiones como el que más, pero desde hace cuatro años el país ha dado pequeños pasos para hacer de pegamento entre ambos mundos, el primero y el tercero.

De hecho, el grupo de países en desarrollo —cuyo papel es estar de acuerdo en la descarbonización pero exigiendo una compensación para implantar tecnologías limpias y no tener que andar recurriendo al carbón o al petróleo— tiene la peculiar denominación G-77 y China, como diciendo 'estás con nosotros pero no eres de los nuestros'.

El comisario europeo del Clima, Miguel Arias Cañete, y la ministra Teresa Ribera. (EFE)
El comisario europeo del Clima, Miguel Arias Cañete, y la ministra Teresa Ribera. (EFE)

Más allá de estos dos, habrá que seguir de cerca los bloques, que van mucho más allá de países ricos contra pobres. En el Acuerdo de París de 2015, los europeos, liderados por Arias Cañete o Teresa Ribera lograron una fisura en el llamado bloque BASIC (Brasil, Sudáfrica, India y China) de países 'pobres' pero con gran crecimiento. Brasil pasó a apoyar al bloque liderado por la Unión Europea en sus demandas por una mayor ambición climática, lo que fue decisivo para que al final todas las piezas encajaran.

¿Qué pasará ahora? Sobre el tapete, tenemos una India mucho más receptiva gracias a su crecimiento en energías limpias, por lo que los grandes escollos serán Rusia y los países del Golfo: Arabia Saudí, Irán o Kuwait, que aceptaron el acuerdo a regañadientes y este año se han negado a que los informes científicos del IPCC sean usados en las negociaciones, que consideran puramente políticas.

De Kioto a París, de París a Madrid

El Protocolo de Kioto (firmado en 1997, en vigor desde 2005) fue un primer intento, bastante fallido, de poner de acuerdo a todos los países sobre la necesidad de reducir sus emisiones. El Acuerdo de París, firmado hace cuatro diciembres, supone el 'esta vez sí'. El 1 de enero de 2020, en apenas un mes, acaba la vigencia de uno y empieza la del otro.

En términos de diplomacia climática, parece que ha pasado menos tiempo entre las citas de Kioto y París que entre las de París y Madrid. Hace cuatro años, todo era felicidad, pero hoy la cosa está bastante más tensa. Guerra comercial entre Estados Unidos y China, máxima polarización, disturbios aquí y allá...

Xi Jinping brinda con Terry Branstad, gobernador de Iowa, en 2012. (EFE)
Xi Jinping brinda con Terry Branstad, gobernador de Iowa, en 2012. (EFE)

En este entorno, los temas 'calientes' serán principalmente dos: para qué van a servir los mercados de carbono y quién me paga a mí los daños que me provoca el cambio climático.

Habrá que concretar el artículo 6 del Acuerdo de París, que concierne a los mercados de carbono. Actualmente, está definido tan vagamente como: "Las partes reconocen que algunas partes podrán optar por cooperar voluntariamente en la aplicación de sus contribuciones determinadas a nivel nacional para lograr una mayor ambición en sus medidas de mitigación y adaptación y promover el desarrollo sostenible y la integridad ambiental". Para llegar a un acuerdo, los países tendrán que definir esas reglas por las cuales uno puede transferir a otro sus emisiones a cambio de dinero, algo que ya está sucediendo, pero sobre papel mojado. Otro de los objetivos es lograr conformar un mercado paralelo de carbono para que los países —y a través de ellos, sus grandes empresas— puedan intercambiarse las compensaciones.

En la agenda de los países más susceptibles de sufrir huracanes, sequías o inundaciones, estará escrita en rojo la palabra WIM

En la agenda de los países vulnerables, los más susceptibles de sufrir huracanes, sequías o inundaciones de índole climática, estará escrita en rojo la palabra WIM, siglas en inglés de mecanismo internacional de Varsovia para pérdidas y daños. El WIM es un 'copismo' acuñado en la cumbre de 2013 pero que aún sigue en el limbo —¿quién puede recibir compensación? ¿Por qué conceptos? ¿Quién debe pagar qué daños?—, por lo que estos países 'vulnerables' acuden a la cita de Madrid con la intención de dotar al WIM de financiación y que pueda asistirlos tras la próxima hecatombe.

Más de 20.000 delegados de todo el mundo acudirán a Ifema en estos próximos días para tratar de enhebrar cuestiones como estas o como qué papel jugará la ciencia en el próximo tratado o definir el plan de acción, detalles minuciosos que pueden parecer tediosos pero al mismo tiempo son fundamentales para... ¡eh, un momento, miren todos al aparcamiento! ¿No es esa Greta Thunberg rodeada de un séquito de cámaras?

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