cumple un sueño de infancia

La increíble historia de J.C. Aragone: de estar en coma a pincharse insulina en el US Open

Le eliminó Kevin Anderson en primera ronda, pero el simple hecho de pasar la previa del último grande de la temporada ya es un rotundo éxito para alguien que pasó dos años sin poder jugar

Foto: J.C. Aragone. (NCAA)
J.C. Aragone. (NCAA)
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J.C. Aragone está acostumbrado a que cuando termina una entrevista el reportero le felicite por estar vivo. Es prácticamente imposible no sentir empatía por él, cuando se lee su historia se entiende que la distancia necesaria, la exigible en prensa, no se puede conseguir en su caso. Ha visto la muerte cara a cara y ha sobrevivido. Ha vuelto a jugar al tenis cuando todo apuntaba en su contra. Quiere ganarse la vida con ello, por más que le vaya a ser complicado. La afición del US Open se vuelca con él, aunque prácticamente no le conocen. Su historia lo dice todo. Nadie encontró más dificultades.

Aragone es eliminado en primera ronda. El sudafricano Kevin Anderson, un bombardero, se lo ha cargado sin mucha piedad, algo que es lógico, al US Open no se va a hacer caridad. El tenista estadounidense se va a su casa con 50.000 dólares más y tres partidos de la fase previa superados. En realidad no debió de jugar esa 'qualy', pero lo hizo por la retirada de algunos rivales. Se siente afortunado por conseguir sus primeras victorias profesionales.

"Me he tenido que pinchar insulina cuatro o cinco veces durante la previa", explica el jugador en una entrevista concedida a Tennis World. Sí, Aragone es insulinodependiente, una máquina llamada DexCom le controla el azúcar en todo momento. Cuando se le disparan los niveles tiene que pincharse. No era un problema en el tenis universitario, allí le esperaba un entrenador para darle la dosis justa y nadie preguntaba. Ahora, ya profesional, está solo y tiene que hacerlo él mismo. La primera vez que lo hizo en este US Open los jueces se escandalizaron ¿qué estaba haciendo? ¿dopaje?

"No quieren que me pinche yo solo, así que cuando me pasa tengo que pedir un tiempo médico y es un dilema para mí. No me están ayudando mucho en eso", comenta Aragone. Es menos problemática una subida que una bajada, pero es casi imposible que le pase lo segundo durante un partido. "Cuando está bajo es realmente peligroso, no puedes pasar de ello, pero eso nunca me pasa en los partidos, porque la testosterona y los nervios lo que hacen es que la glucosa suba naturalmente. Puedo estar bajo en el entrenamiento, pero en los partidos siempre estoy alto, que tampoco es bueno, pero es mejor", comenta.

"Me lleva cinco segundos, me pincho y tardo cinco o diez minutos recuperar mi niveles óptimos", cuenta. "Cuando me ocurre, durante ese rato, juego, pero no estoy tan preocupado del tenis como de mi salud". No es una vida fácil, pero Aragone, de 22 años e hijo de argentinos, lo ha pasado antes mucho peor. 2012, la vida le da un enorme susto y tiene que dejar el deporte durante un año y medio.

Dos semanas en coma

"Tuve fallos en el hígado, en el riñón, estuve en coma dos semanas. Fue una reacción a un medicamento para el acné que tomaba por aquel entonces", cuenta. "Me pasé tres o cuatro semanas en cuidados intensivos y en el hospital cerca de dos meses, mi sistema inmunológico estaba atacando a mis órganos así que buscaron una manera de suprimirlo y darme esteroides. Tar´de un año y medio en quitarme esa medicación y dos meses después, cuando ya estaba sano, volví a jugar, aunque solo fuese por diversión. Entonces empecé a sentirme fatal, ne deshidraté, tuve un doolor de cabeza. Fue ahí cuando se percataron de que soy diabético", narra, de un modo algo escalofriiante.

Le costó encontrar una beca universitaria, algo bastante lógico, pues pasó casi dos años sin poder jugar. "Es que la piel es un órgano y cuando tenía el problema de inmunodeficencia no podía ponerme al sol", recuerda. Pero lo encontró finalmente en la Universidad de Virgina, a las órdenes de Brian Boland, una gran universidad aunque él solo era el quinto mejor jugador de la misma. Es raro que alguien así llegue a profesional. Más de 90 jugadores aparecían por delante de él en el ranking de 'singles' de la NCAA. Ganó por equipos, eso sí, pues era uno de los mejores programas del país.

El sueño era el mismo de siempre, llegar al tenis, pero como sus opciones eran remotas y tenía un título universitario probó también otras vías. Como ser becario en JP Morgan Chase, uno de los bancos más importantes del mundo. También el principal patrocinador del US Open, ese torneo en el que Aragone se ha hecho famoso. "Trabajaba en banca privada para capitales ultra altos, no hablaba con los clientes porque tenían demasiado dinero para que yo hablase con ellos, pero sí hicer presentaciones y apreciaciones de instrumentos financieros", comenta. "Aprendí mucho y me enamoré de Nueva York, me encantaría poder vivir allí si pudiese", añade..

No le llegaron a ofrecer continuar, no por nada, es que él, desde el primer día, había dejado claro que no tenía pensado renunciar a su sueño. "Son un gran banco, pero se lo dije desde el principio, yo voy a jugar al tenis, es mi sueño. Hubo un tiempo en el que me plantee dejarlo, pero mis padres me empujaron a seguir. Quizá algún día trabaje para ellos, han sido muy amables conmigo, me siguen mandando emails"..

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