El mensaje de China a EEUU: ahora estamos en igualdad de condiciones
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de la admiración a la rivalidad

El mensaje de China a EEUU: ahora estamos en igualdad de condiciones

El presidente Xi hace frente a la Administración Biden con una nueva visión del mundo: las décadas de no plantar cara a EEUU como líder global han acabado

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EC.

Quedó claro rápidamente en Anchorage, Alaska, el mes pasado, que los enviados diplomáticos del presidente chino Xi Jinping no habían llegado con ramos de olivo. En su lugar, traían una nueva visión del mundo.

Tal y como esperaban los oficiales de la Administración en su primera reunión con interlocutores chinos, Tang Jiechi, principal asesor de política exterior de Xi, y el ministro de Asuntos Exteriores, Wang Yi, les pidieron que revocaran las políticas de la era Trump dirigidas a China. Pekín quería restaurar el tipo de ‘diálogo’ recurrente que Washington ve como una pérdida de tiempo, declaran oficiales de ambas administraciones informados sobre la reunión de Alaska.

Yang también dio una sorpresa: un discurso de 16 minutos sobre los problemas raciales y fracasos democráticos de EEUU. El objetivo, dicen los oficiales chinos, era dejar claro que Pekín se ve a sí mismo como un igual de EEUU. También advirtió a Washington sobre cuestionar a China respecto a una misión que Pekín considera sagrada —la posible reunificación con Taiwán—.

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Joe Biden y Xi Jinping, en una imagen de 2013. (Reuters)

Ese es un gran giro para los líderes chinos, que durante décadas se encargaron de no desafiar a EEUU como líder global y seguir el dictamen que Deng Xiaoping estableció hace décadas: “Mantened un perfil bajo y esperad el momento”. Algunos altos responsables chinos llamaban a EEUU ‘Lao Da’, o Gran Jefe, en secreto —a veces sarcásticamente—.

Ahora, Xi está redefiniendo la relación. En lo que a él respecta, el momento de China ha llegado. “China ya puede mirar al mundo en condiciones de igualdad”, declaró en las sesiones legislativas anuales en Pekín a principios de marzo, un comentario interpretado por los medios chinos como una declaración de que China ya no admira a EEUU.

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EEUU describe sistemáticamente a China como un rival estratégico, pero Pekín en rara ocasión, o en ninguna, ha utilizado tales términos, recalcando términos como ‘win-win’ y cooperación. “Uno de los cambios más claros en la actitud de China es que ahora reconoce la existencia de competencia, que nunca ha expresado en el pasado”, dice Wang Huiyao, asesor del Consejo de Estado de China y presidente del Center for China and Globalization, centro de estudios en Pekín.

La relación cada vez más contenciosa ha creado competencia para los aliados, con diplomáticos estadounidenses acudiendo a Japón, Corea del Sur y Europa occidental, mientras que los homólogos chinos han cerrado acuerdos en el sudeste asiático, Rusia e Irán.

Relación competitiva

La advertencia de Yang en Alaska sobre la reunificación de Taiwán es una noción amenazante de cómo una relación competitiva entre las potencias mundiales podría conducir a un conflicto. EEUU está comprometido a ayudar a Taiwán a preservar su autonomía bajo promesas incluido el Taiwan Relations Act de 1979, y el equipo de Biden proclama sus planes para reforzar las relaciones económicas y políticas con Taipéi. Xi ha convertido la reunificación con Taiwán, que Pekín ve como una provincia secesionista, en una parte importante de su ‘sueño chino’ de resurgimiento nacional.

El ministro de asuntos exteriores de China declara sobre el aviso de Yang en Anchorage: “El lado chino señaló que la cuestión de Taiwán está relacionada con la soberanía e integridad territorial de China y los principales intereses de China”. Añade: “No hay lugar para concesiones”.

Hay pocos indicios de acciones inminentes de China para recuperar la isla, aunque ha habido muchos gestos simbólicos. Poco después de la reunión en Alaska, Xi inspeccionó la provincia de Fujian, del otro lado del estrecho desde Taiwán. Aviones chinos han aumentado sus incursiones en la zona de defensa aérea de Taiwán en las últimas semanas. Días después del encuentro en Alaska, el coordinador de China de la Casa Blanca, Kurt Campbell, declaró en una conferencia privada auspiciada por la Universidad de California en San Diego que Pekín se había vuelo “impaciente” con el ritmo de la reunificación, según participantes.

placeholder Militares de Taiwán, isla amenazada por China. (Reuters)
Militares de Taiwán, isla amenazada por China. (Reuters)

El almirante Phil Davidson, que dirige el Comando Indo-Pacífico de EEUU, advirtió a la Comisión de Servicios Armados del Senado a principios de marzo de que China intentaría tomar el control de Taiwán a finales de la década, quizá en tan solo seis años. Puede que China actúe precipitadamente por una creencia exagerada de que EEUU es una potencia decadente, según un alto responsable estadounidense.

Las relaciones entre los países se diluyeron durante la Administración Trump. Después de que ambos bandos libraran una guerra comercial de dos años hasta una tregua cautelosa, el presidente estadounidense culpó a Pekín de liberar el coronavirus. China rechazó las acusaciones y llamó al Secretario de Estado Mike Pompeo “payaso catastrofista”.

Tras la elección de Biden, intelectuales y autoridades en Pekín se dirigieron a contactos estadounidenses para intentar averiguar si la nueva Administración cambiaría de rumbo. Se desanimaron rápidamente. Incluso antes de que Biden tomara posesión, diplomáticos chinos intentaron programar una reunión de alto nivel entre ambas partes, según personas cercanas al asunto. Los oficiales de Biden nunca aprobaron la petición y, en su lugar, hablaron constantemente sobre trabajar con aliados para hacer frente a China.

Foto: Joe Biden. (Reuters)

Las preocupaciones de China se reforzaron en enero, cuando la elección de Biden para Secretario de Estado, Antony Blinken, utilizó su audiencia de confirmación para declarar que China había cometido actos de genocidio contra los musulmanes uigures en la región noroeste de Xinjiang. China ha calificado la acusación como “la mentira del siglo”.

El equipo de Biden comparte la visión de su predecesor de China como el mayor adversario militar, tecnológico y económico de EEUU. Desde el punto de vista de la nueva Administración, las instigaciones por parte de China nunca han cesado. Pekín bloqueó las importaciones desde Australia por su solicitud de una investigación sobre el origen del coronavirus, se enfrentó a la India por la frontera del Himalaya de los países y buscó intimidar a barcos filipinos y vietnamitas en el mar del Sur de China.

Pekín, según exponen autoridades chinas, buscaba 'duo hui hua yu quan', o recuperar el hilo del relato. Los diplomáticos y medios de comunicación estatales chinos denunciaron de forma agresiva la interferencia occidental en sus asuntos domésticos y proclamaron el auge de China.

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Reunión en Alaska de la Administración Biden con la china. (Reuters)

Antes de la reunión en Alaska el 18 y 19 de marzo, EEUU señalizó un enfoque potente. El presidente Biden se reunió ‘online’ con los líderes de la India, Australia y Japón. Blinken y Jake Sullivan, asesor de seguridad nacional, volaron a Tokio y Seúl para hablar con homólogos de seguridad e insistieron en que Yang y Wang volaran a Alaska para la sesión EEUU-China en lugar de reunirse en Asia. Un día antes de la reunión en Anchorage, EEUU amplió sanciones contra dos docenas de funcionarios chinos por la represión de manifestantes prodemocráticos en Hong Kong. Algunos expertos en política exterior estadounidenses pensaron que se habían excedido, incluido Jeffrey Bader, alto responsable de China en las administraciones de Clinton y Obama, ahora alto miembro de la Brookings Institution. “Cuando más defiendes que no eres una potencia decadente”, dice, “menos convincente resultas”.

Con las cámaras en acción en Anchorage, Blinken criticó brevemente las acciones de China en Hong Kong y Xinjiang y las amenazas contra Taiwán. Yang, miembro del Politburó del Partido Comunista, presentó su feroz réplica de 16 minutos, que los funcionarios chinos declaran pretendía mostrar la nueva visión del mundo de China.

Tras enumerar los logros de su país bajo el mandato de Xi, declaró que China no seguiría “lo que un pequeño número de países defienden como el llamado orden internacional normativo”. Argumentó que EEUU tenía problemas de derechos humanos “profundamente arraigados” y declaró que “EEUU en sí mismo no representa la opinión pública internacional”. Cuando se cerraron las puertas, los asiáticos expusieron las diferencias entre los países en tres categorías, según funcionarios informados sobre la reunión. La primera categoría era lo que podía resolverse con bastante facilidad. La segunda requeriría más negociaciones. Las cuestiones que implican una relajación de las restricciones a diplomáticos y periodistas por ambas partes pertenecen a los dos primeros grupos. La tercera categoría, que concernía esencialmente la soberanía de China, quedaba fuera de alcance.

Foto: Reunión EEUU-China en Alaska. (Reuters)

El segundo día, los diplomáticos abordaron Taiwán. El control de la isla ha sido un objetivo del Partido Comunista desde que las tropas de Mao Zedong arrastraron al gobierno nacionalista de Chiang Kai-shek allí en 1949. Cuando se dirigió al este tras la muerte de Mao, Deng dejó claro que la reunificación podría esperar mientras China se centraba en desarrollar su economía. Para Xi, la espera está llegando a su fin. Cuando Xi avanza hacia un tercer mandato sin precedentes como líder de China a finales del año que viene, sus palabras sobre el resurgimiento nacional tienen un gran apoyo. Pocas cosas consolidarían su legado más firmemente que volver a situar la isla bajo el manto de Pekín, según observadores de China.

En Anchorage, EEUU reafirmó su adhesión a la política de ‘Una sola China’, bajo la que Washington no reconoce Taiwán como nación independiente, pero también reiteró sus promesas de ayudar a Taiwán económica y militarmente. “Los chinos están preocupados por que Biden entre en un terreno resbaladizo y cada vez haga más en Taiwán”, dice Bonnie Glaser, analista de China en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales. “Están utilizando su juego de herramientas de constante expansión para poner presión sobre Taiwán y avisar a EEUU de que tenga cuidado”.

Fuerte ruptura

Emitido en China, el discurso de Yang le convirtió en héroe nacional. También representó una fuerte ruptura con la política de cooperación con EEUU que Deng había adoptado poco después de que ambos países establecieran relaciones diplomáticas. “Si miramos atrás, encontramos que todos los países que están con EEUU se han enriquecido”, dijo Deng a sus asesores en 1979, según informes oficiales, “mientras que los que están en contra de EEUU han seguido siendo pobres. Deberíamos estar con EEUU”.

Ese principio guio a sus sucesores. Jiang Zemin impulsó las negociaciones de Pekín con Washington para introducir a China en el sistema comercial internacional en 2001. Atrajo a directores generales estadounidenses y de otros países para exhibir la mayor apertura del país al mundo. El siguiente líder, Hu Jintao, continuó siguiendo el liderazgo de EEUU. Durante la crisis financiera de 2008, Hu se adhirió a un plan diseñado por el presidente George W. Bush para estimular la economía china para ayudar a que el mundo se recuperara de la recesión.

Xi comenzó su mandato siguiendo un camino similar. Su eslogan del ‘sueño chino’ aludía al atractivo del 'sueño americano'. A finales de 2017, recibió al presidente Donald Trump en una cena privada en la Ciudad Prohibida, pese a las amenazas de Trump de castigar a China. “Tenemos mil razones para que la relación China-EEUU funcione bien”, decía constantemente a subordinados chinos y visitantes extranjeros, “y ninguna para estropearla”.

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Pero cuando la Administración Trump acumuló aranceles sobre las importaciones chinas y puso a grandes empresas chinas en su lista negra, que alegó que estaban robando propiedad intelectual estadounidense y ayudando a fortalecer el ejército chino, Xi se disgustó. Desde su punto de vista, EEUU se había convertido en un socio poco fiable, y trabajó para volver a China menos dependiente de EEUU, especialmente en tecnología.

En las altas esferas de Pekín, Trump era conocido irónicamente como “un gran unificador” —las acciones agresivas del país estaban unificando en China el apoyo al partido y a Xi—. La respuesta caótica de EEUU a la pandemia, seguida de un verano de agitación racial y el asalto al Capitolio el 6 de enero, consolidó su fe en la superioridad del régimen chino, según funcionarios chinos. En reuniones internas, según indican, compara la democracia norteamericana a “una capa de arena suelta” y declara que el régimen de partido único le permite terminar las cosas.

Con Biden en la Casa Blanca, China ha mantenido un enfoque de línea dura, indicando que las empresas que no sigan las normas de Pekín perderán acceso al mercado chino. La empresa de ropa sueca H&M se encontró hace poco con un descontento en las redes sociales y un boicot de consumidores en China por su postura en contra de extraer algodón de Xinjiang. Las autoridades chinas han prohibido a personal militar y empleados de ciertas compañías estatales utilizar vehículos eléctricos fabricados por la estadounidense Tesla, alegando riesgos para la seguridad nacional incluidas preocupaciones por las cámaras de los coches. H&M no ha querido hacer declaraciones. Tesla, que tampoco ha respondido para este artículo, declaró la semana pasada que sus cámaras no se activan fuera de América del Norte. “Nadie les ha obligado a quedarse en China”, declaró Yang en Anchorage, refiriéndose a las empresas estadounidenses que operan en China.

Búsqueda de aliados

Desde la reunión de Alaska, la competencia se ha desarrollado en una búsqueda de aliados. En una semana, Blinken ordenó una condena conjunta de la política de China en Xinjiang con Canadá, la Unión Europea y Reino Unido, que incluye las primeras sanciones de la UE a China relacionadas con Derechos Humanos desde la represión de 1989 a los manifestantes de la Plaza de Tiananmén.

Hasta Japón, normalmente precavido para no molestar a China, su mayor socio comercial, parece estar vinculándose más estrechamente con EEUU. La semana pasada, antes de un viaje del Primer Ministro Yoshide Suga a Washington para una cumbre con Biden el 16 de abril, el ministro de asuntos exteriores Toshimitsu Motegi hizo un llamamiento para que Pekín mejore la situación de los derechos humanos para los uigures y frene la represión de Hong Kong.

Foto: Foto: Reuters.

Wang, el ministro de exteriores, se reunió con su homólogo ruso a finales de marzo, provocando el siguiente titular en el periódico nacionalista chino ‘Global Times’: “China y Rusia romperán el dominio de EEUU en el ‘orden mundial’”. Después viajó a Oriente Medio y firmó un amplio acuerdo económico y de seguridad con Irán. Países como India están intentado evitar quedarse atrapados entre ambos lados. El plan de Biden de organizar una Cumbre de la Democracia aumentará la división.

China tomó represalias contra las sanciones de la UE poniendo en su lista negra a legisladores y centros de estudios europeos, aunque eso hará más difícil la ratificación del Parlamento Europeo de un tratado de inversión pendiente con China. “Es una apuesta arriesgada para los chinos”, dice Daniel Russel, ex responsable de China con Obama, ahora vicepresidente del Asia Society Policy Institute, centro de estudios. “Pero no es una apuesta que tengan claro que van a perder”.

*Contenido con licencia de ‘The Wall Street Journal’

Quedó claro rápidamente en Anchorage, Alaska, el mes pasado, que los enviados diplomáticos del presidente chino Xi Jinping no habían llegado con ramos de olivo. En su lugar, traían una nueva visión del mundo.

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