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La cruzada del holandés que perdió 22.000 € en Club Pecadoras y Follamigos: "Ahí no liga nadie"
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Una compleja batalla legal

La cruzada del holandés que perdió 22.000 € en Club Pecadoras y Follamigos: "Ahí no liga nadie"

Un empresario lucha por recuperar el dinero invertido en varias webs de citas tras descubrir que los perfiles con los que chateaba (y nunca logró quedar) eran 'bots' que utilizaban fotografías de actrices porno

Foto: El holandés estafado por falsas páginas de citas. (Patricia J. Garcinuño)
El holandés estafado por falsas páginas de citas. (Patricia J. Garcinuño)

Philipp empezó a sospechar de Rosa al ver que no conseguía que la conversación, que había comenzado sorprendentemente fluida, diera un paso más allá. Chateaban (y mucho) a través de la aplicación Follamigos, que en su web se define como "la comunidad adulta mejor valorada". "¡Nuestro nombre lo dice todo! Esta es la comunidad ideal para conocer follamig@s de manera rápida y sencilla. ¡A qué esperas!", afirma el sugerente 'claim' contenido en su página web. Sin embargo, cuando Philipp le pedía su teléfono móvil o conectar a través de Facebook u otra red social, Rosa le daba largas. Tampoco accedía a concretar la opción de fijar un encuentro en persona. Ella siempre necesitaba más tiempo y hablar un poco más. A él, prolongar la conversación le costaba en torno a un euro o euro y medio por mensaje.

Philipp C. Van der Torre Vette es un empresario holandés, está casado con una ciudadana española y reside en Alcalá de Henares, en Madrid. Rosa (o quien estuviera detrás de ese perfil) le había dicho ser ayudante en una clínica dental en Paterna, Valencia; aseguraba tener 27 años. A la tercera semana de conversación, y tras varios miles de euros invertidos en la aplicación con escaso éxito (o, siquiera, avances), Philipp empezó a impacientarse y dudar, así que decidió introducir las fotos de Rosa en un 'software' de reconocimiento facial para comprobar si ella era realmente quien decía ser. La respuesta, para su decepción, confirmó sus peores sospechas. Las imágenes no correspondían a ninguna paternera, sino a la actriz porno norteamericana Debbie Clark.

"Yo soy bastante liberal", explica Philipp en conversación con El Confidencial, entrevista a la que acude con su mujer y su abogado, Ricardo Oliva León, socio director de la firma Algoritmo Legal y especialista en Derecho Digital y Mercantil. Sin embargo, asegura que su intención inicial al acceder a Follamigos, en enero de 2021, no era la de buscar una aventura, sino la de promocionar en distintas redes unos tests rápidos contra el covid de una empresa norteamericana. Una vez allí pensó: ¿por qué no hacer nuevas amistades? Y ahí inició el infructuoso chateo con Rosa.

Foto: Cartel promocional de uno de sus eventos en España.

La reacción de Philipp al descubrir que las fotografías no correspondían con las de una usuaria real que buscara un follamigo, en lugar de dar por finalizada la conversación o cerrar su cuenta en la 'app', fue la contraria. Intensificó su chateo (a un euro por mensaje) convencido de que lograría descubrir quién había al otro lado. En paralelo, contactó con la Policía Municipal de Paterna para solicitarles información sobre si en la localidad había alguna mujer que respondiera a ese perfil: mujer, joven, de nombre Rosa y, de profesión, ayudante en una clínica dental. Los agentes alegaron que la legislación sobre protección de datos les impedía facilitarle ningún detalle en ese sentido. Su frustración iba en aumento, pero también su voluntad de averiguar la verdad.

"Cuando le pedía pruebas de su existencia, ella me mandaba nuevas fotos... ¡Pero volvían a ser de Debbie Clark!", relata. Cuando él le recriminaba a Rosa (o quien fuera que se encontraba al otro lado) que le estaba engañando, su interlocutor o interlocutora reaccionaba poniéndose a la defensiva, acusándole de ser un violento y de estar asustándose. "Poniéndote así nunca vas a conseguir que quedemos", le chantajeaban emocionalmente desde el otro perfil.

placeholder Foto: Patricia J. Garcinuño.
Foto: Patricia J. Garcinuño.

Cuando Philipp empezó a asumir que podía estar siendo víctima de un engaño, comenzaron a cobrar sentido algunas de las situaciones chocantes que había vivido hasta ese momento. El bombardeo de preguntas y repreguntas que Rosa le hacía, muchas de ellas sin sentido o interés, que solo pretendían alargar la conversación, haciéndole consumir los créditos comprados para poder chatear, o la vuelta sobre cuestiones que ya habían hablado en días anteriores, como si no las recordara. "Tenía la sensación, además, de que Rosa cada día se expresaba de una manera diferente. Lo normal es que una persona se apoye los mismos términos y expresiones, pero, en su caso, la terminología o sus frases cambiaban de un día para otro", describe.

La factura de Philipp con Follamigos alcanzó los 15.000 euros. Cuantía a la que hay que sumar los 7.000 que se gastó en otras aplicaciones similares, como Club Pecadoras, Solo Amantes o Encuentra Tu Chica. "Son un timo. Se llama Follamigos, ¡pero ahí no folla nadie!", exclama indignado.

El manual del chateo

Intenso tuitero, Philipp comenzó a denunciar en esta red social sus sospechas contra estas aplicaciones. A uno de sus comentarios, cuenta, respondió un ciudadano francés que decía encontrarse en Tailandia. "Me dijo que él era quien había puesto en marcha Follamigos en Francia y que tenía un montón de datos contra ellos". Entre otras cosas, continúa, que el portal disponía de un manual de instrucciones que entregaba a las operadoras (que no usuarias) que se escondían tras los perfiles con los que chateaba."Son todos falsos", le advirtió el francés.

Entre otras cosas, el manual prohibía que un mismo operador entrara dos veces en la misma conversación, lo que impedía que el usuario (o víctima) y el operador u operadora establecieran cualquier tipo de vínculo. Una instrucción que explicaba por qué tenía la permanente sensación de empezar de cero con Rosa. "Él me decía: '¿No ves lo guapas que son las chicas?, ¿acaso crees mujeres así que necesitan estar en una aplicación o que quieren ligar con un hombre mayor como tú?", recuerda Philipp, quien, sin embargo, admite que aún tardó un tiempo en salir por completo del engaño.

Las explicaciones de aquel aliado que Philipp había encontrado en su cruzada casaban muy bien con un artículo publicado en julio de 2019 en el portal 'Vice' por la periodista Ana Iris Simón, reportaje titulado 'Me pagan por fingir que ligo: trabajo como perfil falso para una web de citas española'. En dicho texto, basado en el testimonio de una chica no identificada que trabaja para una falsa web de citas, se relata el funcionamiento de esos portales, todo pautado en un manual de instrucciones de 13 páginas.

A los operadores les aparece una pantalla con la información del usuario y cuántos créditos le quedan por consumir. Según estos sean más o menos, los empleados y empleadas que fingen ser atractivas jovencitas deberán modular el tono de sus mensajes o el nivel de picante de las fotos que envían a los usuarios (desnudos y semidesnudos extraídos de un banco de imágenes). Todo con el objetivo de alimentar su esperanza y que estos adquieran más créditos.

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Foto: Patricia J. Garcinuño.

"Mi trabajo consiste en ser gancho de webs de citas. Me hago pasar por mujeres que no soy en páginas de contactos. Soy algo así como un 'bot humano' que hace que los usuarios de las webs para las que trabajo se mantengan en ellas creyendo que están ligando, pensando que tienen posibilidad de conseguir citas para que así sigan pagando por sus servicios", explica la operadora entrevistada en el reportaje. Ella relata que no sabe exactamente para qué web trabaja, ni quiénes son sus jefes o compañeros. Nunca ha llegado a conocerlos. Todo se hace a través de internet. El sistema le lleva de un chat a otro, impidiéndole responder más de un mensaje por conversación. "Supongo que lo hacen para que no establezcamos ningún lazo con ellos", indica la entrevistada.

Una investigación compleja

Con la tenacidad de quien tiene su orgullo herido y se siente llamado a luchar "por lo que es justo", Philipp inició una investigación para descubrir quién era el administrador de Follamigos. Esta le condujo a teléfonos que nunca eran respondidos o direcciones de 'e-mail' de atención al consumidor que le contestaban correos tipo negando cualquier estafa y afirmando que todos los usuarios de la aplicación eran reales. No le bastó, así que decidió tirar del hilo indagando en el entramado societario que empezaba por The Perfect Match Ltd, sociedad radicada en Sofía, Bulgaria, que a su vez era gestionada por otra localizada en Glasgow, Escocia: Funion LP.

Finalmente, Philip logró contactar con el aparente propietario de The Perfect Match, un compatriota suyo "de unos 30 años". Tras varios intercambios de mensajes, y por una suerte de camaradería entre nacionales del mismo origen, este accedió a devolverle el dinero invertido en la plataforma. En el acuerdo, suscrito en junio de 2021, Philipp se comprometía a no adoptar acciones legales contra Follamigos. Pero su batalla no terminaría ahí.

En Club Pecadoras, conoció a una supuesta joven de Madrid, cuyas fotos realmente correspondían a una chica de Salamanca

Tres meses antes, en marzo, Philipp había contactado con el abogado Ricardo Oliva León, tras encontrar un artículo suyo sobre la problemática de la criminalidad informática. "Todo indicaba que estaba siendo víctima de una estafa", recuerda el letrado, quien, no obstante, ya era consciente de que esta no sería fácil de demostrar, y que requeriría una profunda y minuciosa investigación que desnudara la operativa de las webs y encontrara, en el complejísimo entramado de internet, las sociedades o los administradores contra los cuales dirigirse.

El bufete de Oliva León, Algoritmo Legal, ha preparado dos informes detallando el funcionamiento de Follamigos y de los portales Club Pecadoras, Solo Amantes y Encuentra Tu Chica, los tres últimos, propiedad de la sociedad holandesa Axton International B.V., y con un mecanismo similar al del primero: créditos por chatear.

En Club Pecadoras, Philipp estableció contacto con una "chica guapísima" que vivía en Madrid. "Era demasiado guapa para estar en esas redes", explica el holandés, por lo que decidió también buscar sus fotos a través del 'software' de reconocimiento facial. Y, bingo: tampoco era quien decía ser. En este caso, no era una actriz porno, sino una joven de Salamanca a la que habían robado todas sus imágenes de Facebook para utilizarlas en crear un perfil falso en estas aplicaciones.

Mensajes automáticos

Al margen de las pesquisas que realizaba su cliente por su cuenta, Oliva León y su equipo abrieron su propio perfil en estos portales de citas para entender el funcionamiento. Desde el primer momento, percibieron el aroma (o la peste) a engaño que emanaba de dicho portal. "Registramos un usuario falso utilizando la foto de un hombre muy feo, extremadamente feo. Nuestra sorpresa fue que, la primera vez que nos abrimos la aplicación, nos saltaron 20 mensajes de chicas muy atractivas saludándonos y haciéndonos comentarios sugerentes mencionando lo guapo que le parecíamos", explica el abogado. "Evidentemente, muchos de ellos se trataban de mensajes automáticos de saludo, a través de algoritmos programados de automatización, porque era imposible que nuestra imagen les gustara lo más mínimo". Tras esa bienvenida programada, pensada para enganchar al usuario, este ya empieza a chatear con un operador.

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Foto: Patricia J. Garcinuño.

Una sospecha que se confirmó cuando abrieron un perfil falso de mujer (especificando que buscaban un hombre) y otro sin foto, y también ahí recibieron una avalancha de comentarios sugerentes de supuestas chicas jóvenes. "De esta mecánica se puede inferir que el público objetivo de Club Pecadoras es únicamente el público masculino y el 'software' detrás de la página web está diseñado para captar exclusivamente hombres (como el caso del señor Van der Torre), poniendo a su disposición una multitud de perfiles falsos de 'mujeres' voluptuosas, con fotos muy provocativas y explícitas, ofreciendo conversación desde el chat interno a los pocos minutos de haberse creado una cuenta en dicho sitio web. Estos mensajes habrían sido automatizados por parte de la plataforma", concluye el documento de Algoritmo Legal.

La investigación llevada a cabo por el bufete solo ha sido incapaz de encontrar en internet las fotos de una supuesta usuaria. Todas las demás, emplean imágenes robadas o bien de perfiles en redes sociales, o son imágenes de actrices porno norteamericanas o de Europa del Este.

Batalla legal

Escuchando el relato de Philipp y su abogado, resulta difícil de entender la resolución que dictó el pasado 14 de junio el Juzgado de Instrucción n.º 5 de Alcalá de Henares. El juez, tras una denuncia presentada por el despacho, dictó el sobreseimiento provisional de las actuaciones por no apreciar indicios de delito de los administradores de la web. "Respecto a la falsedad de las fotos de perfil, no puede imputarse responsabilidad alguna a la plataforma, toda vez que es el propio usuario quien sube las fotos", señaló el juez, que entendió que no había quedado acreditada "la conducta engañosa" necesaria para la existencia de un delito de estafa. "No se puede responsabilizar al sitio web de que el denunciante no haya podido quedar con la usuaria RRB19 [quien posteriormente se presentó como Rosa], toda vez que la plataforma no es responsable de la prestación de ese servicio, ni garantiza el éxito del contacto entre usuarios".

Ni él ni su defensa se rinden, no obstante. Los informes elaborados por Algoritmo Legal apuntan varios posibles incumplimientos de la normativa. Entre ellos, un tratamiento ilícito de datos personales; el establecimiento de cláusulas abusivas de contratación, que atentaría contra la legislación de consumidores y usuarios, así como otras vulneraciones de la legislación de servicios en internet. Actuar contra ellos, no obstante, choca contra la dispersión de los administradores, la sofisticación de la conducta (que no siempre es fácil de acreditar, ni tampoco es entendida por los jueces y autoridades) y la dificultad de probar las conductas ocurridas en la web.

"No se puede responsabilizar a la web de que el denunciante no haya podido quedar con la usuaria", señaló el juez de Alcalá

El siguiente paso que darán, avanza Oliva León, es presentar una denuncia contra Axton ante la Autoridad Holandesa de Consumo. ¿La razón? Axton es una sociedad con sede en Holanda y, además, la autoridad es uno de los pocos organismos en Europa que se ha pronunciado ya sobre un caso similar. De hecho, en una resolución de 11 de julio de 2019, la autoridad impuso a diversas webs de citas con un funcionamiento parecido al de Follamigas y Club Pecadoras a "reembolsar íntegramente el importe gastado en créditos a todos los consumidores" que, durante un determinado periodo, habían navegado en los portales. Asimismo, les obligó a establecer una serie de medidas de transparencia e información a los nuevos usuarios, para que "les quede claro para qué van a pagar y qué podrán esperar del servicio".

La defensa de Philipp, no obstante, no agota con esta acción sus posibles actuaciones, y se reserva la opción de acudir a la Agencia Española de Protección de Datos o presentar una nueva demanda en España si Axton no les facilita un acuerdo.

El tenaz holandés, por su parte, sigue con su intensa campaña de denuncia a través de las redes y su correo electrónico. También recaba nuevos testimonios de exempleadas de estas aplicaciones y afectados por lo que parece un gran timo (como el del vídeo que se muestra a continuación) y se dedica a difundir foros que alertan del fraudulento funcionamiento de dichas páginas (como este).

Tampoco descarta ampliar su cruzada contra las entidades financieras que facilitan los pagos de estas webs, pero esa será su siguiente etapa. Mientras no se actúe, más usuarios seguirán expuesto a las dudosas prácticas de estos portales. "Estas compañías se aprovechan de gente que no son nativos digitales", reflexiona Oliva León. "Un chaval de 20 años es probable que detecte a la primera que todo esto huele mal, pero un señor mayor, que está solo o recién divorciado, quizá tiene una situación que le lleve a querer creerse que ha encontrado a alguien".

Philipp no se conforma con recuperar la parte que falta de su dinero. Su afán de justicia le empuja a ir más allá. "Quiero que deje de haber empresas en internet que se aprovechan de la gente y limpiar el nombre de las empresas de 'dating online' que lo hacen bien. Muchas parejas se han conocido en la red; ese es un sitio muy interesante que no puede quedar manchado por cómo actúan algunos", remata. Él, por su conocida condición de persona liberal, puede dar la batalla. Otros, avergonzados, asumen en secreto la presunta estafa y tratan de pasar página lo antes posible.

Philipp empezó a sospechar de Rosa al ver que no conseguía que la conversación, que había comenzado sorprendentemente fluida, diera un paso más allá. Chateaban (y mucho) a través de la aplicación Follamigos, que en su web se define como "la comunidad adulta mejor valorada". "¡Nuestro nombre lo dice todo! Esta es la comunidad ideal para conocer follamig@s de manera rápida y sencilla. ¡A qué esperas!", afirma el sugerente 'claim' contenido en su página web. Sin embargo, cuando Philipp le pedía su teléfono móvil o conectar a través de Facebook u otra red social, Rosa le daba largas. Tampoco accedía a concretar la opción de fijar un encuentro en persona. Ella siempre necesitaba más tiempo y hablar un poco más. A él, prolongar la conversación le costaba en torno a un euro o euro y medio por mensaje.

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