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48 horas para conquistar Ucrania: cómo los rusos se creyeron su propia propaganda
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Desorganización, columnas abandonadas...

48 horas para conquistar Ucrania: cómo los rusos se creyeron su propia propaganda

El concepto central de la inicial invasión rusa, una invasión relámpago, se basaba en la idea fundamental de que el Ejército ucraniano era el mismo ejército precario del año 2014

Foto: Imágenes de satélite del convoy militar ruso de más de 60 km hacia Kiev. (Getty/Maxar)
Imágenes de satélite del convoy militar ruso de más de 60 km hacia Kiev. (Getty/Maxar)
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El 13 de abril de 1941, un oficial de las Waffen SS llamado Fritz Klingenberg se internó en el interior de Belgrado con media docena de soldados alemanes para hacer un reconocimiento. Tras unos pocos tiroteos y capturar algunos prisioneros, el grupo llegó al centro de la capital de Yugoslavia. Allí, el alcalde de Belgrado les rindió la ciudad creyendo que eran la avanzadilla de una fuerza numerosa. En realidad, Klingenberg había desobedecido órdenes y se había internado en Belgrado por su cuenta y riesgo. La invasión alemana de Yugoslavia había comenzado el día 6 de abril y consistió en un avance simultáneo desde diversos ejes acompañado de intensos bombardeos. El Ejército yugoslavo colapsó rápidamente y firmó la rendición incondicional el día 17 de abril. Tan solo 151 soldados alemanes murieron en la campaña. Durante años se atribuyó la rápida victoria alemana al papel de quintacolumnistas que facilitaron la invasión.

El plan general de aquella campaña nos recuerda la nueva invasión rusa de Ucrania, que pretendía conseguir un rápido colapso del país. Sin embargo, el Ejército invasor se vio obligado el pasado fin de semana a una “pausa operacional” antes de dar un nuevo enfoque a la invasión. Esto ha generado una impresión generalizada en los medios occidentales de que los rusos habían fallado en sus objetivos iniciales.

Foto: La torreta de un tanque ruso abandonada (EFE/Sergey Kozlov)

Una guerra convencional: radares, bases y polvorines

Tras muchos años de teorización académica occidental sobre el modo ruso de hacer la guerra, con conceptos como 'guerra híbrida' o 'doctrina Gerasimov' que no existen en Rusia, la nueva invasión rusa de Ucrania comenzó en la madrugada del jueves 24 de febrero siguiendo el libreto de la guerra más convencional. El primer movimiento de los rusos fue el ataque de objetivos estratégicos, como radares de defensa aérea, bases aéreas y polvorines, mediante el lanzamiento de misiles de crucero.

Uno de los objetivos en toda campaña militar convencional es lograr el dominio del aire. Eso requiere destruir los radares de vigilancia enemiga y las bases aéreas del enemigo. Así que primero se lanzan misiles de crucero para no arriesgar aviones y pilotos cuando la red de defensa aérea enemiga todavía está intacta. Destruir una base aérea completamente significa destruir cada uno de los hangares donde se guardan los aviones, los radares, los polvorines, los depósitos de combustible, etc. Esto puede suponer tener que lanzar decenas y decenas de misiles.

En 2017, cuando Estados Unidos atacó una sola base aérea militar en Siria como respuesta a un ataque con armas químicas, se lanzaron 59 misiles de crucero Tomahawk. Washington cuenta además con los bombarderos estratégicos invisibles al radar B-2, que pueden lanzar decenas de bombas con precisión. Si hacemos una lista de todos los objetivos que los rusos debieron destruir los dos primeros días solo para lograr neutralizar la defensa aérea ucraniana, nos saldría que hubieran hecho falta cientos de misiles. Pero los recursos de la fuerza aérea rusa no son comparables con los de Estados Unidos.

Su arsenal de misiles de crucero y bombas guiadas es limitado. Lo pudimos ver en Siria. Así que la oleada de misiles de crucero rusos que cayeron sobre Ucrania las dos primeras noches no logró la clase de ataque paralizante que los rusos hubieran soñado. Las fotos de satélite de la base de Ozerne muestran los impactos de los misiles rusos que no destruyeron. La falta de suficientes misiles y su falta de precisión permitieron a la fuerza aérea ucraniana mantener algunas capacidades. Así nació la leyenda urbana del 'fantasma de Kyiy', el aguerrido piloto ucraniano que supuestamente habría derribado seis aviones rusos.

Los cuatro ejes de la ofensiva terrestre

Tras los ataques y bombardeos preparativos de la primera noche, comenzó inmediatamente la ofensiva terrestre. El plan de ofensiva rusa, como la invasión de la Alemania nazi de Yugoslavia en abril de 1941, consistió en varios ejes de avance desde varios puntos cardinales partiendo de varios países. La idea evidente de los rusos era alcanzar las dos principales ciudades del país, Kyiv y Járkov. Su ubicación cercana a la frontera con Bielorrusia y Rusia facilitaba la operación. El tercer eje de avance partió del territorio controlado por las repúblicas separatistas en la cuenca del río Don. El cuarto eje de avance partió desde la península de Crimea, bajo ocupación rusa desde 2014.

Las fuerzas rusas que avanzaron desde Crimea fueron las que más lejos llegaron el primer día, aparentemente sin oposición. Probablemente los ucranianos cedieron terreno para establecer su línea defensiva en el río Dniéster, donde precisamente los rusos quedaron detenidos. Pero la acción principal tuvo lugar cerca de la capital.

Un asalto helitransportado desembarcó tropas en el aeropuerto Antonov, en la localidad de Gostomel, cerca de la capital. Su captura hubiera permitido a los rusos traer por vía aérea fuerzas y recursos para asaltar Kyiv, suponiendo que las defensas aéreas ucranianas hubieran sido neutralizadas en la zona y los aviones de transporte ruso hubieran podido aterrizar sin problemas. Pero un contraataque ucraniano retomó el aeropuerto.

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El primer día fue desalentador para los ucranianos. Quedó en evidencia la asimetría de fuerzas. Ucrania tiene un tercio de la población de Rusia y su economía es casi 10 veces más pequeña. Los rusos habían acumulado fuerzas durante meses en la frontera de Ucrania mientras su diplomacia y los medios de comunicación estatales hacían bromas sobre las advertencias occidentales de que se preparaba una invasión. El presidente Volodímir Zelenski se había quejado de que las advertencias sobre una invasión rusa estaban afectando a la economía del país.

Y aunque se habló de movilización de fuerzas y varios países europeos donaron armamento a Ucrania, hasta varios días después del comienzo de la guerra no se realizaron acciones que hubiera sido conveniente haber preparado para llevar a cabo inmediatamente tras el comienzo de la guerra, como volar puentes. La geografía de Ucrania y el trazado de las vías de comunicación dictaban los previsibles posibles ejes de avance a obstaculizar. Y en cambio los rusos parecían avanzar sin problemas por las carreteras y autopista ucranianas.

Foto: Tanque ruso realizando tareas de entrenamiento. (Armada rusa)

Durante la madrugada del segundo día el presidente Volodímir Zelenski grabó un mensaje a pie de calle rodeado del primer ministro, el jefe de gabinete y otros miembros de su equipo. Ante una situación muy delicada para el país, el presidente transmitió una enorme serenidad y anunció que permanecería allí con defensores y ciudadanos. Es difícil cuantificar el impacto que ha tenido un intangible como el papel del presidente con su carisma y firmeza. Pero los ucranianos, incluso los que no simpatizaban con sus políticas, le reconocen haberse erigido en un líder formidable. Actor y cómico, Zelenski está interpretando el papel de su vida.

Fuerzas ligeras para un avance relámpago

El segundo día resultó evidente que los rusos no estaban realizando un avance seguro con sus fuerzas mecanizadas realizando operaciones combinadas, sino que habían mandado fuerzas medias y ligeras en columnas dispersas con el propósito de avanzar lo más rápido posible. La única explicación lógica es que el alto mando ruso hubiera creído que los ucranianos no iban a oponer ninguna resistencia y que, una vez alcanzado rápidamente el corazón de la capital, la resistencia en todo el país colapsaría.

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Según Vladímir Putin, no se trataba de una invasión, sino una “operación militar especial” para liberar a la población étnicamente rusa que estaba siendo brutalmente oprimida en un país necesitado de ser “desnazificado”. Pero las masas con banderas rusas vitoreando y aplaudiendo a las tropas liberadoras no aparecieron por ningún lado. Y al contrario que en 2014, cuando las fuerzas rusas ocuparon la Península de Crimea sin apenas encontrar resistencia, esta vez los ucranianos lucharon.

"Las masas con banderas rusas vitoreando y aplaudiendo a las tropas liberadoras no aparecieron por ningún lado"

El avance rápido de fuerzas ágiles presentó a los rusos un problema logístico. Las columnas rusas se estiraron demasiado, quedando atrás los suministros. Aquí y allá hubo vehículos que se quedaron sin combustible. Y los soldados sin comida tuvieron que saquear comercios ucranianos para alimentarse. Además, en esas líneas estiradas, los elementos de apoyo más retrasados resultaron vulnerables y empezaron a verse vehículos de zapadores, camiones cisterna e incluso sistemas antiaéreos destruidos o averiados.

Las fuerzas rusas contaban con aplastante superioridad numérica, pero al escoger un avance rápido siguiendo las vías de comunicación se formó un atasco monumental en la frontera. La solución fue subdividir a las unidades de combate en varias columnas de marcha y hacerlas avanzar por vías diferentes. Los defensores ucranianos se encontraron entonces luchando contra grupos pequeños de fuerzas rusas alejadas del resto de su unidad.

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El domingo 27 se hizo evidente que el avance relámpago había perdido ímpetu. La acumulación de imágenes y fotos de vehículos rusos destruidos y abandonados en las redes sociales se convirtió en munición para la guerra informativa y sirvió para dar ánimo a la población ucraniana, que se lanzó a las redes sociales y aplicaciones de mensajería a compartir memes y chistes.

De pronto, Europa Occidental le perdió el miedo al gigante ruso y se lanzó a anunciar envío de ayuda militar a Ucrania. Si la invasión rusa de Ucrania en 2014 había tenido lugar en el contexto legalmente ambiguo e informativamente confuso de la destitución del presidente prorruso Víktor Yanukóvich, la invasión rusa de 2022 no deja lugar a dudas sobre su naturaleza. La necesaria acumulación de fuerzas rusas para una operación así desde hacía meses había impedido a los rusos presentar la invasión como una respuesta de última hora a una crisis sobrevenida. Al final, ni siquiera se molestaron en fabricar un incidente para presentar al mundo un 'casus belli'.

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Desorganización, mala planificación y baja moral

Los rusos tienen una distinguida escuela de pensamiento militar que sirvió de inspiración intelectual al ejército estadounidense para desarrollar su concepto de arte operacional en plena Guerra Fría. Pero en la primera fase de la nueva invasión rusa de Ucrania solo hemos visto desorganización, mala planificación y baja moral. Es posible que los meses transcurridos en descampados con instalaciones precarias haya repercutido en el grado de alistamiento de personal y vehículos. El concepto central de la inicial invasión rusa, una invasión relámpago, se basaba en la idea fundamental de que el Ejército ucraniano era el mismo ejército precario del año 2014 y que la población ucraniana anhelaba ser liberada de su gobierno, o al menos permanecería indiferente a una invasión militar. La única explicación posible es que los planificadores rusos se han creído su propia propaganda sobre Ucrania.

"Los planificadores rusos se han creído su propia propaganda sobre Ucrania"

Fracasado el golpe fulminante que hubiera descabezado a Ucrania y paralizado el país, la guerra en Ucrania entra en una nueva fase. Ya vimos el lunes día 28 que los rusos desempolvaron la artillería y los lanzacohetes mientras una enorme columna acorazada de varios kilómetros ponía rumbo a la capital de Ucrania desde Bielorrusia. En la ciudad de Járkov la aviación rusa empleó bombas de racimo. Las guerras de Chechenia y Siria nos sirven de referencia de cómo entienden los rusos la guerra en áreas urbanas llenas de población civil.

Una orden de Vladímir Putin de conquistar Ucrania cueste lo que cueste podría generar grietas en Rusia, con los oligarcas afectados por las duras sanciones occidentales, los militares incómodos con su papel de invasor de un pueblo hermano y el malestar de la sociedad rusa que ve su país convertido en un paria internacional. Para Ucrania empieza una carrera contra el tiempo para ver qué se quiebra antes, su capacidad de resistencia o la resolución rusa de llegar hasta el final.

* Por expreso deseo del autor, se ha empleado la toponimia ucraniana. Así aparece Kyiv en vez de Kiev.

El 13 de abril de 1941, un oficial de las Waffen SS llamado Fritz Klingenberg se internó en el interior de Belgrado con media docena de soldados alemanes para hacer un reconocimiento. Tras unos pocos tiroteos y capturar algunos prisioneros, el grupo llegó al centro de la capital de Yugoslavia. Allí, el alcalde de Belgrado les rindió la ciudad creyendo que eran la avanzadilla de una fuerza numerosa. En realidad, Klingenberg había desobedecido órdenes y se había internado en Belgrado por su cuenta y riesgo. La invasión alemana de Yugoslavia había comenzado el día 6 de abril y consistió en un avance simultáneo desde diversos ejes acompañado de intensos bombardeos. El Ejército yugoslavo colapsó rápidamente y firmó la rendición incondicional el día 17 de abril. Tan solo 151 soldados alemanes murieron en la campaña. Durante años se atribuyó la rápida victoria alemana al papel de quintacolumnistas que facilitaron la invasión.

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