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Inflación al 10%, depósitos al 0%: el complejo laberinto del ahorrador español
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Inflación al 10%, depósitos al 0%: el complejo laberinto del ahorrador español

El fuerte repunte de la inflación en un escenario de represión financiera ha dejado a las familias sin vías obvias de escape para preservar el valor de su dinero

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La inflación de doble dígito se abalanza sobre la economía española y amenaza con asestar un golpe funesto sobre los ahorros de los españoles. Solo en los tres primeros meses de 2022, la acelerada escalada de los precios se ha llevado por delante más de 35.000 millones de euros del poder adquisitivo de las familias. En un año, la factura se eleva hasta alrededor de 100.000 millones de euros.

La acometida de la inflación cae sobre un mercado acostumbrado a lidiar con unos niveles de inflación muy limitados y que puede verse ahora falto de recursos para cubrirse del impacto de unos precios que se aceleran a doble dígito por primera vez en cuatro décadas. De hecho, pese a que las presiones inflacionarias se han ido amontonando desde hace varios trimestres, los españoles no han dejado de elevar sus ahorros en productos escasamente remunerados, condenándolos a una irremisible pérdida de valor al ritmo que marca una inflación que se espera se mantenga elevada por un periodo prolongado (Funcas pronosticó esta semana que la inflación media de España rondará el 7% en 2022).

En esas circunstancias son muchos los que pueden sentirse tentados a echar la vista atrás en busca de pistas. Pero lo cierto es que las condiciones actuales del mercado ofrecen escapatorias mucho menos obvias que las existentes, por ejemplo, en 1985, la última vez que la inflación alcanzó en España tasas en el entorno del 10%.

Foto: Foto: EFE/Emilio Naranjo.

Sin ir más lejos, aquel año, los tipos medios de la deuda pública de más de dos años se situaban alrededor del 13,4%, mientras que los depósitos financieros de entre uno y dos años ofrecían una rentabilidad media del 10,8%, según datos del Banco de España recopilados por Eduardo Fernández en 'Papeles de Economía Española'. Esto implica que ambas opciones permitían obtener cierto rendimiento, una vez descontada la inflación, con un nivel de riesgos aparentemente limitado. La situación actual no podría resultar más diferente: el rendimiento efectivo medio de la deuda española emitida en los primeros meses de 2022 apenas supera el 0,4%, mientras que en el caso de los depósitos, el tipo de interés medio hasta dos años permanece anclado desde hace meses en un raquítico 0,02%, mínimo histórico. Y nada hace prever que esto vaya a cambiar de forma significativa en los próximos meses.

Lo cierto es que la escasez de opciones atractivas para el ahorro conservador no es únicamente el resultado de la situación actual, sino que viene siendo notoria desde hace varios años. La política de represión financiera ejecutada por los bancos centrales internacionales (bajando los tipos de interés hasta mínimos e inundando de liquidez los mercados) ha elevado a cotas estratosféricas el precio —que evoluciona de forma inversa a la rentabilidad— de los activos considerados libres de riesgos, forzando a aquellos que querían defender su poder adquisitivo a asumir apuestas de mayor riesgo. Pero la aceleración de la inflación motivada por la guerra de Ucrania ha agudizado esta realidad a niveles extremos. La resistencia que vienen mostrando las bolsas frente a las incertidumbres que rodean la economía mundial no podría entenderse sin este factor, que la convierte en un objetivo casi único para todos aquellos que no están dispuestos a resignarse a ver cómo encoge el valor de sus ahorros.

"Mientras los tipos de interés continúan siendo bajos, la inflación está en cifras que en muchos países, incluido España, se acercan a los dos dígitos. Los tipos de interés reales, por tanto, son negativos. En esta situación, el situarse en un perfil conservador y tener exposición a activos monetarios o de renta fija no permite mantener el poder adquisitivo. Para obtener mayores rentabilidades, el ahorrador o inversor necesariamente debe tomar mayor riesgo, siempre que su perfil se lo permita", explica Rafael Hurtado, director de Estrategia e Inversiones en Allianz Soluciones de Inversión.

La guerra ha borrado la expectativa de que la inflación se normalice a corto plazo

El recurso a la bolsa en el momento actual encierra, no obstante, importantes inconvenientes. Primero, porque no todos los ahorradores están capacitados y dispuestos (ya sea por su predisposición al riesgo o por el horizonte temporal de su planificación financiera) a asumir la volatilidad inherente a la inversión bursátil. Y esto se ve exacerbado por el cúmulo de incertidumbres que se ciernen sobre los mercados financieros al calor de la crisis.

Los efectos de la guerra y de las consiguientes sanciones a Rusia han obligado a desterrar cualquier expectativa de que las presiones inflacionarias acaben resultando pasajeras y esto ya ha supuesto, como un cambio fundamental para el mercado, el viraje de los bancos centrales hacia políticas monetarias mucho más restrictivas. Aunque no resulta el desenlace más previsible, el riesgo de recesión se agiganta por momentos.

Como observa Víctor Alvargonzález, socio fundador de Nextep Finance, durante los últimos años, la apuesta por las bolsas ha resultado relativamente cómoda. Pese a los 'shocks' provocados por episodios de tensión como el Brexit, la guerra comercial entre EEUU y China o la pandemia del coronavirus, el entramado de estímulos monetarios diseñado por los bancos centrales se ha probado extremadamente sólido, de modo que, de los últimos cinco ejercicios, el MSCI World ha cerrado en positivo cuatro, con un rendimiento anual medio superior al 15%. Comprar un ETF de bolsas mundiales y dejarse llevar ha sido una estrategia muy rentable.

Foto: Imagen de un operador de mercado, frente a unas pantallas de cotización en el interior de la Bolsa de Nueva York. (Reuters/Brendan McDermid)

Pero ahora, "se ha acabado eso de subirse en un índice y olvidarse", afirma Alvargonzález, quien defiende que "vamos hacia una época más sectorial, en la que serán mayores las diferencias entre unos activos y otros". Por eso, considera que para sacar el máximo rendimiento a las bolsas en el entorno actual de elevada inflación, los inversores deben acertar con las compañías, sectores y países que pueden salir beneficiados. En este sentido, señala el impulso que puede recibir el sector financiero de las subidas de tipos de interés o las compañías expuestas a mercados favorecidos por el reciente 'boom' de las materias primas.

La necesidad de un enfoque más selectivo en las inversiones bursátiles es una prescripción muy extendida entre los expertos, que advierten de que las bolsas pueden verse sumidas en los próximos años en un entorno de rendimientos generales limitados. "En renta variable deberemos seleccionar aquellas compañías líderes en sus sectores que sean capaces de trasladar el aumento de costes a los precios de sus productos o servicios, sin que sus ventas minoren", observa Rafael Valera, CEO de la gestora Buy & Hold, quien resalta el papel del gestor para aprovechar al máximo estas oportunidades.

En la misma línea se pronuncia Hurtado, al apuntar que "la volatilidad e incertidumbre actuales, junto con la casi necesidad de tomar mayor riesgo, hacen imprescindible una gestión dinámica". En su opinión, "en bolsa es previsible que continúe la alta volatilidad, por lo que la recomendación a los clientes se debería basar en fondos perfilados que puedan moderar y cambiar dinámicamente la exposición a bolsa y que incluso puedan tener algunos activos que podrían beneficiarse de la inflación, como las materias primas".

Foto: El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. (EFE/Fernando Villar) Opinión

Este enfoque selectivo también implica, obviamente, alejarse de aquellas compañías y sectores que más pueden verse lastradas por los efectos de la inflación. Así, Ignasi Viladesau, director de inversiones de MyInvestor, advierte de la necesidad de evitar exposición a sectores que puedan ser considerados 'bond proxies', "es decir, empresas cuyo único incentivo sea la presencia de un dividendo, pero que éste apenas crece. Si una empresa no tiene la capacidad de ir creciendo su dividendo, en un periodo inflacionario dicho dividendo estable perderá valor, casi como si se tratara de un bono". Del mismo modo, considera fundamental reducir exposición al sector del consumo discrecional, que puede verse afectado por una retracción del gasto de las familias en aquellos bienes prescindibles.

Alternativas a la bolsa

Aunque siga siendo la apuesta predilecta del mercado, lo cierto es que las bolsas ya no generan el consenso que prevalecía pocos meses atrás. La pasada semana, sin ir más lejos, los analistas de Barclays retiraron por primera vez en dos años el consejo de compra que mantenían sobre la bolsa global, poco convencidos por el repunte que han experimentado los mercados recientemente.

Esta visión es coincidente, en gran medida, con la que defiende Ignacio Fuertes, socio y director de inversiones de Rentamarkets, quien recomienda un posicionamiento prudente durante los próximos meses, "a la espera de un mayor desapalancamiento en activos de riesgo". En su opinión, "el rebote de los principales índices presenta una segunda oportunidad para aligerar riesgo en renta variable". Pero, en contraste, aprecia cierto atractivo en otros activos, como el crédito 'high yield' de corto plazo, los híbridos corporativos o los cocos (bonos convertibles contingentes) con ventanas de salida a dos o tres años.

La preferencia de los expertos por la bolsa en el contexto actual, pese a sus elevadas valoraciones y los riesgos que la acechan, se basa, en gran medida, en la escasez de alternativas atractivas. De hecho, según un análisis de Bloomberg, durante el primer trimestre de 2022, el S&P 500, pese a caer un 4,9%, igualó el rendimiento de la deuda especulativa y mejoró la de los rendimientos del Tesoro y de los bonos con grado de inversión. Desde 1980, la mejor de estas cuatro clases de activos no había tenido un resultado tan malo, lo que muestra lo extendidas que han estado las turbulencias a través de los distintos activos financieros.

En iCapital aconsejan aprovechar las recientes caídas de la deuda financiera

Con todo, cualquier cartera de gestión patrimonial que se precie debe caracterizarse por una amplia diversificación y ajustarse al perfil de riesgo del cliente, lo que pocas veces pasa por un posicionamiento extremo en la renta variable.

Teniendo en cuenta esto, las firmas de asesoramiento tratan de detectar algunos nichos de inversión fuera de la bolsa donde se pueda obtener cierto rendimiento en un escenario como el actual. Con este enfoque, Guillermo Santos, socio de iCapital, recomienda, en paralelo a la creación de una cartera de renta variable muy diversificada, "centrarse en estrategias ligadas a bonos flotantes, así como estrategias que se benefician de la subida de tipos (carteras de renta fija cubiertas en duración mediante venta de futuros) y aprovechar el favorable momento de entrada de los bonos financieros tras las caídas del primer trimestre".

La gestión de los plazos de la deuda se antoja como un elemento esencial para capear el impacto de la inflación. Así, por ejemplo, Viladesau se muestra partidario de "mantener duraciones cortas, ya sea a través de renta fija a corto plazo o a través de 'floating rate notes'. Esta renta fija puede capturar rápidamente las subidas de tipos necesarias para moderar la inflación, sin ocasionar grandes pérdidas de capital al inversor, y dándole rápidamente mayores ingresos recurrentes".

Con una visión similar, Valera subraya que "en un contexto de inflación muchos fondos y activos de renta fija perderán dinero, así no recomendamos estar en bonos de gobierno y mucho menos en aquellos de vencimientos largos. Por tanto, en renta fija deberemos ser muy selectivos con los emisores y plazos, así como con los gestores que elegimos".

Foto: EC.

Pese al difícil escenario que enfrenta la deuda en el medio y largo plazo, Alvargonzález lamenta que actualmente buena parte del ahorro de los españoles está depositado en fondos de renta fija a medio y largo plazo, lo que les expone a fuertes pérdidas. "Eso va a ser una carnicería", advierte, señalando que las pérdidas de entre el 4 y el 5% registradas en los últimos meses suponen "solo el principio" de lo que acontecerá cuando el BCE comience a subir tipos, algo que espera que ocurra más pronto que tarde.

Frente a la idea de que la situación de los depósitos y de las rentabilidades de la deuda dejan a los inversores escasos de opciones para enfrentarse a la inflación, el experto de Nextep apunta que hoy la oferta de productos de inversión es mucho más amplia y hace relativamente más fácil posicionarse en los mercados financieros para aprovechar una subida de los tipos de interés. De hecho, apunta, existen fondos y ETF que directamente ganan cuando suben los tipos, los cuales representan una opción muy interesante en este contexto.

Además, apunta hacia los fondos monetarios de duraciones muy cortas, que, aunque actualmente siguen ofreciendo rendimientos negativos, es previsible que empiecen a captar pronto la subida de las rentabilidades a medida que van renovando sus posiciones.

Parece obvio que no existen soluciones infalibles para enfrentarse a un escenario financiero tan complejo como el actual. Pero también, que ahorradores e inversores cuentan con muchas más opciones para defender sus ahorros que mantenerlos aparcados en productos sin ningún viso de rendimiento en los que la elevada inflación actual irá devorando su valor de forma acelerada.

La inflación de doble dígito se abalanza sobre la economía española y amenaza con asestar un golpe funesto sobre los ahorros de los españoles. Solo en los tres primeros meses de 2022, la acelerada escalada de los precios se ha llevado por delante más de 35.000 millones de euros del poder adquisitivo de las familias. En un año, la factura se eleva hasta alrededor de 100.000 millones de euros.

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