mucho más que una moda

Todos hablan de inversión sostenible... ¿pero qué implica exactamente?

Cada vez son más los fondos que adoptan la inversión ASG. A nivel europeo, la Comisión Europea trabaja por establecer una taxonomía que delimite qué se considera y que no

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Arcano Earth, Santander Equality, el Good Governance Fund de Mapfre… El chorro de los fondos sostenibles no para. Ante la aparente oleada de nuevos productos, cualquiera podría pensar que la inversión responsable está de moda. Y, sin embargo, nada más lejos de la verdad: la inversión sostenible es un fenómeno con un largo recorrido y con mucho futuro por delante —un futuro que, sin embargo, deja espacio a algunas incógnitas que todavía están por resolver.

“Esto no es una moda”, zanjaba hace unas semanas el CEO de Santander Asset Management, Lázaro de Lázaro, respecto a la inversión ASG (es decir, que tiene en cuenta el medio ambiente, los aspectos sociales y la gobernanza de aquellas instituciones y proyectos a los que se destina el dinero). “Es una forma de integrar a los procesos de inversión una serie de conceptos que generarán valor en el futuro… lo que hay que hacer es invertir utilizando esta forma de análisis para mejorar nuestros productos”.

"La inversión sostenible es una forma de analizar las compañías en las que se invierte más allá de lo pura y tradicionalmente financiero", explica a este diario Jaime Silos, presidente de Spainsif. Silos matiza que tener en cuenta los parámetros ASG a la hora de invertir no es solo cuestión de ética (que ya de por si también tiene su peso) si no también es positivo para la rentabilidad futura de las inversiones, ya que implica una mayor mitigación del riesgo (al reducir la exposición activos que puedan atraer escándalos o desastres) y un aumento de las oportunidades en relacionadas a necesidades futuras (como los problemas medioambientales o las cuestiones relacionadas con el envejecimiento de la sociedad).

España quizás llegue un poco tarde a esta tendencia respecto a países como Francia u Holanda, sobre todo por el menor peso que históricamente ha tenido el inversor institucional en el país -de hecho, un estudio de la gestora holandesa Robeco sitúa a España en el puesto número 24 del mundo, todavía a la cola de Europa-. Sin embargo, la tendencia está creciendo, especialmente a raíz de una mayor demanda por parte de la generación ‘millenial’ y una mayor concienciación de los inversores y contribuyentes, aseguran los expertos.

El último estudio de Spainsif, elaborado a partir de una encuesta a entidades que representan el 75% del total de los activos gestionados profesionalmente por entidades domiciliadas en España, los activos bajo gestión ASG alcanzaron los 185.614 millones de euros en 2018 (y ya representan un 45% de la cuota de mercado). En 2009, por ejemplo, este mismo dato se situaba en los 35.710 millones de euros.

Es interesante matizar que la gran mayoría de inversiones con criterios ASG de las entidades encuestadas se centraron en activos extranjeros con un 45% de la asignación de activos situándose en el resto de Europa –frente al 23% que representa España–. Además, las instituciones de inversión colectiva extranjeras siguen teniendo un papel de especial relevancia, ya que el 87% del total de fondos de inversión ASG comercializados en España pertenecen a estas entidades.

Pero las españolas también se están poniendo las pilas: el número de fondos de inversión ASG propiedad de entidades nacionales ha crecido en los últimos dos años un 53%, hasta la cifra de 23 fondos de inversión comercializados en la actualidad.

Fuente: Spainsif
Fuente: Spainsif

Con todo, este desequilibrio entre la tendencia en el exterior y a nivel nacional explica la dificultad de medir la rentabilidad de los fondos analizados a largo largo plazo. Según el informe, la rentabilidad de la cartera de los fondos de inversión ASG es superior a la media de rentabilidad del total de fondos de inversión, en todos los casos excepto en la medición de este parámetro a diez años. "Esto puede deberse a que la mayoría de los fondos de inversión ASG no se comercializaban en España hace diez años y por tanto las rentabilidades en este alcance temporal no son representativas", explica el estudio.

Por otro lado, otra cuestión clave es la forma de invertir. Hay distintas maneras de incorporar la sostenibilidad en las carteras, algunas de ellas son: la exclusión (evitar invertir completamente en ciertos sectores como el tabaco, las armas, etc.), la inversión de impacto (buscar un impacto positivo en la sociedad y/o medioambiente además de obtener un retorno financiero), o la integración ASG (combinar las consideraciones de inversión sostenible con los parámetros tradicionales a la hora de invertir).

En España la exclusión sigue siendo la estratégia más popular a la hora de invertir de forma sostenible, con alrededor de un 95% de los activos bajo esta categoría. Sin embargo, la estratégia exclusión ha crecido entre 2016 y 2018 a un ritmo del 9%, un desempeño menor que el crecimiento histórico (de media la exclusión ha crecido en los últimos 5 años a un ritmo del 24%).

"Este cambio de tendencia es el primer signo de que el mercado de la inversión sostenible y responsable en España está empezando a madurar, debido a que las entidades van incluyendo de forma activa estrategias de inversión sostenible y responsable más allá de la exclusión de sectores o actividades controvertidas", explica el informe, que a su vez percibe un mayor crecimiento de la integración ASG (un 97% en los últimos dos años) y de las 'best-in-class' (+250%).

Difícil de medir

En 2006 la Organización Mundial de las Naciones Unidas (ONU) puso en marcha la lista de firmas de los Principios de Inversión Responsable (PRI), una red de inversores que trabajan juntos para implementar seis principios de inversión sostenible en su trabajo.

Al principio, las entidades que firmaron fueron una centena, y hoy ya son casi 2.000, con una tasa de crecimiento entre los años 2016 y 2018 del 28%. Algunas de las últimas instituciones registradas este año en España son Magallanes Value Investors, Fondo de Pensiones Empleados Telefónica o Kutxabank Gestión, pero también hay otras más veteranas, como BBVA Fondo de Empleo (desde 2008), el grupo Arcano (2009), EDM (2014), etc.

A todo el mundo le gusta firmar, pero cumplir ya es otra cosa: en los últimos años han brotado dudas acerca de cuántas de las firmas en el PRI realmente están cumpliendo con sus promesas y mereciendo el puesto que ocupan en la asociación. Desde 2015, de hecho, la organización del PRI trabaja por implementar unos requerimientos mínimos entre los inversores firmantes —una iniciativa que se implementará a partir de 2018—. Según se especifica en la web de la organización, “los firmantes que no cumplan los criterios serán informados de ello de forma privada y la expulsión de la lista solo será una medida de último recurso si se cumplen dos años de compromiso fallido”.

Y es que no es fácil medir qué es y qué no la inversión sostenible, ya que esta varía entre culturas, individuos y entidades. Hay un abanico muy amplio de factores a medir: la priorización de los criterios, los mínimos y máximos que estos marcan, la conotación que tienen de un ámbito a otro... Al mismo tiempo, las distintas formas de incorporar la inversión sostenible a las carteras, como ya se ha visto anteriormente, también abre un debate acerca de la calidad de inversión ASG dependiendo de cómo se canaliza.

Uno de los puntos clave de la propuesta de la Comisión Europea es establecer un sistema unificado de clasificación

La Comisión Europea aprobó en mayo una propuesta legislativa enfocada en la inversión responsable, a raíz de su compromiso con el Acuerdo de París, en base a su Plan de Acción sobre Finanzas Sostenibles. Uno de los puntos clave de esta medida es precisamente la creación de un sistema unificado de clasificación sobre qué es considerado inversión responsable. “Este es un primer paso esencial en los esfuerzos para canalizar las inversiones hacia las actividades sostenibles”, explica en la propuesta. Se prevé que el plan se materialice en un acuerdo del Parlamento Europeo para el año que viene, y así pase a ser adoptado en una serie de actos delegados en los próximos tres años.

De momento,existen iniciativas individuales para ordenar la posición de las gestoras en cuanto a la inversión responsable, como los catálogos de Spainsif, Vdos, Mornignstar; así como ránkings y análisis de activos y empresas que ayuden a direccionar a las compañías hacia una inversión más sostenible, como los de ShareAction, MSCI o VigeoEiris.

Breve historia de la inversión ASG

La inversión responsable se remonta a siglos atrás, cuando los cuaderos y metodistas, al igual que otras confesiones religiosas, contaban ya con una serie de directrices claras sobre el tipo de empresas en las que sus fieles debían invertir.

Es en el Estados Unidos de los años 60 cuando la también llamada inversión de impacto empieza a tomar fuerza, a la vez que el propio sector de los fondos de inversión comienza a generalizarse entre la población. 

Esta corriente se reflejaba entonces, al igual que hace hoy, en los dilemas sociales que se vivían en ese momento, cuando los inversores se empezaron a dar cuenta de la influencia que tenía su dinero sobre las tendencias sociopolíticas que les rodeaban.

Quizás el caso más célebre es la campaña de desinversión en instituciones con presencia en Sudáfrica entre los años 70 y 90, como forma de protesta contra el sistema del apartheid.

Ya en los 80, las cuestiones medioambientales empezaron a cobrar también relevancia tras desastres como los de Bhopal y Exxon Valdez, al tiempo que la población comenzó a tomar conciencia de la amenaza del cambio climático.

En lo social, la crisis financiera de 2008 sirvió a su vez de recordatorio de que las presiones de los mercados no siempre resultan en resultados óptimos para el bien común.

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