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La neurociencia trata de explicar a Nadal y él esta noche buscará su 16º grande

La capacidad de percibir imágenes y reaccionar en consecuencia le separa de la mayoría de los seres humanos. Kevin Anderson, coetáneo, es el último escollo para ganar su tercer US Open

Foto: Rafa Nadal observa la pelota llegar. (Reuters)
Rafa Nadal observa la pelota llegar. (Reuters)

El tenis también es una cuestión de tiempo. La diferencia entre una estrella y un buen jugador está en una mezcla casi infinita de detalles, uno de ellos revelado en un estudio reciente de la Universidad de Columbia que asegura que el éxito de tenistas como Rafa Nadal está directamente relacionado con una capacidad de reacción sobrehumana. Son, de algún modo, videntes capaces de prever los golpes del rival antes casi de que sean ejecutados y de reaccionar casi instantáneamente a lo que ven. La diferencia es de milésimas, pero en profesionales eso es un mundo, tanto como llegar cómodo y poder pegar con los dos pies en el suelo o hacerlo a la carrera.

Los neurocientíficos Thomas Jessell y Rudy Behnia, del Instituto Mortimer B Zuckerman, situado en la universidad neoyorquina, se han pasado meses tratando de entender cuál es el proceso que lleva a un tenista como Nadal a realizar un golpe. Es decir, qué conexiones se activan en el cerebro para que la reacción sea lo más rápida posible.

La doctora Behnia, especialista en proceso visual, explica que hay algunos deportistas con capacidades especiales entre los que, en su opinión, estaría Rafa, del mismo modo que están también Michael Jordan y Simone Biles. Entre sus cualidades, en parte naturales, en parte surgidas del intenso entrenamiento, está la capacidad de predecir los movimientos del rival y anticiparse a ellos. Los ojos envían señales al cerebro, que reconstruye la imagen que se tiene enfrente. Una vez está creada esa nueva percepción, el cerebro elabora un plan y envía por medio de receptores nerviosos una serie de órdenes a los músculos.

El cerebro, explica la neurociencia, tiene básicamente tres funciones, que serán más efectivas cuanto más simultáneas sean. Por un lado extrae la información visual de su alrededor, la acumula y decide la acción siguiente. Los fotones de luz se convierten en señales eléctricas que se envían al cerebro. Todo el mundo nace con las mismas habilidades básicas, pero gente como Nadal tiene una habilidad inusual para procesar esa información.

"Su mayor habilidad ha sido entrenarse para concentrarse en la percepción y el análisis de la bola, ver cómo se mueve lo que hay delante de él, es algo que no todo el mundo puede hacer. La visión no es una cuestión pasiva, la habilidad para filtrar lo que es importante en cada momento es lo que le hace tan increíble", explica la doctora. Esto se ve aún más en partidos contra Roger Federer, pues la memoria visual del jugador es enorme y es capaz de responder aún más rápido de lo común al tener más información con la que el cerebro puede tomar una decisión concreta.

El doctor Jessell, encargado de la segunda parte del estudio, trata de entender cómo esa percepción se transforma en movimientos concretos. La corteza motora es la zona del cerebro que se dedica a decirle al resto del cuerpo cómo debe reaccionar a lo que acaba de ver. Las células cerebrales reciben la información y, basándose en la imagen creada, organizan un plan motor que envían a través de la célula espinal al resto de zonas del cuerpo. Allí esperan las terminaciones nerviosas de los músculos, que decodifican la señal eléctrica y hacen reaccionar al músculo. Cada músculo tiene entre 300 y 400 receptores nerviosos. Cada uno de esos receptores recibe alrededor de 25 impulsos del cerebro y cerca de 200 clases de células nerviosas están incluidas en este proceso.

"Nadal tiene solo milisegundos para comprender la altura y dirección del golpe, el efecto que lleva y cómo necesitará pegarle a la bola", razona el estudio. "Entendemos cómo el cerebro envía el mensaje a las otras partes del cuerpo para controlar el movimiento, pero aún no sabemos completamente cómo lo hace para crear un movimiento tan preciso", comenta el doctor. "Es evidente que hay gente muy buena aprendiendo esos movimientos y otros no tantos, los atletas nacen con una habilidad que otra gente no tiene, y no sabemos por qué es", relata Jessell.

Nadal jugará este domingo su cuarta final del US Open. (EFE)
Nadal jugará este domingo su cuarta final del US Open. (EFE)

La final del US Open

Todas estas cosas son en las que piensa un neurocientífico cada vez que ve un partido de tenis. El resto de los mortales podemos molestarnos un poco menos y, quizá, disfrutar un poco más. Aún está en la cabeza de los que lo vieron el último partido de Nadal, la semifinal del US Open contra Del Potro. Es, no cabe duda, una de sus obras maestras, sin duda entre los mejores partidos que jamás haya jugado el número 1 del mundo.

Además de esa capacidad de reacción tremenda, de esa visión privilegiada casi propia de Superman, Nadal ha conseguido llegar a Nueva York en perfecta forma, algo que esta temporada parece casi un milagro. Casi todos sus rivales tradicionales han ido cayendo por cansancio o por lesión. Si gana, será la primera vez que el campeón de un torneo de 'grand slam' no haya necesitado ganar a nadie dentro del top-25 para hacerlo. Y es que a veces resistir es vencer.

Kevin Anderson, sudafricano, es el último escollo. Con todas las batallas que ha ganado Nadal no parece demasiado, pero la confianza puede ser un enemigo temible. Se han encontrado cuatro veces, en todas ellas ganó el español. Son de la misma edad, de hecho en estos últimos días ha circulado una fotografía de los dos cuando eran infantes y jugaban en categorías inferiores. Ya entonces ganaba Nadal, como si la relación de ambos se basase en una superioridad implícita del mito contra el aspirante.

2.03, es un tallo. En el partido contra Carreño demostró que está en un óptimo momento de forma. Está, por supuesto, en el punto álgido de su carrera, todo parece salirle a favor. Es muy peligroso cuando lleva la iniciativa, pero no aguanta del todo bien que le respondan y tener que pelotear. Eso, por descontado, es una de las especialidades de la casa Nadal, que siempre impone su ritmo y mueve a sus rivales hasta que les duelan las piernas. El movimiento lateral de Anderson no es su mejor baza y a buen seguro el español hará lo posible para que no pueda golpear en parado ni una sola vez.

De algún modo, este partido ya lo ha ganado en semifinales. Juan Martín del Potro, a todas luces jugador de más potencial que Anderson, comparte con el sudafricano las coordenadas fundamentales de su tenis. Un saque espectacular, una derecha ganadora, algunos problemas de motilidad y, en ocasiones, demasiada premura en algunos golpes que les hacen ser algo imprecisos. Nadal es algo parecido al opuesto a eso, puede que sus tiros no sean tan definitorios, pero es capaz de encontrar muchos ganadores en cada partido con el simple proceso de desubicar al rival.

Nadal es claro favorito, aunque nunca se puede descontar una victoria. Bien lo sabe el español, además, que bien recuerda cómo un latigazo en la espalda le privó de poder competir en la final de Australia contra Stan Wawrinka en 2014. Esas cosas pasan, esto no deja ser deporte. La Arthur Ashe, en todo caso, espera la gran final. Y muy probablemente desea que el español, ídolo tantos años, entregue un recital como el de la ronda anterior. Ha sido un US Open deslucido, con muchas bajas y caras largas. Una exhibición de Nadal puede al menos dejar buen sabor de boca.

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