ambos bandos se han radicalizado

Venezuela 2017: por qué estas protestas no son como las de hace tres años

Desde fuera puede parecer que los periódicos disturbios contra el Gobierno de Nicolás Maduro son siempre iguales. Pero hay muchas diferencias entre las movilizaciones de 2014 y las de ahora

Foto: Un camión en llamas visto desde un puente durante los disturbios contra Nicolás Maduro en Caracas, el 20 de mayo de 2017. (Reuters)
Un camión en llamas visto desde un puente durante los disturbios contra Nicolás Maduro en Caracas, el 20 de mayo de 2017. (Reuters)

Desde fuera, todas las protestas en Venezuela se parecen. “Oposición enfrenta al Gobierno”, “Gobierno reprime a oposición”, “Radicales/colectivos atacan...” y así sucesivamente hasta colmar todos los titulares de medios que, con intereses en una de las partes, se encargan de poner en blanco y negro un contexto que, en realidad, tiene toda la gama de grises que se pueda imaginar. Sin ir más lejos, este ciclo de protestas, que ya supera el medio centenar de días, poco se parecen a las de 2014.

Origen

Las de 2014 nacieron al fruto de la iniciativa de una parte de los partidos de la oposición: Voluntad Popular (VP), con un Leopoldo López aún en libertad, Vente, el grupo de María Corina Machado, y Alianza Bravo Pueblo (ABP), el del también preso Antonio Ledezma. “La salida”, como se le llamó al movimiento de protestas de entonces, se gestó tras las elecciones a alcaldías de diciembre 2013, donde la marca naranja alcanzó notoriedad. Lanzaron posibles vías para la salida del gobierno de Nicolás Maduro, entre ellas una Asamblea Nacional Constituyente (el mismo método que ahora rechazan), la renuncia del propio Maduro o la rebelión popular por el artículo 350 de la Constitución, lo que se conoció como “calle sin retorno”. El 12 de febrero se unieron –casi fagocitaron– la marcha universitaria prevista por el día de la Juventud. Cerró con actos de vandalismo en el Ministerio Público y ataques de colectivos armados pro-Gobierno con 3 personas asesinadas. A partir de ahí se recrudecieron las manifestaciones.

En 2017 las protestas nacen después de que el Tribunal Supremo de Justicia emitiera dos sentencias en las que pone sobre el papel algo que se estaba haciendo en la práctica, la anulación de la Asamblea Nacional, de mayoría opositora desde diciembre de 2015. Meses antes, el Consejo Nacional Electoral decidió suspender el proceso iniciado por la oposición de referéndum revocatorio y aplazó las elecciones para las Gobernaciones (Comunidades Autónomas), aún sin cronograma fijado.

La oposición

En 2014 la oposición se dividió entre los “salidistas” (López, Machado, Ledezma), que querían la caída inmediata de Maduro, y los “electoralistas”, que apoyaban la salida del presidente pero a través de las urnas (Henrique Capriles, el entonces secretario general de la Mesa de la Unidad Ramón Guillermo Aveledo, Henri Ramos Allup). Los segundos criticaron férreamente a los primeros y sus acciones de calle. Los primeros, la inacción de la parte menos radical de la oposición.

Aunque en los gestos, las ausencias de algunos actos y las agendas propias –que siguen estando–, marcan, en silencio, eso sí, las diferencias que de puertas para adentro tienen, en 2017 la oposición está unida. Al menos de cara a la galería. Se les ha visto marchar juntos, en primera línea de las protestas. Pareciera que esta vez entendieron que para un objetivo común se necesitan acciones en común.

El Gobierno

En 2014 un 47,2% de la población creía que la gestión de Nicolás Maduro era buena, según la encuesta del Venebarómetro. Hubo países que se opusieron a cómo el presidente estaba reprimiendo las protestas y el Gobierno de Mariano Rajoy frenó la venta de material antidisturbios (las bombas que le caían encima a los venezolanos llevaban la marca España gracias a un convenio de Defensa que se mantuvo desde el Gobierno de Zapatero ).

Pero ahora la condena al gobierno chavista es mayor. Sólo el 30,8% de la gente da por buena la gestión de Nicolás Maduro según la misma encuestadora. En el panorama internacional, parece aún más aislado. Además de las acciones de la OEA, Chile y Perú han retirado su embajador del país, en Colombia decidieron que, por ahora no iba a regresar.

Manifestantes se reúnen en una plaza en Caracas, el 20 de mayo de 2017. (EFE)
Manifestantes se reúnen en una plaza en Caracas, el 20 de mayo de 2017. (EFE)

La calle

Sin el apoyo de todas las facciones de la MUD, la gente se dividió principalmente entre quienes apoyaban la “calle sin retorno” de López y la prudencia –“el tiempo de Dios es perfecto”– de Capriles. Fueron jóvenes los que, en su mayoría, mantuvieron las protestas. Éstas en muchos casos se limitaron a las conocidas “guarimbas”, barricadas en zonas puntuales de Caracas –también en zonas del interior como Táchira o Valencia–. En la capital se instalaron, sobre todo, en la Calle Élice y en la plaza Altamira, ambas del municipio de Chacao, el de más renta per capita del país.

Ahora, con la Unidad en bloque, la calle es más consistente. A pesar de que se ha llamado casi un día sí un día no a manifestarse, las concentraciones han sido mucho más nutridas que en 2014. Algunas marchas, como la del 19 de abril, fueron masivas en Caracas y en otros puntos del país. Además se han hecho protestas “creativas” o temáticas: un día marcha la tercera edad, otro se lleva “la Constitución como escudo”, protesta del sector médico, plantón pacífico en la autopista donde la gente cantó, bailó, llevó libros, sombrillas, o velada nocturna con velas. Las mayoría de las marchas tratan de llegar a edificios públicos como el Ministerio de Justicia, el Consejo Nacional Electoral o el Ministerio de Educación. Se manifiesta gente que apoya a todos los sectores de la oposición, pero también hay quienes acuden a las marchas y no creen en la MUD pero están en contra del Gobierno de Nicolás Maduro. Están ocurriendo en distintos sectores de Caracas y, cuando hay convocatoria masiva, en todos los estados del país.

A la par, el oficialismo ha convocado diversas contra-marchas. Aparte de mucho uniformado ministerial, poca gente y ni por asomo el lleno de otras épocas.

La represión

La secuencia en 2014 era más o menos la misma: manifestantes montan guarimba-Guardia Nacional llega con piquetes-lanzan proyectiles lacrimógenos-manifestantes lanzan cócteles molotov-lanzan más lacrimógenos-reprimen-se llevan manifestantes detenidos.

La secuencia en 2017 es: manifestantes tratan de llegar a algún ente público concreto-hay un enorme contigente de Guardia Nacional (GNB) que bloquea el paso-antes de que lleguen o cuando llevan un rato tratando de pasar, antes de que lancen nada, la GNB tira lacrimógenos-activan la 'ballena'-dispersan manifestación-persiguen a los que protestan-queda un grupo pequeño de manifestantes-lanzan molotovs, piedras, hacen barricada-lanzan más lacrimógenos.

Estas manifestaciones están siendo reprimidas con mayor dureza. Baste un dato clave: en 2014 las protestas se alargaron durante 4 meses. El Ministerio Público dio la cifra de 43 muertos. En 2015 llevamos 51 días de protestas y, a la hora de escribir esta nota, el número de muertos es ya de 50.

Un agente antidisturbios agarra a un manifestante mientras dispara gases lacrimógenos en Caracas, el 20 de mayo de 2017. (EFE)
Un agente antidisturbios agarra a un manifestante mientras dispara gases lacrimógenos en Caracas, el 20 de mayo de 2017. (EFE)

La situación socio-económica

Se mantienen cosas similares en ambos años: inflación, escasez de productos, salarios que no alcanzan, falta de medicamentos. Solo que en 2017 todo elevado a la enésima potencia.

Si la inflación en 2014 era del 68,5% según cifras del Banco Central de Venezuela, la Asamblea Nacional calcula que a final de este año se puede llegar al 741%. Siempre con cifras extraoficiales, ya que el Banco Central de Venezuela no da cifras desde hace más de año y medio. Si en 2014 la escasez apenas se notaba en Caracas, la tacita de plata, sobre todo a finales de 2016 se hizo realmente dura. Pero, cuando han aparecido las cosas ha sido a precios impagables para la mayoría. Las habichuelas negras, esenciales en la gastronomía venezolana, de estar desaparecidas del mapa pasaron a los anaqueles a costo de lujo para el salario mínimo actual. Igual ocurre con los medicamentos, con el punto dramático de que hay algunos que, ni pagando a un costo elevado, están. Verbigracia, los tratamientos de cáncer.

2017 es el año en que se ha visto, de modo mucho más generalizado y sistemático, gente buscando comida en la basura, el año en que la “clase media” no lo es, en que la desnutrición no es un fantasma, sino una realidad de la se desconoce la magnitud porque no hay cifras, el año en que supimos por el Boletín Epidemiológico –que tenía dos años sin publicarse y que, tras conocerse llevó al cese de la Ministra de Salud– que la mortalidad infantil aumentó un 30% en 2016 respecto al año anterior, y la materna en 65,79%.

¿El último capítulo?

En 2014 las protestas se fueron apagando solas, en parte por el desgaste, pero también por la falta de apoyo de un sector de la oposición que no creía en la salida violenta. Ahora, al menos en el momento de escribir estas líneas, se ve la determinación política que no se vivió en momentos anteriores. Pero, sobre todo, la firmeza ciudadana que, apoyando o no a la oposición, quiere un cambio en el país. También la postura firme de Nicolás Maduro de no ceder a la petición de elecciones y seguir adelante con una Asamblea Constituyente que en sus propias filas se ha cuestionado.

¿El ejército? Bien, gracias. Para los que –sobre todo desde fuera de Venezuela– dicen que puede haber un golpe de Estado va la pregunta: ¿usted muerde la mano que le da de comer? ¿No? Pues imagine que pertenece al cuerpo público más beneficiado en salario, comida, que controla la alimentación del país, las fronteras –con la corrupción que conlleva– y que, además, no sabe muy bien qué garantías va a tener con una oposición que, en parte, clama “justicia”por estos años. Ningún escenario futuro parece halagüeño y es difícil hacer pronósticos sobre un puzzle del que, seguramente, hay muchas piezas ocultas debajo de la mesa o en el que aparecen nuevas de última hora.

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