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Un recorrido por la propaganda en la China de Mao: imágenes para decorar la miseria
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una colección de pinturas y pósters

Un recorrido por la propaganda en la China de Mao: imágenes para decorar la miseria

Taschen publica 'Carteles de propaganda china', una amplia colección de pinturas y dibujos idílicos diseñados por una de las dictaduras más mortíferas del siglo pasado

Foto: Imagen: Taschen.
Imagen: Taschen.

Se estima que el hambre, las purgas políticas y los trabajos forzados mataron a 50 millones de personas en la China de Mao Zedong. Y se estima que, durante los años más duros de la represión, se llegaron a imprimir más de dos mil millones de retratos del dictador. Tres por cada ciudadano chino, aproximadamente. Lo que implicaba que las paredes de cualquier hogar, por muy mísero que fuera, podían permitirse coronar una habitación con el rostro orondo y sonrosado del dictador. En los carteles propagandísticos que se multiplicaron durante la llamada Revolución Cultural (1966-1976), se le pintaba con una mirada luminosa. "Para sentirme más cerca de Mao, llené mi casa de pósters. Miraba a Mao antes de cerrar los ojos por la noche y de nuevo cuando me despertaba", recuerda la escritora china-estadounidense Anchee Min.

Cuando era niña y conseguía ahorrar, reservaba el dinero para comprar más retratos del político con halo de divinidad. Años más tarde, por casualidad, ella misma llegó a protagonizar uno de esos carteles como la imagen de una campesina modélica, la "cara proletaria" que representaba el esfuerzo y el heroísmo de los valores comunistas. La historia se recoge en 'Carteles de propaganda china' (Taschen, 2022), una amplia colección de pinturas y dibujos idílicos, diseñados por una de las dictaduras más mortíferas del siglo pasado. Las acuarelas y dibujos distribuidos durante la Gran Hambruna y la Revolución Cultural representaban la utopía maoísta en todas sus formas: niños rollizos bailando en torno a una fuente, jóvenes estudiantes absortos en la lectura del Libro Rojo, felices recolectores en los campos de arroz. Desde 1949 hasta 1980, el libro recoge los carteles de la colección de Max Gottschalk.

placeholder Cubierta del libro. (Taschen)
Cubierta del libro. (Taschen)

"Los carteles tuvieron un gran impacto en mi vida. Me enseñaron a ser fiel y leal a Mao y al comunismo", relata la escritora. Durante diez años, fue la encargada de la escuela del 'Periódico en la pizarra'. Cada día, copiaba con tiza las imágenes de la propaganda china. "No me importaba que unas pocas personas vieran mi trabajo. Mis manos estaban hinchadas por el frío y apenas podía sostener la tiza. Pero estaba inspirada por los héroes y las heroínas de los carteles, y creía que la dureza solo me endurecería y me haría más fuerte", cuenta en uno de los ensayos que enmarcan la colección del libro.

Al terminar la escuela, a Min le asignaron uno de los campos de trabajo del gobierno chino, una granja en el este del país. Las condiciones eran tan duras, que algunos jóvenes se autolesionaban, "por ejemplo, cortándose las manos o los pies para declararse minusválidos y que les enviaran a casa". Según la escritora, las imágenes de los carteles con los que creció, aquellos que copió a tiza durante años, le daban la fe para recoger algodón y arroz durante tres años. En 1976, mientras Min trabajaba en el campo, fue seleccionada como uno de los "rostros proletarios" para protagonizar una película de propaganda masiva ideada por la cuarta esposa de Mao, Jiang Qing. En el estudio donde rodó la película, un famoso dibujante de carteles, le pidió que posara para él.

placeholder Imagen: Taschen.
Imagen: Taschen.

"Me sorprendí cuando vi que escogió mi chaqueta verde y desgastada, que había traído conmigo del campo de trabajo. Le dije que tardaría un momento en limpiar la suciedad. Él me detuvo y me dijo que la suciedad era el efecto que andaba buscando. Capturó con la cámara su piel adolescente dañada por el sol y las uñas teñidas de marrón por el fungicida. Años después de aquella sesión fotográfica, caminando en una calle céntrica de Shanghái, Anchee Min se vio a sí misma en el escaparate de una librería. Corrió a su casa para compartir la noticia. "Los carteles son la representación de la fantasía de una generación", recuerda en el texto. "Reflejan una era importante en la historia china, la mayoría grabada falsamente".

Pinturas idílicas en la miseria

"En un país con tantos iletrados como los que China tenía en los años 40 o 50, este método de visualizar ideas abstractas y educar a las personas funcionaba especialmente bien", explica el sinólogo Stefan R. Landsberger en otro de los ensayos de la colección. "Los carteles de propaganda, que eran baratos y fáciles de producir, se convirtieron en uno de los métodos más favorables para este tipo de comunicación. Porque estaban ampliamente extendidos, se podían ver en cualquier parte. Y eran una manera excelente de iluminar los lugares grises en los que vivía la gente".

Las últimas imágenes del libro muestran aquellos carteles coloridos, como el que protagonizó Anchee Min, que han sobrevivido al paso de los años. En las casas modernas, los retratos de Mao o de los campesinos alegres se muestran en las paredes raídas. "De esta manera, podían penetrar en todos los niveles de organización social y cohabitación, incluso en las más bajas: los carteles multicolores podían verse adornando las paredes de oficinas y fábricas, como también de casas y dormitorios. Mucha gente apreciaba los carteles por su composición y su contenido visual, y no prestaban mucha atención a los eslóganes. Esto permitía al mensaje político penetrar en una forma casi subconsciente".

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Imagen: Taschen.

Landsberger califica el género de las escenas bucólicas de 'faction' (un híbrido entre 'fiction' y 'facts', en inglés). El realismo de los dibujos representaba la realidad cotidiana en parte, y la realidad ideal. Lo único que los definía como propaganda, en muchas ocasiones, eran las proclamas escondidas. El libro muestra un amplio repertorio de imágenes militantes: las campestres, las de niños en la escuela, las de científicos trabajando por el desarrollo de China. Probablemente, la imagen de Anchee Min como campesina ideal llegó a muchos hogares e inspiró a muchas niñas que, como ella, soñaban con habitar los colores de la utopía maoísta.

Se estima que el hambre, las purgas políticas y los trabajos forzados mataron a 50 millones de personas en la China de Mao Zedong. Y se estima que, durante los años más duros de la represión, se llegaron a imprimir más de dos mil millones de retratos del dictador. Tres por cada ciudadano chino, aproximadamente. Lo que implicaba que las paredes de cualquier hogar, por muy mísero que fuera, podían permitirse coronar una habitación con el rostro orondo y sonrosado del dictador. En los carteles propagandísticos que se multiplicaron durante la llamada Revolución Cultural (1966-1976), se le pintaba con una mirada luminosa. "Para sentirme más cerca de Mao, llené mi casa de pósters. Miraba a Mao antes de cerrar los ojos por la noche y de nuevo cuando me despertaba", recuerda la escritora china-estadounidense Anchee Min.

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