LA NEUROCIENCIA LLEVADA AL EXTREMO

Vivir con medio cerebro es posible y —en ocasiones como esta— hasta deseable

Puede parecer un tratamiento decimonónico, pero la extracción de una parte del cerebro es hoy por hoy la única posibilidad para quienes padecen epilepsia grave y no responden a los fármacos

Foto: Cerebros pasados por una hemisferectomía. (Montaje: EC)
Cerebros pasados por una hemisferectomía. (Montaje: EC)
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El efecto es inmediato. Tras la delicada operación, las crisis epilépticas desaparecen de inmediato y la mayoría de los pacientes no registran secuelas importantes. ¿Magia? No, hemisferectomía. Es decir, la extirpación o separación de gran parte del hemisferio cerebral afectado y su desconexión al resto de tejidos del cuerpo.

Aunque no es demasiado común, su uso terapéutico está cada vez más asentado en aquellos pacientes que sufren de epilepsia severa y no reaccionan a los fármacos. No solo son llamativos los efectos sobre la epilepsia sino que sus consecuencias son llevaderas gracias a la plasticidad de nuestro órgano vital más importante. Vivir con medio cerebro es posible y, para quienes han pasado por esta cirugía, ha supuesto un enorme salto adelante en su calidad de vida.

Todo esto no es ajeno a los neurólogos del Hospital Universitario de Santiago de Compostela, uno de los centros españoles más reputados en este tipo de intervención. "La hemisferectomía es una cirugía que se aplica solo en casos graves de epilepsia", explica a El Confidencial Xiana Rodríguez Osorio, neuróloga en el hospital gallego y una de las autoras de un estudio sobre hemisferectomía publicado el año pasado en 'Revista de Neurología'. "La mayoría de los epilépticos responde bien al tratamiento pero hay un 20-30% que no, y ahí es donde hay que ver si existen alternativas quirúrgicas a los fármacos".

En su trabajo, los investigadores del hospital detallaban el seguimiento de cinco pacientes que se sometieron a esta cirugía entre 1999 y 2010. A diferencia de los estadounidenses, no todos eran niños cuando pasaron por el quirófano: el mayor de ellos contaba ya con 32 años y llevaba desde los tres con epilepsia. Sin embargo, prácticamente todos han pasado a estar libres de crisis tras 15 años de seguimiento. Y los que no, han visto mejorada su situación hasta en un 90% con respecto a antes de la operación.

"El cerebro es un órgano que está superorganizado y superestructurado, sabemos que determinadas funciones están en determinadas áreas: la visión en el lóbulo occipital, la motora en el frontal... ¿qué es lo que pasa? Que la capacidad de aprendizaje del cerebro humano durante los primeros años es muy grande y entonces ya no solo las neuronas sino la conexión entre ellas puede marcar que una función se lleve a cabo con una mayor o menor precisión", añade. "El desarrollo de esas conexiones entre neuronas permiten complementar esas funciones que a lo mejor están fallando por algún motivo médico".

Sus mitades cerebrales son tan funcionales como cerebros completos y muestran incluso una mayor conectividad entre sus redes neuronales

Investigadores estadounidenses publicaron recientemente un estudio en 'Cell Reports' donde realizaron un seguimiento a varios adolescentes que pasaron de jóvenes por esta operación. Lo más curioso no es solo que sus mitades cerebrales sean tan funcionales como los cerebros completos del grupo de control, sino que muestran incluso una mayor conectividad entre sus redes neuronales.

"En cirugía de epilepsia es importante que si el paciente es muy pequeño se evalúe cuanto antes la posibilidad quirúrgica porque tener crisis repetidas también puede afectar al desarrollo cognitivo de la persona", apunta la neuróloga. De esta forma, las capacidades cognitivas de muchos de estos niños que han sido operados de muy pequeños son prácticamente indistinguibles de otros con un cerebro completo.

En resumen, no solo estamos aprendiendo cómo vencer a estos casos graves de epilepsia, también estamos aprendiendo cosas que ni imaginábamos sobre el cerebro. Cuando Ahad Israfil, un joven estadounidense de Dayton, Ohio, recibió en 1987 un disparo en la cabeza que le destrozó el cráneo y medio cerebro, nadie se imaginaba que 1) sobreviviría y 2) recuperaría todas sus funciones cognitivas salvo una pérdida de movilidad que le postró en una silla de ruedas hasta su muerte hace dos meses. Hoy, trabajos científicos como estos ayudan a explicar su milagrosa recuperación.

De extirpar a desconectar

En los últimos años, lo que se intenta es no extirpar una parte del cerebro sino simplemente desconectarlo del resto. "Se vio que dejar cavidades dentro del cerebro no era bueno", dice Rodríguez Osorio, "por lo que se intenta es simplemente separarlo del resto para que esas crisis no se propaguen y el resultado para la epilepsia suele ser igual de bueno en este tipo de intervenciones cuando están bien indicadas".

Es lo que se conoce como hemisferectomía funcional: la mitad dañada sigue ahí, pero es como si no estuviera.

 Otro ejemplo de hemisferectomía infantil. (Translational Pediatrics)
Otro ejemplo de hemisferectomía infantil. (Translational Pediatrics)

Hasta ahora todo parece muy sencillo, pero la plasticidad del cerebro no lo puede todo. Cuando uno desconecta una parte, hay varias funciones que se pueden ver afectadas, por ejemplo, la movilidad en la mano del lado contrario. "La cirugía es muy buena para personas que, además de la epilepsia y ser fármacorresistentes ya tienen comprometidas funciones importantes", señala la neuróloga.

Según la experiencia de estos investigadores en Santiago de Compostela, basta con un tiempo prudencial —un par de semanas— para recuperarse de una operación aguda como esa. A veces requieren algo de rehabilitación si ha habido pequeñas pérdidas en la función motora o de lenguaje, algo que tampoco es habitual.

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