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Repetición, ofuscación y trauma: los oscuros secretos soviéticos de la propaganda de Putin
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Nuevos medios, viejas técnicas

Repetición, ofuscación y trauma: los oscuros secretos soviéticos de la propaganda de Putin

Han pasado muchas décadas desde los experimentos de Pávlov y el Gran Terror. La Unión Soviética ya no existe. Pero su experiencia en el terreno de la propaganda y de la manipulación de masas no se ha perdido

Foto: Una manifestación en contra de la invasión de Ucrania. (Reuters/Bernadett Szabo)
Una manifestación en contra de la invasión de Ucrania. (Reuters/Bernadett Szabo)
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Las fuertes lluvias desbordaron el río Neva y el sótano del Instituto de Medicina Experimental de San Petersburgo, donde se encontraban los conejillos de Indias de los experimentos científicos, se llenó de aullidos. El agua helada subía y los perros enloquecían en sus jaulas. Primero cubrió sus panzas, luego sus lomos y finalmente sus cabezas. En el último momento, cuando los cánidos apenas podían respirar con el hocico pegado a los barrotes, llegó uno de los empleados del instituto y se puso a liberarlos uno a uno, hundiendo sus cabezas en el agua fría para poder sacarlos de las jaulas.

Las semanas siguientes, los investigadores, que llevaban meses trabajando con estos perros, encontraron en la anécdota un valor científico: observaron que el carácter de los perros había cambiado. "Los perros no volvieron a ser los mismos", escribe el Dr. Jim Dimsdale, exprofesor de la Universidad de California y autor de 'Dark Persuasion: A History of Brainwashing from Pavlov to Social Media' ('Persuasión oscura: historia del lavado de cerebro, de Pavlov a la redes sociales'). "Sus disposiciones cambiaron de forma dramática. Los timoratos se volvieron agresivos y los gregarios se volvieron tímidos. Era como si un ser totalmente nuevo habitase en cada perro. Esto ya era malo de por sí, pero a los investigadores también les chocó el hecho de que los perros habían olvidado todo el aprendizaje complejo que habían adquirido en el laboratorio. Los recuerdos de los perros habían sido completamente borrados".

Según Dimsdale, el fenómeno tuvo lugar en el sitio adecuado. El responsable del instituto no era otro que Iván Pávlov, padre del conductismo y Premio Nobel de Medicina. Un fisiólogo famoso por su astuto y detallado proceso de observación. El hecho de que la memoria y la personalidad de los perros fueran destruidas por el trauma puso los cimientos de nuevos estudios, y acabó dejando una huella insospechada no solo en la historia de la ciencia, sino en el devenir del régimen soviético y de sus sucesores.

Foto: Foto: Irene de Pablo.
Cuando solo te coge el teléfono Steven Seagal: la ruina del 'soft power' ruso en ocho aciagos años
Carlos Prieto Daniel Iriarte Enrique Andrés Pretel Ilustración: Irene de Pablo

El incidente, escribe Dimsdale, "habría desembocado simplemente en informes científicos, de no ser por los intereses de Lenin: [el revolucionario ruso] visitó el laboratorio de Pávlov y le pidió su ayuda para moldear al hombre nuevo soviético para construir el nuevo mundo del comunismo. Pávlov le preguntó: '¿Quieres decir estandarizar a la población de Rusia, haciendo que todos se comporten igual?'. Lenin dijo: ‘Exacto. Y tú nos ayudarás".

Un experimento llamado Gran Terror

El Kremlin dio a Pávlov el personal y los recursos necesarios para sus experimentos. Cuando llegaron los años de acero rusos, la década de los treinta, Pávlov siguió bajo la protección del Gobierno. Cuenta Dimsdale que siempre ha existido la sospecha de que buena parte de las técnicas de manipulación de masas ideadas por los soviéticos tienen su origen en los estudios de Iván Pávlov.

Los prisioneros políticos del régimen estalinista eran sometidos a severas torturas

La expresión más dramática de esta influencia vería la luz durante el Gran Terror. Los prisioneros políticos del régimen estalinista eran sometidos a severas torturas. A menudo eran golpeados y privados de sueño; se les dejaba durante días en celdas húmedas donde no podían sentarse, o en lugares tan atestados de prisioneros que, cuando uno moría, el cadáver se quedaba de pie, apretado entre los reos. Unos iban al Círculo Polar Ártico, a sufrir en las minas de oro de Kolimá o en la construcción del canal del mar Blanco. Otros recibían simplemente un tiro en la nuca.

Los prisioneros más importantes, los flamantes intelectuales o la vieja guardia bolchevique, eran forzados a comparecer frente a la Justicia revolucionaria. Como los perros de Pávlov, los traumatizados prisioneros de Stalin acababan siendo guiñapos. Carcasas en las que el régimen podía depositar sus ideas. Seres pálidos y temblequeantes que se denunciaban a sí mismos o a sus compañeros de partido, bañados por la luz de las candilejas de los grandes teatros, confesando frente a las cámaras de cine los crímenes ficticios que, a veces, redactaba el propio Stalin.

Han pasado muchas décadas desde los experimentos de Pávlov y desde el Gran Terror. La Unión Soviética ya no existe. Pero su experiencia, por ejemplo en el terreno de la propaganda y de la manipulación de masas, no se ha perdido. De hecho, se ha desarrollado y adaptado a la era de internet y de las redes sociales. Se ha hecho más efectiva, de cara a la audiencia rusa y a la audiencia internacional.

Foto: Un manifestante escapa del autobús que utiliza la policía para detener a aquellos que protestan contra la guerra. (Reuters/Anton Vaganov)

"La propaganda rusa contemporánea hace muchas de las cosas que hacía la soviética. La diferencia es que el ecosistema informativo ha cambiado, y lo ha hecho mucho más fácil", dice el Dr. Christopher Paul, analista del 'think tank' de defensa RAND Corporation y experto en desinformación rusa. Influir en la opinión pública de otros países, por ejemplo, es más sencillo. "Durante la Guerra Fría, los rusos plantaban historias en pequeños medios de zonas remotas, y esperaban a que los medios generalistas recogiesen estas historias falsas. Ahora esto se puede hacer mucho más rápido por internet, inventándose pequeños medios o cuentas en las redes sociales, o 'bots', que enlacen la historia, esperando que alguien la recoja".

Según Paul, una de las ventajas de los propagandistas modernos es que su mensaje puede ser diseminado por muchos canales distintos, dando a las falsedades una pátina de veracidad. Son, además, canales con una apariencia profesional: con sus presentadores de mandíbula cuadrada y sus programas grabados en estudios que nada tienen que envidiar a los de la CNN. Medios caros que pagan los contribuyentes de Rusia, un país cuyo PIB per cápita está por debajo del de Rumanía. El Gobierno ruso gasta anualmente cerca de 2.800 millones de dólares en sus medios de comunicación, desde la agencia RIA Novosti a la agencia y radio Sputnik y su buque insignia de la propaganda internacional, el canal RT, que se emite en cinco idiomas.

Nuevos medios, viejas técnicas

El Kremlin no solo tiene a su disposición estos canales de comunicación tradicionales. En la era de Twitter, a las televisiones, agencias de noticias, emisoras de radios y páginas web se suma un ejército de usuarios pagados para diseminar, comentar y acosar en las redes sociales, como si fueran una activa opinión pública al gusto de Moscú. Una investigación de ProPublica demostró en marzo que la Agencia de Investigación de Internet, conocida coloquialmente como la 'granja de trolls' de San Petersburgo, está detrás de gran parte de los bulos y comentarios prorrusos que proliferan en Twitter desde que Rusia invadió Ucrania, y desde antes.

Foto: Dentro de los estudios de RT en Moscú. (Getty/Misha Friedman)

La red rusa de influencia mediática también se aprovecha de la debilidad de los medios de comunicación libres. "Las presiones en el periodismo tradicional, la reducción del tiempo para verificar los hechos y la competición del periodismo ciudadano hacen cada vez más difícil para los periodistas saber qué deben compartir y qué no", explica Christopher Paul. "Si los periodistas ven montones de información que parece auténtica, es probable que razonablemente la cojan. Así que, en el ambiente informativo contemporáneo, es fácil para Rusia usar estas viejas técnicas".

Pero las técnicas de manipulación de masas van mucho más allá, e incluyen un elemento traumático similar al experimentado por los perros del Instituto de Medicina Experimental de San Petersburgo: la propaganda rusa ha sido capaz de allanar las defensas cognitivas de sus audiencias, usando sibilinas armas de influencia. Antes de continuar por este camino, dos ejemplos. Uno de la guerra de 2014 y otro de la actual invasión a gran escala.

Lo mismo sucedió con la joven 'influencer' de Mariúpol que estaba esperando a dar a luz en un hospital cuando fue bombardeado

Cuando las milicias prorrusas de Donétsk, usando un sistema antimisiles Buk traído de la región de Kursk, en Rusia, derribaron un avión de Malaysia Airlines con 298 personas a bordo, la maquinaria propagandística del Kremlin hizo algo aparentemente ilógico: presentó muchas versiones distintas de lo ocurrido, en pocos días y a través de su variada red de canales y de 'trolls'. En una versión, se dijo que el avión había sido derribado por un sistema antiaéreo ucraniano; en otra, que el responsable había sido un caza ucraniano Su-25; en otra, que el avión estaba repleto de cadáveres y que había sido detonado por control remoto; en otra, que los controladores aéreos ucranianos habían desviado la ruta del avión para hacer que sobrevolara la zona de conflicto; en otra, que creían que Vladímir Putin iba a bordo.

El caso Vishegirskaya

Lo mismo sucedió recientemente con la joven 'influencer' de Mariúpol que estaba esperando a dar a luz en un hospital cuando este fue bombardeado. Las fotos de Mariana Vishegirskaya saliendo de entre los escombros dieron la vuelta al mundo. Semanas después de dar a luz, Vishegirskaya apareció en un vídeo, grabado en Rusia y difundido por los rusos, en el que negaba que el hospital hubiera sido bombardeado por los invasores, dando crédito a las teorías conspirativas rusas.

Vishegirskaya fue una de las personas 'evacuadas' a Rusia dado el estado inhabitable de violencia y destrucción en que se había convertido su ciudad. El Ayuntamiento de Mariúpol sostiene que miles de sus habitantes han sido forzosamente resinstalados en el sur de Rusia, que tendría como objetivo despoblar, para después poblar de nuevo con rusos, las ciudades ucranianas destruidas.

El hecho de que Vishegirskaya reproduzca en un vídeo la versión rusa de los hechos tampoco es inédito. La confesión forzosa es una técnica ampliamente usada en propaganda. El opositor bielorruso Roman Protasevich, detenido después de que el avión en el que viajaba fuese forzado a aterrizar en Minsk, apareció días más tarde en la televisión bielorrusa denunciando a la misma oposición a la que él pertenecía. Protasevich estaba pálido, temblaba y se le veían marcas moradas en las muñecas.

Foto: Bombardeo al hospital infantil de Mariúpol. (Reuters/Defensa ucraniana)

Un detalle interesante de Vishegirskaya es que, durante su testimonio probablemente forzado, ya que contravenía lo contado libremente a la agencia Associated Press días antes, sugirió cosas ilógicas y contradictorias. Primero, que los soldados ucranianos usaron el hospital de maternidad como base, usando a las embarazadas como escudos humanos. Segundo, que los ucranianos bombardearon el propio hospital en el que ellos mismos estaban. Tercero, que el bombardeo no había sido para tanto. Si fuese una sola de las tres versiones, podría tener sentido. Pero, juntas, son incoherentes. Si estaban allí usando a las embarazadas de escudos humanos, era porque esperaban que Rusia no atacaría un hospital de maternidad. Pero, si este era el caso, ¿por qué terminaron bombardeándose a sí mismos?

Confunde y vencerás

Como en el caso del avión de Malaysia Airlines derribado en 2014, la presentación de hechos contradictorios puede ser una política propagandística deliberada. Una manera de agotar a la audiencia, y de hacer que sus conciencias queden como las carcasas humanas que desfilaban por delante de los tribunales estalinistas: vulnerables a la manipulación. Investigaciones de los últimos años identifican el peligro de ser sometido constantemente a una tormenta de ideas ficticias.

El psicólogo Daniel Gilbert, de la Universidad de Harvard, averiguó que el cerebro humano percibe el mundo en dos pasos: uno de aceptación y otro de verificación. En el primero, simplemente aceptamos lo que vemos y oímos como si fuera la pura verdad, y luego nuestro cerebro, en el segundo paso, analiza la veracidad del hecho. El problema, según Gilbert y como explicaba en este artículo la psicóloga y escritora María Konnikova, es que, mientras el primer paso es instintivo y natural, el segundo requiere trabajo. A veces el proceso de verificación es complicado, se extiende y nos cuesta mucho, de manera que el cerebro se queda atrapado en la primera fase: la fase de aceptación. Verificar puede ser tan arduo que a veces tiramos la toalla.

A la propaganda le interesa fatigar nuestro cerebro para que este acabe renunciando a la verificación y termine cerrándose a todo

"Cuando hay escasez de tiempo, energía y evidencia concluyente", escribe Gilbert, el cerebro "puede fracasar a la hora de desaceptar las ideas que aceptó involuntariamente durante la comprensión". Y este es, precisamente, el campo de operaciones de la propaganda: el lugar en el que lanza sus misiles para derribar nuestras defensas cognitivas y colarnos sus mentiras. A la propaganda le interesa fatigar nuestro cerebro para que este acabe renunciando a la verificación y termine, como una ostra, cerrándose a todo: tanto a las mentiras como a las verdades comprobables. Bombardeado, el cerebro se rinde y entrega sus armas.

La consecuencia última de estos ataques sistemáticos al raciocinio, dice María Konnikova, es el cinismo: una sociedad incrédula para la que el bien y el mal han dejado de existir, porque todo es cuestionable. Un terreno cognitivo yermo en el que no florece nada. Como dice uno de los eslóganes de RT: “Cuestiona más”. A primera vista, un buen consejo: cuestiona, plantea, reflexiona, piensa con espíritu crítico. En realidad, un manera de propagar el descrédito y de impedir, por tanto, que arraiguen los hechos comprobables. El resultado es un 'statu quo' basado en la resignación y la desgana, donde nadie mueve un dedo contra el régimen.

A pesar de esta psicodélica maraña de versiones contradictorias, que Christopher Paul y Miriam Matthews llamaron técnica de "ofuscación", hay algunos puntos narrativos inamovibles, que el Gobierno ruso acentúa con insistencia. Sobre todo desde 2014. “Todos los canales oficiales de Rusia y otras fuentes rusas han estado diseminando mentiras sobre la OTAN como una fuerza agresiva, sobre Rusia como un país asediado, sobre la idea de que Kiev está gobernado por nazis, durante años”, dice Christopher Paul. "Así que estas son ideas familiares para los consumidores mediáticos rusos. Una manera en la que funciona la propaganda es a través de la repetición y la familiaridad. La primera vez que oyes algo, puedes ser escéptico, pero cuando lo has oído 50 veces, cuando está constantemente sonando de fondo desde diferentes medios, entonces uno piensa que las cosas tienen que ser así".

Una de las demostraciones más visibles del poder de la propaganda rusa es su impacto en las relaciones familiares

Una de las demostraciones más visibles del poder de la propaganda rusa es su impacto en las relaciones familiares. En Ucrania, sobre todo en las regiones del este, existen numerosos vínculos profesionales y personales con Rusia: muchos ucranianos tienen familiares en Rostov, Moscú o San Petersburgo. Desde que las relaciones entre ambos países se fueron al traste con el Maidán y la ocupación de Crimea, numerosos ucranianos se quejan de que sus familiares de Rusia no les creen, y aceptan antes las mentiras televisivas que lo que les cuentan sus propios hermanos, como decía a El Confidencial Sergei Pávlov, un marino de Odesa. Su hermana se negó a ir al cumpleaños de Sergei porque Ucrania era un país de nazis y racistas.

La experta en desinformación María Snegovaya, profesora de la Universidad de Columbia, contaba el caso de una mujer cuyo padre vivía en Rusia, pero tenía a su hermano y hermana en Bucha, la localidad donde los ocupantes rusos dejaron un reguero de torturas y muerte. El padre, pese a que no pudo hablar con sus hermanos durante días, se negaba a aceptar que hubiera habido tales atrocidades y le repetía a su hija los pilares de la propaganda rusa: que la "Junta de Kiev" está arrinconada y trata por todos los medios de provocar una guerra mundial, y que hace tiempo que se espera una provocación ucraniana con armas químicas para desencadenar el conflicto. Su hija decidió no mandarle fotos por miedo a afectar su precaria salud.

Las fuertes lluvias desbordaron el río Neva y el sótano del Instituto de Medicina Experimental de San Petersburgo, donde se encontraban los conejillos de Indias de los experimentos científicos, se llenó de aullidos. El agua helada subía y los perros enloquecían en sus jaulas. Primero cubrió sus panzas, luego sus lomos y finalmente sus cabezas. En el último momento, cuando los cánidos apenas podían respirar con el hocico pegado a los barrotes, llegó uno de los empleados del instituto y se puso a liberarlos uno a uno, hundiendo sus cabezas en el agua fría para poder sacarlos de las jaulas.

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