nunca se ha dado el duelo en el us open

Nueva York, la ciudad que lo tiene todo... menos un clásico Nadal-Federer

Juan Martín del Potro retiró al suizo de la competencia. El argentino, rival ahora de Nadal en semifinales, ya aguó la fiesta a los organizadores del torneo en 2009 cuando eliminó a Rafa

Foto: Nadal y Federer han coincidido en el US Open. (Reuters)
Nadal y Federer han coincidido en el US Open. (Reuters)

Nueva York es el universo, y en el universo caben todos los ídolos. En sus calles hay un monumento a una canción, Imagine, dentro de una plazoleta nombrada por otra canción, Strawberry Fields. A unos pocos metros de allí fue asesinado el autor de ambas obras, John Lennon que, por descontado, es un icono de la ciudad. Y eso que había nacido en Liverpool y que tardó un tiempo hasta que en Estados Unidos se dieron cuenta de que su grupo, los Beatles, habían revolucionado para siempre la música popular. Se puede ser ídolo neoyorquino y haber nacido en Nueva York, como le ocurre a Woody Allen. Del mismo modo, se puede no haber pisado la ciudad y aun así tener una estatua: Cristobal Colon, Giuseppe Verdi, Hans Christian Andersen y, muy sorprendentemente, Lenin comparten espacio en las calles de los cinco barrios.

Se puede haber nacido en Manacor, por supuesto, y ser el motivo de conversación prioritario de la Gran Manzana durante toda una semana. Es el caso de Nadal, que pasa por ídolo neoyorquino durante quince días todos los años. El mundo viaja un poco más rápido en esta ciudad que en el resto del planeta, así que no les vale con pasar la vida pensando en un solo deporte. Cuando empieza el otoño, porque en septiembre en Nueva York siempre llueve y hace frío, el tenis es la pasión. Después vendrán las finales de béisbol -si es que se cuelan los Yankees-, las quejas por los horrorosos equipos de la NFL que pueblan la gran manzana o el llanto incesante por la histórica incapacidad de los Knicks.

Decíamos que Nadal es ídolo y solo hay que ver el esmero que pone Nike cada año en llenar fachadas con su figura. Ha tenido la ventaja de que el tenis masculino estadounidense hace años que palidece y, a falta de producto local, es normal tirar de quienes son las estrellas mundiales. En este caso, además, la sintonía es evidente. Nadal, como Nueva York, es pasional, racial, fuerte. En las calles de la gran manzana se valora mucho ese punto extremadamente humano que existe en el español y no tanto en Federer. Nadal habla inglés, pero también español, igual que la urbe. Por eso tantas veces la pista central, la Arthur Ashe -de Richmond, Virgina-, ha coreado su nombre y le ha pedido un poco más.

Hay una pena enorme que tiene esa pista y que cada año que pasa parece más difícil que se pueda resarcir: nunca ha visto el mayor espectáculo del tenis. El cruce entre Nadal y Federer es tan enorme que hasta tiene un libro solo dedicado a esa rivalidad. La confrontación de estilos, el duelo entre dos jugadores que, por números, son los dos mejores que jamas hayan jugado al tenis. Se han visto en Madrid, en Roma, en París, en Melbourne, en Cincinnati, en Hamburgo, en Pekín, en Montecarlo, en Dubai, en Miami, en Indian Wells, en Basilea... en Londres, por supuesto.

Una rivalidad lejos de la metrópoli

Todos esos lugares, en mayor o menor medida, han tenido su pedacito de historia. Han visto como Nadal cargaba una y otra vez al revés de Roger, como el suizo lloraba por sus derrotas y por sus victorias. Recuerdan al Nadal joven, sin mangas, con sus manías entre punto y punto y la elegancia extrema de Federer mirándole con cierto cariño al otro lado de la red. Han visto el gran duelo, uno de los mayores espectáculos de la historia del deporte.

Nunca en Flushing Meadows. Tampoco será esta vez. Desde que se sorteó el cuadro la idea general era ver una semifinal entre los colosos. Hubiesen preferido otro sorteo que no les cruzase hasta el final, pero bien valía ese partido de semifinales. Todo estaba preparado para que fuese así, al fin y al cabo este año los dos jugadores están en un momento dulcísimo. Poco importa que estén ya en el lado erróneo de los 30 para ser deportista, han dominado el circuito de inicio a fin. Y, además, hay un buen puñado de bajas de jugadores que, en otros tiempos, se encargaban de poner las cosas más difíciles a los dos mitos.

Pero llegó el aguafiestas, Juan Martín del Potro. Ni siquiera era la primera vez. El argentino fue, en 2009, el encargado de cruzarse en el camino de Nadal y dejarle fuera de la final del US Open. Allí esperaba Roger Federer, que era extremadamente favorito. Había ganado las cinco ediciones anteriores. Era el número 1 y la diferencia con el resto de seres humanos parecía hacerle inaccesible. Ganó el de Tandil, que en una buena tarde es capaz de pasar por encima de cualquier coloso que se le ponga delante.

Después llegaron el cansancio, las lesiones, Novak Djokovic y Andy Murray. No es que Federer y Nadal dejasen de ser excelentes, lo son por definición, pero el tiempo hacía que todo se descuadrase. Rafa ganó dos veces el US Open después de aquello, en 2010 y 2013. Federer, curiosamente, dejó de ganar para siempre en Nueva York y solo una vez más alcanzó la última ronda, en 2015, una de las peores temporadas de la carrera de Nadal. Por todo ello, y porque las resurrecciones no están llamadas a durar tanto tiempo, los rectores del torneo, los miembros de la USTA, salivaban al pensar de la opción de que, por fin, el gran duelo se viese en la ciudad que nunca duerme.

Todo estaba concebido para que fuese de ese modo, sí, pero la vida es lo que ocurre mientras se hacen planes. La victoria de Del Potro en aquel 2009 es casi antológica, pues fue el único momento en el que se suavizó el dominio de Federer, Nadal, Djokovic y Murray. Aquella noche la central empezó de lado de Federer, porque la aristocracia manda, pero terminó emocionándose con un argentino que no estaba llamado a reinar y terminó haciéndolo a sartenazos.

Resurgir de las cenizas

Del Potro, además, tiene un corte biográfico de esos que encandilan al público neoyorquino: el resurgimiento. El argentino era el más talentoso, lo demostró en aquel 2009 ganando a Roger. Después la mala suerte se encontró de bruces con él. La muñeca empezó a doler, mucho, demasiado. Se convirtió en un ser que no podía jugar al tenis, prácticamente incapaz de agarrar una raqueta. Pasó por cirugía en varias ocasiones y tuvo que empezar de cero. Y esto es literal, hubo un tiempo en el que incluso renunció a tener un entrenador porque el único ejercicio que podía hacer con su mano derecha era manosear una bola de gomaespuma.

Empezar de cero significa incluso cambiar el revés, perder la capacidad de darle con toda la fuerza y optar por uno cortado, mucho menos dañino para una articulación débil como es su muñeca. Con todo eso en la espalda, que no es poco, Del Potro volvió. El año pasado logró la plata olímpica, por poner un ejemplo. No ha vuelto a ser consistente, no puede dar todo lo que tiene todas las semanas. Pero en quince días, como le pasa a la ciudad de Nueva York, todo es posible para él.

"Es zurdo, así que encontrará con más facilidad mi revés", reflexionaba Del Potro sobre Nadal tras aguar la fiesta de Federer. Si hubiese sido el español diestro, que no es el caso, hubiese dado un poco lo mismo, porque se dedicaría igualmente todo el partido a buscarle su lado débil. Es una de las claves del juego de Rafa, siempre ha sabido mejor que nadie cómo tiene que jugar en cada momento. Se espera, por lo tanto, que en la central neoyorquina todas las bolas obliguen al de Tandil a pegar con dolor. El deporte es así.

"No sé cuál será mi estrategia por el partido, pero estoy seguro que intentaré hacer ganadores con mi derecha y no correr demasiado, mis piernas están cansadas", reusmía el argentino. Dice que no lo sabe, pero en realidad está contando exactamente cuál es el plan: poner un mortero en el fondo de la pista e intentar por todos los medios lograr una derecha limpia para percutir a Rafa. La derecha de Delpo es una obra de arte, la cosa está en ver si Nadal le dejará tirar algunas. Y el de Tandil, que siempre fue más bien pesado de movimientos, necesita que ese cansancio del que habla se haya disipado.

La grada de Nueva York quería el gran duelo. Siempre fue muy de Rafa pero... es posible que este sábado por la noche sea una barra de Delpo. Es otro ídolo de la gran manzana. Allí caben tantos como pueda haber.

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