PLAN DE ABASTECIMIENTO SOLO PARA CARACAS

La "guerra del pan": la carestía que pone a Venezuela en una situación insostenible

Maduro activa un plan de abastecimiento ante lo que llama “la guerra del pan”. Solo Cubre un municipio de la capital. No hay materia prima. La falta de divisas lleva a la falta de importaciones

Foto: Venezolanos hacen cola para comprar pan ante una panadería de Caracas. (Reuters).
Venezolanos hacen cola para comprar pan ante una panadería de Caracas. (Reuters).

El Gobierno de Nicolás Maduro se encuentra en un momento financiero difícil. La caída de los precios de petróleo desde 2013 supusieron una merma de los ingresos en dólares al país, que depende económicamente, casi en exclusiva, de la exportación de crudo. Se suma la deuda externa, estimada en 17.000 millones de dólares, aunque el vicepresidente de Economía y ministro Ramón Lobo sostiene que Venezuela cumplirá con sus compromisos ante “una situación más holgada” de los ingresos petroleros, propiciada en parte por la congelación en la producción acordada por la Organización de Países Exportadores de Petróleo.

La falta de divisas lleva a la falta de importaciones, pero también a la restricción en el gasto público que en Venezuela se traduce, sobre todo, en las Misiones, el programa social bandera del chavismo que movió grandes sumas de dinero en sus años boyantes. Sin tanto dinero para gastar y con un problema de escasez o de altos precios en los productos básicos, la solución pasa por llevar puerta a puerta (y por televisión) todo lo que no hay en las casas.

Los CLAP (Comités Locales de Abastecimiento y producción) son las nuevas misiones. Después de la caja de comida, el pasado 12 de marzo Maduro anunció el CLAP maternal, el CLAP higiene y el hogar. Por ejemplo, el primero tendrá potitos, pañales, aceite, cremas y compresas y será “un apoyo para las madres con bebés de hasta 2 años”. La medida, dijo Maduro, responde a que “la burguesía les esconde los productos y roba a las madres recién paridas”.

El domingo pasado, en el marco del cierre de Expo Venezuela Potencia 2017, el Gobierno hizo alianza con empresas nacionales privadas y públicas con el compromiso de producir un millón de cajas CLAP higiene y 500.000 de CLAP maternal al mes. Entre las empresas a las que concedió créditos para producir están Nestlé, Heinz, Procter & Gamble y Colgate Palmolive, todas en su filial nacional.

La "guerra del pan"

“Quienes le nieguen el pan al pueblo tendrán las maldiciones eternas y no se salvarán”. No es una frase de un texto religioso, ni tampoco de un teórico político. Es la última declaración del presidente Maduro sobre la “guerra del pan”, como ha llamado a la falta de este alimento en el país. Para hacerle frente se empezó hace unas semanas el Plan 700, donde se obliga a usar el 90% de la harina a elaborar solamente pan salado de dos tipos. Se centra solo en el municipio Libertador –uno de los cinco que conforma Caracas– y ya se han intervenido 4 panaderías, 436 se han fiscalizado y hay 2 detenidos. El problema de fondo es que no hay suficiente harina de trigo para cubrir la demanda.

Esta nueva variante de lo que el Gobierno llama “guerra económica”, provocada por los empresarios y la derecha para desestabilizar el país y que tiene como consecuencia la escasez de alimentos y productos básicos, se da en unos días en los que se ha notado la falta de un rubro cuya cadena de producción y distribución depende enteramente del Estado: la gasolina.

La Federación de panaderos le declaró la guerra al pueblo, lo tienen haciendo cola por maldad”, dijo Nicolás Maduro en febrero, en su programa televisivo de los domingos. Era la primera vez que hacía alusión a la guerra del pan. Mientras, en la calle, ciertamente las colas ante las panaderías cada vez eran más largas, pero cotidianas desde mediados del año pasado. Era común –y sigue siendo– ver un cartel de “No hay pan” en estos locales y conseguirlo sólo a determinadas horas después de hacer la consabida cola.

"Me sacaron a patadas y ahora tienen a unos delincuentes atendiendo la panadería”, explica quien estuvo al frente del negocio 25 añosLa solución, el Plan 700, que se centra en las 22 parroquias del municipio Libertador, uno de los cinco que comprende Caracas, “donde se concentra el problema de las colas en las panaderías”, dijo el responsable de la Superintendencia Nacional para la Defensa de los Derechos Económicos (Sundde), William Contreras. En cada panadería fiscalizada, un supervisor dice cuánta harina se emplea para qué tipo de pan. Se están haciendo canilla, como una barra normal, y francés, un bollo pequeño, los dos con el precio regulado más bajo.

Y se han “intervenido” panaderías. El caso que más revuelo ha hecho ha sido el de Mansion's Bakery, un local en la avenida Baralt, céntrico, con mucho tránsito, a dos manzanas del palacio presidencial de Miraflores. El Estado tomó el lugar y le cedió el mando a los CLAP de la zona. Aunque la intervención es por 90 días, le han cambiado el nombre –ahora se llama Minka–, la han pintado por fuera y sus nuevos ocupantes hablan como quien llegó para quedarse. José Solórzano, del CLAP Arturo Michelena, es el encargado de este nuevo proyecto que no comercializa el pan, “se distribuye y no ganamos excedentes especuladores, cambiamos todo porque somos una panadería comunitaria a partir de ahora, la estética es revolucionaria y la inversión social irá a la comunidad”.

Una mujer trabaja en una panadería de Caracas. (Reuters)
Una mujer trabaja en una panadería de Caracas. (Reuters)

Los nuevos ocupantes de la que otrora era Mansion's Bakery explican que el “antiguo dueño” acumulaba varias sanciones e irregularidades: “acaparamiento de harina, sobreprecio del pan, explotación laboral, insalubridad, sacaba más pan dulce de lo que da el 10% de la harina”, explica Solórzano. “No dio tiempo a la conversa, no ha aparecido, se fue y por eso la comunidad asume esto mientras el Estado hace su juicio”, añade.

Emilio Dos Santos, el dueño , dijo en una entrevista a Radio Caracas Radio que fue amenazado por el superintendente William Contreras. “La seguridad del Estado mandó cerrar, me sacaron a patadas del local y ahora tienen a unos malandros atendiendo la panadería”, explicó quien estuvo al frente del negocio por 25 años.

La gente entra a la rebautizada Minka pidiendo pan. “Esto ahora es para los CLAP, para repartirlo a la comunidad”, explica Solórzano. Una señora pasa al frente y se queja: “lambucios, ellos se quedan el pan y para nosotros ahora qué”. Unos de los CLAP reparte el pan en un edificio cercano. Dos por familia por 400 bolívares, unos 12 céntimos de euro si se hace el cambio en el mercado negro, 50 si se hace a la oficial. Nadie reniega de ese pan. Una vecina, opositora, se queja de que hayan intervenido la panadería, pero se lleva su parte bajo el brazo “porque no me queda de otra, a esto hemos llegado”.

Alicia Hernández. CaracasAlicia Hernández. Caracas

En El Silencio, en la misma zona, otra panadería intervenida es la Inversiones Rol 2525. La dueña no quiera hablar, su hija dice que los responsables ahora son los fiscales. Los fiscales dicen que no se habla con la prensa. Y los mostradores están vacíos. Sin pan, sin nada dulce, sin pan de piñita o acemita, unos bollos de azúcar redondos de muy bajo precio, muy populares entre la gente de bajos recursos. La gente se acerca a preguntar por el pan salado y por el dulce, pero no hay nada. “En una hora sacamos más pan”, dice una de las fiscales. La gente espera enfrente la próxima horneada.

“Los de la Sundde nos ponen en una pizarra cuánto tenemos que hacer cada uno de cada pan. Tanto de campesino, tanto de francés, tantos sacos de canilla. La misma gente se molesta porque no compra canilla, son panes pequeños. Y la canilla y el francés son los que dan más pérdida (al negocio), pero es el que nos están pidiendo hacer", se queja Jorge Ríobueno, al frente de Pan Dulce Bolero, también en la avenida Baralt. Pero la mayor queja de Jorge es la falta de materia prima. “No ha llegado harina. Llevo 15 días que no llega. Lo que queda, como mucho, da para esta semana y no creo que vuelva más. Van a quebrar la panadería”.

La imposición del trigo

A pesar que hace décadas y de generación en generación de políticos se repite como muletilla que en Venezuela “hay que sembrar el petróleo” –en referencia a un artículo del escritor Arturo Uslar Piertri–, ningún gobierno ha tenido la voluntad real de superar el rentismo petrolero y buscar fuentes de ingresos para el país más allá de chupar de la tierra y sacar barriles de dólares. Este monocultivo se traduce en el levísimo desarrollo del resto de sectores productivos cuando no su olvido, y en la necesidad de importar prácticamente todo. Con la caída de los precios del barril de petróleo se hicieron aún más evidentes los fallos en el modelo, empezó a faltar el ingreso nacional en dólares, el dinero para importaciones y, finalmente, las cosas importadas.

Desde hace unos meses se dice desde el chavismo es que el trigo es una imposición neocolonialista¿Qué tiene esto que ver con la “guerra del pan”? Pues que para hacerlo se necesita trigo, materia prima que importa el Gobierno porque, al tema de dependencia petrolera se suma que el país es en su mayor parte de clima cálido, no apto para el cultivo de este cereal. Según declaraciones del ministro de Alimentación Rodolfo Marco Torres en un programa en el VTV, el canal del Estado, la demanda está cubierta: “está 100% garantizado el trigo panadero, hay 90.000 toneladas al mes para distribuir”. Desde Asociación de Panaderías del Estado Falcón, su presidente Víctor Nercio explica que para poder cubrir la demanda actual de harina de trigo en el país se necesitan 120.000 toneladas métricas de trigo al mes. “Llevamos 10 años pidiendo más trigo al Estado”, apunta.

Nercio señala algo clave: “Se han dado instrucciones para que lo que se produzca (de harina de trigo) se desvíe a la capital. Esto crea un impacto. Los despachos en Falcón han mermado un 70% desde enero”. Es algo que parece norma para todo, gasolina, electricidad, pan. Mantener a la capital abastecida y, en caso contrario, tomar acciones. “El Plan 700 es sólo para Libertador, donde hay 706 panaderías. Solo en el estado Falcón hay más de 600 y el 92% no tiene inventario o está a punto de terminarse. Libertador –donde están los poderes públicos– está sobreabastecido y todo un estado sin un solo saco de harina.. Da rienda suelta a la interpretación”.

La matriz de opinión que hace unos meses se maneja desde el chavismo es que el trigo es una imposición neocolonialista. José Solórzano, que además de llevar ahora la panadería Minka es historiador, explica que “es una imposición a punta de guerra después de 1945, una herencia colonial de consumismo”. En VTV el argumento se repite. No fue con la Segunda Guerra Mundial que este cereal llegó a Venezuela. Fue siglos antes y de la mano de quienes les impusieron lengua y religión a fuerza. Sí, los españoles, que necesitaban el trigo “para la mesa y la misa”, como señala el historiador gastronómico Miro Popic. Para la hogaza y para la hostia empezó a sembrarse trigo en la zona de los Andes (estados Mérida, Trujillo y Táchira) y llevó una coexistencia pacífica con el autóctono maíz y su derivado, la arepa. “Siempre se ha consumido más maíz que trigo”, señala Popic.

Entonces, si la necesidad de más trigo no es nueva y, por otro lado, el consumo de arepa/maíz nunca se ha visto opacado por el de pan/trigo, ¿por qué es ahora cuando se nota más la escasez? Para Nercio, la respuesta está en el aumento de la demanda de pan en el día a día del venezolano. Si en 2014 el consumo era de 23 kilos por persona, cuenta que para finales del año pasado era de 32, un 39% de incremento según cifras de Fevipan. Popic es tajante: “no hay suficiente harina de maíz y se hace indispensable el pan”.

En Plaza Venezuela, una panadera portuguesa cuya identidad quiere preservar, dice que en más de 20 años nunca había visto escasez de este rubro. “Ahora la demanda es grande, porque no hay qué comer. Pero cómo hacemos si no nos llega harina. La última que tenía es de hace casi un mes”. Un señor entra a su establecimiento y pregunta algo que en otro país sería de perogrullo: “¿Hay pan?”. Ella calla y señala el mostrador. Hay unos flamenquines hechos de masa frita de yuca rellena de queso reposan en el mostrador. “Eso no me lo puedo llevar, no me alcanza y harina pa' la arepa no hay o es costosa”. La panadera le responde “vaya a quejarse a Miraflores, yo ni siquiera tengo para mantener esto ya”. Y se mete en la trastienda. El horno apagado, el almacén con sólo restos blanquecinos y las estanterías de madera que, vacías y silenciosas gritan lo que a la dueña no le pasa por la garganta: “No hay pan”.

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