200 sociedades españolas en el país

La Armada Invencible empresarial siente el pánico proteccionista en Reino Unido

Las inversiones españolas en suelo británico, donde España es ya el cuarto inversor, se acercan ya a los 90.000 millones de euros. Pero no todas están preparadas para lo que viene

Foto: Una mujer pasa delante de un escaparate de Zara en Oxford Street, Londres. (Reuters)
Una mujer pasa delante de un escaparate de Zara en Oxford Street, Londres. (Reuters)

Entrar en aquella sala era como sumergirse en el más absoluto caos aquella tarde de septiembre de 1992. La estancia se encontraba a rebosar de hombres y mujeres rodeados de pantallas repletas de tablas, datos, noticias y, sobre todo, gráficos. Parecían enloquecidos. Un terremoto habría sido incapaz de desencadenar una escena así.

Esa tarde fue bautizada como el miércoles negro y las consecuencias de la jornada sobre el mecanismo de cambios predecesor del euro hicieron temblar las estructuras de la mismísima Unión Monetaria Europea. La peseta no aguantó la presión y se vio obligada a realizar la primera de cuatro devaluaciones, la lira fue forzada a abandonar el Sistema Monetario Europeo (SME) y no regresaría hasta cuatro años después.

Pero el gran perdedor de aquella jornada fue, sin duda, el Reino Unido. Su divisa fue objeto de una especulación salvaje que el Banco de Inglaterra trató de controlar como en una partida de póker, sin mover un músculo, para disimular sus debilidades.

Aquella derrota quedó cuantificada en nada menos que 3.400 millones de libras. Y lo que es peor, la retirada de la libra de Europa constituyó un precedente material que daría alas a la corriente euroescéptica que, 24 años después, se plasmaría en el Brexit, la decisión del pueblo en referéndum de abandonar la Unión Europea.

España y Reino Unido iniciaron caminos diferentes después del miércoles negro pero, al final, estas trayectorias que comenzaron aquella fecha en los mercados financieros han contado con un nexo común, el empresarial. Y vuelve a tener que ver con la moneda, porque la libra esterlina se ha depreciado nada menos que un 15% desde el 23 de junio de 2016 en que los ciudadanos de este país decidieron abandonar el proyecto europeo.

Tormenta inicial

En el último decenio, las empresas españolas se han hecho fuertes en Reino Unido. Las inversiones de estas sociedades se acercan ya a los 90.000 millones de euros. España es el cuarto mayor inversor en ese país, con compañías del calibre de Santander, Telefónica, Banco Sabadell, Inditex, Iberdrola, Acciona, Aena, BBVA, Indra, Ferrovial, Iberdrola o Talgo, entre otras. Bancos, eléctricas, tecnológicas, constructoras, operadores ferroviarios o aeroportuarios... Las compañías españolas se encuentran presentes en el corazón británico.

La decisión de abandonar la Unión Europea por parte de Reino Unido constituyó hace dos años una fuente de gran preocupación para el sector empresarial ibérico. Una serie de circunstancias ha reducido la presión sobre las compañías: la percepción del proceso como una oportunidad empresarial, la puesta al día de muchas firmas y la prórroga de casi dos años, acordada en marzo, antes de que tenga lugar el abandono definitivo de Europa.

La consultora KPMG indica en su informe sobre “La empresa española ante el Brexit” que un tercio de las compañías españolas ya ha adoptado planes de contingencia de cara a la salida de Reino Unido de la UE y que otra tercera parte de las mismas ha tomado ya la decisión de aplicar medidas de cara a proteger sus negocios ante la nueva etapa.

En su estudio, la consultora indica que las principales preocupaciones para los responsables de las compañías son, por este orden, la depreciación de la libra esterlina, la contracción en la economía del país, medida por su producto interior bruto (PIB), y la posibilidad de que el Gobierno británico se decida a aplicar medidas arancelarias para el momento en que se encuentre fuera de la alianza económica del grupo de países europeos.

“Lo fundamental del Brexit es que la Unión Europea va a poder caminar más tranquilamente sin Inglaterra en sus instituciones. Eso es lo más importante”, asegura Ramón Tamames, catedrático Jean Monnet de la Unión Europea y miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Tamames considera que la decisión de Reino Unido “no tiene tanta trascendencia, porque lo que es seguro es que el Mercado Único se va a mantener; la libertad de importaciones y exportaciones va a seguir y vamos a estar en el mercado británico como hasta ahora. No creo que haya grandes diferencias”.

Bicicletas de alquiler con el logo del Banco Santander en Londres, en septiembre de 2017. (Reuters)
Bicicletas de alquiler con el logo del Banco Santander en Londres, en septiembre de 2017. (Reuters)

"El futuro no está escrito"

“El entorno es más adverso y más incierto, pero no está provocando cambios importantes en las decisiones de los empresarios. Es posible que estén retrasándolas, pero ahora mismo no se perciben”, comenta José Manuel Pazos, socio director Omega-IGF, un gabinete de asesoramiento a empresas exportadoras. Asegura que el terremoto del Brexit se sintió en un principio en el sector de bienes de consumo, en el que muchas empresas españolas operan en el Reino Unido, pero que el ambiente se ha ido normalizando.

“El futuro no está escrito. Reino Unido va a querer tener cierto acceso al mercado europeo y, a su vez, se va ver obligado a dar entrada al suyo a las empresas europeas. Todo va a depender de los sectores empresariales en los que los británicos van a continuar como si siguieran dentro de la Unión Europea”, asegura Alexis Ortega, socio director de Finagentes Gestión, firma especializada en asesoramiento en tipos de cambio y de interés. Precisamente el tipo de cambio de la libra constituye una de las variables fundamentales para las actividades de esta armada invencible económica de España en los inicios del siglo XXI, que ha conducido a las principales compañías del país a poner una pica en las Islas.

Un tiempo infernal impidió que las tropas de Felipe II alcanzaran las Islas Británicas para destronar a la reina Isabel I. Cuatro siglos después, otra armada invencible, esta vez la empresarial ha situado la nada despreciable cifra de 200 sociedades en el corazón del mismísimo Reino Unido.

Y prueba de que nada es negativo en sí mismo, el propio ministro de Fomento, Íñigo de la Serna, viajaba a Londres a finales de febrero para fomentar la presencia de empresas españolas en el país, uno de los mercados prioritarios para el Plan de Internacionalización del Transporte y las Infraestructuras 2018-2020 presentado por Fomento en diciembre del año pasado.

Mucho que ganar

Sea cual fuere el estatus que adquiera Reino Unido tras su salida de la Unión Europea, el país tiene previstas unas inversiones de 120.000 millones de libras (unos 130.000 millones de euros) en obras de infraestructura en los próximos cinco años. Un pastel muy atractivo para las empresas españolas.

El grupo Santander y Banco Sabadell forman parte de la avanzadilla económica española en el mercado británico tras las respectivas adquisiciones del Abbey National Bank y el Lloyds TSB, después del gran crash registrado en el sector financiero a resultas de la crisis. Las dos entidades bancarias controlan una cuota del mercado británico de depósitos superior al 20%.

Pero no son las únicas firmas españolas que han cruzado el Canal de la Mancha. Telefónica cuenta en Reino Unido con su filial O2, en el mercado de las telecomunicaciones, y tiene la intención de sacar a bolsa esta sociedad, dentro de la política de reducción de deuda de la operadora. Dependiendo de la subasta del espectro radioeléctrico que convoca el gobierno británico, podría obtener entre 3.000 y 4.000 millones de euros por esta firma, según los analistas de Bankinter.

Por su parte, el grupo de infraestructuras de transportes Ferrovial se ha convertido en el principal operador de los aeropuertos de las islas: dispone del 25% de la sociedad que gestiona el londinense Heatrow, el de mayor tráfico de Europa; y la mitad del capital de los de Glasgow, Aberdeen y Southampton. También tiene inversiones en una amplia serie de iniciativas de servicios. El presidente de Ferrovial, Rafael del Pino, anunciaba el año pasado que la empresa iba a congelar las inversiones en las islas ante la incertidumbre creada por el brexit, aunque aseguró que eso no significaría una reducción de su actual presencia.

El grupo eléctrico Iberdrola invirtió 17.200 millones en la adquisición de la sociedad Scottish Power. Ahora, el 25% de su beneficio proviene del Reino Unido. La sociedad que preside Ignacio Sánchez Galán cuenta con un plan de inversión de 8.400 millones entre 2016 y 2020 en transporte, distribución de electricidad y energías renovables. Aquí sí se va a producir una desinversión importante, la de las plantas de gas por un montante de 2.000 millones de euros.

Una planta energética de Scottish Power en Lanarkshire, Escocia. (Reuters)
Una planta energética de Scottish Power en Lanarkshire, Escocia. (Reuters)

Pánico a la reacción arancelaria

El abanico de compañías españolas en las Islas es muy amplio en un abierto espectro de actividades. El grupo constructor Dragados desarrolla las obras de mejora de la estación del metro londinense ‘Bank’, por la que pasan cada año más de 52 millones de viajeros. La consultora Ineco (Ingeniería y Economía del Transporte), que realiza informes sobre viabilidad de proyectos de infraestructura, se encuentra presente como apoyo para la construcción de la línea de alta velocidad HS2.

Sociedades del calibre de las constructoras ACS o FCC, el operador ferroviario Talgo o el también operador de trenes Ferrovial se han situado como candidatas en concursos de obras por un monto total de 8.000 millones de euros. Las sociedades españolas se encuentran en buena posición para otros proyectos emblemáticos de la modernización de Londres, como son la construcción del túnel Silvertown, bajo el río Támesis o el Crossrail 2, la red de ferrocarril en el área metropolitana.

Supongamos por un momento que los riesgos de crecimiento económico y de tipo de cambio se han ido atemperando con el paso del tiempo. Queda la última gran preocupación para los empresarios españoles: la posibilidad de que Reino Unido establezca barreras arancelarias en el momento que abandone la Unión Europea. Esta es, sin duda, la última gran incertidumbre que las negociaciones para el Brexit deben despejar en los próximos meses.

“Impedir la libre circulación de mercancías es una decisión muy negativa que cuenta con un gran precedente en los años treinta del pasado siglo, cuando los países trataron de combatir la Gran Depresión con aranceles y devaluaciones competitivas de sus monedas”, indica Alexis Ortega. El socio director de Finagentes Gestión advierte sobre las similitudes que existen entre el momento actual y la década de 1930, tras el establecimiento de la guerra arancelaria por parte de Estados Unidos. “El mundo estaba también en depresión en aquella época, porque ahora nos están tratando de convencer que estamos saliendo de la crisis, cuando en realidad no es así”. E indica que el Banco Central Europeo también ha actuado según el modelo de la Gran Depresión, cuando estableció las compras de deuda que propiciaron una depreciación encubierta del euro desde el nivel de 1,40 hasta los 1,05 dólares.

“El impacto del Brexit ha sido mayor hasta ahora en empresas de consumo y menor en las industriales. Todo podría cambiar con el establecimiento de aranceles, pero habría que saber qué facción política va a llevar a cabo el final de las negociaciones del Brexit. La caída de liderazgo de Theresa May puede conducir a un relevo por parte del ala más conservadora de los tories, partidaria de una posición más dura en las conversaciones, lo que llevaría a la UE a mantener una postura de mayor fuerza”, advierte José Manuel Pazos.

La gran amenaza

Las empresas españolas dispondrán de casi dos años más para adaptarse al nuevo escenario que se abre ante el abandono de la Unión Europea (UE) por parte de Reino Unido. El acuerdo alcanzado este mismo año por ambas partes establece un periodo transitorio de 21 meses, desde marzo de 2019 hasta diciembre del año 2020, en el que se mantendrá el estatus de los ciudadanos y las empresas en las Islas.

Esta prórroga vendrá muy bien a las empresas españolas, aunque éstas ya han iniciado su adaptación al nuevo escenario que se abre para los negocios, según un informe de la consultora KPMG. El 31% de las firmas con actividades en Reino Unido ya ha establecido un plan de contingencia (hace un año, sólo alcanzaban el 22%). Pero además, otro 33% de las firmas ha mostrado ya su intención de hacerlo en próximos meses.

La gran preocupación para las sociedades españolas es el establecimiento de barreras arancelarias. La posibilidad de una vuelta de tuerca proteccionista constituye el mayor temor para el 50% de los encuestados. Es una alarma al alza, porque se eleva siete puntos más que hace un año. La eventualidad de un crecimiento menor de la economía británica (46%) y la depreciación de la libra (43%), completan el tridente de desasosiegos de los empresarios.

La vinculación empresarial española con las Islas es muy estrecha. Casi la mitad de las compañías, el 46%, cuenta con algún tipo de relación con el Reino Unido. El 18% mantiene una actividad exportadora, mientras el 13% cuenta con una filial. Los sectores con mayor exposición son el agroalimentario (81%), el de transportes (79%), el industrial y químico (74%) y el de automoción (66%). Las principales inversiones españolas en el Reino Unido se centran en el sector financiero (41%) y el de energía y recursos naturales (31%).

Una vez despejada la duración del periodo transitorio, la UE y Reino Unido deben comenzar a negociar la parte más espinosa del acuerdo de salida, todo lo que se refiera a las cuestiones comerciales para el día después de la marcha de la Unión Europea.

Existe todavía una elevada incertidumbre en cuanto al resultado de la segunda fase de las negociaciones. “Sigue estando presente la posibilidad de un ‘no acuerdo’, que dejaría Reino Unido bajo la cláusula de nación más favorecida de la Organización Mundial de Comercio (OMC), con importantes repercusiones arancelarias”, indica el estudio de KPMG. “En otros escenarios, un acuerdo de libre comercio supondría la eliminación de los aranceles, aunque se mantendrían los costes logísticos, administrativos y financieros asociados a los trámites de despacho aduanero y a posibles retrasos en la devolución del IVA, además de los potenciales impactos regulatorios”.

El informe ‘El impacto del Brexit en la empresa española’ ha sido elaborado por KPMG, con la colaboración de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE). Se ha confeccionado sobre una muestra de casi 2.000 presidentes, directores generales, propietarios, consejeros, directivos y mandos intermedios de empresas españolas pertenecientes a 13 sectores de actividad económica. Las encuestas se realizaron en los meses de noviembre y diciembre.

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