tiempo de revisar el perfil de riesgo

La crisis que viene: guía para entender la caída de las bolsas

El nerviosismo ante una nueva fase de menor crecimiento ya se está empezando a notar en las bolsas, y no es para menos: divisas emergentes, guerra comercial, tensión de gasto...

Foto: Foto: Reuters.
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Ya están aquí. Los temores de los que venían hablando hasta ahora los más escépticos han empezado a expandirse entre el ánimo de los inversores. Las bolsas han vuelto a caer con fuerza, con el Ibex retrocediendo a mínimos de casi dos años y con fuertes descensos en los principales valores del índice español, como Telefónica, BBVA, Santander o Inditex.

¿Qué está pasando? ¿Por qué han vuelto los nervios? En realidad, el miedo a una fase de menor crecimiento mundial o incluso de entrada en zona de recesión, después del fuerte periodo de expansión que se inició tras la crisis financiera de 2008.

Muy pocos se atreven a descartar este escenario. Ni siquiera desde el propio BCE. La presidenta de su comité de supervisión, Daniele Nouy, reconocía esta semana en una entrevista que lo único que sabía a ciencia cierta es que llegará una nueva crisis financiera, aunque no sabía ni cómo ni por qué.

Muchos gestores de fondos también se muestran muy cautos con la evolución del crecimiento. En la última encuesta mensual de BofA Merrill Lynch, eran mayoría los que creían que la economía se va a desacelerar en los próximos 12 meses.

En Fidelity, por ejemplo, se muestran prudentes: "Nuestros gestores de asignación de activos se han ido volviendo más precavidos sobre las perspectivas de los mercados en los últimos meses, están centrados en aumentar el carácter defensivo de las estrategias de inversión", decían en un informe reciente.

¿Pero por qué ahora? Veamos:

1. Batacazo emergente

La agitación empezó hace un mes con el desplome de la lira turca, en medio de las dudas de los inversores por la falta de reformas en el país y su débil situación financiera. Y lo que parecía un caso aislado dejó de serlo cuando la tensión se propagó a otro emergente en la otra punta del mundo: Argentina.

Si un inversor internacional acaba de perder un 40% por la caída de la moneda turca o un 50% con la argentina, es probable que se vuelva mucho más cauto para los próximos años. Y si al país le cuesta más financiarse, empeora su situación crediticia y se puede acabar resintiendo el crecimiento.

2. Posible contagio a economías desarrolladas

La palabra más repetida ahora en los informes las grandes es firmas es "contagio". Es decir, hasta qué punto el virus de las divisas emergentes puede acabar infectando al resto de países emergentes y, por extensión, al crecimiento mundial.

Los vasos comunicantes se aprecian mirando al parqué. Y, en concreto, a la bolsa española, donde se pueden apreciar los daños colaterales de los movimientos en Turquía y Argentina. Por ejemplo, en el batacazo de BBVA, a la que afectaba el desplome de la lira por su exposición al banco Garanti y el de Argentina, por su peso en diversos países de América Latina.

Esto último le sucede también a otros muchos valores del índice español, como la propia Telefónica, Santander, Inditex o Día. Sus activos en la región están en las divisas locales, que han sufrido fuertes caídas. Al convertirlos a euros el valor será muy inferior, lo que supondrá una merma en sus beneficios, que los inversores descuentan vendiendo acciones.

3. Precaución con China, en medio la guerra comercial

En este contexto, preocupa además la debilidad de China: "Es obvio que la inversión, especialmente en infraestructuras, está siendo muy débil, igual que la construcción inmobiliaria. Las ventas minoristas se han desplomado, y el hecho de que las cifras de PIB del segundo trimestre se vieran apoyadas por un 'consumo' significativo sugiere que el crecimiento podría ser bastante más bajo que la cifra oficial", explican desde Fidelity.

"Esos indicios negativos se equilibran con unos indicadores de producción que siguen estables y la fortaleza de los precios de la vivienda", dicen en la gestora, aunque dejando claro que "su dirección sin duda ha sido bajista".

Si a esto se le añade el potencial impacto de la guerra comercial… La invitación a la prudencia se dispara. Así, el índice CSI 300 de la bolsa china se ha ido a mínimos de dos años y retrocede ya un 40% desde máximos del último lustro.

4. Tensión con el gasto en Italia y España, con el Brexit en Reino Unido...

Las tensiones políticas tampoco ayudan. Los bonos italianos han vuelto a sufrir ante la intención del gobierno italiano a favor de aumentar el gasto público, algo que también sucede en España con el ejecutivo de Pedro Sánchez.

Este discurso ensombrece las perspectivas sobre los bonos de estos países y pueden llevar a nuevas caídas en el precio de las carteras de deuda pública que las entidades tienen en sus arcas. Nada de esto es bueno para el sector financiero, que se ha visto sacudido por las ventas en las últimas sesiones.

En Reino Unido, el ruido sobre el desenlace final del Brexit tampoco ayuda a la calma de los inversores.

5. …Y, en definitiva, que estamos en un ciclo ya muy maduro

Nunca antes habíamos tenido un periodo tan prolongado de recuperación en el mercado bursátil de EEUU. El actual ciclo ya es el más largo de la historia, más de 3.500 días. El económico, también está siendo extremadamente duradero.

¿Le toca ya llegar a su fin o esta vez es diferente? "Odio esa frase, porque al final esto siempre es lo mismo", decía Álex Fusté, de Andbank, en un encuentro reciente con los periodistas, pero reconocía que esta vez no lo tenía tan claro: "Si uno habla con los economistas, que solemos mirar al pasado, te dirá que esta vez no debería ser diferente, pero si hablas con tecnólogos o científicos te dirán que hay fuerzas disruptivas en las economías a nivel global".

Los inversores más optimistas creen que estamos ante la típica volatilidad veraniega y recuerdan que la clave para el crecimiento mundial radica en EEUU, que sigue creciendo a toda máquina, como mostraron los datos de empleo de este viernes.

¿Quién tendrá razón? El tiempo lo dirá, pero muchos inversores no están dispuestos a quedarse esperando a ver quién gana la batalla y prefieren seguirla desde fuera, con una mayor parte de su dinero en liquidez, esperando mejores oportunidades.

Tiempo de revisar el perfil de riesgo y asegurarnos de que no estamos asumiendo más del que deberíamos.

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