los euroescépticos se plantan

La carta bomba con la que 62 'tories' quieren quemar los puentes con Bruselas

Los firmantes aseguran que no aceptarán ningún plan que deje al Reino Unido "alineado" con la UE y amenazan con rechazar incluso la fase de implementación. Su impacto es aún discutible

Foto: Theresa May da un discurso durante una visita al Derby College, el 19 de febrero de 2018. (Reuters)
Theresa May da un discurso durante una visita al Derby College, el 19 de febrero de 2018. (Reuters)

La 'premier' Theresa May se marcha este jueves de retiro espiritual a Chequers, donde estará recluida con su Gabinete. Siempre que existe alguna crisis de Gobierno, el primer ministro invita a los suyos a la “casita de campo” que se pone a disposición del inquilino de turno en Downing Street. Existe la convicción de que, alejados del mundanal ruido de la city, se pueden arreglar los problemas. Allí se encerró Gordon Brown con los suyos cuando intentó sacar a flote su mandato y también David Cameron cuando pretendió convencer a sus aliados que el Brexit no tenía sentido. El objetivo ahora de May es conseguir acordar con sus ministros una estrategia negociadora de cara a la cumbre europea de marzo.

Según el calendario previsto, el próximo mes se debería alcanzar un pacto con Bruselas para el periodo de transición de 21 meses que existirá tras el divorcio. Pero el Gabinete no termina de acercar posturas. Y para caldear más el ambiente, 62 tories euroescépticos han mandado una carta advirtiendo que no apoyarán ningún plan que deje al Reino Unido “alineado” con la UE y que rechazarán cualquier fase de implementación si el acuerdo comercial que existirá con el bloque no está completo para marzo, un escenario que los expertos consideran prácticamente imposible.

La misiva de la que este miércoles se hace eco la prensa es del poderoso European Research Group (ERG), que tiene ahora como presidente al excéntrico y cada vez más influyente Jacob Rees-Mogg, visto por algunos incluso como el próximo líder tory. Entre los firmantes destacan cuatro miembros actuales del Ejecutivo y cuatro ex ministros del Gabinete.

En el documento de dos páginas se demanda a May que “cualquier período de implementación debe basarse en los principios de la Organización Mundial de Comercio”, que el Reino Unido debe tener “plena autonomía regulatoria” y que, una vez el país salga del bloque en marzo de 2019, el Gobierno “debe tener la capacidad de cambiar las leyes y normas británicas” en lugar de seguir las comunitarias “sin ninguna opinión sustantiva en lo que Bruselas decida”. Esto haría inviable que el Reino Unido permanezca o sea parte de una serie de organismos tales como la Agencia Europea de Sustancias y Mezclas Químicas, la Agencia Europea de Medicamentos o la Agencia Europea de Seguridad.

El mes pasado, la oferta que realizó la UE al Reino Unido para el periodo de transición fue la de mantener los beneficios de su actual membresía (es decir, permanecer en mercado único y la unión aduanera) siempre y claro se cumplieran con las obligaciones y libertades (incluida la de movimiento de personas) que eso conlleva. Eso sí, durante esta fase, Londres no tendría ni voz ni voto en las decisiones que se tomaran en Bruselas y aunque podría comenzar a negociar acuerdos comerciales con terceros, no podría implementarlos.

El propio David Davis, ministro del Brexit, reconoció este mismo martes en su discurso de Viena que el compromiso y la alineación con los estándares comunitarios serían necesarios si se quiere llegar a un buen acuerdo comercial. Pero parece que el núcleo duro euroescéptico del partido tiene otros planes en mente.

Jacob Rees-Mogg espera en el exterior de Downing Street, residencia de la Primera Ministra May, el 8 de febrero de 2018. (Reuters)
Jacob Rees-Mogg espera en el exterior de Downing Street, residencia de la Primera Ministra May, el 8 de febrero de 2018. (Reuters)

Un grupo de cierto peso

Ahora bien: ¿hasta qué punto esta carta supone un órdago que puede terminar en un Brexit extremadamente duro? Es cierto que 62 es un número que excede generosamente de las 48 firmas que se necesitan para presentar una moción de censura contra May. Y también es cierto que este grupo de tories euroescépticos tiene un extraordinario poder dentro de la formación: fueron ellos los que presionaron en última estancia a Cameron para convocar el referéndum sobre la permanencia en la UE. En definitiva, es un grupo al que se debe atender. No en vano, Rees-Mogg y algunos otros fueron invitados el martes a tomar el té en Downing Street para discutir la misiva.

Sin embargo, vale la pena recordar que hubo un momento en el que Rees-Mogg y sus aliados insistieron en que el Reino Unido no pagaría ni un centavo a la UE y que no habría periodo de transición. Ambos puntos están ahora en la agenda del Ejecutivo. Es más, según un documento filtrado este miércoles, el Gobierno quiere que el periodo de implementación sea de 24 meses o se alargue incluso más si fuera necesario. Lo que apoya algunas tesis barajadas en la City sobre que esta fase se podría alargar eternamente dejando un Brexit tan sólo en el nombre, pero sin ningún cambio en la práctica.

En septiembre, los euroescépticos ya mandaron un correo electrónico similar, pero tuvo poco impacto en las negociaciones con Bruselas que se sucedieron las semanas siguientes. Por lo tanto, los expertos consultados aseguran que las demandas de esta misiva tienen pocas posibilidades de ser atendidas. La clave de todo radica en que los 'Brexiteers' más radicales pueden tener su influencia en el Partido Conservador, pero son una minoría en la Cámara de los Comunes. Y aunque es poco probable que, como oposición, los laboristas apoyen la estrategia del Ejecutivo con Bruselas, se antoja complicado que vayan a aliarse con los rebeldes conservadores más a la derecha de la formación, que presionan por un Brexit sin ningún tipo de lazo con el otro lado del canal.

El punto crucial para tomar el pulso a Westminster tendrá lugar este otoño (o quizá principios del año que viene), cuando los parlamentarios tengan que votar el acuerdo final al que se haya llegado con Bruselas. Diferentes grupos de presión apoyados por el millonario George Soros o nuevos partidos políticos como Renew confían en que, para entonces, se haya creado un Momentum pro-UE que obligue a los diputados a rechazar el pacto. Su esperanza es que, llegado este escenario, el Ejecutivo convoque elecciones o un nuevo referéndum.

Pero, de momento, en el mundo real (y sin cuentos de la lechera) hay un calendario previsto y en marzo una cumbre comunitaria con un importante objetivo. Y el Gabinete de May, aún sin consensuar estrategia. Esperemos que el aire del campo siente bien a los ministros.

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