El Gobierno tuvo que rectificar en horas

Las lecciones de Italia para Sánchez: los mercados no perdonan los excesos de gasto

El vicepresidente italiano anunció que el país podría superar el 3% de déficit en 2019 e inmediatamente sufrió el ataque de los mercados. El Gobierno tuvo que rectificar poco después

Foto: Foto: EFE.
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Las promesas de gasto público vuelven a Europa ahora que los países dejan atrás su mayor crisis en casi un siglo. Es el momento de elaborar los presupuestos de 2019 y muchos políticos se ven tentados de realizar políticas expansivas de aumento del gasto para contentar al electorado. España, el país con mayor déficit de la zona euro, quiere cambiar su Ley de Estabilidad para prolongar el desfase presupuestario, e Italia está elaborando unas cuentas públicas que podrían disparar su déficit por encima del 3% del PIB.

El vicepresidente italiano y líder del Movimiento 5 Estrellas, Luigi Di Maio, anunció en una entrevista publicada el martes que su Gobierno podría incumplir los objetivos de déficit en 2019. “Todo es posible”, advirtió refiriéndose a la eventualidad de que el país supere el 3% de déficit que supone entrar en el brazo correctivo de la UE. Esto significa que el país casi multiplicaría por cuatro el objetivo de déficit para 2019, que está en el 0,8% del PIB.

La respuesta de los mercados fue inmediata. La rentabilidad exigida a la deuda italiana escaló hasta superar el 3,2% en el caso del bono italiano de referencia a 10 años. Esto significa que marcó máximos del año a media mañana mientras los inversores esperaban a confirmar si Italia se saltará todas las normas europeas con sus próximas cuentas públicas.

[Italia se asoma al precipicio: es ya el país europeo con más problemas de deuda]

La prima de riesgo del país subió hasta los 280 puntos básicos y se situó 180 puntos básicos por encima de la española. Solo en dos días excepcionales (el último de 2011 y el primero de 2012) hubo una brecha tan grande entre la deuda española y la italiana desde la creación del euro. Esto demuestra hasta qué punto el país transalpino se enfrenta a una situación extraordinaria.

En ese momento fue necesario que el ministro de Economía, Giovanni Tria, saliese a calmar a los mercados. Prometió que el país no superará el umbral del 3% de déficit y seguirá reduciendo la deuda pública, eso sí, muy lentamente. Solo así consiguió templar las dudas en el parqué. Pero el mensaje de los inversores quedó claro en las horas en que el Gobierno italiano tardó en rectificar las declaraciones de su vicepresidente: incumplir las reglas europeas pone a cualquier país contra las cuerdas a la hora de financiarse.

Cuadrar los números

Las dudas sobre el compromiso del Gobierno italiano con la estabilidad presupuestaria y las normas europeas se producen en un momento en que el Banco Central Europeo mantiene en funcionamiento todas sus políticas anticrisis. Los tipos de interés siguen en el mínimo histórico del 0%, esto es, los bancos tienen el dinero gratis. Además, mantiene su programa de compras de deuda pública, con lo que sigue aumentando la liquidez en el mercado.

Es fácil intuir que, sin todas estas medidas del BCE, la presión de los mercados a Italia pondría al país contra las cuerdas. Con una prima de riesgo que supera los 275 puntos básicos en un momento de absoluta calma en el mercado, se puede inferir que en condiciones normales (con el bono alemán en el entorno del 2%) Italia tendría que pagar más de un 5% por su deuda.

Sin todas las medidas expansivas del BCE, la presión de los mercados a Italia pondría al país contra las cuerdas

Unos intereses que dispararían la factura financiera de Italia, el tercer país de la eurozona con mayor deuda. Su pasivo supera el 130% del PIB, esto es, está por encima del doble del umbral que permite la Unión Europea, que es del 60%. Si bien es cierto que la mayor parte de la deuda está en manos de nacionales, lo que limita el efecto contagio, también es cierto que el riesgo se queda dentro del país y, con la debilidad de su sistema financiero, puede desencadenar la ‘tormenta perfecta’ en Europa.

Una situación que se ve agravada por la prolongada crisis económica que vive el país desde los años noventa. Su PIB apenas ha crecido un 13% desde el año 1995, en un periodo en que la economía de la eurozona se ha expandido un 40% y la de la UE un 47% (datos en volumen encadenado). Una crisis prolongada que dificulta cualquier incremento del gasto público y condena al país a seguir asumiendo deuda y déficit.

Cómo pagar las promesas electorales

El Ejecutivo italiano quiere incluir en los Presupuestos para 2019 una parte de las promesas electorales que realizaron los dos socios de gobierno, el Movimiento 5 Estrellas y la Liga Norte. Entre las medidas que pretenden activar están la renta mínima y el recorte de impuestos para los autónomos.

Los dos partidos han presumido de las políticas de gasto que quieren adoptar, pero todavía no han explicado cómo las financiarán. Goldman Sachs ha estimado que si los dos partidos ponen en marcha todas sus promesas, el déficit fiscal se dispararía hasta el 7,4% de PIB, con lo que multiplicaría por nueve el objetivo para 2019.

Goldman Sachs estima que si el Gobierno italiano pone en marcha todas sus promesas, el déficit fiscal se dispararía hasta el 7,4% de PIB

Por si fuera poco, Italia se enfrenta también al grave problema del deterioro de sus infraestructuras, evidenciado por el accidente del viaducto en Génova. No solo tendrá que reconstruir esta autovía, sino que tendrá que realizar una revisión completa de su red de carreteras, lo que exigirá una importante inversión pública.

El horizonte fiscal para Italia se presenta más que complicado en un momento en que el ciclo expansivo empieza a declinar en los países desarrollados. Esto significa que la cuenta atrás para estabilizar las cuentas públicas ha comenzado y, sin embargo, Italia está más concentrada en aumentar el gasto público. ¿Y España?

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