Todo grita: ¡inflación!
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se acerca un cambio de ciclo

Todo grita: ¡inflación!

Desgraciadamente, los inversores no están preparados para lo que puede ser un giro único en el mercado

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Podríamos estar en un punto de inflexión generacional para la economía. La política, la economía, las relaciones internacionales, la demografía y la fuerza laboral están cambiando a favor de la inflación. Tras más de 40 años de políticas que otorgaban prioridad a la lucha contra la subida de precios, las respuestas favorables al trabajador y al consumidor se están quedando atrás, no solo en EEUU, sino en gran parte del mundo.

Lamentablemente, los inversores no están preparados para dicho cambio, quizá porque los puntos de inflexión tan históricos han demostrado ser sumamente difíciles de detectar. Esta puede ser otra falsa alarma, y tardará muchos años en materializarse, pero las pruebas para un cambio de rumbo general son sólidas en cinco frentes.

1. Los bancos centrales, liderados por la Fed, están menos preocupados por la inflación

Desde la crisis financiera global, los legisladores han estado mucho más tiempo preocupados de que la inflación se sitúe por debajo de sus objetivos que por encima. Pero, hace poco, han adoptado medidas decisivas que se alejan de los objetivos. La Fed ha adoptado un nuevo objetivo más accesible de una inflación media del 2%, lo que significa que puede excederse durante años para compensar las bajas cifras de la última década.

Además, ha pasado de centrarse en intentar ir por delante de la inflación basándose en sus predicciones a esperar a que la inflación llegue realmente. Como se sabe que las consecuencias de la política económica en la economía tienen desfases extensos y desiguales, tal y como subrayó Milton Friedman, esto aumenta la posibilidad de que la Fed actúe demasiado tarde para frenar la creciente inflación.

Foto: (Reuters)

Bajo Janet Yellen, actual secretaria del Tesoro, y el actual presidente de la misma, Jerome Powell, la Fed también ha destacado lo que anteriormente trató como objetivo secundario del pleno empleo. En especial, se centra en los beneficios para trabajadores excluidos, incluidas minorías étnicas, de mantener la economía activa. La parte negativa es que, cuando llegue el momento en que la Fed tenga que ralentizar la economía, estos grupos sabrán que han sido los primeros afectados por la contracción de la Fed —lo que podría volver el rápido aumento de los tipos por parte de la Fed todavía más polémico de lo habitual—.

2. La política ha cambiado hacia el gastar más ahora y pagar menos después

Al menos desde la Administración de Nixon, los republicanos han querido abandonar su retórica de un presupuesto equilibrado cuando estaban en el Gobierno. Pero Donald Trump lo llevó a otro nivel, con un déficit récord para financiar recortes de impuestos sobre sociedades en el periodo de paz, incluso antes de la pandemia. Joe Biden ha demostrado que está dispuesto a gastar incluso más, y mientras las próximas facturas de gastos traerán impuestos consigo, las encuestas muestran que a los ciudadanos les han encantado los cheques de estímulo.

Algo parecido ha pasado en gran parte del mundo desarrollado. La lección de la austeridad posterior a la crisis financiera fue que no funcionó, y se abandonaron los estímulos demasiado rápido. Los políticos prefieren naturalmente la satisfacción de gastar y no es probable que repitan el error de después de 2009, lo que se añade a la presión inflacionista.

3) La globalización ha pasado de moda

Los acuerdos de libre comercio proliferaron en las últimas cuatro décadas, aumentando la competitividad y controlando los precios. La apertura de China después de 1978 y su ingreso en la Organización Mundial del Comercio en 2001 añadieron más de 800 millones de trabajadores a la capacidad global.

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Pero la globalización ha llegado a su cúspide. El presidente Biden va a continuar la agenda proteccionista del presidente Trump, aunque con más tacto. Los estímulos vienen con requisitos de compras nacionales, y China se mantiene en el punto de mira. La Unión Europea planea nuevos aranceles al carbono, mientras que Reino Unido tiene nuevas restricciones hasta en el comercio nacional gracias a su chapucera salida de la UE. Siguen cerrándose acuerdos bilaterales, por lo que el libre comercio no ha muerto. Pero, en el mejor de los casos, el ritmo de la globalización se ha ralentizado.

4) Los datos demográficos empeoran la situación

Una de las ventajas de la globalización era que incorporaba trabajadores extranjeros a medida que la mano de obra doméstica crecía más lentamente. Pero China, el motor de la producción global, ha alcanzado su población máxima, o está muy cerca, mientras que EEUU registró en la última década el menor crecimiento demográfico desde los años treinta. Cuando los trabajadores tienen menos competencia, pueden exigir más por su trabajo, ya que el miedo a que las fábricas se trasladen a otra parte disminuye.

5) Una mano de obra capacitada incrementa la presión sobre salarios y precios

Es demasiado pronto para desenterrar recuerdos de los revolucionarios años setenta; los sindicatos han sido aplastados, y les llevará tiempo recomponerse.

Pero Biden apoya firmemente los sindicatos, y es probable que la organización se vuelva más fácil. La reciente tendencia hacia la economía colaborativa —que aumenta la competitividad laboral y reprime los ingresos del trabajador— también se encuentra bajo presión de los estados y varios esfuerzos europeos por restringir las formas que tienen las empresas de eludir la normativa laboral. El secretario de Trabajo de EEUU sugirió la semana pasada que muchos trabajadores de la economía de pequeños encargos estadounidense deberían considerarse empleados, lo que les otorgaría más derechos, si bien menos flexibilidad.

Muchos de estos cambios son lentos, y, al margen de la demografía, cada uno obtendrá una fuerte oposición política. Sigo teniendo la esperanza de que la Fed quiera elevar los tipos para controlar la inflación, aunque cueste puestos de trabajo; el comentario de Yellen este martes de que sus grandes planes de gasto podrían exigir que los tipos “subieran algo” sugiere que la Administración Biden no está presionando a la Fed para que mantenga los tipos bajos. También es posible que la fuerza laboral aumente atrayendo de nuevo a aquellos que habían sido apartados, lo que combatiría las presiones salariales de los próximos años.

Foto: Foto: Reuters.

Las presiones inflacionistas a corto plazo del gasto pospandémico, combinadas con una oferta restringida, podrían ser el comienzo del gran cambio. Pero puede que la inflación vuelva a caer antes de que se consoliden las tendencias más importantes. Incluso una década después del último punto de inflexión, cuando Paul Volcker, presidente de la Fed, combatió la inflación a expensas de una profunda crisis, el aumento de precios anual volvió a superar el 6%. Pocos entonces creerían que la inflación había sido derrotada durante una generación, pero así fue.

Si nos encontramos ante un punto de inflexión, el precio de estar equivocado es alto. Los inversores que están comprando bonos del Tesoro a 10 años a un 1,6% perderán terriblemente con una mayor inflación. Incluso conseguir el objetivo de la Fed del 2% durante ese periodo implicaría una pérdida de poder adquisitivo. Si la inflación recupera la media de los años noventa del 3%, sería muy doloroso, y si los miedos asumieran que el 3% podría convertirse en la media de los años ochenta de más del 5%, los bonos del Tesoro serían masacrados.

Es demasiado pronto para asegurar que la inflación va a aumentar de manera inexorable. Pero sería una locura crear una cartera que no considerara la inflación como un riesgo importante.

*Contenido con licencia de 'The Wall Street Journal'.

Podríamos estar en un punto de inflexión generacional para la economía. La política, la economía, las relaciones internacionales, la demografía y la fuerza laboral están cambiando a favor de la inflación. Tras más de 40 años de políticas que otorgaban prioridad a la lucha contra la subida de precios, las respuestas favorables al trabajador y al consumidor se están quedando atrás, no solo en EEUU, sino en gran parte del mundo.

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