Entrevista a la ministra

González Laya: "Abrimos antes que otros y ahora somos el canario en la mina"

Repasamos con la ministra González Laya los desafíos geopolíticos que enfrenta España: la pandemia de coronavirus, elecciones en EEUU, los flujos migratorios, tensiones en el Mediterráneo

Foto: Arancha González Laya. (Fotos: Roberto Gómez)
Arancha González Laya. (Fotos: Roberto Gómez)
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Antes de ministra de Exteriores, María Aránzazu 'Arancha' González Laya, fue la 'sherpa' del director general de la Organización Mundial del Comercio (OMC), directora ejecutiva del Centro de Comercio Internacional (ITC) y subsecretaria general de Naciones Unidas. Se nota que su carrera ha transcurrido en organizaciones internacionales y no dentro de la política española. Habla de carrerilla y con estilo propio de todos los temas de la agenda internacional, adaptando —eso sí— el discurso a la situación de un gobierno, el de España, que afronta una crisis sanitaria, económica e institucional sin precedentes por la pandemia del coronavirus.

Nos atiende durante una hora en un salón del Palacio de Santa Cruz, junto a una Plaza Mayor casi desierta, para repasar los desafíos internos y externos de nuestro país. Sostiene que la reputación internacional de España no está amenazada, que todo el planeta enfrenta un desafío parecido y que esta historia aún no ha terminado de escribirse. "Quedan todavía capítulos y es difícil hacer un análisis cuando estamos a mitad del libro", asegura.

PREGUNTA. España es el país con el índice de contagios más alto en esta segunda ola de coronavirus y, además, es el país con las peores previsiones económicas por la pandemia. ¿Qué está pasando? ¿Cómo es posible? ¿Qué estamos haciendo mal para tener esta deshonrosa medalla de oro?

RESPUESTA. Lo que está ocurriendo en España no es la excepción, es la regla. Puede que seamos los primeros, pero somos un poco el canario en la mina. Muchos de mis homólogos de otros países me están preguntando qué estamos haciendo porque ellos ven que las cifras se están deteriorando también en sus países. El índice de contagios aumenta cuando abrimos espacios para la libertad de movimientos. En España es más elevado que en otros países, quizás porque abrimos antes que otros, nos dimos menos tiempo entre desescalada y medidas de apertura.

En lo económico, tenemos una dependencia muy alta del sector del turismo. Y los servicios turísticos dependen de la movilidad de las personas, que ha resultado muy limitada por el covid. En nuestro país, los servicios turísticos son muy amplios, no es solamente en verano, no solo en la playa: también es el cultural, el gastronómico, el de montaña, el de historia, de paisajes. Y también se ve en las cifras de empleo y la evolución de los ERTE, que cuando hemos ido abriendo espacios y se ha podido retomar la actividad económica, se ha ido absorbiendo empleo. Hay variaciones en grado y nivel, pero estamos en la trayectoria de los países de nuestro entorno, como Francia, Reino Unido o Italia.

"No es momento de batalla. Lo vimos claramente en Portugal, donde el partido conservador ha dado su apoyo a un gobierno de coalición"

P. Otra anomalía de España respecto a otros países es la polarización y cómo crece la sensación de que todos los partidos ponen sus intereses políticos y electorales por delante de los intereses del país. ¿Hemos polarizado demasiado el debate también en la pandemia en lugar de centrarnos en cómo gestionarla?

R. Eso sí que es una anomalía. Hemos visto durante la pandemia como una parte de la oposición española ha pensado que se podía utilizar ese momento de debilidad nacional para debilitar al Gobierno y creo que es equivocado. Este no es el momento de esta batalla. Lo hemos visto muy claramente en Portugal donde, en una configuración muy similar a la nuestra, el partido conservador portugués ha dado su apoyo a un gobierno de coalición progresista para avanzar en la salida a la crisis. Buscando debilitar al Gobierno lo que se ha hecho es debilitar al país. Apoyar los esfuerzos del Gobierno para combatir la pandemia no es darle carta blanca. Significa una cierta lealtad para impulsar una serie de respuestas que dan mayor solidez a la gestión y la salida de la crisis. Y tiene que ser así porque somos un Estado autonómico y descentralizado, donde todos los partidos del arco parlamentario están en alguna institución —central, autonómica o local—. Y todos sabemos, porque tenemos esa responsabilidad, que hay que cerrar filas por la recuperación.

P. Hay serias dudas sobre la capacidad de España para invertir los 140.000 millones de fondos de recuperación aprobados por la Unión Europea. Analistas y expertos advierten de los desafíos que presenta la propia estructura de la administración española para hacer un uso eficiente de estos fondos. ¿Preocupa esto en el Consejo de Ministros? ¿Qué medidas contemplan para agilizar estos planes?

R. Tenemos una única carta para transformar nuestra economía y tenemos que jugarla muy bien. Pero esta carta tiene algunas limitaciones. Los fondos tienen que ser comprometidos en un plazo de tres años y eso ya de alguna manera limita la capacidad de utilización de la financiación. Pero para nosotros lo más importante son dos cuestiones. Primera, construir programas tractores sobre los que se va a basar la recuperación y la transformación de la economía española, porque queremos hacer ambas cosas a la vez. La segunda parte es que estamos revisando todo lo que son procedimientos administrativos para asegurarnos que se facilitan al máximo, dentro de las reglas de transparencia y de prudencia y calidad de gestión europea. Pero dentro del respeto a esas reglas, hacerlo de la forma más rápida y eficiente posible.

P. ¿Le preocupa el deterioro de la imagen internacional de España?

R. Me preocupa impulsar la imagen de España. Lo que significa pasar un tiempo importante explicando qué está pasando en España y descodificándoselo a quien no entienda nuestra realidad. Esa ha sido una de las labores que este Ministerio, a través de su red de embajadas y consulados, ha realizado durante toda la pandemia. Añadiría dos cosas. Una, que la historia de la pandemia se está escribiendo todavía. No hemos terminado, quedan todavía capítulos y por tanto es difícil hacer un análisis cuando estamos a mitad de escribir este libro. Y dos: hasta ahora, según todos los análisis que nosotros tenemos, no se ha deteriorado la imagen de España. No ha sufrido a causa del covid. Y eso lo sabemos porque estamos constantemente haciendo métricas. Habrá que esperar a que se posen los elementos y salgamos de la pandemia para poder aprender y sacar las lecciones de lo que funcionó y lo que no funcionó.

P. Hay mucho ruido en torno a las vacunas y tratamientos. Hay muchos países y empresas, públicas y privadas, desarrollando proyectos distintos en condiciones muy diferentes. ¿Cree que un contexto de crecientes tensiones geopolíticas entre los bloques que desarrollan estos proyectos (China, Rusia, EEUU, UE) puede afectar a la distribución de la vacuna? ¿Tiene España asegurado el acceso a todas estas potenciales vacunas?

R. En Exteriores, lo que estamos haciendo es asegurarnos de que estas asociaciones público-privadas que impulsamos a nivel internacional nos ayuden a escalar la producción y la distribución de la vacuna. Y que lo hagamos con cooperación, de manera multilateral dentro de la OMS para dar una respuesta lo más coordinada posible. Asegurándonos de que la vacuna llega a todo el mundo. Porque aquí tenemos un clásico ejemplo donde no nos basta con asegurarnos que los españoles y españolas tengan acceso a la vacuna. Tenemos que asegurarnos de que todo el mundo tiene acceso a la vacuna. Además, hemos puesto financiación pública para esto, unos 70 millones de euros, para garantizar que llegue a España y para que podamos trabajar también con países terceros.

P. En Estados Unidos se está escribiendo mucho sobre el potencial desestabilizador que tienen estas elecciones presidenciales en un escenario de pandemia y polarización extrema. ¿Tiene el Gobierno de España un candidato favorito? ¿Están preocupados por una potencial crisis electoral?

R. El Gobierno de España no tiene candidatos favoritos. España respetará la decisión del pueblo americano y trabajará con la administración que salga de estas elecciones. Yo me quedo con el mensaje muy claro que nos ha enviado el partido republicano: habrá transición ordenada como la ha habido desde 1792.

P. Durante la pandemia, se ha visto de forma clara el avance geopolítico e internacional de China. Un expansionismo que está despertando cada vez más críticas en Occidente y más tensiones con sus vecinos (India, Taiwán, Japón, Corea del Sur). Bruselas ya identificó el año pasado a Pekín como un rival sistémico, con un sistema que no comparte los ideales y valores de la UE. ¿Hasta qué punto se ven amenazados los intereses españoles en China por esta creciente animosidad? ¿Cuál es —o debería ser— la posición de nuestro país?

R. Lo importante es entender que China, hoy, es un país sistémico y hace 30 años no lo era. Lo que ocurre en China tiene un efecto de onda expansiva en el resto del mundo, para bien o para mal. Frente a eso, la postura española tiene que tener una triple dimensión. Primero: entender esa parte sistémica. Hay temas en los que tenemos que cooperar porque su contribución es indispensable: cambio climático, estabilidad del sistema financiero, gestión del comercio internacional. Segunda, una dimensión estratégica. Hay que pensar en la relación no para los próximos tres o cuatro años, sino para los próximos 30 o 40, que es como ellos nos ven a nosotros. Y una tercera dimensión, de rivalidad. Cuestiones importantes en las que no estamos de acuerdo: respeto a los derechos humanos, gobernanza, competencia desleal. Aquí tenemos que ser firmes en la defensa de nuestros intereses y la mejor manera de hacer eso para un país mediano como España es a través de la Unión Europea.

P. Expertos internacionales están advirtiendo que la pandemia aumentará las presiones migratorias en España y Europa de forma exponencial. ¿Qué previsiones tiene el Gobierno de España y qué se está haciendo al respecto?

R. Con el deterioro de la situación económica, que la hemos sufrido en nuestra propia economía pero que vemos también en muchos de nuestros vecinos y socios, va a haber un aumento de la presión migratoria, esto está claro. Nuestro plan tiene dos componentes. Uno europeo: si tenemos un mercado común y libre circulación de personas, hay que tener una gestión común de la migración y el asilo en Europa. No caben respuestas nacionales, ni excepciones nacionales. Se trata de buscar una respuesta europea. Y la segunda cuestión es que tiene que ser una respuesta integral. No se puede funcionar a base de poner parches, tratando solo uno o dos temas de forma selectiva. La migración a nivel europeo no puede ser a la carta. Todos los Estados miembros serán corresponsables.

¿Qué significa esto en la práctica? Primero, que tenemos que incidir más en vías legales de migración. Esta parte a veces no gusta en Europa, pero en un continente que está envejeciendo se necesita abrir cauces legales, donde expliquemos a los países terceros dónde están las oportunidades para la inmigración. Segundo, se necesita mandar un mensaje alto y claro de absoluta tolerancia cero contra la migración gestionada por mafias que se dedican al tráfico de personas. Esto se ha convertido en un gran negocio que se construye sobre la ansiedad y la miseria. Tercero, también tenemos que tener claro que hay compromisos suscritos en materia de asilo y refugio y los tenemos que respetar. Cuarto elemento, tenemos que cooperar mucho más con países de origen.

P. ¿Van a endurecer la migración ilegal? ¿Están planteando restricciones en cuanto a visados turísticos, por ejemplo?

R. Los cauces legales se tiene que ordenar y se van a ordenar. Es más inteligente abrir vías legales y dar una señal clara, a los que se aprovechan de las vías ilegales, de que su negocio se va a acabar.

Con el deterioro de la situación económica, que la hemos sufrido en nuestra propia economía, va a haber un aumento de la presión migratoria

P. Otro frente que podría sumar dolores de cabeza a finales de año es el Brexit. ¿Cómo de posible ve el escenario de una salida sin acuerdo? Según el análisis del Ministerio, ¿cuál sería el mejor resultado para España con Gibraltar? ¿Cómo va a quedar definitivamente esa frontera?

R. Toda negociación está basada en la confianza. Y una negociación de divorcio aún más. Y se necesitan grandes dosis de confianza. Estos últimos movimientos por parte del Reino Unido de renunciar unilateralmente a una parte del acuerdo al que llegó después de no pocas dificultades para salir de la UE han dañado la negociación para la relación futura y también la negociación entre España y Reino Unido sobre Gibraltar. Quiero pensar, y por España no va a ser, que todavía podemos llegar a un acuerdo que nos permita gestionar con una responsabilidad compartida esa zona de conexión. Porque también lo que tenemos muy claro es que si no hay una solución de aquí a final de año, la frontera externa de la UE estará en la verja de Gibraltar.

P. ¿Está preparado el plan en caso de que haya que levantar esa verja de nuevo?

R. España tiene un plan B, como todos los Estados miembros, en caso de que el plan A no funcione. Pero tenemos que trabajar con la idea de que podemos lograr el plan A.

P. ¿Creen que Londres puede llegar a permitir que España sea el representante de Gibraltar ante la UE?

R. No voy a entrar en cómo sería el resultado de esta negociación. España se toma muy en serio que esta negociación llegue a buen puerto y para ello tiene que ser discreta.

P. Hay varios frentes geopolíticos que nos afectan muy directamente. Uno que ha dado titulares últimamente es la tensión con Turquía en el Mediterráneo. ¿Cree que se podría dar una escalada entre la UE y el Gobierno de Erdogan? Erdogan ya había amenazado en el pasado con abrir las puertas de Europa a cientos de miles de refugiados sirios, ¿considera que Ankara tiene la sartén por el mango?

R. La realidad es de interdependencia. Hay una cuestión migratoria en la que Turquía está albergando a más de cuatro millones de refugiados, con apoyo y ayuda comunitaria, dentro de su territorio. Y gran parte de la economía turca depende de su respiración con la economía europea. Además, Turquía es miembro de la OTAN y un país que tiene abierta una vía para integrarse en la UE. Este es el cuadro. Es cierto que hemos visto acciones unilaterales por parte de Turquía que a nosotros no nos gustan y así se lo hemos hecho saber. Por eso hemos insistido desde el principio en que las diferencias entre Turquía y Grecia se debían dirimir desde un principio por la vía de la negociación y del diálogo.

P. Otro asunto es la inestabilidad en Libia —y en varios países del Sahel y el Magreb—, que hace aún más caótica la situación migratoria. ¿Cuál opina que debería ser el papel de la Unión Europea en este conflicto?

R. Para Europa, Libia es una cuestión geoestratégica mayor. Está en el centro del Mediterráneo y su inestabilidad tiene una onda expansiva en Europa. Europa debería haber entendido desde el primer momento que lo que se necesitaba en Libia era una respuesta común. La ausencia de esa respuesta dio lugar a que otros actores entrasen en el país y buscaran acompañar a uno u otro bando enfrentado en Libia. Y eso es un error por parte de la Unión Europea. Europa se va a comprometer más con la búsqueda de una solución, bajo el paraguas de Naciones Unidas, pero con un claro impulso político europeo. Tendremos que, si llega el momento, impulsar la negociación política y acompañarla hasta sus últimas consecuencias.

P. Viene una crisis global de proporciones todavía desconocidas y veremos muchos países, comenzando por el nuestro, caer en recesiones profundas. En este contexto, dedicar dinero a la cooperación internacional en momentos de crisis en nuestro propio país suele ser impopular. ¿Pondrá esto fin —o pausa— a la cooperación?

R. No estoy de acuerdo. La ciudadanía española es enormemente solidaria y apoya los esfuerzos de cooperación al desarrollo y eso nos lo dice cada vez que hacemos una encuesta. Quizá porque se ha entendido que la cooperación no es solo un gesto de solidaridad, sino que también juega en interés propio. Nuestro compromiso político —por razones de solidaridad y de humanidad, pero también por interés— es incrementar la ayuda al desarrollo, que sufrió un recorte masivo en la crisis de 2008. Tenemos un plan en el Gobierno de coalición que dice claramente que queremos destinar el 0,5 de la renta nacional bruta de aquí a final del mandato. Sabemos que, en estos momentos, ese aumento en la ayuda es más complicado. Habrá que acompasarlo a nuestra capacidad presupuestaria, que va a estar más limitada por la crisis. Ahora, el compromiso sigue. Confío en que juntos, dosificándolo de manera diferente, podamos también responder a esta prioridad del Gobierno de coalición.

P. Cuando asumieron las riendas del Ministerio, tenían un ambicioso plan de 'diplomacia económica' para coadyuvar los esfuerzos en búsqueda de un mayor dinamismo comercial de España en el exterior. Pero ahora se avizora un escenario de proteccionismo y desglobalización. ¿Cómo van a adaptar esta estrategia a las nuevas circunstancias? ¿Tiene oportunidades de éxito esta diplomacia económica?

R. No creo mucho en esta teoría de la desglobalización. Creo que vamos a ver una reglobalización. La globalización sigue, pero impulsada más por lo digital que por lo analógico. Es verdad que la pandemia ha supuesto un paréntesis en la actividad económica del mundo y del comercio internacional. Pero la salida de la crisis va a necesitar de mayores dosis de impulso al comercio y la inversión internacional. Y ahí es donde este ministerio está trabajando de manera decidida, identificando sectores y países donde vamos a concentrar esfuerzos, y va a haber foros empresariales en los que queremos dar esta imagen de impulso, comercio, e inversión para salir de la crisis.

P. En el Consejo de Ministros conviven personas con una larga trayectoria en organizaciones internacionales, como usted o Nadia Calviño, con otras que vienen del mundo del activismo. No hablan el mismo idioma. ¿Consiguen entenderse?

R. La convivencia es muy fluida y es el reflejo de que en la diversidad está la riqueza. Claro que somos diversos, pero es que el mundo es diverso. Y el mundo pertenece a quien sepa apalancar esa diversidad, a quien transforme esa diversidad no en fuente de desacuerdos, sino en fuerza para conseguir acuerdos e impulsar políticas que tengan un mayor reflejo de lo que es la base de nuestra sociedad. Hacemos un ejercicio constante de construcción de consenso que es lo que nos está pidiendo la sociedad, que también es diversa.

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