contra todo pronóstico, la 'premier' sale reforzada

May vende su plan del Brexit al pueblo británico mientras esquiva el derrocamiento

El órdago de los 'tories' rebeldes podría resolverse hoy, pero no hay muchas expectativas de que hayan logrado las 48 cartas necesarias para la moción de confianza contra la primera ministra

Foto: La primera ministra británica, Theresa May, habla en la Confederación de la Industria Británica, el 19 de noviembre de 2018. (Reuters)
La primera ministra británica, Theresa May, habla en la Confederación de la Industria Británica, el 19 de noviembre de 2018. (Reuters)

Divide y vencerás. A Theresa May le funciona. Lleva perfeccionando la técnica más de un año. La semana pasada parecía que se había quedado ya sin munición, con una grave crisis de Gobierno que se cobró en un solo día hasta siete dimisiones. Y, pese a todo, la 'premier' sigue a día de hoy en Downing Street. La inminente moción de censura contra su liderazgo no acaba de llegar. Se suponía que los rebeldes tenían que reunir para este martes las 48 cartas necesarias para activar un proceso que podría terminar en primarias. Sin embargo, el hombre más buscado ahora mismo en Westminster, Graham Brady, presidente del Comité 1922, que agrupa a los 'tories' sin cartera, y responsable de ir recogiendo las misivas, sigue sin pasarse por el Número 10 para notificar el desafío.

Entre los rebeldes que públicamente han comunicado la entrega de su carta no hay nombres destacables, a excepción del influyente Jacob Rees-Mogg, presidente del European Research Group, que aglutina al núcleo duro de 'tories' euroescépticos. Su 'número dos', Steve Baker, se mostraba decepcionado este lunes: “Es obvio que algunos no han cumplido su promesa”.

Y es que, tras un largo fin de semana de reflexión y tras tomar el pulso al partido, muchos de los 'brexiters' temen que May pueda salir victoriosa y quedar inmune durante un año, tal y como estipulan las reglas de la formación. De ahí que prefieran ahora esperar a que el acuerdo de retirada y la declaración política sobre futuras relaciones con el bloque se presenten en la Cámara de los Comunes para votar en contra. En cualquier caso, todo podría cambiar en las próximas horas porque si en política una semana es un mundo, con el Brexit media hora supone toda una eternidad.

Por su parte, los que tampoco parecen acordar estrategia son los euroescépticos que aún quedan en el Gabinete. Los cinco 'brexiters' —Michael Gove, Liam Fox, Chris Grayling, Penny Mordaunt y Andrea Leadsome— habían advertido a May de que su lealtad está sujeta a cambiar el borrador del acuerdo de retirada antes de la cumbre europea extraordinaria convocada para este domingo.

Incluso los miembros pro UE del Gabinete consideran que debe modificarse el documento —que incluye un plan de emergencia para evitar una frontera dura en Irlanda, una factura de 39.000 millones de libras y el compromiso de respetar los derechos de los ciudadanos—, porque, tal y como está redactado, ahora mismo ven imposible que vaya a lograr pasar en la Cámara de los Comunes.

Sin embargo, Leadsome y Gove, los más influyentes, tienen distintos puntos de vista. La presidenta de la Cámara de los Comunes quiere modificar el plan de emergencia. El bautizado como 'backstop' propone que, hasta que se encuentre una solución, todo el Reino Unido quede dentro de la unión aduanera e Irlanda del Norte permanezca alineada con el mercado único, solo para bienes. Pero Leadsome presiona para que la solución pase por aplicar tecnología de última generación. De no lograrse, demanda que Londres solo tenga que asegurarse el apoyo de Dublín (en lugar de todos los Veintisiete) cuando quiera salir de la unión aduanera temporal.

Andrea Leadsom llega a Downing Street, el 13 de noviembre de 2018. (Reuters)
Andrea Leadsom llega a Downing Street, el 13 de noviembre de 2018. (Reuters)

"Cambio sísmico" para la patronal

Por su parte, el ministro de Medio Ambiente —quien en el Ejecutivo de David Cameron no tenía una relación especialmente cordial con May, pero ahora se ha convertido en un apoyo importante— apuesta por centrar los esfuerzos en influir en la redacción de la declaración política sobre futuras relaciones con el bloque.

El borrador del acuerdo de retirada está prácticamente cerrado ya con Bruselas, pero de cara a la cumbre de este domingo aún se está negociando la declaración política que definirá el marco de los futuros acuerdos comerciales. En principio, estaba previsto que fueran siete folios, pero ahora el documento podría superar las 40 páginas.

En definitiva, a día de hoy, May continúa con oxígeno y sigue adelante con su agenda, centrada ahora en “vender” el borrador del pacto a la nación. El lunes tocó el turno a los empresarios. La 'premier' participó en el congreso anual de la patronal Confederación de la Industria Británica (CBI, en inglés), donde señaló que el acuerdo devuelve al Reino Unido el control de su “dinero”, sus “leyes” y, ante todo, sus “fronteras”.

“Ya no sucederá que los nacionales de la Unión Europea, al margen de las cualificaciones o experiencia que tengan que ofrecer, puedan saltarse la fila y pasar por delante de ingenieros de Sídney o desarrolladores de 'software' de Delhi”, declaró. “En lugar de un sistema basado en la procedencia, habrá uno construido en torno a los talentos y cualificaciones que la persona ofrece”, matizó.

La directora general de CBI, Carolyn Fairbairn, alertó de que “el fin de la libertad de movimiento [de comunitarios] y un nuevo sistema de inmigración suponen un cambio sísmico, al que las empresas del país necesitan tiempo para adaptarse”. En este sentido, acusó al Gobierno de crear “una falsa elección entre trabajadores de alta o baja cualificación”, cuando la economía británica necesita a ambos. Sectores como la hostelería, la agricultura y la construcción, o el ámbito sanitario, han expresado temores por la dificultad de encontrar personal adecuado, recordó.

En cualquier caso, el presidente de la patronal, John Allan, señaló que, aunque el borrador del acuerdo de salida “no es perfecto”, evita “la ruina” de abandonar el bloque sin pacto. “Estamos tratando de alcanzar un acuerdo que respete el resultado del referéndum y minimice el daño a nuestra economía”, declaró ante una audiencia de unos 1.500 empresarios. Con todo, más de 200 ejecutivos firmaron durante el pasado fin de semana una carta pidiendo a los diputados que rechacen el texto cuando se vote en Westminster, al considerar que no beneficia al país. Asimismo, más de 70 empresarios firmaron a principios de mes otra misiva pidiendo un segundo plebiscito. En definitiva, una división en el sector que replica la que se vive en Westminster y la que, hoy por hoy, garantiza la supervivencia política de la inquilina de Downing Street.

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