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Napoleón redivivo

Macron cruzando los Alpes: la presidencia del Consejo de la UE no va sobre Francia

Francia estrena la presidencia rotatoria del Consejo de la Unión Europea en plena campaña para las elecciones presidenciales y con una agenda demasiado extensa

Foto: Emmanuel Macron durante el bicentenario de Napoleón Bonaparte. (EFE/Michel Euler)
Emmanuel Macron durante el bicentenario de Napoleón Bonaparte. (EFE/Michel Euler)

Emmanuel Macron, presidente francés, presentó hace pocas semanas la presidencia francesa del Consejo de la Unión Europea en uno de los amplios y elegantes salones del Elíseo. Durante unas dos horas, el galo hizo muestra de su retórica, de su capacidad para hablar durante horas sin un solo momento de silencio. En algunas ocasiones era difícil discernir dónde acababa la rueda de prensa y dónde empezaba un acto enmarcado en las elecciones presidenciales francesas de mayo de 2022.

En 2017 Macron acudió a las urnas con un mensaje claramente proeuropeo, eventos llenos de banderas de la Unión Europea. El 7 de mayo, tras certificarse su victoria, acudió a dar su discurso a la plaza del Louvre. Pero antes de llegar al estrado dio un paseo de casi cuatro minutos con el 'Himno de la Alegría' de fondo. Algunos tenían dudas de si, ante un electorado aparentemente derechizado, el presidente galo mantendría ese perfil europeo para su intento de reelección. Su discurso de presentación de la presidencia francesa del Consejo debería despejar cualquier duda.

Foto: Foto de archivo del presidente francés, Emmanuel Macron. (EFE)

Macron intentará hacer ver que la presidencia es un gran acontecimiento político, un momento histórico para la Unión en el que una Francia proeuropea se pone a los mandos, acompañada de una nueva Alemania con un liderazgo renovado en manos de Olaf Scholz, nuevo canciller. A la hora de hacer ver que algo es magnífico, fundamental e histórico, los franceses son los mejores. Nadie escoge mejor los escenarios y los marcos. Macron es especialmente bueno en ello. Los próximos meses pueden convertirse en una actualización del 'Napoleón cruzando los Alpes', el famoso cuadro de Jacques-Louis David que representa a una nueva Francia volviendo al escenario europeo.

Para qué sirve la presidencia

La presidencia rotatoria del Consejo de la UE, que asumen los Estados miembros por periodos de seis meses, es importante para el buen funcionamiento del club comunitario. Gestionan dosieres, negocian las regulaciones con el Parlamento Europeo, intentar coordinar la postura de los distintos países. Es un trabajo nada glamuroso, muy gris y muy duro, en el que lo que se premia es la constancia, el ser capaz de forjar acuerdos negociando de manera incansable, sin demasiado ruido ni pompa. Justo lo contrario de lo que Macron necesita para las elecciones.

El discurso francés respecto a Europa suele sugerir una idea: vamos a llevar a toda Europa la visión de Francia respecto a este determinado asunto. “Vamos a afrancesar Europa” como herencia cultural y también como una continuidad de la visión de De Gaulle del proyecto europeo como una manera de proyectar los intereses de Francia. Sigue siendo uno de los grandes motores de progreso de la Unión, pero a sus vecinos les irrita esa visión gaullista, los grandes actos y discursos, la retórica barroca y la épica del liderazgo francés en la Unión Europea.

Foto: Momento de la firma del Tratado del Quirinal (EFE/Filippo Attili)

Se teme que los focos distraigan a París de lo que es su papel real en los próximos meses. El perfil bajo es obligatorio en la presidencia rotatoria, porque cabrear a otras capitales o hacer ver que se está instrumentalizando la presidencia para impulsar tu agenda nacional es arriesgado, además de difícil de conseguir. Hay que ser relativamente gris, discreto y flexible.

Es evidente que todas las capitales buscan aprovechar su semestre para imprimir su visión sobre los debates, pero solamente tienen éxito cuando lo hacen de manera sucinta. Porque, de hecho, los próximos seis meses serán cruciales. Macron tiene razón al creer que París tiene un papel muy importante que jugar, ya que buena parte de la segunda legislatura va a depender de lo que consiga el Elíseo en su presidencia y los mimbres de algunas ideas que dejen sobre la mesa.

Foto: Jean Pisani-Ferry. (Peterson Institute for International Economics)

Una de las políticas más claras de la presidencia gala, y un ejemplo típico de la capacidad de Francia para irritar a alguno de sus vecinos por lo que consideran actitudes altivas, será el uso del francés. París insiste en que es una de las lenguas de trabajo de la Unión Europea y que, ante el Brexit, debería impulsarse como la prioritaria frente al inglés. Lo lleva haciendo desde 2016. Y va a usar la presidencia como una herramienta más, haciendo que los encuentros se celebren en francés, algo que ha molestado a algunos diplomáticos y técnicos, acostumbrados a utilizar el inglés para todos sus encuentros y negociaciones.

En el discurso del Elíseo del pasado 7 de diciembre, Macron habló durante horas sobre la extensísima agenda de la presidencia francesa del Consejo. Reforma migratoria, del código de fronteras Schengen o de las normas fiscales son algunos de los objetivos, siendo tres de las ideas más espinosas que hay ahora mismo en la política europea. Pero eran solamente tres de los puntos de una lista tan larga que en Bruselas algunos ponían los ojos en blanco: otra hoja de ruta ambiciosa e imposible que llega desde París. De nuevo, lo que se espera del Gobierno francés durante la presidencia rotatoria es otra cosa.

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