Fiasco farmacéutico con el covid: el éxito de las vacunas no renta en bolsa
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Fiasco farmacéutico con el covid: el éxito de las vacunas no renta en bolsa

Los logros de las farmacéuticas en la lucha contra el coronavirus no se han convertido en muchos casos en el acicate esperado para la cotización de las compañías protagonistas

placeholder Foto: Vial de la vacuna de AstraZeneca. (EFE)
Vial de la vacuna de AstraZeneca. (EFE)

El pasado martes, mientras se extendían por toda Europa los vetos a la vacuna de AstraZeneca, ante la sospecha de posibles efectos secundarios severos, sus acciones registraron un alza superior al 3,6%, en lo que vino a representar su mejor jornada sobre el parqué en más de cuatro meses. Al margen de las dudas sobre la relación entre la solución de la farmacéutica británica y los casos de trombosis denunciados —un vínculo que la EMA sigue sin apreciar—, no hacen falta muchos conocimientos farmacológicos para entender que la decisión de los gobiernos europeos representaba cualquier cosa menos una buena noticia para la compañía, tanto por la potencial pérdida de negocio como, más directamente, por el golpe reputacional. Por eso, se entiende la perplejidad con que muchos analistas observaban el repunte de las acciones del grupo: "No tiene ningún sentido", señalaba el responsable de análisis de una firma española.

El movimiento, sin embargo, puede entenderse —o al menos resultar menos llamativo— si se atiende a que, para AstraZeneca, la vacuna desarrollada junto a al Universidad de Oxford para combatir el covid-19 no ha supuesto en ningún momento un incentivo sobre el parqué. Hoy, el grupo con sede en Cambridge cotiza hasta un 6,6% por debajo de los niveles en que se encontraba cuando la pandemia comenzó a agitar los mercados bursátiles, hace 13 meses, tras caer un 17,7% desde los niveles máximos que alcanzó el pasado noviembre, cuando se disparó en los mercados el optimismo en torno a las vacunas, tras publicarse los primeros datos de eficacia de diversos inyectables. Este factor, curiosamente, sí ha estimulado una fuerte remontada en las bolsas en general.

El fiasco bursátil de la farmacéutica británica, tras su éxito en la carrera de las vacunas, es quizás el más paradigmático y los expertos de Barclays lo achacan en parte a la catarata de titulares negativos que han rodeado su solución contra el coronavirus, tanto por su incapacidad para proveer todas las dosis a las que se había comprometido como por las citadas sospechas sobre sus efectos secundarios.

Foto: (Pixabay)


Pero lo cierto es que hay otros ejemplos de cómo estar a la vanguardia de la lucha contra el coronavirus no ha resultado de forma automática un acicate para las cotizaciones de las compañías involucradas. Es el caso de Pfizer, que apenas ha sumado un 3,45% en los últimos 13 meses, tras restar más de un 15% desde sus máximos del pasado diciembre, o de Johnson & Johnson (matriz de Janssen), cuyas ganancias en este periodo rondan el 7,5%. Se trata de cifras en ambos casos muy inferiores a las ganancias acumuladas por las bolsas mundiales, que superan el 15%.

Y por supuesto no le ha ido mejor a las farmacéuticas que han encontrado mayores dificultades a la hora de desarrollar sus propias vacunas, como Sanofi y GlaxoSmithKline, que han sufrido descalabros en torno al 11 y al 23%, respectivamente, desde febrero de 2020.

Tales rendimientos pueden resultar chocantes cuando se considera que, como señala Barclays en un informe reciente, el desarrollo de varias vacunas contra el coronavirus en menos de un año representa "uno de los mayores logros del campo farmacéutico", llamado a aportar, según los cálculos del banco británico, más de 59.000 millones de dólares (unos 49.500 millones de euros) en ventas solo en 2021 y más de 21.000 millones de dólares (unos 17.600 millones de euros) en 2022, sin contar con la posibilidad de que sean necesarias inoculaciones posteriores.

Barclays estima que las vacunas generarán ingresos de 59.000 millones solo en 2021

Estas cifras, evidentemente, han tenido su reflejo en una mejora de las cifras estimadas de estas compañías para el presente ejercicio. No en vano, el propio Barclays calcula que Pfizer rozará los 15.000 millones de dólares de ventas por su vacuna en 2021, mientras que AstraZeneca ingresará cerca de 5.250 millones; Johnson & Johnson, unos 6.560 millones, y GSK y Sanofi (cuya solución se espera que esté lista a finales de año), 2.649 millones.

Sin embargo, los expertos han encontrado más dificultades a la hora de estimar cómo se plasmarán estas ventas en las ganancias de las compañías. La reciente decepción de Pfizer, al estimar unos márgenes muy inferiores a los que preveían los analistas, ha supuesto un aviso que ha llevado al mercado a extremar la cautela. Así, en los últimos tres meses, el consenso apenas ha elevado un 0,52% el ebitda estimado del gigante farmacéutico norteamericano para 2021, mientras que para AstraZeneca y Johnson & Johnson (un grupo con otras muchas ramas de negocio) la mejora ha sido del 4,84 y el 6,45%, respectivamente, cifras en todo caso lejos de reflejar "un proceso transformador", como observa Pedro Echeguren, analista de Bankinter.

Hay que señalar, no obstante, que las vacunas sí han dejado también sonoros casos de éxito sobre el parqué, como son el caso de Moderna, que suma más de un 660% en los últimos 13 meses, y Novavax, que eleva por encima del 2.700% su revalorización en este periodo. Para Moderna, Barclays estima unas ventas de la vacuna mRNA-1273 en 2021 cercanas a los 18.500 millones de dólares, mientras que en el caso de Novavax su solución supondría unos ingresos de 7.664 millones. "Se trata de dos laboratorios que no contaban aún con grandes exitos y a los que salir airosos en la carrera del coronavirus sí les supone un salto cualitativo notable", observa Echeguren. Las mejoras de las estimaciones de ebitda de ambas compañías en 2021, que superan en ambos casos las tres cifras, vienen en respaldo de esta idea.

Foto: Foto: Reuters.

En cualquier caso, las notables decepciones que ha dejado sobre el parqué la carrera de la vacuna son, en cierto modo, un reflejo más del complejo entorno en que se ha movido el sector farmacéutico en el último año, a pesar de su favorable reacción en los primeros instantes de la pandemia, que lo convirtió en uno de los más recomendados por los expertos, como uno de los presumibles ganadores de la crisis.

En las primeras 10 semanas desde el golpe del coronavirus el sector de salud del Stoxx 600 europeo fue el que mostró, con gran diferencia, el mejor desempeño, con unas caídas acumuladas apenas superiores al 5%, frente a las pérdidas de más del 22,69% que firmó el índice en su conjunto. Desde entonces ha sido el peor, con recortes del 5,5% en paralelo a la remontada superior al 26% que ha firmado el índice paneuropeo. Un movimiento semejante han mostrado los sectoriales farmacéutico y biotecnológico del índice mundial de Bloomberg.

"En general, el sector salud está viéndose penalizado, primero, por la rotación hacia cíclicos, al calor de la reapertura de las economías con el anuncio de las vacunas y, segundo, por el repunte de los tipos de interés en Estados Unidos", sostiene Miriam Fernández, gestora de Ibercaja Sanidad, un fondo que acumula un rendimiento anualizado superior al 6% en los últimos cinco años, pero que no pudo esquivar las caídas en 2020.

La rotación hacia sectores cíclicos y el repunte de los tipos penalizan a las farmacéuticas

Tras el revés del sector el año pasado, Pablo García, director de Divacons-Alphavalue, sostiene que existen en el sector un buen número de casos de compañías con valoraciones muy atractivas, pero a las que no les acompaña el 'momentum' de mercado.

Fernández, que coincide con esta visión, subraya que "las grandes farmacéuticas necesitan reinventarse cada x tiempo, debido a los perfiles de vencimiento de patentes, por lo que, pese a la importancia de las vacunas y tratamientos contra el covid, los inversores analizan la totalidad de la cartera de productos en comercialización y en desarrollo a la hora de tomar sus decisiones".

En esa tesitura, algunas compañías han podido rentabilizar sus logros contra la pandemia, mientras los de otras han quedado sepultados bajo preocupaciones de otra índole. En el primer caso podría señalarse a Eli Lilly, con una revalorización superior al 30% en los últimos 13 meses, obtenida con el respaldo de las informaciones favorables sobre su fármaco contra el virus, aunque firmas como Mizuho Securities muestran dudas de que este pueda llegar a ser un impulsor clave de la tesis de inversión a largo plazo en la compañía estadounidense.

Menos suerte ha tenido Gilead Sciences a pesar del entusiasmo con que fueron acogidas las primeras informaciones sobre remdesivir, su fármaco contra los efectos del coronavirus. Tras las fuertes alzas iniciales, la compañía ha visto esfumarse un 20% de su valor bursátil desde finales de abril, a pesar de que remdesivir le generó ingresos de 2.800 millones de dólares en 2020 y se espera que registre ventas de entre 2.000 y 3.000 millones en el presente ejercicio. Los analistas de JPMorgan consideran que las dudas sobre la duración de esta fuente de ingresos, una vez que las vacunas empiezan a desplegarse por todo el mundo, se suma a un escenario de crecimiento muy limitado en el resto de su cartera para dibujar un panorama "poco inspirador".

Impacto dispar en España

En España, la actividad relativa a la lucha contra el covid-19 ha dejado también entre las farmacéuticas una mezcla de alegrías y sinsabores. Sin duda, las compañías que más rédito han sacado a esta situación han sido los laboratorios Rovi y Reig Jofre. La primera ha obtenido ganancias superiores al 80% desde el inicio de la pandemia, que le han llevado a batir máximos históricos, espoleada por el acuerdo que firmó con Moderna para la fabricación de su vacuna. La compañía, que elevó su ebitda un 55% en 2020, espera aumentar ingresos hasta en un 30% en el presente ejercicio.

Por su parte, Reig Jofre también ha visto elevarse sus pronósticos de ganancias gracias a un acuerdo similar para la elaboración de la vacuna de Janssen. Sus acciones han experimentado un alza superior al 130% en 13 meses, ante la buena acogida a un contrato que, como recalca Echeguren, supone al grupo una plataforma relevante para dar a conocer sus capacidades, además de aportarle unos niveles de actividad elevados para las nuevas instalaciones del grupo.

Foto: EC.

Un caso más controvertido es el de Pharma Mar. La compañía biotecnológica, que saltó al Ibex el pasado año, ha logrado duplicar su valoración sobre el parqué en medio de continuos anuncios sobre sus avances en un tratamiento para el coronavirus, a pesar del escepticismo con el que frecuentemente han sido acogidos por parte de los expertos estos progresos, que incluso llevaron a la CNMV a requerirle ciertas aclaraciones. Con todo, y a pesar del ruido generado, los analistas suelen señalar que la verdadera razón del éxito reciente en bolsa de la compañía de José María Fernández Sousa-Faro se encuentra en los avances de otro tratamiento, Zepzelca, nada vinculado con la pandemia.

A la que han servido de poco sus aportaciones a la lucha contra el coronavirus es a Grifols. Los test de detección elaborados por la compañía de hemoderivados, amén de sus ensayos de tratamientos, no han sido suficiente para compensar la pérdida de negocio provocada por las restricciones ante la pandemia ni la sucesión de dudas por la creciente competencia y su elevado apalancamiento. Sus acciones han perdido un 35% de su valor.

Asimismo, Faes Farma, que tiene en marcha un ensayo para valorar el uso de calcifediol en el tratamiento de pacientes contagiados por el coronavirus, tampoco ha podido esquivar un castigo superior al 23% desde que la pandemia comenzó a golpear el mercado, pese a cerrar 2020 con un beneficio récord de 72,5 millones de euros, un 13,4% superior al del ejercicio anterior.

El pasado martes, mientras se extendían por toda Europa los vetos a la vacuna de AstraZeneca, ante la sospecha de posibles efectos secundarios severos, sus acciones registraron un alza superior al 3,6%, en lo que vino a representar su mejor jornada sobre el parqué en más de cuatro meses. Al margen de las dudas sobre la relación entre la solución de la farmacéutica británica y los casos de trombosis denunciados —un vínculo que la EMA sigue sin apreciar—, no hacen falta muchos conocimientos farmacológicos para entender que la decisión de los gobiernos europeos representaba cualquier cosa menos una buena noticia para la compañía, tanto por la potencial pérdida de negocio como, más directamente, por el golpe reputacional. Por eso, se entiende la perplejidad con que muchos analistas observaban el repunte de las acciones del grupo: "No tiene ningún sentido", señalaba el responsable de análisis de una firma española.

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