A la cola de las bolsas mundiales

La gran rotación estructural de los mercados deja al Ibex desnortado y a la cola del mundo

Su debilidad, a un 127% de sus máximos históricos, es el reflejo de los problemas estructurales de un mercado que no se ha adaptado a las transformaciones de la economía

Foto: Pantallas de cotización del Ibex en el interio de la Bolsa de Madrid. (EFE)
Pantallas de cotización del Ibex en el interio de la Bolsa de Madrid. (EFE)
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Objetivo fallido una vez más. El Ibex puso el cierre este viernes a otra semana en que se ha mostrado incapaz de asentarse sobre los 7.000 puntos, una cota contra la que viene batallando desde hace varios meses.

Para quienes pongan el foco en los momentos más difíciles de la presente crisis del coronavirus, a mediados del pasado marzo, tales niveles no dejan de suponer un hito a valorar, pues suponen cerca de un 15% de ganancia desde los mínimos registrados hace poco menos de seis meses. Pero quienes lleven su mirada más atrás observarán, con cierta desazón, que lo que actualmente se presenta como un desafío para el índice referente de la bolsa española son cotas vistas por primera vez hace más de 23 años y a las que llegó a mirar desde niveles hasta un 127% por encima en sus mejores momentos, en los albores de la crisis financiera, en 2007.

El covid-19 ha hecho del Ibex 35 una de sus principales víctimas entre los mercados financieros del mundo. Desde que la expansión de la pandemia por Europa comenzó a zarandear las bolsas internacionales, a mediados de febrero, el índice español arrastra caídas superiores al 30%, solo superadas a nivel global por las que registran Chipre y Mauricio.

El contraste es abrumador con índices como el Nasdaq y el S&P 500, que han llegado a tocar recientemente máximos históricos, o con el Dax alemán, que apenas se aleja un 4% de sus niveles previos al azote del virus. Pero incluso el Mib italiano, que por momentos llegó a evolucionar peor que el Ibex, lo aventaja ya en casi nueve puntos porcentuales, con una caída desde máximos del 22,2%.

Se ha hablado con insistencia de las razones que han agudizado el revés de la bolsa española a lo largo de los últimos meses. La fuerte incidencia del virus dentro de las fronteras españolas —tanto en una primera fase como ahora, en pleno rebrote— se ha conjugado con la notable presencia en el parqué español de compañías ligadas a los sectores más expuestos a la crisis, tanto viajes y turismo como, sobre todo, banca. Y a ello se ha unido una notable exposición a los mercados latinoamericanos, que con el desplome de sus divisas se han convertido en un lastre más para las cuentas de las compañías que componen el Ibex.

Pero achacar la postergación del Ibex a una serie de factores coyunturales sería demasiado simplista. Si el índice nacional lleva situándose con frecuencia desde hace más de una década a la cola de las grandes bolsas mundiales, es porque se ha convertido en el gran perdedor de la gran rotación estructural que se viene reflejando en los mercados internacionales, a causa de la irrupción de un nuevo modelo económico, basado en las nuevas tecnologías, la digitalización y la inteligencia artificial.

Evolución comparada del Ibex frente a los principales índices mundiales, en términos de retorno total, en porcentaje.
Evolución comparada del Ibex frente a los principales índices mundiales, en términos de retorno total, en porcentaje.

Hace poco más de una semana, se conoció que tres de los referentes del mercado español eran excluidos de dos de los principales índices bursátiles europeos: BBVA y Telefónica eran designados para abandonar el EuroStoxx 50, dejando solo tres compañías españolas (Iberdrola, Amadeus y Santander) entre las 50 principales del mercado de la eurozona. Por su parte, Santander era expulsado del índice paneuropeo Stoxx Europe 50. En su lugar, nombres como los de Adyen o Prosus, claramente ligados a los segmentos más pujantes de la nueva economía. El primero, como firma de servicios de pago (que usan compañías como Uber, Spotify o eBay). El segundo, como filial internacional de la empresa sudafricana de medios e inversiones tecnológicas, que cuenta con un 31% del gigante chino Tencent (solo esa participación tiene un valor de mercado de casi 200.000 millones de euros).

"En el ánimo de entidades como Stoxx, que es la que gestiona los principales selectivos regionales europeos, está también girar hacia sectores con más atractivo, como tecnología, y reducir peso en sectores con un potencial inferior, como la banca, lo que supondrá para la presencia española en estos selectivos un lastre adicional", por la escasez de candidatos de estos sectores, apunta Patricia García, socia de Macroyield.

"Claramente, los sectores más tradicionales tienen muchas dificultades para competir con la nueva economía y eso se refleja en las bolsas. Esto se ve también en otros países, porque es más un tema de sector que de país", señala Rui da Mota, consultor en el área de Análisis Económico y de Mercados de Analistas Financieros Internacionales.

En los casi 13 años que distan de su máximo histórico, el Ibex ha visto esfumarse más de 200.000 millones de euros de capitalización

En efecto, el declive de sectores como el bancario no es un fenómeno exclusivo español. El sector financiero, que llegó a ser el más relevante del mercado bursátil europeo a inicios de 2007, cuando representaba hasta un 22,5% del Stoxx 600, hoy apenas supone un 6% del mismo; lo que lo sitúa por detrás de los sectores de salud, bienes y servicios industriales, bienes personales y del hogar y tecnología.

En el mercado español, esto se ha traducido en que compañías como Santander y BBVA, que llegaron a sumar más de 160.000 millones de capitalización conjunta hace poco más de un lustro, hoy apenas superan los 46.000 millones. Por su parte, Telefónica, la primera compañía española en superar los 100.000 millones de capitalización, en 2007, hoy languidece, con una valoración de 17.360 millones. En 13 años, el Ibex ha visto esfumarse más de 200.000 millones de capitalización.

Es posible encontrar derrumbes similares en otros mercados europeos y hasta en Wall Street, donde se cuentan por decenas las víctimas de la rotación sectorial estructural que se ha desarrollado en los mercados en los últimos lustros. De las 10 mayores cotizadas a nivel mundial a mediados de 2007, antes del inicio de la crisis financiera global, solo Microsoft se mantiene en el 'top ten', mientras que las demás —con elevado peso de sectores como el petrolero, el financiero y las telecomunicaciones— han quedado desterradas de las primeras posiciones.

La diferencia estriba en que Wall Street ha encontrado relevo a los Exxon, General Electric o Citigroup en un número de compañías pioneras del sector tecnológico, que hoy cumplen un papel preponderante en los mercados y en la economía global, como son Apple, Amazon, Alphabet o Facebook, entre otras.

En esta transición, Europa ha ido notablemente rezagada, pero aun así es posible detectar algunas empresas punteras entre las más grandes del mundo, ya sea en el ámbito tecnológico, como los casos de SAP y ASML, o en el sector farmacéutico, donde destacan las suizas Roche y Novartis.

Para España, en cambio, esa transición no ha acabado de concretarse y hoy los seis bancos del Ibex, más Telefónica y Repsol, siguen representando más de un 25% del índice. Y no es que no haya habido casos de éxito en el parqué español en los últimos años. Se pueden contar, entre ellos, los de Iberdrola e Inditex —pese a sus más recientes dificultades—, los nuevos pesos pesados del índice nacional. Y de toda una pléyade de jóvenes empresas innovadoras, como Grifols, Amadeus y más recientemente Cellnex, que han obtenido rendimientos más que notables, pero insuficientes para compensar el hundimiento de los gigantes históricos del parqué español.

Los resultados son suficientemente elocuentes. Mientras el Ibex acumula pérdidas superiores al 56% desde sus máximos históricos, el Nasdaq 100 firma ganancias por encima del 400%, el S&P 500 suma más de un 125% y el Dax germano gana cerca de un 70%.

Es cierto, como se ha alegado con frecuencia, que la mayor generosidad de las cotizadas españolas a la hora de abonar dividendos distorsiona la imagen real de la bolsa española. Y, de hecho, si se incluye esta variable, el máximo histórico del índice habría que fijarlo en el pasado mes de febrero, justo antes del estallido de la crisis del covid-19.

Pero incluso en términos de rendimiento total, la comparativa a largo plazo resulta desoladora para el índice español, con más de 50 puntos porcentuales de desventaja frente al Cac 40 galo, el FTSE 100 británico o el Dax alemán, desde finales de 2007. Solo el FTSE MIB italiano muestra un retorno ligeramente peor que el del Ibex.

"Efectivamente, el Ibex 35 lo está haciendo mucho peor que el resto de índices europeos debido, fundamentalmente, al elevado peso de sectores tradicionales como el financiero, telecomunicaciones o energético, que tienen pocas perspectivas de crecimiento y muchas disrupciones. La falta de empresas cotizadas tecnológicas, de salud, consumo cíclico, consumo estable e industriales está lastrando la rentabilidad del índice. Además, el Ibex 35 no refleja desde hace muchos años las bondades de la economía española y sus empresas", explica Javier Galán, gestor de Renta 4.

Como observa Rui da Mota, Europa en general y España y los países del sur del continente de forma especial arrastran un déficit histórico de inversión en innovación frente a regiones como Estados Unidos y China, lo que se traduce en una constante pérdida de competitividad. "Año tras año, se va incrementando una brecha de innovación que es muy difícil de cerrar a corto plazo, sin políticas más agresivas", apunta el experto de Afi.

España destinó a I+D en 2018 un 1,2% de su PIB, casi la mitad que la media de los países de la OCDE y ocho décimas menos que la de la Unión Europea

Según los datos de la OCDE, España se situó en 2018 en el 26º lugar del mundo en términos de inversión en investigación y desarrollo, al que destinó un 1,24% del PIB, casi la mitad que la media de los países desarrollados y ocho décimas menos que la media de la Unión Europea.

Y a esto se añade un problema. Y es el desinterés de las empresas españolas en el crecimiento en un mercado bursátil que cada vez les resulta menos atractivo. La venta esta misma semana de Idealista por 1.321 millones de euros al fondo sueco EQT Partners es una clara muestra de cómo las empresas que podrían infundir algo de aire fresco al mercado nacional optan cada vez más por otras alternativas.

El desarrollo de mercados como el del capital privado ha puesto más de relieve algunos de los principales inconvenientes de la opción de cotizar en bolsa, que también se ha visto penalizada por las más recientes normativas regulatorias, como MiFID II. En este sentido, Patricia García subraya la reducción de la cobertura de analistas —al exigir pago explícito por los informes, MiFID ha provocado que muchas firmas de análisis reduzcan el universo de acciones que cubren, que dejan de ser rentables—, que deja muchas pequeñas y medianas empresas sin cobertura y, por ende, fuera del radar de los inversores nacionales y, sobre todo, internacionales.

"La falta de cobertura por parte de los analistas rebaja mucho la visibilidad de las compañías y resta mucho atractivo al hecho de cotizar", advierte la experta de Macroyield, quien toma como ejemplo Pharma Mar, recientemente seleccionada para formar parte del Ibex en sustitución de Ence. "Según datos de FactSet, Pharma Mar, compañía que pasará a formar parte del selectivo Ibex 35 a partir del próximo 21 de septiembre, y que pertenece a un sector de interés, es seguida únicamente por cuatro analistas", observa.

El creciente desinterés de las empresas por el mercado bursátil español tiene consecuencias negativas para la economía nacional. Al fin y al cabo, el propósito de este mercado es hacer más accesible a las compañías la financiación que puedan requerir para cumplir con sus planes de crecimiento. Y al mismo tiempo, facilitar que los beneficios de ese desarrollo puedan ser compartidos por muchos particulares a partir de inversiones no necesariamente muy elevadas.

"Incentivar la cotización de empresas españolas en la bolsa sería una actividad muy enriquecedora para todos. Primero, porque al cotizar se necesitan auditorías y seguimiento de las cuentas de las empresas y mayor transparencia, lo que tiene muchas ventajas para las administraciones públicas. Y en segundo lugar, porque una parte del crecimiento empresarial se democratiza, permitiendo al pequeño inversor participar de los beneficios de esas empresas, y no solo a empresas de capital riesgo", considera Javier Galán.

El gestor de Renta 4 toma como ejemplo el caso de las socimis, donde las ventajas fiscales ofrecidas para la cotización de estos vehículos han permitido un 'boom' de salidas a bolsa que favorecen que cualquier inversor particular pueda tomar posiciones en el mercado inmobiliario español sin tener que asumir grandes desembolsos que no están al alcance de cualquiera.

Un mercado que no se renueva

"El hecho de que no coticen empresas como Mercadona, Mahou, Estrella Galicia (Hijos de Rivera), Idealista, Glovo, Cabify, laboratorios, hospitales y un sinfín de grandes empresas españolas en los mercados bursátiles es un tema que se debería abordar por el Estado, en mi opinión. La realidad es que si no cotizan en bolsa, no se democratiza la inversión para la población. Las operaciones realizadas por el capital riesgo, como la que acabamos de conocer en Idealista, demuestran que el beneficio y la riqueza no se los lleva el consumidor, sino el capital extranjero, fundamentalmente", insiste Galán.

Mientras tanto, el Ibex muestra una estabilidad en su composición que no deja de resultar llamativa, si se tienen en cuenta las profundas transformaciones que ha experimentado la economía española y mundial en los últimos años. Más de una veintena de los valores que llevaron al índice a sus máximos en 2007 siguen formando parte del mismo y, entre los que han sustituido a los restantes, varias compañías ya habían formado parte del índice con anterioridad. Es más, una decena de los actuales miembros del Ibex formó parte de su nacimiento, hace casi tres décadas, y otra docena de los componentes originales está directamente vinculada a compañías hoy integradas en el índice.

Estas cifras hablan, más que de la fortaleza de los grandes grupos empresariales españoles —que también—, de la falta de rotación en el liderazgo del entramado empresarial nacional —al menos, en el ámbito bursátil—, que ha dejado un Ibex poco adaptado a los desafíos de la nueva economía. Baste como dato que de las 538 empresas que Bloomberg integra en los 10 mejores sectores del año del Bloomberg World Index, solo dos (un 0,37% del total) cotizan en España, mientras que en los 10 sectores con peor rendimiento, el porcentaje de compañías españolas se cuadruplica, hasta casi el 1,5%.

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