Comprar 'exxons' y vender 'teslas': este es el nuevo paradigma de la bolsa
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Comprar 'exxons' y vender 'teslas': este es el nuevo paradigma de la bolsa

La petrolera se ha disparado un 30%, mientras que la empresa de Musk se ha desplomado esa misma cantidad. El crudo vuelve al foco y Tesla ya no está de moda

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Desde principios de febrero hasta el cierre de este lunes, Tesla ha caído casi un 30% y ExxonMobil ha subido un 30%, un impactante cambio en el patrón seguido desde principios del año pasado. Sería fácil determinar que el petróleo vuelve a estar de moda y que los coches eléctricos han pasado de moda de repente. Pero lo primero es verdad a medias y lo segundo claramente falso. De hecho, los movimientos revelan dos tendencias más grandes: la economía impulsada por estímulos y su impacto en los rendimientos de los bonos.

Tesla es una apuesta a largo plazo y ExxonMobil una a corto plazo. El año pasado, los inversores estaban convencidos de mirar a largo plazo debido a unas pésimas perspectivas a corto plazo y la demolición de los tipos de interés y los rendimientos de los bonos por parte de la Reserva Federal. Desde noviembre, los inversores se han centrado cada vez más en los beneficios a corto plazo a medida que ambas tendencias se revertían, aunque este martes la sensibilidad a los bonos del Tesoro se manifestó en dirección opuesta cuando una brusca caída de los rendimientos ayudó a que Tesla se disparase un 20% en bolsa.

Los valores cíclicos, los más sensibles al crecimiento económico a corto plazo, han obtenido buenos resultados desde que las vacunas contra el covid-19 despertaran la esperanza de una reapertura económica. El mercado de estímulos se aceleró en febrero, cuando quedó claro que el paquete de 1,9 billones de dólares del presidente Biden sería aprobado. Los valores cíclicos, como las aerolíneas y las petroleras, las materias primas como el petróleo y el cobre, y los rendimientos de los bonos se dispararon.

Foto: Jaume Puig, director general y de inversiones de GVC Gaesco.

Exxon es la cara ganadora en este nuevo mundo de demanda impulsada por estímulos. El petróleo es la materia prima más sensible al consumo global, y todo el mundo está avanzando hacia la reapertura este año. A medida que aumenta la demanda, también lo hace el precio. Exxon tiene unos costes fijos tan elevados y tuvo un año tan malo el año pasado —los ingresos no cubrieron los costes, ni siquiera antes de la amortización de 20.000 millones de dólares del valor de sus activos— que cualquier aumento de los ingresos se traduce en beneficio. Tiene mucho de lo que los inversores denominan apalancamiento operativo, que tiene el mismo efecto que un elevado endeudamiento: cada dólar de ingresos extra tiene un impacto mucho mayor en sus ingresos que en cualquier empresa donde los costes son variables.

En todo el mercado, la debilidad del año pasado ha implicado que el apalancamiento operativo es el más elevado desde el periodo posterior a la crisis de 2008-2009, según David Kostin, director de Estrategia de Capitales de EEUU en Goldman Sachs. Tesla apenas es rentable, pero a los inversores no les importa. Sus acciones dependen no solo de los ingresos de este año (que se espera que aumenten), sino de los ingresos del futuro, cuando se espera que las ventas sean mucho mayores y cuando finalmente cumplirá la promesa de coches autónomos —o al menos eso esperan los accionistas—.

Desgraciadamente para los inversores de Tesla, a la bolsa le preocupa menos el largo plazo de lo que le solía preocupar. La elección de un demócrata comprometido a combatir el cambio climático seguramente mejoró las perspectivas a largo plazo de los coches eléctricos. Pero la mirada de los inversores está puesta en las perspectivas cada vez más favorecedoras de las empresas que pueden conseguir beneficios en el ‘aquí y ahora’ de una mejor economía.

placeholder El CEO de Tesla Motors, Elon Musk. (Reuters)
El CEO de Tesla Motors, Elon Musk. (Reuters)

Esto no va sobre la avaricia cortoplacista de la que se suele acusar a las bolsas. Una mejor economía implica unos rendimientos más elevados para los bonos, ya que los mercados ya han descontado una mayor inflación futura. Los rendimientos más elevados llevan a los inversores a priorizar todavía más el corto plazo. Eso se debe a que los beneficios de dentro de varios años son menos atractivos si la alternativa a los bonos del Tesoro ofrece unos ingresos decentes. La caída de los precios de los bonos a largo plazo a medida que los rendimientos crecen se corresponde con la caída de los precios de las acciones con beneficios que también se estiman a largo plazo.

El patrón se mantiene en todos los valores de crecimiento especulativo, empresas con rentabilidad baja o nula, pero unas ventas con rápido crecimiento. La biotecnología, la tecnología financiera, los coches eléctricos y la energía limpia alcanzaron su máximo y empezaron a caer más o menos al mismo tiempo.

No se trata de que las ventas sean menores (al margen de algunos que se beneficiaron de los confinamientos). No se trata de que sus perspectivas de beneficios hayan empeorado —en muchos casos, incluida Tesla, los pronósticos de ganancias a 12 meses han mejorado aunque el precio de las acciones haya caído—. Se trata de que las ganancias futuras de esas mayores ventas son menos valiosas con unos rendimientos de bonos más elevados, por lo que hasta muchos de sus seguidores se dan cuenta de que no debería cotizar a múltiplos tan estratosféricos. Si a eso le añadimos inversores esporádicos que han pasado de impulsar el precio a contribuir a su descenso, la situación ha sido desalentadora. Aun así, las caídas apenas han empezado a revertir los beneficios del año pasado. Tesla ha más que triplicado su valor en 2020, a pesar de que ha caído más de un tercio desde su máximo de finales de enero.

Foto: EC

Si los rendimientos de los bonos siguen subiendo, los valores de crecimiento especulativo sufrirán. Puede que incluso algunos de los más débiles sufran la ignominia de tener que pasar de expandirse a toda costa a modo ‘conservar el efectivo’ si les cuesta más conseguir dinero nuevo de inversores. Los valores deficitarios que acaban de salir a bolsa a través de SPAC son los más expuestos.

En cambio, los rendimientos de los bonos ya han aumentado mucho, y si retroceden podrían revitalizar los valores de crecimiento especulativo, como mostraron las grandes fluctuaciones de este martes. Todos sabemos que la expansión económica está en marcha y el petróleo ha superado momentáneamente los 70 dólares el barril esta semana, un precio mayor que antes de que golpeara la pandemia, lo que indica que puede que la recuperación ya se esté anticipando en los precios.

En mi opinión, incluso después de las grandes ganancias de los valores cíclicos y ‘bombardeados’, y de las grandes pérdidas para los valores de crecimiento, seguramente quede mucho por venir a medida que la vida vuelve a la normalidad. Pero la magnitud de los movimientos significa que tengo menos claro que vaya a haber nuevos beneficios para los ‘exxon’ del mundo.

Desde principios de febrero hasta el cierre de este lunes, Tesla ha caído casi un 30% y ExxonMobil ha subido un 30%, un impactante cambio en el patrón seguido desde principios del año pasado. Sería fácil determinar que el petróleo vuelve a estar de moda y que los coches eléctricos han pasado de moda de repente. Pero lo primero es verdad a medias y lo segundo claramente falso. De hecho, los movimientos revelan dos tendencias más grandes: la economía impulsada por estímulos y su impacto en los rendimientos de los bonos.

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